Pintura románica

Anunciación de la iglesia de Sant Pere de Sorpe (Alto Aneu, España), mediados del siglo XII.
Cristo triunfante con los apóstoles de la iglesia de San Ambrosio Viejo[1] (Negrentino, Suiza), siglo XI.
Anunciación a los pastores del panteón de reyes de San Isidoro de León, ca. 1180.

Pintura románica es la denominación historiográfica[2] de las manifestaciones pictóricas del periodo considerado convencionalmente como " Románico" en Europa Occidental (la cristiandad latina); de forma restrictiva se limita a los siglos XI y XII, aunque puede extenderse a los periodos denominados convencionalmente como " Prerrománico" (siglos V al X) y " Tardorrománico" (siglo XIII, coexistiendo con el denominado convencionalmente como " Gótico").

Llamando pintura románica en conjunto a la desarrollada en Occidente desde la invasión de los bárbaros hasta mediados del siglo XIII en que empezó la gótica pueden distinguirse en ella varios estilos a semejanza de la arquitectura, destacando los siguientes:

El estilo de imitación bizantina y el románico se manifiestan en pintura mural, miniaturas y mosaicos; mientras que los estilos restantes son propios de miniaturas o iluminaciones de códices ya que han desaparecido las demás obras de los mismos.

Francisco Naval y Ayerbe, Tratado compendioso de Arqueología y Bellas Artes, 1920.[4]

Siguiendo la tradición antigua ininterrumpida durante la Alta Edad Media, el edificio románico no se consideraba totalmente acabado hasta que sus muros se cubrían de pintura.

La pintura románica es un capítulo original y breve, ya que la desaparición de los muros continuos, las bóvedas y ábsides lisos con la llegada del gótico pondrá fin a esta experiencia de pintura mural. Muchas de sus características son semejantes a las de la escultura. ... Nota peculiar será por lo tanto la subordinación al espacio arquitectónico.[6]

Los temas, muy repetidos, son casi únicamente religiosos y se encuadran en una función didáctica imprescindible dado el analfabetismo generalizado, además de incluir contenidos alegóricos sólo accesibles a una minoría iniciada (la élite monacal y el alto clero).[7]

El origen de las formas y la iconografía es doble: el mosaico bizantino, revitalizado en el Sur de Italia; y la tradición altomedieval de iluminación de manuscritos en los scriptoria monásticos de España, Irlanda y Centroeuropa. La plástica románica está dominada por el horror vacui, la necesidad de llenar los espacios vacíos, tanto en las páginas de los manuscritos como en los muros de las iglesias, de formas y colores; preferentemente formas sintetizadas y simétricas, delimitadas por trazos rígidos (contornos de líneas negras), y colores puros y brillantes, lo que se ha interpretado como una reacción a la oscuridad tanto de los edificios como del ambiente vital.[10]

Aunque con una gran variedad expresiva, entre la calma majestuosa y severa y la agitación delirante y visionaria, la románica es una pintura fuertemente distorsionada y estilizada, con muy pocos restos de la calidez naturalista y humanizadora apreciable tanto en el arte clásico de la Antigüedad como, más tarde, en la pintura gótica.[11]

Pintura prerrománica

Estilo de imitación bizantino o italo-bizantino

Sueño de José, del Maestro de Castelseprio (datación debatida, entre el siglo VII y el X, en todo caso anterior al 948).
Madonna de la escuela de Lucca, ca. 1200.

... (a la maniera greca que dicen los italianos) pose las cualidades nobles y los vicios radicales del estilo quey imita y de tal modo las retiene que muchas de sus obras podrían pasar perfectamente como bizantinas pues sólo leves diferencias las separan de ellas. Se desarrolló principalmente en Italia donde fluían los artistas bizantinos en gran número huyendo de la persecución iconoclasta y donde encontró más imitadores que en otras partes el mosaico bizantino. Y como éste, que servía de modelo a los artistas no se presta con facilidad a la expresión de los rostros ni a la soltura en el plegado de los paños ni a la bella perspectiva como un buen pincel cuando imita la Naturaleza, de aquí el adolecer las pinturas italo-bizantinas de los defectos antes observados en los mosaicos de Oriente. Se hicieron con el mencionado estilo diferentes mosaicos, pinturas, murales y cuadros con fondos de oro y pasan como típicos ejemplares entre los que hoy existen, entre otros muchos, los siguientes:

No faltan ejemplares en esta última época en Italia que revelan su independencia del bizantinismo y conservan mejor la tradición romana, debiendo llamarse por lo mismo románicos. Tales son por ejemplo

