Plaza Vázquez de Molina

Conjuntos monumentales renacentistas de Úbeda y Baeza
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Nombre descrito en la Lista del Patrimonio de la Humanidad
Iglesia del salvador ubeda 001.jpg
Vista parcial de la plaza de Vázquez de Molina, con el Palacio del Deán Ortega a la izquierda y la Sacra Capilla del Salvador al fondo.
Coordenadas 38°00′28″N 3°22′06″O / 38.0078, 38°00′28″N 3°22′06″O / -3.36833
País Bandera de España  España
Tipo Cultural
Criterios ii, iv
N.° identificación 522rev
Región Europa y
América del Norte
Año de inscripción 2003 (XXVII sesión)
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La Plaza Vázquez de Molina es una plaza situada en la localidad de Úbeda, en la provincia de Jaén, constituye uno de los mejores ejemplos de urbanismo renacentista que existen en España. Éste ha sido uno de los motivos para que esta plaza, junto con parte del conjunto monumental de Baeza fuesen declarados el 3 de julio de 2003 Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.[1]

La plaza se encuentra configurada como la unión de varios espacios que le dan un conjunto trapezoidal, es un lugar arrogante y autoafirmativo cuyas perspectivas, encuadres y estampas se hallan en las esquinas de tantas calles como llegan hasta ella. La idea referencia, no obstante, la establece la Sacra Capilla de El Salvador del Mundo, el mayor mausoleo civil construido en España. Antiguamente se la conocía como Llano de Santa María y como Paseo de Santa María en el siglo XIX. Es el lugar ideal para comenzar un itinerario turístico por la monumental ciudad de Úbeda.

Génesis del proyecto y planeamiento urbanístico de la plaza

La plaza había sido hasta el siglo XV una honda vaguada al pie del "Postigo del alcázar", por la cual discurría el arroyo de la Azacaya. Cuando la nobleza deja el alcázar, a principios del siglo XVI, el terreno empezó a ser explanado, siguiendo la idea de renovación propia del Primer Renacimiento y de dominio del hombre sobre el medio, empleándose en parte los escombros y materiales del antiguo alcázar, que se terminó de demoler en 1507. Así surge un amplio espacio nuevo, cada vez más llano, sobre el que se empieza a planear el futuro del corazón urbano.

Antes de coronar la primera mitad del siglo, cuando son concluidos en buena medida las operaciones edilicias que hoy configuran su actual imagen, esta plaza aún constituye el recinto más despejado y extenso de toda la retícula urbana.

Poco a poco, el lugar comenzó a ser ocupado. Por un lado se estableció el pósito, y se comenzaron construcciones importantes que contrastaban con los espacios que empezaban a ocupar las casas populares. Estudiado el caso es resuelto por los regidores Gil de Valencia, Diego López de Sanmartín y Francisco Vela de los Cobos, la demolición de todas estas edificaciones. La ciudad habría de recuperar los solares vendidos en almoneda e indemnizar a sus propietarios devolviéndoles el precio pagado por los mismos, así como los gastos ocasionados por las obras.

En principio, se plateó como un espacio casi rectangular, pero el pósito, que había sido construido en el centro de la plaza cuadrada con mucha polémica, hizo que se tuviera que cambiar toda la alineación, adquiriendo definitivamente la actual configuración de plaza en L. A partir de éste momento, en menos de 30 años, se culminaron todas las empresas edilicias de la plaza, de la mano de sus diferentes promotores, básicamente de la saga familiar de los Molina-Cobos.

Por fin la ciudad como protagonista de su historia, podía disponer de un espacio áulico para la representación de sus más conspicuos linajes, un asombroso marco escénico para celebrar su propia eternidad.

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