Población indígena de Norte de Santander


Los indígenas que habitaron en la región de Norte de Santander en la época de la conquista fueron los Indios Motilones.

Idioma

Los datos lingüísticos del área en el mismo momento de la conquista escasos. Los primeros datos que permiten analizar la lengua y buscar parentescos fueron recogidos hacia 1880. No puede asegurarse que la situación en el siglo XVI fuera exactamente la misma que la documentada durante el siglo XIX. Si bien colectivamente a los pueblos de Norte de Santander se le aplica el término "motilones" sabemos que las lenguas documentadas tienen orígenes diversos, así entre estos motilones había lenguas tanto de la familia chibcha como de la familia caribe y es posible que emparentadas con otras lenguas como las betoi o las timote-cuica. Las lenguas hacatarima y chitarero habladas a un lado y otro de la actual frontera colombiano-venezolana se consideran lenguas no clasificadas ya que virtualmente no existe documentación para reconocer el parentesco con otras familia de lenguas.

Fuentes

Uno de los primeros expedicionarios que documentaron las lenguas de Norte de SAntander fue el literato e investigador Jorge Isaacs, que en 1882, emprendió una excursión científica hacia la península de La Guajira y Sierra de Motilones. A partir de los datos recogidos presentó un Estudio de las lenguas índígenas del Magdalena, antes Provincia de Santa Marta. Además de estos datso en la Biblioteca Nacional de Caracas se encuentra un manuscrito original de 15 páginas titulado Vocabulario de algunas voces de la lengua de los Indios Motilones que habitaron los montes de las Provincias de Santa Marta y Maracaibo, con su explicación en nuestro idioma castellano, por Fray Francisco de Cartarroya, fechado en 1738. Es muy posible que existieran otros estudios de las lenguas de la misma época, pues los misioneros estaben interesados en documentar la lengua de sus oyentes, y se llamaba lenguaraces, a los eran especialistas en lenguas indígenas.

Don Arístides Rojas, que probablemente consultó el opúsculo de Cartarroya, habla de que

Los Motilones, pueblo nómada, inconstante y feroz, llamaron al agua chimara». 2 El escritor colombiano apunta: «Según se ve en la muestra del lenguaje de los indios Motilones... kunasiase es el nombre que dan al agua; y tratándose de un vocablo de muy difícil alteración por su uso frecuente, aserto abonado por las sabias observaciones del señor Rojas... es de suponer que hay diferencias notables de origen e idioma entre la tribu de los Motilones que habita territorio de Venezuela, y la que tiene el mismo nombre entre nosotros, muy temida desde 1846 en el Valle Dupar. Estos son evidentemente mezcla o conjunto de Tupes, Itotos, Yukures y acaso también de Akanayutos.

Esta observación está reforzada por el mismo Isaacs en la analogía que encuentra en la palabra Maruta, nombre de Dios en lengua motilona y en la de los Tupes y Yukures, con otras que llevan la misma radical en tribus vecinas:

Mereigua es el nombre con que los guajiros designan a Dios, mejor dicho, al no engendrado, fuerza inmaterial, dueño de la creación. Los Chimilas lo llaman Marayajna y los Tupes y Yukures Maruta. No es, a buen seguro, casual la común raíz Mar en las tres denominaciones o palabras

El P. Fray Andrés de los Arcos, en documento ya mencionado, juzgaba de difícil aprendizaje el idioma de los Motilones, por su ninguna analogía con el de las tribus vecinas, como se ve en el siguiente pasaje en que pide una escolta para apoyar la misión:

e... finalmente, señor, sin la referida escolta parece moralmente imposible plantar la fe en esta dilatada nación; porque como la fe ha de entrar por el oído, y el idioma de los Motilones es totalmente distinto del de nuestros catecúmenos, según que éstos últimos han observado en algunos reencuentros que con aquellos han tenido, no podrán los misioneros aprenderla, interín que con el resguardo de la escolta, no se establezcan en su territorio

Material lingüístico

De acuerdo con la lista de Isaacs la lengua no posee sonidos como f, j, l, ll y la d es muy escasa y tal vez sea un alófono de /r/. Tampoco hay combinaciones de oclusiva y líquida. Entre los pronombres documentados están Aur (yo) y su correlativo posesivo Burisa (mio).[1]

Contra estas deficiencias encontramos que la forma del superlativo en los calificativos y adverbios atiende a la lógica.

Apirá -----------------Grande (o muy)
Apiraná --------------muy grande
Canapé --------------lejos
Apira-panapé -------muy lejos

Penacho significa 'Mañana' y Kosarkó el numeral 'Dos' para formar bellamente con tales palabras el adverbio kosarko-penacho, que vale 'Pasado mañana' o 'Dentro de dos mañanas'. De la misma manera Güicho, equivalente de Sol y Manogüicho de Ahora, como si se dijera, «En este Sol». Otras palabras de este vocabulario son:

Güesta 'fuego'
Kishire 'amor'
Manita 'Dios'
Esórano 'enemigo'
Yákano 'hombre'
Esate 'mujer'
Tama 'muchacho'
Kampisike 'chicuelo'.

Otras palabras son claramente préstamos léxicos del español:

mora (mula)
baka (vaca)
boriko (burro)
kabayú (caballo)
karune (carne)
maizá (maíz)
perusike (perro)

a las cuales se puede agregar la onomatopéyica pun 'fusil'. Seguramente nuestros aborígenes no pudieron conocer estas palabras, no conociendo los objetos que ellas representaban. Su numeración llega sólo a la veintena, siendo de advertir que los numerales diez y veinte se traducen respectivamente por las manos, y las manos y los pies. Los dedos del cuerpo humano sirvieron a todos los pueblos para iniciar su aritmética. He aquí la de los Motilones:

Tukumarkó 'Uno'
Kosarkó 'Dos'
Koserarkó 'Tres'
Kosajtaka 'Cuatro'
Omasé-kosajtaka 'Cinco'
Omasé 'Diez' (= 'manos')
Omasé-pisá 'Veinte' (= 'manos-pies')

Estas formas de los numerales muestran un claro parentesco con el moderno idioma yukpa. Entre las palabras relacionadas con el cómputo del tiempo están Güicho (sol) y Kuna (luna). Así hemos visto que mano-güicho traduce Ahora, o más fielmente Este sol. Las dos voces Apiraná-kuna significan 'Luna muy grande', o 'Plenilunio', y Kampicike-kuna es el equivalente de 'Luna chica' o 'menguante'.

Incrustadas como joyas de buen precio, en el vocabulario del explorador colombiano, citaremos, en conclusión, dos frases de acentuada simpatía:

Anírano esate burisa, literalmente, «excelente mujer mia»; libremente, «te quiero para mi mujer».
Apira kuna mano güicho, significa «la gran luna como este sol», es decir, «la luna brilla como el sol».
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