Pedro Cortés y Larraz

Pedro Cortés y Larraz
Cortesylarraz.JPG

TítuloArzobispo de Guatemala
Información personal
NombrePedro Cortés y Larraz
Nacimiento6 de julio de 1712
Belchite, España
Fallecimiento7 de julio de 1787
Zaragoza, España

Pedro Cortés y Larraz (Belchite, Zaragoza, 6 de julio de 1712 - Zaragoza, 7 de julio de 1787) fue Arzobispo de Guatemala entre los años 1767 y 1779 y obispo de la Diócesis de Tortosa entre 1780 y 1786.

Reseña biográfica

Obtuvo un doctorado en España a los 29 años, y posteriormente fue ordenado sacerdote. Trasladado al continente americano, fue consagrado por Francisco Fabián Fuero en Puebla de los Ángeles.

Arzobispo de Guatemala

Tomó posesión de la diocésis de Guatemala y, apenas instalado, inició los preparativos para visitar el territorio bajo su potestad. Para lograr su cometido envió cartas pastorales a los curas de la zona donde les instruyó a realizar informes previo a su llegada. Producto de este viaje, que duró desde noviembre de 1768 hasta agosto de 1770, es la obra Descripción Geográfico-Moral de la Diócesis de Goathemala.[3]

Enérgico de carácter y defensor de la ortodoxia doctrinal, entró en conflicto con las autoridades reales y los mismos canónigos.

Terremoto de Santa Marta

Frescos en la cúpula y techado de la abadía benedictina de Melk, Austria. La apariencia de las iglesias de Antigua Guatemala era similar a la de esta capilla austriaca antes que fueran destruidas por el terremoto de 1773.[4]

El 12 de junio de 1773 tomó posesión el Capitán General Martín de Mayorga, quien junto con Cortés y Larráz, como máximas autoridades del reino serían los principales actores en los sucesos que acontecieron tras los terremotos de 1773.[5]

En 1773, Santiago de los Caballeros de Guatemala era una de las más famosas ciudades de las colonias españolas en América, y se consideraba que únicamente la ciudad de México era más espléndida.[7]

Después de los terremotos de 1751, se renovaron muchos edificios y se construyeron numerosas estructuras nuevas, de tal modo que para 1773 daba la impresión de que la ciudad era completamente nueva. La mayoría de las casas particulares de la ciudad eran amplias y suntuosas, al punto que tanto las puertas exteriores como las de las habitaciones eran de madera labrada y las ventanas eran de finos cristales y tenían portales de madera labrada. Era frecuente encontrar en las residencias pinturas de artistas locales con marcos recubiertos de oro, nácar o carey, espejos finos, lámparas de plata, y alfombras delicadas.[4]​ en el techo había rejas de madera dorada o esmaltada que cubría los cruceros y bóvedas principales.

Así se encontraba la ciudad en mayo de 1773 cuando empezaron a sentirse pequeños sismos, los cuales fueron incrementando su intensidad y el 11 de junio con un temblor que daño algunas casas y edificios; luego continuaron los sismos, hasta llegar al 29 de julio de 1773, día de Santa Marta de Bethania, en que se produjo el catastrófico terremoto.

Los daños abarcaron hasta el actual territorio de El Salvador, ya que las iglesias de Caluco, Tacuba e Izalco resultaron destruidas.[11]​Antes de su destrucción, la ciudad competía con ciudades como México, Puebla de Zaragoza, Lima, Quito y Potosí. Sin embargo, las circunstancias especiales de los terremotos acaecidos el 29 de julio de 1773, en pleno florecimiento del barroco, cortaron su proceso de crecimiento y modificación naturales.

Epidemia de tifo exantemático

Retrato del obispo Cortés y Larraz.

