Planificación estratégica urbana

Mediante los procesos de planificación estratégica urbana (PEU) se desea, en general, clarificar el modelo de ciudad deseado y avanzar en su consecución, coordinando los esfuerzos públicos y privados, canalizando las energías, adaptándose a las nuevas circunstancias y mejorando las condiciones de vida de los ciudadanos.

La planificación estratégica es una técnica que se ha aplicado en múltiples facetas de la actividad humana; basta recordar a Sun Tzu, Arthur Thomson o Henry Mintzberg; sin embargo, es relativamente reciente la aplicación de la planificación estratégica a la realidad urbana, a las ciudades y regiones o áreas metropolitanas y sus inicios son eminentemente prácticos y artesanales: una mezcla de pensamiento, técnicas y arte o buen hacer.

Fueron suficientes 15 años de práctica para que la técnica se extendiera y se organizara el primer “Encuentro de ciudades europeas y americanas para el intercambio de experiencias en planificación estratégica”. Dicho encuentro, celebrado en Barcelona en 1993, contó con la colaboración del Banco Interamericano de Desarrollo, el Banco Mundial, la Comisión de la Comunidad Europea y el Instituto de Cooperación Iberoamericana. Participaron, entre otras, las ciudades de Ámsterdam, Lisboa, Lille, Barcelona, Toronto y Santiago de Chile.

En dicho encuentro se puso de manifiesto, entre otros aspectos relevantes, que si en las grandes ciudades se abordan procesos de colaboración para realizar procesos de planificación estratégica, y si se consigue un entendimiento razonable entre las administraciones, las empresas y una amplia representación de agentes sociales, entonces se generan sinergias organizativas que, a medio plazo, mejoran la aplicación de los recursos y la calidad de vida de los ciudadanos.

Origen

Los procesos de planificación estratégica urbana (PEU) surgen a finales del siglo XX. La ciudad de San Francisco ( EE. UU.) condujo su proceso entre 1982 y 1984. La principal motivación para iniciar procesos de planificación estratégica urbana ha sido el intento de reaccionar adecuadamente a situaciones problemáticas (estancamiento o crisis económica, principalmente); en los inicios del siglo XXI no se adopta esta forma organizativa de manera reactiva sino más bien proactiva; refiriéndose a España, las situaciones de crisis no son los principales desencadenantes de estos procesos, sino que las motivaciones se encuentran en la búsqueda de la colaboración público-privada, en el deseo de coordinar actuaciones, en la mejora continua, en el deseo de lanzar procesos de revitalización e incluso de seguir ejemplos [1] [2] [3] [4]

La determinación inicial necesaria para lanzar este tipo de procesos varía geográficamente; en España, la mayor parte de los procesos son liderados por Entidades públicas, aproximadamente el 50%; un porcentaje importante tiene un liderazgo mixto público-privado.

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