Pintura contemporánea

La romería de San Isidro, una de las pinturas negras de Francisco de Goya.
Abadía en el bosque, de Caspar David Friedrich ( romanticismo).
Castillo de Norham, de Joseph Mallord William Turner.
Le Bassin aux nymphéas, harmonie verte, de Claude Monet ( impresionismo).
La Gouloue, cartel para el Moulin Rouge, de Toulouse-Lautrec ( posimpresionismo).
Autorretrato de Paul Gauguin ante un retrato de Émile Bernard ( posimpresionismo).
Une baignade à Asnières ("Un baño en Asnières"), de Georges-Pierre Seurat ( puntillismo).
Niño con marioneta, de Rousseau el aduanero ( naif).
Ker-Xavier Roussel, Édouard Vuillard, Romain Coolus y Felix Vallotton en 1899.
Sirenas, de Gustav Klimt ( modernismo).
El grito de Edvard Munch, se encuentra rodeado de medidas de seguridad en el Museo Munch de Oslo, tras ser recuperado de su segundo robo. El robo de pintura contemporánea ha sido una constante vinculada a su valoración económica.[1]
Obras de Henri Matisse en su museo de Cateau-Cambrésis ( fovismo).
Bodegón con botella de Burdeos, de Juan Gris ( cubismo).
La calle entra en la casa, de Umberto Boccioni ( futurismo).
Modigliani, Picasso y André Salmon, protagonistas de las denominadas " vanguardias históricas" en París, 1916.
Hauptweg und Nebenwege, de Paul Klee.
E. Katsman, Isaak Brodski, Iliá Repin, A. Grigoriev y P. Radimov en 1926, todos ellos miembros de la AJRR o AKhRR (Assotsiatsia khudozhnikov revoliutsionnoi Rossii, Asociación de Artistas de la Rusia Revolucionaria), institución responsable de la orientación de la pintura rusa hacia el realismo socialista desde su fundación en 1922. Otros miembros importantes fueron Alexander Gerasimov e Ilia Mashkov. En 1924 se creó una institución menos conservadora estéticamente, la OSt (Obshchestvo khudozhnikov-stankovistov, Sociedad de Pintores de Caballete, Alexander Deineka).[2]
Obra derivada de La Gioconda de Leonardo da Vinci con un aspecto similar al de L.H.O.O.Q. de Marcel Duchamp (no puede utilizarse la obra de Duchamp por estar sujeta a derechos).
Mujer, de Kazimir Malévich.
Composition IX: jugadores de cartas, de Theo van Doesburg.


Salvador Dalí y Man Ray, dos miembros del grupo surrealista en París, 1934.
Goebbels en la exposición Entartete kunst de 1937, el denominado "arte degenerado" que los nazis habían decidido suprimir. Los dos cuadros que aparecen son de Emil Nolde. Véase arte nazi.
Sello conmemorativo de Marc Chagall (no puede utilizarse la obra de Chagall por estar sujeta a derechos).
Sello conmemorativo de Oskar Kokoschka (no puede utilizarse la obra de Kokoschka por estar sujeta a derechos).
Mural de cerámica vitrificada de Joan Miró ( surrealismo abstracto).
Jean Raine en plena action painting, 1972.
Logo del pabellón de Cataluña en la Expo 92 de Sevilla, Antoni Tapies ( informalismo).
La serie de 32 latas de sopa Campbell, de Andy Warhol reproducía artísticamente un producto de consumo masivo ( pop-art). Obsérvese que no se puede realizar esta ilustración con la obra de Warhol por estar sujeta a derechos, restricción que no se aplica a las propias latas; esta paradoja era uno de los efectos conscientemente buscados por el autor.

Pintura contemporánea es un término de la historiografía del arte utilizado de forma muy ambigua en la bibliografía, las instituciones y el mercado de arte, como ocurre con los de arte contemporáneo, escultura contemporánea o arquitectura contemporánea.

Puede referirse a la pintura de la Edad Contemporánea, o limitarse a la del siglo XX, o al periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial (1945).

