Pedro de la Gasca

Pedro de la Gasca
Pedro de la Gasca.jpg

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3.er Gobernador interino del
Virreinato del Perú
(y presidente de la Real Audiencia de Lima)
13 de agosto de 1546 / 9 de abril de 1548 -  6 de enero de 1550
Predecesor Gonzalo Pizarro
(como gobernador fáctico del Virreinato del Perú)
Sucesor Andrés de Cianca
(como presidente de la Real Audiencia de Lima y gobernador interino del Virreinato del Perú)

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7.º Alcalde mayor de Panamá y
Nombre de Dios
27 de julio -  13 de agosto de 1546
Predecesor Pedro Antonio de Hinojosa
Sucesor Alonso Álvarez

Información personal
Nacimiento agosto de 1493
Navarregadilla de la Tierra de Ávila, Extremadura castellana
Banner of arms crown of Castille Habsbourg style.svg Corona de Castilla
Fallecimiento 13 de noviembre de 1567
Sigüenza de la Serranía de Guadalajara, Castilla la Nueva
Flag of Cross of Burgundy.svg Corona de España
Nacionalidad Española Ver y modificar los datos en Wikidata
Educación
Alma máter
Información profesional
Ocupación Sacerdote, diplomático, militar y gobernante colonial
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Pedro de la Gasca o bien Pedro Lagasca ( Navarregadilla de Ávila, Corona de Castilla, 1493Sigüenza de Guadalajara, Corona de España, 1567) fue un sacerdote, político, diplomático y militar español del siglo XVI. Caballero de la Orden de Santiago y consejero del Tribunal del Santo Oficio.

Nombrado en 1546 presidente de la Real Audiencia de Lima con la misión de acabar con la rebelión de Gonzalo Pizarro en el Perú, cumplió cabalmente su cometido, y ha pasado a la historia con el apelativo de Pacificador. Hizo luego un ordenamiento general del Virreinato del Perú. Culminó su brillante carrera como Obispo de Palencia y luego de Sigüenza.

Biografía

Nació en Navarregadilla, localidad cercana al pueblo de El Barco de Ávila.[1] Sus padres fueron Juan Jiménez de Ávila y García, y María Gasca, ambos de familias hidalgas. Inició estudios en la Universidad de Salamanca. Muerto su padre hacia 1513, se encargó de su educación su tío, el licenciado Barco, quien lo presentó ante el Cardenal Cisneros para que estudiara en la Universidad de Alcalá de Henares. Allí recibió el grado de Maestro en Artes y Licenciado en Teología y entró como colegial en el Colegio Mayor de San Ildefonso de la misma universidad. Entusiasmado por la política del emperador Carlos V, luchó en el bando real durante la Guerra de las Comunidades de Castilla.

Acabada la guerra, su tío lo envió de nuevo a Salamanca ( 1522), donde gracias a su privilegiado intelecto y a su talento negociador logró destacarse por encima del resto. En la universidad salmantina cursó Derecho Civil y Canónico; se graduó de Bachiller en ambos Derechos y fue elegido como rector en el curso de 1528- 1529. Posteriormente obtuvo una beca en el prestigioso Colegio Mayor de San Bartolomé o Colegio Viejo ( 1531), donde se formaban los más importantes políticos de la España del Renacimiento. Allí se graduó de Licenciado en Cánones y fue designado rector de dicho Colegio en dos oportunidades.

Concluidos sus estudios, recibió las sagradas órdenes, abrazando la carrera eclesiástica. Fue nombrado canónigo en el cabildo catedralicio de Salamanca y juez vicario en la diócesis de ese lugar.

Su fama de hombre virtuoso y capaz llegó a conocimiento del político más importante de su tiempo, el cardenal Juan Tavera, arzobispo de Toledo y presidente del Consejo Real. Por influencia de este personaje, en 1537 pasó a ser juez vicario en Alcalá de Henares y juez residenciador del cabildo metropolitano de Toledo. En noviembre de 1540 obtuvo una plaza de oidor en el Consejo de la Suprema Inquisición, dejando de lado todos los cargos anteriores.

Su primera responsabilidad que llamaríamos política se dio en 1541, cuando las cortes de Monzón solicitaron que fuera nombrado visitador del reino de Valencia, pues ya tenía prestigio en tareas similares. A fin de cumplir tal comisión, La Gasca obtuvo la autorización papal para poder intervenir en problemas ajenos a la labor de los clérigos. Pasó en el reino de Valencia tres años ( 1542- 1545), durante los cuales se ocupó del adoctrinamiento y sujeción de los moros, así como de la defensa del reino, fortificando la costa y las islas Baleares ante posibles ataques berberiscos y, principalmente, del pirata Barbarroja. Asimismo, hizo una toma de cuentas a los oficiales de hacienda y aplicó juicio de residencia a los ministros de justicia. Así adquirió un notable conocimiento de las funciones gubernativas, que luego aplicaría en América.

Por entonces llegaron a la corte las noticias del levantamiento de Gonzalo Pizarro (hermano de Francisco Pizarro), que se había sublevado junto a otros encomenderos contra las Leyes Nuevas y el gobierno del virrey Blasco Núñez Vela. Ante la disyuntiva de mandar al Perú a un letrado negociador o a un militar con experiencia, se decidió por la primera opción, y el escogido por el emperador Carlos V fue el licenciado Pedro de la Gasca.

