Pedro de Urdemalas

Pedro de Urdemalas o Pedro de Urdimalas,[1] también conocido como Pedro Urdemales (México, Chile y Guatemala), Pedro Ardimales (El Salvador), "Pedro Animala" (Puerto Rico), Pedro Malasartes (Brasil), Perurimá (Paraguay), Pedro Rimales (Argentina, Bolivia, Colombia, Perú y Venezuela), Simón El Bobito (Colombia y Ecuador), Pedro Urdimal o Pedro Ordimán; es un personaje folclórico de origen español, producto de la tradición oral y literaria, de donde pasó a formar parte de la tradición latinoamericana. Es un típico representante de la literatura picaresca, siendo comúnmente un pillo o burlador de carácter campestre. Un punto interesante es que parece haber desaparecido de la conciencia popular ibérica moderna como personaje folclórico, mientras que ha perdurado en América Latina.

Origen

El origen de este personaje está en las leyendas medievales españolas. Gregorio de Argaiz[4]

La primera mención literaria, según José Manuel Blecua, aparece hacia 1440 en el Libro del paso honroso de Suero de Quiñones. Poco después se encuentran referencias al personaje en autores de pasos y entremeses, en los que se convierte en prototipo de rufián. Así, Pedro de Urdemalas es un carácter recurrente en las obras teatrales de Juan del Encina, Lucas Fernández, Lope de Rueda y Juan de Timoneda.

Más tarde, en la literatura escrita del siglo XVI, aparece en La Lozana andaluza (Venecia, 1528) y comienza un desarrollo más amplio en el anónimo, aunque atribuido a Cristóbal de Villalón o a Andrés Laguna, Viaje de Turquía: (la odisea de Pedro de Urdemalas) (1557).[5] Se trata de un diálogo renacentista tan extenso que en realidad se puede considerar una novela dialogada y en el cual conversa con otros personajes de nombre inspirado también en el folclore como Juan de Voto a Dios y Matalascallando, que sirven en realidad para ocultar la personalidad del personaje principal.

Pero es Miguel de Cervantes, en la comedia Pedro de Urdemalas de sus Ocho comedias y ocho entremeses nuevos (1615), quien consolida el estatus del personaje y le da un carácter específico como protagonista de una ficción desarrollada con amplitud.[6]

Ya en el primer cuarto del siglo XVII se encuentra al personaje en una novela inconclusa, El sutil cordobés Pedro de Urdemalas (1620), de Alonso Jerónimo de Salas Barbadillo. Asimismo tiene presencia en el Sueño de la muerte de Francisco de Quevedo como un personaje proverbial más junto a Perico de los Palotes, el Bobo de Coria, etcétera. En cuanto a la dramaturgia barroca, se presenta ayudando a vestirse de hombre a una tal Laura en la comedia atribuida a Lope de Vega Pedro de Urdemalas (1596–1606?) y, a fines de siglo, en la versión homónima que Juan Bautista Diamante hizo de esta misma obra.

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