Poblamiento inicial de las Islas Baleares

Localización de las Islas Baleares, frente a la costa levantina de la Península Ibérica.

El poblamiento inicial de las Islas Baleares tiene distintos enfoques según las variadas teorías de los distintos prehistoriadores y arqueólogos. Es seguro que las Islas Baleares eran conocidas desde tiempos muy antiguos, aunque sólo fuese porque se ven desde la Península Ibérica los días que el tiempo lo permite. No se sabe cuando zarparon los primeros colonizadores, ya que es incuestionable la dificultad que entraña el estudio de la prehistoria, ante la falta de fuentes escritas que indiquen el tipo de sociedades, culturas, hábitats, etc. que había en esa época. Una de las pocas cosas que se pueden usar como prueba son los restos arqueológicos, ya sean materiales, restos de polen, excrementos... Pero hay casos como en los inicios del poblamiento de las Islas Baleares, en los que los restos materiales son muy escasos, y la dificultad se multiplica. Por todo esto, los investigadores se basan en suposiciones más o menos acertadas dependiendo de la opinión de otros arqueólogos y prehistoriadores. Realmente, hay dos tendencias principales. La primera defendida por Waldren y Guerrero, habla de un poblamiento desde el epipaleolítico (6000-5000 a. C.). La segunda teoría, propuesta por Alcover et alii, defiende el poblamiento a partir del año 2500 a. C. Habría una tercera propuesta, promulgada por Lull et alii, que pondría una fecha cercana al 4500 a. C., fecha muy próxima a la que sostiene Rosselló-Bordoy; 4000 a. C. En cualquier caso también se pueden sacar conclusiones totalmente indiscutibles, como el control de la navegación y de la construcción naval (piraguas monóxilas, balsas de troncos, de juncos o de caña totora…) que tenían esas gentes para poder llegar del continente a un medio isleño. Además podemos poner a las islas como un claro ejemplo de “puente de piedra”, es decir los navegantes podían haber ido de isla a isla; de Formentera a Ibiza y de ésta a Menorca, pasando antes por Mallorca.

Biogeografía insular

Hay que partir de la base de que los ecosistemas insulares siempre son más pobres que los continentales. La extensión y su aislamiento imponen limitaciones tanto en cantidad como en calidad de especies.

Los investigadores McArthur y Wilson afirmaron en 1967 que la biodiversidad de una isla varía en forma proporcional a su extensión e inversamente proporcional a su distancia del continente; en una isla pequeña y alejada, corre riesgo la supervivencia humana.[1][2]

J. Cherry, otro investigador, dijo en su libro de 1984 "The initial colonization of the West Mediterranean Islands in the light of island biogeography and palaeogeography" que las islas son ambientes arriesgados para el hombre, ya que no suelen ofrecer atractivos para ser habitadas, son de difícil acceso y un obstáculo para la supervivencia a largo plazo. Esto explicaría por qué las islas mediterráneas se han poblado en distintos momentos, según su tamaño, su cantidad de recursos y su cercanía al continente.

En cuanto a las Baleares, podemos dividirlas en dos conjuntos:

Las Baleares en sí, formadas por Mallorca, Menorca, Cabrera, Dragonera y 128 islotes.

Las Pitiusas, formadas por Ibiza, Formentera e islotes adyacentes.

La isla más grande es Mallorca, con unos 3.640 km² (72,6% del territorio balear) y una distancia al continente de menos de 200 km. Su altitud máxima es de 1.443 m, con el Puig Major en la Sierra de Tramontana, desde donde se pueden alcanzar vistas de hasta 140 km; su suelo es calcáreo, de materiales de hace 150 millones de años.

La segunda en superficie es Menorca, con 711 km² (14% del territorio total). Su distancia al continente es de unos 220 km., teniendo el Monte Toro como punto más elevado con 358 m., desde donde se puede llegar a ver una distancia de 65 km. El terreno menorquín está formado por dos bloques: Tramontana, con terrenos primarios y secundarios, y el sur, con materiales terciarios.

Ibiza tiene 541 km², con una distancia al continente de 87 km., lo que la hace la más cercana a la Península Ibérica. Sa Talaiassa es el punto más elevado, con un total de 475 msnm, desde donde se puede alcanzar con la vista hasta 80 km. Los materiales secundarios calcáreos son los que componen el suelo ibicenco.

