Pedro de Toledo (1484-1553)

Pedro de Álvarez de Toledo y Zúñiga
Marqués consorte de Villafranca del Bierzo
Alvarez de Toledo, Pedro (Viceroy of Naples).jpg
Virrey de Nápoles
4 de septiembre de 1532- 21 de febrero de 1553
Predecesor Cardenal Pompeyo Colonna
Sucesor Cardenal Pedro Pacheco de Villena
Información personal
Nacimiento 13 de julio de 1484
Alba de Tormes, España
Fallecimiento 21 de febrero de 1553
Florencia, Toscana
Familia
Padre Fadrique Álvarez de Toledo, II duque de Alba de Tormes
Madre Isabel de Zúñiga y Pimentel
Cónyuge
  • María Osorio Pimentel, II marquesa de Villafranca
  • Vincenza Spinelli
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Pedro de Toledo como caballero de la Orden de Santiago.

Pedro de Toledo o Pedro Álvarez de Toledo y Zúñiga[1] ( Alba de Tormes, Salamanca, 13 de julio de 1484 - Florencia, 21 de febrero de 1553) fue un aristócrata español, II marqués consorte de Villafranca del Bierzo, virrey de Nápoles, militar, político y mecenas de las bellas artes.

Biografía

Pedro de Toledo nació en Alba de Tormes, provincia de Salamanca, el 13 de julio de 1484. Era hijo de Fadrique Álvarez de Toledo y Enríquez, II duque de Alba de Tormes, y de Isabel de Zúñiga y Pimentel.

Comenzó su carrera política sirviendo de paje a Fernando el Católico; destacado en el ejercicio de las artes militares, acompañó a su padre en la conquista de Navarra, en 1512. Luchó junto al emperador del Sacro Imperio Romano Germánico Carlos V y I de España la Guerra de las Comunidades, Italia, Flandes y Alemania.

Fue virrey del Nápoles entre el de 4 septiembre de 1532 hasta su fallecimiento, el 21 de febrero de 1553. Había sucedido al cardenal Pompeyo Colonna, quien estuvo en el cargo desde 1530 a 1532.

Su llegada a la Nápoles marcó un punto de inflexión en la historia del virreinato. Los veinte años de su administración se caracterizaron por una reorganización y cambios socio-políticos y económicos y de planificación importante. Don Pedro convirtió a la ciudad de Nápoles en uno de los bastiones del Imperio español.

Don Pedro de Toledo tenía todas las cualidades que necesita un gran Príncipe para restaurar un poderoso estado, en que las guerras y las desgracias han relajado todos los vínculos sociales. Voluntad fuerte y enérgica, amor a la justicia, actividad incansable para el trabajo, severidad de costumbres, corazón magnánimo, inclinación á todo lo que es ilustre y grande. Con tales prendas fue uno de los personajes más preclaros de su siglo; y si no ha dejado entre los españoles fama correspondiente á su mérito, fue porque alejado la mayor parte de su vida de su territorio, y habiendo tenido un reino extranjero por teatro de sus grandes acciones, nunca ha sido de ellos suficientemente conocido. El fué quien engrandeció el poder de los Virreyes de Nápoles; y bajo su mando tomó esta alta dignidad la forma y atribuciones que con breves diferencias subsistió después.[2]

En 1537 rechazó el ataque de los turcos a Nápoles.

Actuó como mecenas y embelleció Nápoles con la ayuda de Juan Bautista de Toledo, que restauró el Castel Sant'Elmo (Castillo de San Elmo) —el símbolo de la reconstrucción y del nuevo rol asumido por la ciudad, protegida por sus cañones—, la Iglesia de Santiago de los Españoles y la Vía Toledo. Consiguió, para el que posteriormente sería el arquitecto del rey Felipe II, el título de Arquitecto de Carlos V (Arquitecto Imperial), Maestro Mayor de las Obras Reales de Nápoles: Juan Bautista de Toledo fue conocido en Roma como Juan Bautista de Alfonsis: posiblemente, cambió su nombre, en Nápoles, a Juan Bautista de Toledo, en honor a su benefactor, Pedro de Toledo.

Murió en Florencia el 21 de febrero de 1553, cuando en calidad de Capitán General de los ejércitos españoles se dirigía a la ciudad sitiada de Siena.

Su hijo menor del matrimonio con María, Luis de Toledo, quedó como lugarteniente del Virreinato de Nápoles a su muerte. Fue sucedido como nuevo virrey por el cardenal Pedro Pacheco de Villena (1553 - 1555).

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