Pedro Fernández de Castro y Andrade

Retrato de Pedro Fernández de Castro, conde de Lemos, situado en el convento de las Clarisas de Monforte de Lemos, fundado en 1622 por la esposa del conde, Catalina de la Cerda y Sandoval.

Pedro Fernández de Castro, Andrade y Portugal ( Monforte de Lemos, 1576 - Madrid, 1622); VII Conde de Lemos, IV Marqués de Sarria, V Conde de Villalba, III Conde de Andrade y Grande de España de primera clase.

Semblanza y cargos

Conocido habitualmente como "El Gran Conde de Lemos", fue Presidente del Consejo de Indias, Virrey de Nápoles, Presidente del Consejo Supremo de Italia (según el conde de Gondomar el cargo “mayor y más útil que daba el Rey en Europa”), comendador de la Orden de Alcántara, y famoso estadista y diplomático español.Embajador extraordinario en Roma y Alguacil Mayor del Reino de Galicia. Hombre de salud frágil, se refugió en Monforte para recuperarse de sus crisis; destacó por sus cualidades como estadista, como intelectual y mecenas, consolidando la tradición en la familia de los Castro, honrada también por su tío Rodrigo de Castro; se le recuerda también por su lucha en favor de los derechos del Reino de Galicia.

Presidente del Consejo de Indias

Con 27 años, tomó posesión de su cargo de Presidente del Consejo de Indias, y Felipe III diría de él que "Honró el cargo y se honró a sí mismo". La esfera de acción de este organismo comprendía todos los ámbitos político-administrativos de los territorios coloniales españoles. El Conde instauró políticas dirigidas a la mejora de las gentes bajo su jurisdicción, abriendo vías al comercio y fomentando el progreso; elabora un Memorial solicitando del rey la libertad de los indios, y fundamentando meticulosamente las razones que le llevaban a elevar tal petición; a fecha 26 de mayo de 1609, Felipe III promulga la real cédula promoviendo la medida solicitada. Sin embargo, la disposición promulgada no tenía la precisión y alcance que el conde hubiera deseado, y en una carta escrita a uno de sus sirvientes, que debía administrarle rentas dejadas en Indias, le dice, acerca de los indios:

"Suelen padecer grandes vejaciones, así por cuenta de sus encomenderos como también en el servicio de los obrajes. Por reverencia de Dios, que vuesa merced mire mucho por esos que me tocan y no se le dé nada que venga menos dinero a España, a trueque de que ellos vivan sin agravio y con comodidad".

Elaboró también durante ese período, la "Relación de gobierno de Quixós y Matas", un extenso acopio de la provincia de Quito, conservado en la Biblioteca Nacional de España.

Virrey de Nápoles

El 21 de agosto de 1608 fue nombrado Virrey de Nápoles, "caballero muy cuerdo, aunque mozo", diría de él Cabrera. En el mismo año estuvo a punto de ser nombrado para el Virreinato de Nueva España (actual México); de ahí los versos de Lope de Vega:

""¿Quien a Méjico ha traído El Sol a quien se humilla el mar gallego?"" ( Lope de Vega)

En ese período su secretario personal fue Lupercio Leonardo de Argensola, rechazadas las candidaturas de Miguel de Cervantes Saavedra y otros. Sus primeras disposiciones en el cargo se encaminaron a la seguridad de los habitantes de Nápoles y luchar contra los bandoleros que campaban por doquier, amedrentando a la población; seguidamente, legisló para regular la actividad de los prestamistas y eliminar la usura, para a continuación aligerar la administración eliminando cargos superfluos. Luchó por eliminar las enormes desigualdades sociales existentes, con una política encaminada a mejorar a los más necesitados, y puso en orden el caos cronológico, ya que coexistían en Nápoles cuatro calendarios vigentes. En otro orden de cosas, levantó la Universidad, el edificio de Escuelas Públicas, construyó el Colegio de Jesuitas, y creó la famosa Academia literaria "Degli Oziosi", (" De los ociosos"), dotándola de una vastísima Biblioteca.

Presidente del Consejo Supremo de Italia

La época como presidente del Consejo de Italia, estuvo guiada por el mismo espíritu de tecnócrata y buen administrador a la vez que filántropo, pero estuvo a la vez marcada por las intrigas palaciegas que se urdían en torno al conde, y que tenían como protagonista a su cuñado, el Duque de Uceda, que, junto al Conde-Duque de Olivares, conspiraba contra su padre, el Duque de Lerma, y contra su gran protegido, el Conde de Lemos, de tal manera que conseguía que las continuas reivindicaciones del Conde, solicitando el voto en cortes para Galicia, cayeran en saco roto, lo cual provocaba la frustración de este último, que acaba renunciando y recluyéndose en su palacio de Monforte de Lemos, reclusión que más tarde, se volvió forzosa, al perder el favor real, caído en desgracia ya el Duque de Lerma.

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