Pedro de Vera

Pedro de Vera

Gobernador de Gran Canaria
04 de febrero de 1480- 30 de marzo de 1491
Teniente gobernador Fernando de Trujillo
Predecesor Pedro del Algaba
Sucesor Francisco Maldonado

Información personal
Nacimiento c. 1430
Jerez de la Frontera, Corona de Castilla
Fallecimiento Junio o julio de 1505
Jerez de la Frontera, Corona de Castilla
Familia
Padres Diego Gómez de Mendoza y María de Vera de Vargas
Cónyuge 1ª Francisca de Hinojosa
2ª Beatriz de Hinojosa
3ª Catalina de Zurita
Hijos Véase el texto
Información profesional
Ocupación Alcaide, regidor, conquistador
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Pedro de Vera y Mendoza ( Jerez de la Frontera, c. 1430 - Jerez de la Frontera, 1505) fue un hidalgo y conquistador castellano que culminó la conquista de la isla de Gran Canaria y participó activamente en la guerra de Granada a finales del siglo xv.

Desempeñó numerosos e importantes cargos durante los reinados tanto de Enrique IV de Castilla como de los Reyes Católicos, siendo los principales los de alcaide de varias plazas andaluzas, así como los de regidor de Jerez y gobernador de Gran Canaria.[2]

A Pedro de Vera se le atribuye asimismo el ser el creador del primer concejo de realengo que se formó fuera de la Península Ibérica, y que serviría de base para los que se formarían en los territorios castellanos de ultramar.[3]

Biografía

Pedro de Vera, que también aparece en algunos documentos como Pedro Fernández de Vera, nació en Jerez de la Frontera entre 1425 y 1430.[6]

Era hijo de Diego Gómez de Mendoza, escribano público, regidor, fiel ejecutor y alguacil mayor de Jerez, y de María de Vera y de Vargas, de familia ilustre y descendiente de los primeros señores del castillo de la Puente de Cádiz.[5]

Alcaidías en la Baja Andalucía

Villa y castillo de Jimena de la Frontera, del que Pedro de Vera fue alcaide entre 1464 y 1468.

Vera ocupó las alcaidías de varias plazas de la frontera granadina. En 1454 fue nombrado alcaide del castillo de Tempul en nombre de su suegra Juana Gutiérrez.[1]

A comienzos de 1464 el rey Enrique IV le entrega la alcaidía de Jimena de la Frontera, que había sido tomada en rebeldía por Esteban Villacreces, cuñado del señor de la villa Beltrán de la Cueva. En esta posición mantuvo Vera las paces que había con el reino de Granada, solventando los problemas fronterizos que se desarrollaban, y tuvo que sufrir los ataques e intrigas del II Duque de Medina Sidonia que quería hacerse con el control de la villa aprovechando los conflictos sucesorios de la Corona de Castilla, ya que Vera se mantenía leal al rey Enrique IV. Finalmente, Vera rinde Jimena al Duque con permiso del rey en 1468, acabando su período como alcaide de esta villa.[10]

Una vez dejado su cargo de alcaide de Jimena, Vera se abanderó con la casa de Marchena con quienes estaba emparentado. En 1470 es nombrado alcaide de Arcos de la Frontera por el Señor de la villa, Rodrigo Ponce de León y Núñez. Durante este mandato participa activamente en las luchas intestinas entre las casas de Marchena y Medina Sidonia, siendo segundo del marqués de Cádiz, realizando asimismo varias entradas en tierras musulmanas en misiones de castigo o toma de botín.[11]

Conquista de las islas Canarias

Gran Canaria

El 4 de febrero de 1480 los Reyes Católicos nombran a Pedro de Vera gobernador de Gran Canaria, capitán de su conquista y alcaide de la torre de las Isletas en sustitución de Pedro del Algaba, para intentar así darle un nuevo impulso a la conquista, eternizada por la resistencia aborigen y por las peleas entre los conquistadores. Poco después Vera entra en la sociedad económica constituida por el Contador Mayor Alonso de Quintanilla y el marino Pedro Fernández Cabrón para llevar a cabo la empresa.[12]

La nueva armada partió del puerto de Santa María arribando a Gran Canaria el 18 de agosto. Vera entra en el real de Las Palmas y toma posesión de sus cargos como corregidor, gobernador, capitán general y alcalde de la isla. Una de sus primeras medidas fue la de arrestar al capitán Juan Rejón y enviarlo a la Corte para que fuera juzgado por la ejecución del gobernador Algaba, sucedida poco antes de la llegada de Vera.[13]

Roque Bentayga, lugar donde se refugian los canarios durante las campañas desarrolladas por Pedro de Vera.

