Pintura románica en Cataluña

A lo largo del último tercio del siglo XX los nuevos hallazgos de pinturas románicas en Cataluña y el estudio de las mismas vinieron a dar soluciones positivas sobre cronología, autores y estilo. Son dignas de mención las pinturas o miniaturas que completan la obra de los manuscritos que se desarrollaron en los numerosos escritorios (scripta) del siglo XI, aunque la gran mayoría se perdió con el transcurrir de los años. Más importante es la pintura mural o la pintura sobre tabla que ha llegado hasta nuestros días con bastante integridad y que compone un gran número de obras.

Miniaturas del siglo XI

Fueron muy numerosos en época románica en Cataluña los escritorios o scripta de las catedrales y monasterios, donde se elaboraban los códices iluminados con miniaturas, muchos de ellos conservados en las bibliotecas episcopales de Gerona y Seo de Urgel.

Los códices más antiguos muestran en sus miniaturas un estilo con influencias de tradición autóctona, carolingia y mozárabe. El códice catalán más antiguo de que se tiene noticia es el Liber Iudicum iluminado por el barcelonés Iudex Homobonus en 1012. Los dibujos son temas de lazo.[1] Existen además un evangeliario muy antiguo (de alrededor del año 1000) de la catedral de Gerona con miniaturas realizadas a tinta plana que serán el antecedente de un estilo que va a perdurar hasta comienzos del siglo XIII.

El escritorio del monasterio de Ripoll

El monasterio de Ripoll fue un foco cultural importantísimo que alcanzó su gran desarrollo en los tiempos del abad Oliba. Anteriormente con el abad Arnulfo (948-974) se había creado un escritorio propio donde trabajaron los iluminadores que llegaron a formar una verdadera escuela. A la muerte del abad Oliba (1048) la biblioteca del monasterio contaba con 240 códices iluminados en el escritorio del propio monasterio. Muchas obras se han perdido pero las que quedan pueden dar idea y buen ejemplo de lo que fue aquel taller de miniaturistas.

Obras
  • Compendio de Geografía física y astronómica de 1055 iluminado con 42 miniaturas.[2]
  • Biblia en cuatro volúmenes en folio cuyo propietario era el monasterio de San Pedro de Roda.[3]
  • Biblia de la Biblioteca Vaticana cuyas miniaturas están tan relacionadas con los relieves de la portada del monasterio de Ripoll que permitieron establecer y demostrar el origen ripollés del códice.

Los dibujos de estas dos biblias son de trazo de pluma limpio y sin vacilaciones. Las figuras siguen un ciclo narrativo sin elementos adicionales aunque en ocasiones se dibujan algunos objetos necesarios, como instrumentos o muebles, incluso a veces se da un apoyo arquitectónico. Las miniaturas de estos dos códices fueron ejecutadas por varios artistas que aportaron influencias muy diversas; esto hace pensar que el tiempo de realización debió ser bastante prolongado.

  • Liber Beati Gregorii in Ezechiel y un tratado de De locis sanctis, guardados en el Archivo de la Corona de Aragón.

El escritorio de la catedral de Vich

En este lugar de trabajo se realizaron bastantes manuscritos. Algunos se conocen hoy por referencias documentales y otros han llegado casi intactos. Hay códices anteriores al abad Oliba, cuyas iniciales miniadas son del más puro estilo mozárabe. En el museo se guardan: un texto de san Isidoro de 1056, un evangeliario, y el libro de los Paralipómenos de 1066. Se guarda también una página cortada de un códice perdido con un dibujo muy parecido al de las biblias de Ripoll, más el Libri Morales de Job.

El escritorio de la catedral de Gerona

Los códices miniados procedentes de esta catedral son del mismo estilo que los anteriores. En el libro de las Homilías del venerable Beda de San Feliu de Gerona pueden verse miniaturas de gran vivacidad y otras de influencia francesa. De este escritorio procede un Beato ilustrado con 106 grandes miniaturas que se guarda en la Biblioteca Nacional de Turín. La fecha de realización es hacia 1100.

Gran centro cultural de Cuixá

El monasterio benedictino de San Miguel de Cuixá fue en la Edad Media el gran centro cultural de la Cataluña de los Pirineos. Este monasterio fue víctima de guerras y expoliciones que le redujeron a una casi total ruina. Desapareció también su gran biblioteca que en el año 1000 era ya digna de consideración. Quedan algunas reliquias en el archivo de Perpiñán, como el Evangeliario miniado con escenas a toda página adornadas con decoración de tradición carolingia.

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