Para mayor confusión, se utiliza también muy extensamente el concepto de pintura moderna, tanto en oposición como en identificación con él.[3]

Siglo XIX

Final del siglo XVIII y primera mitad del siglo XIX

La trayectoria estilística de Goya incluye la pintura de interiores rococó, el academicismo neoclásico y el prerromanticismo. Alcanzó un extraordinario éxito como pintor de corte. Con sus dos grandes lienzos El dos de mayo y El tres de mayo inaugura la pintura de historia del siglo XIX. Sus series de grabados supusieron innovaciones técnicas, estilísticas y temáticas de gran proyección posterior. Se le considera el precedente del expresionismo y las vanguardias del siglo XX, especialmente por las pinturas negras.[4]

Neoclasicismo y academicismo

Desde el siglo XVII, con la aparición de las academias, se fueron estableciendo los cánones del clasicismo pictórico, pero no fue hasta la segunda mitad del siglo XVIII, con la Ilustración, que llegan a establecerse como convenciones impuestas a la práctica del oficio en la totalidad del ámbito cultural europeo occidental. Simultáneamente aparecen la crítica y la historiografía del arte como actividades definitorias del gusto artístico dominante, cuyo seguimiento se fomenta entre los pintores a través de la enseñanza, de los encargos institucionales y privados, y de la convocatoria de exhibiciones, certámenes o salones artísticos como el Salon de peinture et de sculpture o Salon de Paris ("Salón de pintura y de escultura" o "Salón de París", desde 1725).

La figura de Jacques-Louis David, testigo de excepción de los cambios políticos y sociales de la Revolución francesa preside el tránsito del siglo XVIII al XIX, al que siguieron otros pintores franceses, como François Gérard. La cumbre del estilo, a mediados del siglo XIX, fue Jean Auguste Dominique Ingres; ya en presencia de la irrupción de los nuevos estilos antiacadémicos. No obstante, la mayor parte de la producción pictórica de la segunda mitad del siglo XIX e incluso del siglo XX, conviviendo con su absoluta negación, que representaron las vanguardias, siguió siendo la pintura academicista de tradición neoclásica, cuyos seguidores, a pesar del éxito institucional que vivieron en sus días o de su objetiva calidad, han pasado a ocupar un espacio marginal en museos y manuales ( John Singer Sargent, Jean-Joseph Weerts, Jean-Léon Gérôme, William-Adolphe Bouguereau, Jean-Louis-Ernest Meissonier, Paul Baudry, Alexandre Cabanel, Franz Xaver Winterhalter).

La pintura inglesa de finales del XVIII y principios del XIX tuvo como principales figuras académicas a sir Joshua Reynolds (que definió el concepto grand manner -"manera grandiosa" o "espléndido estilo"-),[5] Thomas Gainsborough o Thomas Lawrence; además de dos extraordinarios paisajistas que evolucionaron hacia una concepción más identificable con el romanticismo pictórico: J. M. W. Turner y John Constable.

Por comparación con la gigantesca figura de Goya, la pintura neoclásica española de finales del siglo XVIII y comienzos del XIX ha sido habitualmente minusvalorada, pero contó con pintores de la talla de Anton Raphael Mengs, que en su época era considerada la máxima autoridad académica a nivel europeo, Paret, Meléndez o Vicente López, el discípulo de Goya autor de su más famoso retrato. El academicismo pictórico presidió la totalidad del siglo XIX a través de los géneros de más demanda institucional en España: el retrato y la pintura de historia.

Romanticismo

El prerromanticismo convivió con el neoclasicismo en las décadas finales del siglo XVIII. No solamente se manifestó en la pintura anticipadora de Goya, sino en la de William Blake, Johann Heinrich Füssli o Giovanni Battista Piranesi. En el ámbito de la especulación teórica, el romanticismo incluyó una redefinición del concepto de belleza, y en concreto la aparición de un nuevo concepto: el de lo sublime, la belleza terrible y sobrecogedora propia de los elementos desatados y de la naturaleza en estado salvaje, ajena a la serenidad estética del neoclasicismo, y que encontrará plasmación pictórica en los paisajes de Caspar David Friedrich y de Turner. Es muy significativa una anécdota que enfrentó a Turner con su coetáneo Constable. Éste, quejándose del atrevimiento de su competidor, que había añadido una impactante pincelada de minio en mitad de su cuadro después de haberse colgado al lado del suyo propio en la exposición de la Royal Academy (1817), resumió perfectamente el impacto de la nueva Archivo: [veo que] ha estado aquí, [porque] ha disparado su arma.[6]

En los salones franceses monopolizados por el academicismo, la exhibición de La balsa de la Medusa de Gericault (1819) supuso un escándalo de mucho mayores dimensiones. Frente a los demás cuadros, equilibrados y convencionales, mostraba cadáveres descompuestos en un primer plano, contrastaba gestos de desesperación y entusiasmo de un abigarrado grupo de personajes que dan la espalda al espectador (ajenos al decorum[7] que se pretendía de las representaciones heroicas), y evidenciaba la pequeñez de la humanidad frente a un entorno natural hostil. En el contexto de la revolución de 1830, la alianza de la libertad del arte con la libertad política quedó plasmada en La libertad guiando al pueblo, de Delacroix.