Batalla de Jaquijahuana (9 de abril de 1548).

El 16 de febrero de 1546 La Gasca fue nombrado Presidente de la Real Audiencia de Lima con extensas facultades en lo civil y en lo eclesiástico, y tres meses más tarde, el 26 de mayo, se embarcó en Sanlúcar de Barrameda, rumbo al Perú. Pasó por la caribeña Santa Marta —en la costa de la actual Colombia— donde se enteró de la muerte del virrey Blasco Núñez Vela a manos de los rebeldes gonzalistas.

Llegó a Nombre de Dios, en la costa caribeña del istmo de Panamá), el 27 de julio del mismo año, sin más bagaje que su breviario y sus cédulas en blanco. Sus únicas armas eran los plenos poderes que había recibido del emperador, para premiar y castigar. Ya en Panamá, asumió formalmente la Presidencia de la Audiencia, el 13 de agosto. Fue recibido con poco respeto, y recibió burlas por su aspecto físico, pero en respuesta se limitó a mostrar a todos buen semblante.

Su talento diplomático no tardó en mostrarse, al lograr la adhesión del general Pedro de Hinojosa y los demás jefes de la armada pizarrista, quienes en recompensa fueron perdonados por su rebeldía, así como la promesa de obtener luego ricas encomiendas de indios. Se le adhirieron luego Sebastián de Benalcázar, Pedro de Valdivia, el oidor Pedro Ramírez, el contador Juan de Cáceres y Lorenzo de Aldana, enviado del mismo Gonzalo Pizarro.

Se contactó también con el capitán realista Diego Centeno, quien salió de su escondite para presentar otro frente de guerra a Gonzalo Pizarro en el sur, aunque sería derrotado en la batalla de Huarina, el 20 de octubre de 1547. Pero esta victoria sería la última de Pizarro; sus mismos oficiales y soldados fueron paulatinamente abandonándole para sumarse al ejército realista encabezado por La Gasca.

En abril de 1547 La Gasca partió de Panamá con una flota de dieciocho navíos, y tras dificultosa travesía, desembarcó en el puerto de Manta (actual costa de Ecuador). Prosiguió su ruta a lo largo de la costa hasta llegar a la desembocadura del río Santa (en el actual departamento de Ancash), y de allí se internó hacia la cordillera andina. Asentó su campamento primero en Jauja y después en Andahuaylas, acogiendo varios contingentes de soldados, muchos de los cuales eran desertores del bando gonzalista.

La Gasca insistió en ofrecer la paz a Gonzalo Pizarro a cambio de su rendición, pero no recibió respuesta. Con los refuerzos militares que recibió desde Guatemala, Popayán y Chile, logró sumar 700 arcabuceros, 500 piqueros y 400 jinetes, todos bajo el mando del capitán Alonso de Alvarado. El esperado encuentro con las fuerzas de Gonzalo Pizarro se produjo en la pampa de Jaquijahuana, cerca del Cuzco, el 9 de abril de 1548.

Pero no hubo batalla pues los gonzalistas se pasaron uno a uno al bando de La Gasca; entre los primeros desertores se encontraban el capitán Sebastián Garcilaso de la Vega (padre del inca historiador) y el oidor Diego Vásquez de Cepeda. Gonzalo Pizarro, Francisco de Carvajal y otros principales cabecillas rebeldes fueron capturados en el mismo campo y sometidos a proceso sumario. Cuarenta y ocho rebeldes fueron condenados a la pena de muerte, entre ellos Pizarro y Carvajal, y muchos otros recibieron como castigo azotes, destierro, trabajo en las galeras y confiscación de bienes.

Sepulcro en alabastro de Pedro de la Gasca en la iglesia de la Magdalena de Valladolid (España), obra del escultor romanista Esteban Jordán.

Se procedió luego al denominado Reparto de Guaynarima ( 16 de agosto de 1548), donde La Gasca distribuyó 1.300.000 pesos en rentas o encomiendas entre sus soldados, dejando a muchos descontentos, por no recibir nada o creer que se les daba muy poco. Procedió luego a hacer un reordenamiento de la administración del Virreinato (ver más adelante).

El 27 de enero de 1550, considerando cumplida su labor, emprendió el retorno a España, llevando para el Rey un extraordinario cargamento de casi dos millones de escudos en metales preciosos. Dejó el gobierno en manos de la Audiencia de Lima presidida por Andrés de Cianca. En el istmo de Panamá sofocó la rebelión que los hermanos Hernando y Pedro Contreras habían promovido en la provincia de Castilla del Oro o Tierra Firme, de cuyo gobierno se habían apoderado violentamente con el plan de desposeer a España del Perú, rehacer el imperio incaico y ceñir su corona. La Gasca continuó el viaje a España, arribando a Sevilla en septiembre del mismo año de 1550.

En reconocimiento a sus brillantes servicios, Pedro de la Gasca fue premiado con la dignidad de Obispo. Primero recibió por auspicio de Carlos I la dignidad episcopal de Palencia, que llevaba anejo el Condado de Pernia ( 1551). Luego fue promovido al rango de Obispo y Señor de Sigüenza, ya en tiempos de Felipe II ( 1562).

Falleció el 13 de noviembre de 1567, a los 74 años de edad, siendo sepultado en la Iglesia de Santa María Magdalena de Valladolid en un sepulcro en alabastro obra del escultor romanista Esteban Jordán.

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