Pedro López de Ayala

Pedro López de Ayala
Señor de Ayala y de Salvatierra
Pedro López de Ayala.jpg
Grabado que representa a Pedro López de Ayala.
Información personal
Otros títulos Merino mayor de Guipúzcoa
Nacimiento 1332
Vitoria
Fallecimiento 1407
Calahorra
Entierro Convento de San Juan de Quejana
Familia
Casa real Casa de Ayala
Padre Fernán Pérez de Ayala
Madre Elvira Álvarez de Ceballos
Cónyuge Leonor de Guzmán
Descendencia Véase Descendencia

Blason Es famille Ayala (Alava).svg
Escudo de Pedro López de Ayala

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Pero o Pedro López de Ayala ( Vitoria, 1332 - Calahorra, 1407) fue un poeta, historiador y estadista del Reino de Castilla. Era hijo de Fernán Pérez de Ayala, señor de Ayala, y de Elvira Álvarez de Ceballos.[1]

Fue señor de Ayala y Salvatierra, canciller mayor de Castilla,[7]

Biografía

Nació en Vitoria en una noble familia, hijo de Fernán Pérez de Ayala y de Elvira Álvarez de Cevallos. Su padre era sobrino del cardenal Pedro Gómez Barroso y había recibido instrucción clerical hasta que tuvo que asumir el mayorazgo de su casa; era hombre famoso por su elocuencia y dotes de negociador y de él debió de recibir su hijo la educación moral y religiosa que caracteriza su obra y la frecuentación de los Salmos y la Biblia; sin embargo, al igual que su amigo, el poeta judeoconverso Pero Ferrús,[8] pasó su juventud en lecturas más profanas, en especial libros de caballerías:

Plogome otrosí oír muchas vegadas
libros de devaneos, de mentiras probadas;
Amadís e Lançalote, e burlas escantadas,
en que perdí mi tiempo a muy malas jornadas... (Rimado de Palacio, 163)

Tras la temprana muerte de su hermano mayor, la familia decide cancelar los planes eclesiásticos para él dispuestos y regresa de la Corte de su tío para empezar a representar los intereses familiares como su toledano padre en la Corte Regia. Así, cuando contaba poco más de 20 años, entró al servicio de Pedro I de Castilla, llamado por el pueblo "el Justiciero" y por los nobles "el Cruel". En 1359 navegaba a lo largo del litoral valenciano y catalán en calidad de Capitán de su flota.

Paso al bando de los Trastámara

Batalla de Nájera (Manuscrito de las Crónicas de Jean Froissart, siglo XV, (Biblioteca Nacional de Francia)

En 1366 empezó en firme la rebelión de Enrique de Trastámara contra su medio hermano el Rey Pedro I. Pero López de Ayala y su padre se pasaron al bando del pretendiente bastardo al trono, el futuro Enrique II de Castilla:

Por el rey matar omnes, non llaman justiçiero,
ca sería nombre falso: más propio es carnicero.

Pedro I había ajusticiado a muchos nobles, a juicio de muchos, más por rencor que por otro motivo. El propio escritor afirmó que

Viendo que los fechos de don Pedro no iban de buena guisa, determinaron partirse dél.

Los Ayala recibieron ventajas y mercedes por esa defección. Al futuro canciller se le otorgó el título de Alférez mayor del Pendón de la Banda (segundo teniente) de la Orden de la Banda, que ostentó cuando luchó a favor de Enrique en la batalla de Nájera ( 1367). La acción resultó un revés para las fuerzas insurgentes y el poeta fue capturado por el Príncipe Negro, lo que en el fondo fue una suerte, pues el Rey Pedro lo habría ejecutado sin más. El Príncipe Negro se hizo pagar un crecido rescate por su familia y lo dejó en libertad a los seis meses, llegando a tiempo a Burgos para ver entrar a Enrique victorioso en la ciudad. De éste recibió en pago por su lealtad mercedes como ser nombrado Alcalde mayor de Vitoria y de Toledo, amén de obtener los señoríos de Arceniega, Torre de Valle de Orozco y Valle de Llodio, ricos, fértiles y pintorescos lugares, así como la designación de miembro del Consejo Real. En 1378, viajó a Francia para negociar una alianza contra Inglaterra y Portugal.

Bajo el reinado de Juan I

Batalla de Aljubarrota en 1385.

