Pintura bizantina

Ábside de San Vital de Rávena (en el mosaico de la bóveda, un Agnus Dei, en el de la exedra, Cristo ofrece la corona a San Vital y un ángel una maqueta de la iglesia al obispo Ecclesio), siglo VI.
El evangelista San Lucas en una pintura sobre pergamino, siglo X.
Icono de la crucifixión en Santa Catalina del Sinaí, siglo XIII.
Ábside del paraklesion de San Salvador en Chora, siglo XIV.

La pintura bizantina es la manifestación pictórica del arte bizantino. Como éste, evolucionó a partir del arte paleocristiano y fijó su carácter desde el siglo VI (el de Justiniano I), continuando hasta el fin del Imperio bizantino en el siglo XV, e incluso en la Edad Moderna con la escuela cretense. La mayor parte de la producción pictórica de la primera época se destruyó durante la iconoclasia de los siglos VIII y IX, de modo que sólo han sobrevivido ejemplos en territorios ya no controlados por el imperio bizantino (como Italia o el Próximo Oriente). También la pintura tradicional rusa y de otras zonas del Este de Europa ( monasterios de Bucovina, escuela de Tarnovo) y el Cáucaso ( manuscritos iluminados armenios)[3] mientras que el caso de Sicilia es el de un singular y complejo sincretismo ( cultura normando-árabe-bizantina).

La representación pictórica en la cultura bizantina y en la cristiandad oriental ejercía una función particularmente importante, pues se la consideraba materialización de la misma divinidad (revelación de lo divino o teofanía), en algunos casos incluso con la consideración de "realizada por manos no humanas" ( acheiropoieta). En la cristiandad occidental esa misma función se reservaba más habitualmente a las reliquias.[4]

Las principales técnicas de la pintura bizantina fueron el mosaico,[6]

Se distingue la pintura bizantina al mosaico por la riqueza de materiales, con abundancia de oro (mosaicos vítreos y dorados) y fastuosa ornamentación [ horror vacui] y la pobreza en el movimiento artístico. Las figuras de los personajes se presentan ordinariamente alargadas, en pie y con los brazos en actitud algo movida o llevando algún objeto. La túnica o vestimenta con que aparecen cubiertas suele ofrecer pliegues rectos y paralelos, casi verticales. Pero el manto o capa los presenta más movidos y se recoge sobre el brazo izquierdo de la figura. El continente de las personas se ostenta siempre majestuoso, tranquilo y honesto; su mirada, de frente o a la derecha del espectador; sus ojos, grandes y abiertos; sus pies, pequeños o estrechos y terminados en punta.

Los elementos decorativos de los cuadros o composiciones consisten de ordinario en perlas, cintas, series de joyas, guirnaldas y grecas sin excluir algunas plantas sueltas como la palmera ni los motivos arquitectónicos. A los lados de las figuras o encima de ellas, se destacan a menudo sobre el fondo de oro inscripciones en sentido vertical u horizontal que fijan el nombre y el significado del personaje o de la escena que se representa. Los asuntos de tales composiciones son generalmente bíblicos, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento, además de algunas escenas religiosas de la corte imperial y representaciones de ángeles y santos. Es bastante común en el ábside o en la cúpula de las basílicas de Oriente la figura del Pantocrátor (o el Cristo en Majestad) rodeado de ángeles a imitación del tipo de Santa Sofía de Constantinopla.

El amaneramiento y el convencionalismo de la pintura bizantina que ya desde el principio más o menos la acompañan se hicieron más sensibles en el siglo VIII y llegaron a su apogeo en el XIII por la falta de expresión y el exceso de rigidez y angulosidad que se manifiesta en las figuras. Alguna restauración se vio aparecer en el siglo XIV bajo el imperio de los Paleólogos pero resultó escasa y la decadencia fue completa desde últimos del XVI refugiándose el arte en los monasterios del monte Athos (Grecia) centro artístico de la cristiandad oriental y donde la pintura se convirtió en una industria que seguía fórmulas de receta.

El mosaico bizantino ejerció poderosa influencia en la pintura medieval de Occidente hasta el siglo XIII; además de ser decisivo su influjo en el Oriente cristiano y de extenderse a Rusia desde el siglo XI. Los mejores mosaicos bizantinos que hoy se conservan en Oriente son: Los de Santa Sofía de Estambul, San Jorge y Santa Sofía en Salónica y Santa Sofía en Kiev. En Occidente se distinguen: Los de Rávena, los de San Apolinar in Classe y San Vital, del siglo VI. Los del mihrab de la catedral de Córdoba, hechos por artistas bizantinos en el siglo X. Como ejemplares latinos de influencia bizantina, los de Venecia, Sicilia y Roma compuestos desde el siglo VII al XII inclusive.

Francisco Naval y Ayerbe, Arqueología y bellas artes, 1922.[7]
Decoración de espacios arquitectónicos

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Iluminación de manuscritos y textiles

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Etapas

El siglo VI es considerado el del " Renacimiento justiniano".[18]

El siglo X es considerado el del " Renacimiento macedónico".[20]

Los siglos XIII al XV son considerados los del " Renacimiento paleólogo".[21]

La escuela cretense, con centro en Candía (Heraklión), continuó bajo dominio veneciano los modelos de la pintura bizantina tras la toma de Constantinopla por los turcos (1453). En ella se formó El Greco, que desarrolló la madurez de su carrera en Italia y España, ya con los criterios propios del Renacimiento tardío. Entre sus principales componentes estuvieron Andreas Ritzos, Angelos Akotantos, Teófanes de Creta, Miguel Damasceno, Emmanuel Tzanes[23]

La escuela heptanesa[24] ("de las siete islas") o de las islas jonias, desde 1669 hasta mediados del siglo XIX, es ya completamente post-bizantina, muy influenciada por los estilos del Arte de la Edad Moderna en Occidente. Sus principales componentes fueron Panagiotis Doxaras (1662-1729), su hijo Nikolaos Doxaras (1700/1706-1775), Nikolaos Koutouzis (1741–1813) y su discípulo Nikolaos Kantounis (1767–1834), Dionysios Kalivokas (1806–1887) y Dionysios Tsokos (1820–1862).

Pintores de nombre conocido

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Pintores de nombre no conocido

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Ejemplos citados

Tapicería

Manuscritos iluminados

Mosaicos de Rávena

Mosaicos del lado norte de la nave central de San Apolinar Nuevo (escenas de la vida de Cristo, comitiva de las vírgenes mártires, reyes magos y Theotokos).

Mosaicos del mihrab de la Mezquita de Córdoba

Mosaicos de Santa Sofía de Constantinopla

Mosaicos del monasterio de Dafni

Mosaicos de Salónica

Mosaicos de Osios Loukas

Iconos conservados en Santa Catalina del Sinaí

Monasterios de Meteora

Monasterios del Monte Athos

Iglesias de Göreme

Monasterio de Chora

Monasterio de Peribleptos en Mystras

Santa Sofía de Kiev

Monasterios de Bucovina

Monasterios de Serbia

Monasterios de Bulgaria

Mosaicos en Venecia

Mosaicos en Roma

Mosaicos en Sicilia

Maestro bizantino del Crucifijo de Pisa

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