Grupos de pintores alemanes e italianos, los denominados nazarenos y puristas, pretendieron encontrar la belleza originaria de la pintura en la simplicidad formal y la renuncia a todo artificio, preludiando movimientos posteriores.

Segunda mitad del siglo XIX

Precedidos por Courbet, el provocador que inició la práctica de la pintura independiente, dos pintores franceses cubren la segunda mitad del siglo XIX, pasando por todos los movimientos rupturistas y haciendo de "maestros de pintores": Édouard Manet y Paul Cézanne, cuya identificación con realismo o impresionismo no pasa de ser una etiqueta historiográfica que no cubre la totalidad de sus amplias y complejas trayectorias.

Realismo

El romanticismo ya había plasmado en la pintura el protagonismo histórico de las masas (visible en Goya y Delacroix), pero Courbet no necesitó para ello emplear temas heroicos, sino cotidianos, traspasando los límites de la obscenidad. Técnicamente, encontró recursos expresivos en la pincelada gruesa, el aspecto inconcluso y la composición poco convencional, con encuadres abruptos, que provocaban rechazo. Buscando una total libertad artística, renunció expresamente a transigir con el gusto dominante y expuso por su cuenta, de forma independiente, su provocativo El taller del pintor a las puertas del Salon de Paris de 1855, apoyado por un grupo intelectual en el que se hallaban Charles Baudelaire, Pierre Proudhon y el crítico Jules Champfleury. Entre los pintores que se asocian al movimiento estuvieron el dibujante satírico Daumier y el paisajista Jean-François Millet, procedente de la Escuela de Barbizon ( Théodore Rousseau, Corot, quienes previamente habían renovado el paisajismo influidos por una exposición de Constable en París). También estuvo presente el estadounidense Whistler, que se terminó distanciando de Courbet, entre otras cosas, por el atrevimiento del francés en la forma de retratar a una modelo de la que ambos eran amantes ( El origen del mundo, 1866).[8]

Simultáneamente, en Inglaterra se desarrollaba la pintura victoriana. El academicismo dominante fue desafiado por las teorías artísticas de John Ruskin, que defendía la superioridad de los modernos frente a los antiguos (comparando a Turner con las convenciones vigentes desde el renacimiento al neoclasicismo). Se abrieron paso nuevos movimientos de renovación pictórica, especialmente el liderado por Ford Madox Brown y la Hermandad Pre-Rafaelita ( Dante Gabriel Rossetti, John Everett Millais, William Holman Hunt), que pretendía recuperar la pureza primitiva de la pintura anterior al siglo XVI. La sensación de pérdida de los valores de la obra artesana bien hecha frente a la producción industrial masificada llevó al movimiento arts and crafts ( William Morris, Edward Burne-Jones). Ya a finales de siglo, la escuela de Newlyn se especializó en la representación de escenas marineras.

Otras escuelas nacionales fueron desarrollando producciones pictóricas con mayor o menor grado de utilización de recursos poco académicos, difundidos por el plenairismo (au plen air, pintura directa en el exterior, que estimula una menor preocupación por el acabado que por el reflejo de las sensaciones visuales y la luz cambiante, imponiendo la pincelada suelta y distintas texturas) y que muy a menudo se etiquetan como precedentes del impresionismo, a pesar de ser más propiamente realistas,[9] como los macchiaioli italianos ( Giovanni Fattori, Giuseppe Abbati, Silvestro Lega, Telemaco Signorini), los peredvizhniki rusos ( Iliá Repin), pintores alemanes ( Adolph von Menzel, Wilhelm Leibl, Max Liebermann, Franz von Lenbach, Hans Thoma), españoles ( Mariano Fortuny, Federico de Madrazo, Eduardo Rosales, Carlos de Haes, Antonio Gisbert, Casado del Alisal, Martí Alsina), escandinavos ( pintores de Skagen), estadounidenses ( escuela del río Hudson) o australianos ( escuela de Heidelberg).