En mayo de 1481 Vera acepta en el real la rendición de varios aborígenes principales y de un guanarteme o rey que es enviado a la Península a prestar vasallaje a los Reyes. Poco después Vera embarca a unos doscientos canarios que vivían en el real con el pretexto de enviarlos a la conquista de Tenerife, pero con la secreta intención de desterrarlos o venderlos como esclavos.[14]

En el mes de agosto, y luego de recibir tropas de refresco desde la Península, Vera se interna hacia el noroeste de la isla presentando batalla a los aborígenes en el territorio de Arucas. Durante este enfrentamiento el capitán mata en combate singular al caudillo canario Doramas, tenido por el más aguerrido de los aborígenes, lo que posibilita que el camino del norte quede expedito. Vera envía entonces a Alonso Fernández de Lugo a construir una torre en el valle de Agaete para seguir presionando a los aborígenes.[14]

En 1482 Lugo y Hernán Peraza el Joven logran capturar al guanarteme de Gáldar Tenesor Semidán, quien después de ser bautizado colabora con Vera atrayéndose a numerosos de sus antiguos vasallos.[14]

A comienzos de 1483 resuelve Vera iniciar las campañas definitivas. Las tropas conquistadoras se internan en la isla, sitiando a los canarios en el Roque Bentayga, Ajódar —donde son derrotados los conquistadores— y Ansite, donde se refugiaba la mayor parte de los insumisos en torno al nuevo guanarteme Bentejuí, la princesa Arminda y el faycan o sumo sacerdote de Telde. Finalmente, el 29 de abril de 1483 los canarios entregan a la princesa Arminda, verdadera heredera del reino de la isla, a Pedro de Vera después el suicidio de Bentejuí, dándose por concluida la conquista de la isla.[15]

Intervenciones en La Gomera

Torre del Conde, donde Pedro de Vera ajusticia a los gomeros rebeldes en 1489.

Pedro de Vera viaja a isla de La Gomera hacia 1484 ó 1486 con cien hombres en auxilio de Hernán Peraza el Joven, señor de la isla, que había sido sitiado en su torre de San Sebastián por los gomeros. Los aborígenes son derrotados, siendo represaliados y vendidos como esclavos.[17]

En 1489, durante la conocida como « rebelión de los gomeros» en la que los aborígenes asesinan a Hernán Peraza, Vera regresa a La Gomera en socorro de Beatriz de Bobadilla, viuda de Peraza. Desembarca con cuatrocientos hombres y rompe el sitio de la torre, huyendo los gomeros rebeldes a las cumbres de la isla. Vera inicia entonces un proceso para esclarecer los hechos. Como consecuencia, manda ahorcar a los gomeros de los bandos de Ipalan y Mulagua directamente implicados en el asesinato de Peraza, y destierra y esclaviza a los hombres de los otros dos bandos de la isla —Orone y Agana—, atraídos con engaños a la villa, así como a las mujeres y niños de los cuatro bandos. La dura represión de Vera y la venta de gomeros cristianos como esclavos fue denunciada ante los Reyes por el obispo de Canarias fray Miguel López de la Serna, iniciándose un proceso al gobernador de Gran Canaria que dio como resultado que Vera tuviera que pagar de su hacienda personal el precio de los gomeros injustamente vendidos.[nota 3]

Esta última intervención de Pedro de Vera en La Gomera está considerada por los historiadores como la conquista efectiva y definitiva de la isla.[18]

Pedro de Vera y Tenerife

En 1484 los Reyes Católicos habían concedido a Vera la merced de reservarse para si la mitad del quinto de esclavos, ganados y bienes que se hicieran en las razias de las islas de La Palma y Tenerife, aún insumisas, así como en Berbería. Vera organizará varias entradas en Tenerife entre 1484 y 1490.[20]

Como gobernador de Gran Canaria, Vera ratificó las paces que con los bandos guanches de Abona, Adeje y Güímar había concertado con licencia real el franciscano fray Antón Cruzado en 1489 ó 1490. Estas paces allanaron el camino de la conquista de Tenerife por el capitán andaluz Alonso Fernández de Lugo pocos años después.[20]

Guerra de Granada

Regresa de nuevo a Andalucía, donde lucha en las tropas reales en las campañas de 1486 y 1487. En la primera, el 7 de junio de dicho año se le dio el mando de una capitanía en el sitio de Íllora. El año siguiente continuó como capitán de guerra en los cercos de Vélez Málaga y Málaga, interviniendo decisivamente en la rendición de los habitantes de Mijas y Oznar.[12]

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