Pishtaco

El pishtaco o nakaq es un personaje mitológico de la tradición andina, especialmente en Perú y Bolivia. En algunos lugares de los Andes, el pishtaco es llamado kharisiri.[2] . La leyenda del pishtaco o pishtakuq como asesino a sueldo, surge entre la población de los Andes peruanos, en especial en los departamentos de Junín, Huancavelica, Cuzco, Ayacucho, Apurimac, Pasco y la sierra de Lima, en las épocas de construcción de ferrocarril, carretera o explotación intensiva de la minería.


La leyenda

Según Tauro del Pino en su diccionario enciclopédico del Perú se trataría de un bandolero - frecuentemente un extranjero blanco - cuya ocupación es la de asaltar mujeres u hombres solitarios. Principalmente, el pishtaco degolla a sus víctimas para sacarles la grasa y venderla, así como comer su carne en forma de chicharrones. O bien las entierra, a veces con vida, para fecundar la tierra o dar solidez a las construcciones.

La preocupación por la grasa corporal tiene una larga tradición en la región andina, al punto que los indígenas prehispánicos le rendían culto en la forma del dios Viracocha (literalmente "mar de grasa" en quechua). También es natural para los campesinos pobres ver a la gordura y al exceso de grasa corporal como una seña del vida, buena salud, fuerza y belleza. Se creía que muchas enfermedads tienen su orígen en la pérdida de grasa corporal, por lo que la delgadez extrema era despreciada.[4]

La figura del pishtaco aparece desde muy antiguo en la tradición quechua, ya en épocas prehispánicas se tienen noticias de sicarios enviados por los grupos de poder o por etnias rivales para eliminar a personajes importantes o simplemente diezmar la población.

La leyenda en su forma actual se remonta a la conquista española de América del Sur. Los indígenas andinos temían a los misioneros españoles, pues los consideraban pishtacos y creían que mataban personas para sacarles su grasa, con la cual engrasaban las campanas de las iglesias para que suenen mejor.[5] Ricardo Palma menciona en sus Tradiciones Peruanas (Los Barbones) la figura del pishtaco o naqak en Cuzco, narra la agresión que los indígenas cuzqueños infringieron a un grupo de betlemitas acusándolos de pishtacos, pues a decir de estas personas los buenos frailes secuestraban personas a quienes extraían la grasa para elaborar los ungüentos con que curaban en el hospital que ellos tenía al costado de su iglesia y monasterio.

En la actualidad, leyendas similares afirman que las maquinarias de un ingenio azucarero necesitan grasa humana como lubricante,[8]

La creencia del pishtaco ha afectado a los programas internacionales de asistencia, haciendo que varias comunidades rechacen al programa estadounidense Food for Peace por el temor que su verdadero propósito era engordar a los niños para luego matarlos y extraerles su grasa.[10]

Una rápida revisión al imaginario colectivo de los andes nos dará en claro algunos puntos comunes que constituyen la personalidad del pishtaco.

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