Pedro Mártir de Anglería

Retrato imaginario de Pedro Mártir de Angleria

Pedro Mártir de Anglería, en italiano Pietro Martire d'Anghiera ( Arona, Milanesado, 2 de febrero de 1457 - Granada, octubre de 1526), fue un humanista y cortesano al servicio de los Reyes Católicos y de sus sucesores. Fue miembro del Consejo de Indias (1520-26)[1] y cronista de Indias (1520), ocupó diversos cargos eclesiásticos y llevó a cabo una misión diplomática a Egipto. Se le conoce principalmente por sus escritos acerca del Descubrimiento de América.

Biografía

Era oriundo de Agera o Anghiera, al borde del lago Mayor. Es falso su supuesto entronque con los fabulosos condes de Anglería, de quienes habría tomado el nombre.[2]

Humanista del Renacimiento, se educó en Roma. En 1487, durante la embajada de Íñigo López de Mendoza y Quiñones, el conde de Tendilla, ante el papa Inocencio VIII, quedó admirado por su talento y conocimiento, decidió contratarlo como instructor de sus hijos, llevándole consigo a su regreso a Castilla. Mártir acompañó en sus campañas contra el reino nazarí de Granada al Gran Tendilla, quien fue nombrado Adelantado Mayor del ejército castellano en Andalucía y lo introdujo rápidamente en la corte de los Reyes Católicos, hasta su conquista el 2 de enero de 1492. En el campamento de Santa Fe, Mártir entabló amistad con Cristóbal Colón, que trataba por aquel entonces de lograr el patrocinio regio para su proyecto. En recompensa por sus servicios militares y culturales, los reyes lo nombraron en 1492 canon de la catedral de Granada (Mártir se había ordenado sacerdote poco antes) y contino (asalariado de la Corona sin misión prefijada) pero no le concedieron el título nobiliario que él había ambicionado.[3]

Asentado a partir de aquella fecha en la corte itinerante, cumplió funciones docentes en el cargo de maestro de los caballeros de la corte. En 1501 fue nombrado capellán de la reina Isabel. Ese mismo año realizó una embajada para los Reyes Católicos que le llevó hasta Egipto. El motivo era que el sultán de este país, indignado por la persecución a que estaban sometiendo los reyes españoles a los musulmanes granadinos, había amenazado con tomar represalias contra los cristianos de Tierra Santa, o incluso con la guerra.[4] Fruto de este viaje fue su obra titulada Legatio Babylonica.

En 1504 murió la reina Isabel y Mártir, su capellán, escoltó sus restos hasta Granada para darle sepultura. Fue luego nombrado capellán de la nueva reina de Castilla, Juana, y actuó como consejero del rey Fernando II de Aragón, padre de la reina. Desde esta posición trató de mediar sin éxito en el conflicto que enfrentó a Fernando con Felipe el Hermoso, esposo de la reina. En los turbulentos años que siguieron, Mártir permaneció en la corte si bien su influencia decayó.[3]

Con la muerte de Fernando en 1514, su fortuna en la corte cambió. Mártir entabló amistad con Adriano de Utrecht, enviado por el príncipe heredero desde Flandes. Cuando el nuevo rey, Carlos I, llegó a España tomó a Mártir como consejero de confianza. Mártir alertó al rey, que había partido a Alemania para conseguir la investidura como emperador, de la revuelta que se estaba fraguando en Castilla (hoy conocida como Revuelta de las Comunidades) y cuando estalló trató de mediar entre la nobleza y los comuneros, aun a riesgo de su vida. En recompensa por su actuación, Carlos I le nombró cronista real y, más tarde, obispo de Jamaica.[3]

Desempeñó cargos referentes al gobierno de las Indias occidentales:

  • En 1518 fue designado consejero en la junta de las Indias.
  • En 1524 fue designado miembro del Real y Supremo Consejo de Indias

Falleció en Granada el 30 o 31 de octubre de 1526. En su testamento dispuso ser enterrado en la catedral pero el edificio no estaba aun terminado por aquellas fechas, por lo que es posible que fuera sepultado en la vecina iglesia de San Francisco. Se desconoce el paradero actual de sus restos.[3]