Pietro Bembo

Pietro Bembo
Pietro Bembo - Titian.jpg
Información personal
Nacimiento 20 de mayo de 1470 jul. Ver y modificar los datos en Wikidata
Venecia, Italia Ver y modificar los datos en Wikidata
Fallecimiento 18 de enero de 1547 jul. Ver y modificar los datos en Wikidata (76 años)
Roma, Italia Ver y modificar los datos en Wikidata
Religión Iglesia católica Ver y modificar los datos en Wikidata
Información profesional
Ocupación Escritor, poeta, bibliotecario, historiador, traductor, ensayista, clérigo y sacerdote católico Ver y modificar los datos en Wikidata
Cargos ocupados
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Pietro Bembo. ( Venecia, 20 de mayo de 1470Roma, 18 de enero de 1547) fue un cardenal, humanista, , escritor, poeta, traductor y erudito italiano.

Biografía

Sogno, 1492-1494

Hijo de una noble familia, su padre, Bernardo, era patricio y embajador veneciano y tan amante de la literatura que llegó a levantar un monumento a Dante en Rávena. Erigió luego uno en Florencia (1478–1480) y, más tarde, otro en Ferrara (1498).

De esta suerte, Pietro pudo conocer las cortes de Lorenzo el Magnífico y de Alfonso de Este, en las cuales los literatos eran muy apreciados. Con sus primeras experiencias cortesanas se mezclaron los estudios clásicos realizados en la escuela mesinesa del helenista Constantino Lascaris (1492) y, en Padua, bajo la dirección de Nicolò Leonico Tomeo.

El generoso acogimiento de Guidobaldo de Montefeltro y de su esposa Isabel Gonzaga, objeto del cálido elogio de Bembo, le disuadieron de su intento de retirarse a la abadía de la Croce dell'Avellana, cerca de Urbino. Por lo demás el carácter de Pietro Bembo no se avenía bien con la humildad monástica, no sólo por su independencia, sino por los gustos que demostraba a la manera de su modelo, el humanista Petrarca. Residió en Urbino entre los años 1506 y 1512, y allí conoció al gran pintor Rafael y al cardenal Juan de Médicis, el futuro papa León X.

Gracias a Julio de Médici, tomó el cargo de secretario personal de éste cuando fue nombrado pontífice, con el nombre de Clemente VII, y marchó a Roma como secretario de cartas latinas para redactar en perfecto latín ciceroniano las bulas pontificias. Este período romano (1512–1519) es denominado «ciceroniano» a causa de su defensa de la imitatio ciceroniana (imitación de la lengua y sintaxis de un sólo autor latino considerado modélico, Cicerón) frente a la imitatio eclectica que pregonaban los humanistas discípulos de Erasmo de Rotterdam (imitación de lo mejor del latín de distintos autores).

El comienzo del De Aetna, opúsculo escrito por Bembo.

A la muerte del papa se trasladó de nuevo a Padua en 1521, lugar al que fueron a residir no pocos artistas del momento por la protección que allí se les dispensaba. Fue también la época de Gli asolani (Los asolanos) (1505), tres dedicados a Lucrecia Borgia, con la cual mantuvo un tórrido romance cuando la conoció en Ferrara en la corte de su marido, Alfonso d'Este. En esta obra desarrolla la teoría platónica del amor. También empezó a escribir las Prose della volgar lingua, Prosas sobre la lengua vulgar, publicadas más tarde en 1525; donde el erudito latinista, no sordo a las llamadas de la poesía en romance, llevó a cabo una admirable aproximación a las diversas teorías sobre el lenguaje e intentó construir una gramática de una lengua italiana que no existía, dispersa como estaba en numerosos dialectos; propuso tomar como modelo la lengua de Florencia y para ello propuso como modelo la lengua de Petrarca en la poesía y la de Giovanni Boccaccio en la prosa. Afirmó ya sin contemplaciones la necesidad de dignificar (nobilitare) el idioma vulgar igualándolo en regularidad al latín.

Al mismo tiempo que completaba las Prose della volgar lingua, entre 1521 y 1525, enriquecía con glosas la nueva edición del Canzoniere de Petrarca, con ayuda de su amigo el impresor y humanista veneciano Aldo Manucio. En Roma conoció a Faustina della Morosina, que le dio tres hijos, pero con la cual no se casó para no perder los beneficios eclesiásticos. El Carteggio d´amore (1500) es un epistolario que ofrece un valioso testimonio de otro amor suyo, el que profesó a María Savorgnan, largo tiempo envuelto en el misterio. Establecido en Padua, Bembo fue llamado por la Signoria a Venecia en 1529 para escribir la historia de la República de Venecia y dirigir la Biblioteca Nicena, actualmente Marciana o de San Marcos. Dentro de la primera de estas actividades reanudó la obra ya iniciada por Sabellico escribiendo en latín los Rerum Venetarum historiae libri XII, historia de Venecia entre 1487 y 1513, impresa en 1551, que luego tradujo al idioma vulgar. Su poesía latina está recogida en Carmina (Venecia 1533).

Acerca de las Prosas dijo Varchi que los italianos deben estar agradecidos a Bembo por haber quitado de su lengua la herrumbre de los siglos pretéritos. En 1529 aparecieron las Rime (Rimas), poemas que refundan, continúan y refuerzan la tradición del petrarquismo. Entre ellas figura su famoso soneto "A Italia":

Oh tú del mundo la más bella parte,
que ciñe el vasto mar y el Alpe cierra,
oh dulce, alegre, deleitosa tierra;
que alto y soberbio el Apenino parte.
En vano el pueblo te dejó de Marte
señora de la mar y de la tierra,
hoy tus antiguas siervas te hacen guerra
y no cesan de herirte y de pegarte.
Ni falta entre tus hijos quien ajeno
poder devastador convide y llame
y hunda su espada en tu materno seno;
no queda ya quien te respete y ame.
¡Oh duro siglo de maldades lleno!
¡Oh estirpe vil, degenerada, infame!

(traducción decimonónica de Clemente Althaus)

En 1539 Paulo III confería al humanista la púrpura cardenalicia (Morosina había muerto el 13 de agosto de 1535 y Bembo contaba entonces casi sesenta años). En el último periodo de su vida aumentaron los honores y recibió los episcopados de Gubbio (1541) y el arzobispado de Bérgamo (1544) sin obligación de residencia. La muerte de Morosina le hizo volverse a las lecturas piadosas y los escritos de los Santos Padres en detrimento de los clásicos grecolatinos. Luego volvió a Roma, donde fue uno de los candidatos al pontificado con más posibilidades y allí falleció.

A Bembo se le debe sobre todo la sistematización y vulgarización del humanismo que representaba la conclusión natural del Renacimiento. Fue un lector compulsivo desde que en su infancia accediera a los libros de la rica biblioteca paterna, y un gran conocedor de las obras clásicas grecolatinas, así como también de sus contemporáneos. Escribía con igual perfección en latín que en italiano, muy influenciado empero por el modelo de Cicerón.

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