No obstante, la mayor parte de la producción pictórica, incluida la mayor parte de la de muchos pintores citados, respondía a criterios convencionales y coincidentes con el gusto burgués dominante, lo que les garantizaba su éxito de mercado ( retrato pictórico, preciosismo en los acabados y costumbrismo de las escenas de género - Vicente Palmaroli-, pintura de historia institucional y reconstrucciones historicistas - Lawrence Alma-Tadema-), aunque retrospectivamente se califiquen incluso de gusto vulgar o kitsch ( art pompier).

Impresionismo

El Déjeuner sur l'Herbe y la Olympia de Édouard Manet causaron el el Salon des Refusés de 1863 ("Salón de los rechazados") un escándalo similar al que consiguió el Taller de Courbet una década antes. A pesar de su evidente continuidad con el realismo, son considerados el precedente más directo de la gran renovación pictórica del último cuarto del siglo, que en estos cuadros aún no estaba presente.

La técnica impresionista fue un innovador concepto en la utilización de la luz y el color: su disposición en el lienzo a través de pinceladas sueltas de colores puros, que no se mezclan en la paleta del pintor sino en la retina del espectador, acentuando los contrastes por la oposición de los complementarios, y buscando los efectos de vibración y luz reflejada. Tal innovación fue obra de un grupo de pintores franceses ( Claude Monet, Pierre-Auguste Renoir, Edgar Degas, Camille Pissarro, Alfred Sisley, Frédéric Bazille, Berthe Morisot) que fue bautizado como impresionistas por el título que Monet dio a uno de sus cuadros ( Impression, soleil levant -"Impresión, sol naciente"-) en la primera de las exposiciones de la Société anonyme des artistes peintres, sculpteurs et graveurs ("Sociedad anónima de artistas pintores, escultores y grabadores", 15 de abril de 1874).

Su impacto en el resto del mundo es un tema debatido, puesto que, aunque la difusión de los nuevos conceptos es innegable (aplicados en Alemania por Lovis Corinth, Max Liebermann o Max Slevogt, en Austria-Hungría por László Mednyánszky, en el Imperio Ruso por Konstantin Korovin, Valentin Serov o el polaco Władysław Podkowiński, en Estados Unidos por William Merritt Chase o Mary Cassatt, en el Reino Unido por Walter Richard Sickert o Philip Wilson Steer), también se ha exagerado la identificación como impresionistas de muchos pintores, para los que alternativamente se utilizan también otras etiquetas ambiguas, como la del luminismo (utilizada para designar a estadounidenses como George Caleb Bingham, John Frederick Kensett o Albert Bierstadt, a belgas como Emile Claus, Gustave De Smet, Frits Van den Berghe o Constant Permeke, o a españoles como Joaquín Sorolla, Ignacio Pinazo, Teodoro Andreu, Francisco Benítez Mellado o Vicente Castell), que a veces es relegada a la condición de "pseudo-impresionismo".[10]

Postimpresionismo

Los últimos años del siglo XIX (el fin de siécle) y el comienzo del siglo XX son un periodo de gran agitación intelectual en el que se derrumban los paradigmas científicos ( revolución relativista, revolución neuronal, revolución freudiana, etc.)

Desde 1884 se venía celebrando el Salon des Indépendants ("Salón de los independientes") gestionado por la Société des Artistes Indépendants fundada, entre otros, por Albert Dubois-Pillet, Odilon Redon, Georges Seurat y Paul Signac, bajo el lema Sans jury ni récompense ("Sin jurado ni recompensa"). Después de las ocho exposiciones impresionistas (la última, en mayo y junio de 1886), las innovaciones conceptuales que escandalizaban pocos años atrás (y que seguirían siendo explotadas por muchos años más) habían pasado a ser caminos poco estimulantes para los pintores más inquietos, que las encontraban insuficientes para sus necesidades expresivas.

