Planta medicinal

Hierbas medicinales en un mercado medieval localizado en Burgos, España.

Se denomina plantas medicinales a aquellas plantas que pueden utilizarse, enteras o por partes específicas (hojas, flores, frutos, cortezas, tallos o raíces), para tratar enfermedades de personas o animales. La acción terapéutica (alivio o mejora), se debe a substancias químicas llamadas principios activos. El uso de las plantas en la medicina tradicional se remonta a tiempos prehistóricos, pero la ciencia actual ha permitido identificar, aislar y producir cientos de principios activos para la elaboración de fármacos utilizados en el tratamiento de diversas enfermedades. Sin embargo, el uso tradicional de plantas medicinales aún persiste, especialmente en sociedades poco industrializadas con dificultades de acceso a medicamentos. Así, la Organización Mundial de la Salud (OMS) coordina una red para incentivar el uso seguro y racional de la medicina tradicional.[1]​ La planta medicinal suele prepararse de diferentes formas, en la medicina tradicional se utilizan en infusiones, cocidas, en cataplasmas o en ensaladas para consumo directo. La tecnología farmacéutica permite la aplicación de ciertos extractos de plantas medicinales en presentaciones tipo cápsulas, comprimidos, cremas y jarabes.

Manuscrito del De materia medica de Dioscórides, mostrando las supuestas propiedades medicinales de la mandrágora.

El uso de remedios de origen vegetal se remonta a la época prehistórica, y fue una de las formas más extendidas de medicina, en la que virtualmente todas las culturas conocidas tienen evidencias del uso medicinal de algunas plantas. Si bien, el uso de especies vegetales con fines terapéuticos es muy antigua, en un principio estuvo ligado a la magia, cada población construyó sus creencias en un intento de comprender su medio inmediato, algunas culturas hasta el día de hoy conservan estas creencias y la ciencia ha venido a explicar críticamente cada planta cada extracto, cada fórmula, hallando precisamente los principios activos responsables de la actividad biológica. La industria farmacéutica actual se ha basado en los conocimientos científicos modernos para la síntesis y elaboración de algunas moléculas farmacológicas análogas a las presentes en ciertas especies vegetales, y que muchas sustancias derivadas forman parte de los principios activos de medicamentos modernos, como la célebre aspirina.

Además, el proceso de verificación científico ha ayudado a encontrar este tipo de moléculas en varias especies vegetales usadas tradicionalmente como plantas medicinales, explicando ciertas propiedades terapéuticas de éstas, junto con descubrir compuestos que pueden servir como base para el desarrollo de nuevos medicamentos para distintas aplicaciones. Muchos de los fármacos empleados hoy en día —como el opio, la quinina, la aspirina o la digital— replican sintéticamente o aíslan los principios activos de moléculas iguales presentes en remedios vegetales tradicionales usados incluso en épocas prehistóricas, aun sin conocimiento de sus principios activos. Su origen persiste en las etimologías —como el ácido salicílico, así llamado por extraerse de la corteza del sauce (Salix spp.) o la digital, de la planta del mismo nombre.

Los médicos tradicionales Kallawayas procedentes de Khanlaya (Bolivia), acudieron a tratar la epidemia de malaria desencadenada durante la construcción del Canal de Panamá, cerca del año1888. Utilizaron preparados de corteza de quina (Cinchona calisaya) para tratar la enfermedad.[3]

El consumo de plantas medicinales ha ido en aumento en los últimos años en todo el mundo y es frecuente su empleo en combinación con medicamentos prescritos por los médicos. Está extendida la falsa creencia de que los productos elaborados con base en plantas son inocuos e incluso ventajosos por su supuesto carácter "natural", un razonamiento poco compatible con el hecho de que su efecto terapéutico se achaque a su contenido en principios activos con actividad farmacológica. Esta falsa percepción se basa en la tradición de su uso en lugar de en estudios sistemáticos que evalúen su seguridad, que por lo general no existen. Sin estos estudios, únicamente pueden ser detectados aquellos riesgos evidentes, muy frecuentes y de ocurrencia inmediata.[5]

