Piñata

Piñata gigante en el Zócalo de la Ciudad de México.
Ollas piñateras

Una piñata es una olla de barro o de cartón, o una estructura de alambre cubierta de papel maché y adornada de papel de colores, que en su interior contiene frutas, dulces u otros premios, y que se cuelga de una cuerda o alto para ser rota con un palo o garrote por una persona, y que al romperse libera su contenido sobre los participantes en el juego.[1]

Las piñatas constituyen un elemento central de los cumpleaños y otros eventos festivos de celebración como la Navidad.

Historia

Una piñata de nueve picos.

Según lo narra Marco Polo en su libro Il millione, también conocido como Los viajes de Marco Polo, las piñatas son originarias de China, en donde se utilizaban para las celebraciones de año nuevo. Posteriormente, Marco Polo llevó esta tradición a Italia en donde se adaptó a las festividades de la cuaresma. De allí pasaron a España, desde donde se difundió la práctica de la piñata en México, donde se hizo muy popular. Sin embargo, también existe evidencia de que los mexicanos realizaban una festividad similar para celebrar al dios Huitzilopochtli.[2]

Pronto utilizaron la piñata como herramienta de evangelización en el Nuevo Mundo. A principios del siglo XVI, los misioneros españoles que fueron a América atrajeron a los habitantes locales a sus ceremonias utilizando piñatas. Los frailes hábilmente transformaron la ceremonia tradicional de la olla de barro en sesiones de instrucción religiosa. Lo hicieron al cubrir la olla con papel de color, y darles tal vez, un aspecto impresionante.[3]

Una niñas rompen una piñata en una posada en la Ciudad de México.

La tradición de la piñata moderna se dice que se originó en el mismo momento en que se originaron las posadas de la Navidad en Acolman de Nezahualcóyotl, en el estado actual de México, cerca de la zona arqueológica de Teotihuacán. En 1586 los frailes agustinos de Acolman recibieron la autorización del Papa Sixto V para celebrar lo que se llamó “misas de aguinaldo”, que más tarde se convirtieron en las posadas. Fue en esas misas que tuvieron lugar en los días previos a la Navidad que los frailes introdujeron la piñata. Ellos usaron la piñata como una alegoría para ayudarse en sus esfuerzos por evangelizar a los pobladores de la región. La piñata original tenía la forma de una estrella con siete picos. Los picos representaban los siete pecados capitales y los brillantes colores de la piñata simbolizaban la tentación. La piñata se transformaba en una representación de la fe ciega y de la virtud o la voluntad para vencer el pecado. Los caramelos y otras golosinas dentro de la piñata representaban las riquezas del reino de los cielos, por lo tanto la enseñanza que se acompañaba con fe y una sola virtud podía vencer el pecado y recibir todas las recompensas de los cielos.[4]

Origen e inclusión en las fiestas mexicanas

Piñatas por Hugo Brehme entre 1890 y 1923

Una vez en México, los misioneros agustinos recurrieron a esta tradición como parte de la evangelización, convirtiendo a la piñata en un elemento con sentido religioso. Decían que los adornos de oropel, o sea las láminas de latón que imitan el oro, simbolizaban las vanidades y engaños del mundo. La fe está representada por la venda con que se cubren los ojos de los que van a romperla; el palo que utilizan para tal fin, es la fuerza de la virtud que destruye la falsedad y engaños, mientras que el contenido de dulces y frutas representan la verdad y los dones que la naturaleza nos concede como premio de la fe y la perseverancia.

Piñata Animation.gif

Elementos que encontramos en común en los orígenes de la piñata son la olla de barro y el relleno de dulces y frutas. Pegarle a la piñata es una diversión que encuentran principalmente los niños, y cuando los dulces caen, todos corren en su búsqueda.

Se incorporó como parte de las posadas, extendiéndose esta costumbre con mucha rapidez dentro de la sociedad mexicana, aunque con la desaprobación de la iglesia, que veía como durante estas celebraciones había cantos festivos llenos de picardía que devaluaban el sentido solemne y religioso de esta fiesta. El clero prohibió terminantemente las piñatas entre 1788 y 1796, pero ante el escaso éxito que se tuvo para erradicarlas del ánimo popular, la prohibición tuvo que levantarse en 1818.

Pese a la discusión sobre su origen, la piñata es uno de los elementos más típicos de las celebraciones en México. Este colorido objeto, símbolo reconocido internacionalmente de la cultura mexicana, se elabora con una olla de barro o cartón moldeado, cubierta generalmente de papel de China de colores. Como sabemos, el interior de la piñata se rellena con dulces, juguetes y fruta de temporada. Es precisamente en el mes de diciembre y en el marco de las posadas, cuando se aprecia mejor esta histórica tradición en México, aunque también se rompen piñatas en las fiestas de cumpleaños, tanto de niños como de adultos.[5]

Aunque actualmente es posible conseguir piñatas de barro en diferentes poblaciones y ciudades a lo largo de la República, Acolman conserva una historia especial, y por ello realiza la Feria de la Piñata, que este año lleva a cabo su edición XXX.[6]

La Feria se realiza con bailes populares y concursos, donde varias comunidades participan con su propia piñata, siendo galardonadas las más grandes y originales. En el marco de este evento -que tendrá lugar del 17 al 20 de diciembre- se celebran posadas, las cuales también son oriundas de este pueblo mexiquense, y actividades como representaciones musicales (incluyendo a los Santaneros de Pepe Bustos y Los Daniels), carreras de caballos, justas deportivas, presentaciones de lucha libre AAA y muestras de gastronomía local.[7]

Canciones populares

Durante las posadas suele cantarse: “¡No quiero oro, ni quiero plata, yo lo que quiero es romper la piñata!” como una forma de dar paso a dicha actividad. También, al momento de estarla rompiendo se le canta al participante: “¡Dale, dale, dale, no pierdas el tino, porque si lo pierdes, pierdes el camino; ya le diste una ya le diste dos, ya le diste tres y tu tiempo se acabó!” Otra versión es: “¡Dale, dale, dale, no pierdas el tino, porque si lo pierdes, pierdes el camino; dale, dale, dale, dale y no le dio, quítenle la venda, porque sigo yo!”

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