Por último, Formentera cuenta con 82 km², siendo la más pequeña de las islas principales. Es la segunda en cercanía al continente, con algo más de 90 km. de distancia. Su elevación principal es La Mola, con 202 msnm de altura, desde donde se alcanzan vistas de hasta 50 km. El suelo está formado principalmente por materiales calcáreos.

Los estudios de polen indican que a finales del año 10000 a. C. el paisaje balear estaba formado por bosques continuos y espesos. En Mallorca destacarían las encinas en zonas altas, el pino, avellanos y robles, mientras que en Menorca básicamente habría avellanos. En las zonas montañosas proliferó la planta llamada boj (Buxus), que era tóxica, pero de ella se alimentaba Myotragus balearicus. Hacia el 6000 a. C. hay un cambio en la vegetación: pasarán a predominar plantas arbustivas como el acebuche, en detrimento de los bosques, y a partir del 5000 el pino blanco, de origen sirio, ganará terreno a la encina.

En cuanto a la fauna, hay que diferenciar la balear de la pitiusa, ya que la primera tiene afinidades con la de Córcega y Cerdeña, mientras que en Ibiza y Formentera hay más similitud con la Península Ibérica.

En Mallorca y Menorca destacan la musaraña gigante Nesiotites hidalgo, el lirón gigante Hypnomys morpheus y, sobre todo, el ya citado Myotragus balearicus, un bóvido con aspecto de cabra. Myotragus era un animal muy especializado como resultado de su adaptación al medio. Experimentó una profunda evolución que afectó a su locomoción, a la dentición y al diseño de su cráneo. No tenía depredadores, por lo que se adaptó a marchas cortas y fue bastante lento, aunque parece que tenía una buena potencia de salto. A diferencia de las cabras, tenía visión frontal, lo que le permitía tener una visión en relieve, muy útil para calcular distancias y ver accidentes del terreno. Para adaptarse a la vegetación insular, su dentición sufrió una gran modificación, ya que se tuvo que especializar en plantas duras y arbustivas. Lo más interesante son los incisivos[3][4], que son de crecimiento continuo como en las ratas. Se pudo conocer su dieta a partir de excrementos encontrados; se apreció que contenían un 90% de la tóxica Buxus, por lo que también debió adaptar su paquete intestinal y su estómago. No está claro el porqué de su extinción, aunque es muy probable que el hombre tuviese algo que ver. Algunas de las causas pudieron ser la desaparición de Buxus, las enfermedades de los animales traídos de fuera, la caza y el intento infructuoso de domesticación por parte del hombre, y la competencia por el alimento con los animales domésticos, aunque este último vector no tiene mucha fuerza en principio por la toxicidad del boj, pero si el matorral formado por éste fue aclarado y sustituido en buena parte por otras plantas, sí se produciría esa competencia, y el hombre miraría más bien por su ganado que por las posibles piezas de caza, que consideraría destinadas a ser víctimas de todas maneras.

Algunos autores, como [5], piensan que se pudo producir una estabulación de Myotragus, basándose en la ablación que aparece en algunas cornamentas, y la acumulación de coprolitos en yacimientos como [8], cuya única explicación parece la estabulación. En cualquier caso hay otros tantos investigadores que niegan esta posibilidad ante la falta de pruebas concluyentes.

En las Pitiusas, los mamíferos y los anfibios están ausentes. Su lugar lo ocupan una gran cantidad de aves, especialmente dos; la pardela ( Puffinus mauretanicus) y el águila pescadora ( Pandion haliaetus), la cual estaba al frente de la pirámide trófica.

Aparte de todo lo dicho hasta ahora, lo que atrae realmente al hombre a un medio insular deberían ser las potencialidades del medio. La marginalidad de las Islas Baleares se define por su escasez de recursos: difícilmente son capaces de garantizar una producción suficiente y de manera regular a largo plazo para un grupo de humanos. Gordon R. Lewthwaite publicó un estudio en 1985 donde decía que el archipiélago era marginal por tres razones: aislamiento físico y limitada extensión, aridez del clima y la composición geológica calcárea, que reduce la disponibilidad de agua. También dice en su estudio que las islas son marginales cuando se contrastan sus recursos con la estructura social y tecnológica del grupo que lo habita. Además la vegetación sólo ofrece recursos forestales, alguno medicinal, pero poco alimento. El único producto alimenticio distinto del animal que sea abundante en las islas es la sal, y sólo hay algunos yacimientos de sílex, de plomo y de cobre.

Other Languages