Estilo carolingio

Conocido sólo en miniaturas de su época (últimos años del siglo VIII y por casi todo el IX), corren parejas con la escritura del mismo nombre y es un resultado de la combinación de elementos clásicos, bizantinos, sirios[15] e irlandeses. Se distingue por el uso frecuente de fondos purpúreos y de aplicaciones de oro y plata en los dibujos y por la adopción de magníficos motivos arquitectónicos para decorar también (por el procedimiento a la aguada) los libros o códices, adopta asimismo varias figuras muy poco afortunadas en el dibujo, entre las cuales se observan por primera vez retratos (o que quieren serlo) de las personas a quienes se dedicaba la obra o que la mandaban hacer por su cuenta. Estas obras eran comúnmente Sacramentarios y copias de la Biblia o partes de ella, entre las cuales abundaban los Evangelios y los Salterios. Sus centros principales fueron Reims, Corbie, Metz y Tours y entre las obras que todavía se conservan se celebran las siguientes:

  • El Evangeliario de San Medardo de Soissons[16]
  • Las dos Biblias de Carlos el Calvo
  • El Evangeliario de Godescalco[4]

Estilo otoniano

Registrum Gregorii, dos de cuyos folios iluminados se atribuyen a un anónimo Maestro del Registrum Gregorii cuyo estilo es reconocible en otros manuscritos datables en Tréveris entre 980 y 996.[20]

Durante el siglo X recibe un nuevo empuje el estilo en cuestión aunque imitando más al traza de los modelos romanos y bizantinos merced al imperio de los Otones en Alemania, a lo cual se ha llamado renacimiento otoniano: abundan entre sus miniaturas los paisajes, los motivos arquitectónicos y los retratos de emperadores y fueron centros del movimiento de las ciudades de Reichenau, Tréveris y Colonia. Mientras tanto y después hasta la época del estilo gótico, sigue la miniatura en Francia muy variada y decadente con alguna imitación de la carolingia.[4]

Estilo visigodo y mozárabe

Beato de Silos,[25] 1109.
Codex Vigilanus, la versión más ilustrada del Chronicon Albeldense, de mano del monje Vigila, ca. 976.

El estilo visigodo en el arte de la miniatura, aunque no bien conocido, debió ser como su continuador y heredero el mozárabe (o de la Reconquista) en España, el cual se caracteriza por sus colores vivos y hasta chillones sobre todo el amarillo intenso; por sus figuras de bárbaro e infantil dibujo y, a veces, de gusto caligráfico; por sus animales fantásticos, sus letras de adorno hechas con figuras humanas, sus motivos arquitectónicos de arcos en herradura y sus caprichosos entrelazados y demás dibujos ornamentales geométricos, imitando obras irlandesas y carolingias. ... También se cita como visigótica [ en realidad, asturiana ] la Biblia de la Cava[26] (del monasterio de este nombre en Salerno, de Sicilia), que es del siglo VIII [ en realidad, del siglo IX ] y que tiene dibujos ornamentales, pero sin viñetas. Centros de tales miniaturas lo fueron principalmente

El procedimiento comúnmente seguido en tales pinturas fue el que se denomina a la aguada o a la acuarela y frecuentemente se hacían aplicaciones de oro y plata, sobre todo, en letras iniciales. Entre sus obras, que desde el siglo IX se extienden hasta el XII inclusive, se cuentan varios cronicones, Biblias, libros conciliares (actas o decretos de Concilios), libros litúrgicos y los célebres ejemplares del Comentario al Apocalipsis llamados " beatos".[4]

Escuela irlandesa e inglesa

De las escuelas irlandesa e inglesa primitivas ya se dijo antes que precedieron a las anteriores e influyeron notablemente en la formación de ellas a partir del siglo VI y que su característica son los entrelazados y las espirales con profusa variedad de combinaciones ya de solos trazos geométricos ya de ellos con animales fantásticos entrelazados entre sí. En la formación de letras iniciales con figuras de monstruos, el arte irlandés suele aprovechar sólo la cabeza de éstos mientras que el visigodo–mozárabe emplea todo el cuerpo o se sirve de figuras humanas y las adorna con hojas generalmente de acanto.[4]

Durante el siglo XII y principios del siguiente, el arte inglés se distingue en miniatura por la exageración de la figura humana en proporciones y en el movimiento y por la extraña fantasía en figuras monstruosas. También le caracteriza la parsimonia o escasez de trazos que se observa en el dibujo, tendiendo a ser esquemático. Algunas pinturas murales que todavía se conservan en antiguas iglesias de Inglaterra reflejan el estilo de las miniaturas pero no se remontan más allá del siglo XII.[4]

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