Uno de los más veteranos impresionistas, Paul Cézanne, sin renunciar al color y la luz, encontró ese camino en la simplificación de volúmenes en cuerpos geométricos (esferas, cilindros, conos -pretendía "conquistar París con una manzana"-);[11] Henri de Toulouse-Lautrec en la recuperación del dibujo, extremado en gruesas líneas para el contorno de las figuras; Vincent Van Gogh en la pincelada gestual, prolongada en giros y espirales; Paul Gaugin en la extensión de las superficies planas de colores homogéneos ( cloisonné). Buena parte de estos nuevos enfoques tenían explícitas influencias del exótico arte japonés ( japonismo), cuyas convenciones tradicionales, bien distintas de las de la pintura occidental, se convertían en alternativas inéditas cuando se aplicaban con los criterios rupturistas de estos pintores.

Los que optaron por una profundización conceptual en el significado de lo representado, frente al que se establecen conexiones misteriosas u ocultas, han sido etiquetados como simbolistas ( Odilon Redon, Puvis de Chavannes), denominación ambigua que también se aplica a Gaugin o Van Gogh.

El neoimpresionismo (denominado alternativamente como puntillismo y divisionismo, con distintas implicaciones) de Georges Seurat y Paul Signac planteaba llevar la técnica del impresionismo a su extremo, reduciendo la aplicación de los pigmentos puros a puntos, que observados en la distancia componían las imágenes con un efecto impactante.

Se crearon nuevos y múltiples colectivos de artistas con distintos y a menudo opuestos criterios, que en algún caso (como la fallida comunidad que intentó crear Van Gogh en Arlés) respondían a la necesidad de salir del ambiente de París: escuela de Pont-Aven (Gaugin, Louis Anquetin, Émile Bernard, Charles Laval, Émile Schuffenecker, Paul Sérusier, Maxime Maufra), bande noire ("banda negra", denominados nubians por sus tonos sombríos y naturalistas por su temática social, liderados por Charles Cottet y al que se asoció el español Ignacio Zuloaga), nabis ("profetas", que experimentaron con el uso arbitrario del color, liderados por Sérusier - Félix Vallotton, Édouard Vuillard, Pierre Bonnard, Maurice Denis-), les vingtistes ("los veintistas", grupo belga que funcionó entre 1883 y 1893 - James Ensor, Théo van Rysselberghe, Fernand Khnopff-, con el que se relacionó el español Darío de Regoyos).[12]

"Art Nouveau", "Sezession" o Modernismo

En contraposición tanto al academicismo como al impresionismo, los pintores identificados con las etiquetas modernista (en España, especialmente el modernismo catalán: Ramón Casas, Santiago Rusiñol, José María Sert -no debe confundirse con la utilización del término inglés modernism, identificable con " vanguardismo" o " arte moderno"-), jugendstil (Alemania y Austria-Hungría, donde se asocia a la sezession vienesa o berlinesa: Gustav Klimt, Egon Schiele, Max Klinger, Alfons Mucha), o la más extendida de art nouveau (en Francia, Bélgica y otros países: Henri Evenepoel, Theodore van Rysselberghe, Theophile Alexandre Steinlen, Jules Cheret, Leonetto Cappiello, Jan Toorop, Franz von Stuck), abandonaron los temas cotidianos por los contenidos simbólicos y conceptuales, entre los que destacaba la mujer, con un tratamiento erótico que llega hasta la perversión (un movimiento simultáneo, muy relacionado, se denomina decadentismo - Félicien Rops, Gustave Moreau, Odilon Redon-). Técnicamente se insistía en la pureza de la línea (lo que daba a la pintura un carácter fuertemente bidimensional) y la expresividad del dibujo (se ha considerado precedente del expresionismo posterior), ambas cosas ya presentes en autores postimpresionistas, especialmente en Toulouse-Lautrec. Las formas orgánicas (especialmente vegetales: flores, hojas y tallos curvilíneos y retorcidos), ya presentes en movimientos ingleses anteriores ( prerrafaelismo y arts and crafts), se convierten en un leit motiv paralelo a las formas decorativas de las artes gráficas, con las que están estrechamente identificadas ( cartelismo, reproducción litográfica). El formato preferido era mucho más alargado o apaisado que el tradicional (determinado por la razón áurea).[13]

El hito fundacional del estilo fue la impactante aparición en las calles de París de los carteles litográficos publicitarios de Alfons Mucha para la actriz Sarah Bernhardt ( Gismonda, 1 de enero de 1895), por lo que inicialmente se le llamaba estilo Mucha.[15] en Múnich jugendstil (por la revista Jugend -"juventud"-).

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