Política de Rusia

El Kremlin desde el río Moscova

Desde que obtuvo su independencia tras la disolución de la Unión Soviética a finales de 1991, Rusia ha afrontado importantes retos en su esfuerzo por crear un sistema político después de casi setenta y cinco años de régimen soviético. Por ejemplo, las figuras políticas más destacadas en el poder legislativo y en el poder ejecutivo planteaban visiones opuestas en relación a la dirección política de Rusia y los instrumentos gubernamentales que debían utilizarse para alcanzarlas.

El conflicto alcanzó su culmen en septiembre y octubre de 1993, durante la crisis constitucional rusa de 1993, cuando el Presidente Borís Yeltsin usó la fuerza militar para disolver el parlamento y convocó nuevas elecciones legislativas. Este acontecimiento marcó el final del periodo constitucional de Rusia iniciado por la Constitución de la RSFS de Rusia de 1918 y finalizado por la muy enmendada Constitución de la RSFS de Rusia de 1978 (en:Russian Constitution of 1978). En diciembre de 1993 se aprobó mediante referéndum una nueva constitución, la Constitución de la Federación de Rusia, que creaba una presidencia fuerte e introducía, por primera vez en Rusia, el principio de separación de poderes.

Con una nueva constitución y un nuevo parlamento que representaba a los diversos partidos y facciones, la estructura política rusa comenzó a mostrar signos de estabilización. Sin embargo, los rusos continuaban el debate sobre el futuro de su sistema político, en el que la democracia de estilo occidental y el autoritarismo eran las alternativas más consideradas. El período de transición se extendió hasta mediados de la década de 1990, el poder del gobierno nacional continuó desvaneciéndose mientras las regiones ganaban concesiones políticas de Moscú.

La actual República Federal de Rusia cuenta con veintiuna repúblicas autónomas y se extiende sobre 10.000 kilómetros de Este a Oeste, aproximadamente 17 millones de km2, duplicando en superficie a EEUU o China[1]​.

Antecedentes

Desde finales del siglo XVI, el emergente estado ruso buscó salidas al mar con el objetivo de ganar peso internacional. Para ello, se lanzó en diferentes direcciones: hacia el norte en dirección al mar Blanco, donde en 1854 se fundaría Arcangel; durante el siglo XVII hacia el sur, accediendo al mar Negro, a través del mar de Azov; hacia el oeste, orilla del mar Báltico, donde se fundaría San Petesburgo; y, hacia el este, llegando en 1859 al mar del Japón[5]​.