Como cualquier medicamento, las plantas pueden provocar reacciones adversas, intoxicación por sobredosis o interacciones perniciosas con otras sustancias. Se han descrito interacciones de relevancia clínica entre plantas y medicamentos, por lo que resulta imprescindible comunicar al médico el consumo de preparados naturales. Es necesario el mismo control médico estricto con las plantas medicinales que con los medicamentos de síntesis.[7]

Asimismo, se han notificado en los productos elaborados con base en plantas medicinales problemas de confusión entre unas plantas y otras, además de contaminación con pesticidas, metales pesados y medicamentos.[4]

La corteza del árbol de quina (Cinchona) contiene el alcaloide quinina. Tradicionalmente utilizado para tratar malaria.

En 2004, el Ministerio de Sanidad y Consumo de España, mediante la Orden SCO/190/2004, de 28 de enero, por la que se establecía la lista de plantas cuya venta al público quedaba prohibida o restringida por razón de su toxicidad, pretendió realizar una transposición de la lista de plantas publicada por la Comunidad Europea el 26 de octubre de 1992, en la que además añadía 50 plantas (de 147 a 197). Tras recurso contencioso administrativo interpuesto por la Asociación española de Fabricantes de preparados, alimentos especiales, dietéticos y plantas medicinales (Afepadi),[10]

En 2012, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA, por sus siglas en inglés) publicó un compendio de especies vegetales que contienen sustancias de posible riesgo o preocupación para la salud humana cuando son utilizadas en alimentos o complementos alimenticios, que actualiza un listado previo de abril de 2009.[11]

Historia

Prehistoria

Las plantas fueron utilizadas desde tiempos prehistóricos como medicinas, aunque no necesariamente con efectividad. Las especias fueron en parte utilizadas para contrarrestar el deterioro de alimentos causado por bacterias, especialmente en climas cálidos[19]

Antigüedad

En la antigua Sumeria, cientos de plantas medicinales incluyendo mirra y opio están listadas en tabletas de arcilla. En el antiguo Egipto, los papiros de Ebers listan más de 800 plantas medicinales, tales como el aloe, cannabis, ricino, enebro y mandrágora.[26]

Edad media

En la edad media temprana, los monasterios Benedictinos preservaron el conocimiento médico en Europa, tanto traduciendo y copiando textos clásicos, como manteniendo jardines de hierbas.[33]

Edad moderna temprana

Este periodo vivió el florecimiento de las hierbas ilustradas a través de Europa, empezando con la enciclopedia ilustrada Grete Herball (El gran herbario) en 1526. John Gerard escribió El herbario o Historia General de las Plantas en 1597, basado en Rembert Dodoens. Nicholas Culpeper publicó The English Physician Enlarged (El medico ingles ampliado). Muchas plantas medicinales nuevas llegaron a Europa como productos de las exploraciones. El intercambio colombino permitió la transferencia de ganado, cultivos y tecnología entre el viejo mundo y las Américas durante los siglos XV y XVI. Las plantas que llegaron a las Américas incluyen al ajo, jengibre y cúrcuma; mientras que otras como el tabaco, café y coca viajaron en la otra dirección.[36]

Siglos XIX y XX

El lugar de las plantas medicinales en la medicina del siglo XIX fue radicalmente alterado con las aplicaciones del análisis químico. Los alcaloides fueron aislados de una serie de plantas, empezando por la morfina, extraído de la amapola (Papaver somniferum) en 1806; posteriormente se aisló la quinina del árbol de la quina y así muchos otros. Con el progreso de la química, nuevas clases de substancia farmacológicamente activas fueron descubiertas en diversas plantas medicinales. La comercialización de alcaloides extraídos y purificados de plantas empezó en 1826 con la compañía Merck. En el siglo XIX, empezó a acrecentarse notablemente la preferencia por alcaloides y glicósidos purificados sobre el uso de plantas enteras.[38]​Actualmente, la plantas siguen siendo una de las fuentes más importantes para el descubrimiento y desarrollo de fármacos.

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