Al morir Enrique II ( 1379), su hijo y sucesor Juan I de Castilla confirmó los privilegios otorgados y además los acrecentó, encargándole difíciles misiones diplomáticas, entre ellas su embajada a Carlos VI de Francia, a quien aconsejó tan acertadamente en la batalla de Roosebeke contra los anglo-flamencos ( 1382), que el monarca francés lo nombró su camarero y le otorgó una pensión vitalicia de mil monedas de oro a Ayala y a su hijo primogénito.

La proclamación de Juan de Avís por los portugueses desvanecía los proyectos que Juan I albergaba de coronarse Rey de Portugal. López de Ayala, que no era partidario de una guerra de Castilla contra los portugueses, se esforzó por disuadir de ello al monarca, mal aconsejado por la joven generación de cortesanos, pero no rehuyó la lucha cuando se produjo, empuñando de nuevo el estandarte de la Orden de la Banda y tratando de neutralizar las imprudencias temerarias de los donceles cortesanos en el desastre de Aljubarrota ( 1385). Peleó con bravura y cayó preso cubierto de heridas y "quebrados dientes e muelas". Esta vez su cautivero fue mucho peor, pues estuvo prisionero durante un año en el Castillo de Leiria y después en el de Obidos. Mientras esperaba su rescate escribió su Libro de la caza de las aves y parte de su Rimado de Palacio. Fue devuelto a cambio de 30.000 doblas después de que muchos intercediesen en su favor, como su mujer, Leonor de Guzmán, el maestre de la Orden de Calatrava y los reyes de Castilla y de Francia.

Y conviene señalar que el rey Juan I de Castilla dispuso en su testamento, otorgado el 31 de julio de 1385, que Pero López de Ayala continuara siendo el alférez mayor del pendón de la Orden de la Banda cuando subiera al trono su hijo, el infante Enrique de Castilla, que llegaría a reinar como Enrique III en 1390, a la muerte de su padre.[9]

Tras su liberación en 1388 ó 1389, recibió nuevos honores, como ser nombrado camarero y copero mayor de la corte. Además prosiguió su actividad diplomática en Francia. Negoció acuerdos entre Inglaterra y Castilla que condujeron a la Paz de Troncoso ( 1388); también intervino en la boda entre el Príncipe heredero Enrique con Catalina de Lancáster, e instituyó el título de Príncipe de Asturias. Se opuso con prudencia a la división del reino que proponía Juan I en las Cortes de Guadalajara y, al fallecer este monarca en 1390, formó parte del Consejo de Regencia durante la minoría de edad del futuro Enrique III. En 1392 logró que se firmara la paz entre castellanos y portugueses, dando fin a una guerra prolongada y desastrosa para ambos reinos, y se retiró algún tiempo a sus posesiones, donde se dedicó al estudio y a las letras. Volvió a Castilla para ser nombrado canciller mayor del reino en 1398, y todavía proseguía sus actividades como representante exterior de Castilla cuando súbitamente murió en Calahorra a los 75 años de edad ( 1407).

Sepulcro del Canciller Ayala y su esposa Leonor de Guzmán en el torreón-capilla de la Virgen del Cabello, en el conjunto palaciego-conventual de Quejana, casa solar de los Ayala (Álava)

Se conserva su estatua yacente, junto con la de su mujer, en el Monasterio de Quejana ( Álava), cuyos cuidados dependían de las monjas dominicas que habitaron el convento hasta el año 2008. Las dos estatuas yacentes, en alabastro, se encuentran al pie del retablo del monasterio, junto a otras estatuas yacentes de los padres del Canciller, Fernán y Elvira. Este retablo es una réplica inaugurada el 4 de agosto de 1959, del original, que se halla en Chicago.

El Canciller Ayala vivió una época turbulenta también para toda la Cristiandad, a causa del llamado Cisma de Occidente, que es aludido angustiosamente en su Rimado de Palacio, pues existía la creencia de que mientras hubiera ese cisma ningún alma se salvaría. Su actitud es la de un noble bien intencionado que se indigna ante la inmoralidad imperante, como Quevedo en el siglo XVII, José Cadalso en el XVIII y Larra en el XIX.

El de los Ayala fue uno de los linajes que pasó al primer plano social y político de la corona de Castilla con la instauración de la dinastía Trastámara. El célebre canciller Ayala (1332-1407), al final de sus días, estableció una división de su descendencia en dos ramas independientes: la de su primogénito Fernán Pérez de Ayala y Guzmán se establecería en Álava, en el solar ancestral del linaje; la de su hijo segundo Pedro López de Ayala y Guzmán se asentaría en Toledo.

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