El caos se apoderó de la ciudad tras los terremotos, además de que los sismos fueron seguidos por una epidemia de tifo exantemático que provocó más muertes entre la población mestiza e indígena que los propios terremotos.[12]

El problema epidemiológico se inició por el retorno a la ciudad de los pobladores pobres, que habían emigrado a las montañas que rodeaban a la ciudad huyendo de los sismos y que tuvieron que subsistir en condiciones sanitarias pésimas durante ese tiempo.[13]

Mayorga tomó medidas atinadas y prudentes, y estableció la «Junta de Salud Pública» que logró elaborar el plan para erradicar la epidemia, que se había iniciado a finales de 1773 y se extendió hasta junio de 1774.[13]

Por su parte, Cortés y Larraz no abandonó a sus feligreses y visitó en persona los lugares infectados;[15]

Oficialmente, la epidemia del tifo fue erradicada el 28 de junio de 1774, y dejó tras sí cuatro mil muertos, en su mayoría indígenas y mestizos pobres.[16]

Fundación de Écija

Finalmente, un ayuntamiento fue establecido oficialmente con el nombre de «San Carlos» Écija el 15 de diciembre de 1778 por el capitán general Martín de Mayorga en honor al rey Carlos III de España formando parte del corregimiento de Totonicapán.[18]

Traslado de la capital

Se produjeron grandes pérdidas en templos y edificios públicos, así como casas particulares, pero no toda la ciudad quedó por los suelos. A pesar de ello, el Capitán General Martín de Mayorga solicitó al Monarca de España el 21 de julio de 1775 el traslado de Santiago de los Caballeros de Guatemala, siempre vulnerable a erupciones volcánicas, inundaciones, y terremotos. El 2 de enero de 1776 fue oficializado el cuarto asentamiento, la Nueva Guatemala de la Asunción, con una primera sesión del ayuntamiento con el gobernador de la Audiencia, Matías de Gálvez y Gallardo, sobre las bases del llamado «Establecimiento Provisional de La Ermita». Por real orden dada en Aranjuez el 23 de mayo de 1776 se extinguió el nombre de «Santiago» y se adoptó el de «Nueva Guatemala de la Asunción».[19]

Cortés y Larraz se opuso rotundamente al traslado, pues comprendía que el mismo dejaría a la Iglesia Católica en una posición debilitada frente a las autoridades reales: la iglesia estaba por el momento sin conventos ni templos —para cuya construcción no tenía dinero el arzobispo— y sin imágenes veneradas aparte de que la población no estaba en condiciones de aportar su diezmo obligatorio.[22]

Una de las medidas tomadas por el presidente de la audiencia Martín de Mayorga, para forzar el traslado de la ciudad fue el envío obligado de la escultura más importante de la ciudad. Por ello, en 1778 ordenó el traslado del Jesús Nazareno de la Merced, junto con la imagen de la Virgen, para obligar a los mercedarios a mudarse.[24]

Sustitución como obispo

El 26 de noviembre de 1777, por consulta de Cámara, fue nombrado arzobispo de Guatemala Cayetano Francos y Monroy nombramiento era difícil ya que era en sustitución de Cortés y Larraz, quien se negaba a aceptar el traslado de su diócesis hacia la nueva ciudad de Guatemala.[25]

El 7 de octubre de 1779 Francos y Monroy hizo su entrada pública en la Nueva Guatemala de la Asunción, con una escolta de ocho caballeros, en la nueva ciudad de Guatemala, la cual apenas se estaba empezando a construir; un mes antes, Cortés y Larraz publicó una carta pastoral denunciando la llegada de un usurpador y amenazando con excomulgarlo, pero Francos y Monroy tomó inmediatamente sus primeras medidas nombrado un cura en el pueblo indígena de Jocotenango y fue a buscar a la destruida Santiago de los Caballeros de Guatemala a las beatas de Santa Rosa. Había decidido que en noviembre de 1779 iba trasladar las imágenes y gastó una gran cantidad de dinero para terminar la construcción de los monasterios Carmelitas y de Capuchinas.[25]

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