Pedro Albéniz

Pedro Albéniz

Pedro Albéniz (Logroño, 1795Madrid, 1855) fue un pianista y compositor español.

Hijo de Mateo Albéniz, notable músico también, comenzó de niño sus estudios musicales con su padre, trasladándose para ampliarlos a París, donde fue discípulo de varios eminentes maestros, y recibió consejos musicales de Rossini.

Biografía

Fue considerado por sus veladas músico-literarias junto a las plumas más brillantes del país, como el también riojano Manuel Bretón de los Herreros, celebres en Madrid.

Hijo de Mateo Albéniz, con quien recibió su primera formación, un afamado compositor, interprete de teclado y teórico.  Marcha a parís para así continuar con sus estudios, siguiendo los cursos de Henri Herz y Friedrich Kalkbrenner. En la capital francesa entabló una gran amistad con Rossini, de quien recibió grandes consejos musicales.

En su retorno a territorio español comienza con el cargo de  organista en la iglesia de Santa María en San Sebastián y en años posteriores en la iglesia catedrálica de La Redonda de Logroño. Dio conciertos de violín en los salones Santa Catalina y en el Palacio Real de Aranjuez. Cuando la Reina María fundo el conservatorio de Madrid fue nombrado profesor del mismo en el año 1830, a su vez se convierte en el profesor de Isabel II, la gran mayoría de los pianistas de la época fueron alumnos suyos y organista de la capilla real en el año 1834, ejercicios que le impediría continuar con su prometedora carrera como concertista,pero sí el ser recordado, sobre todo, por su método de piano vigente en el Conservatorio madrileño durante medio siglo.[1]

Pedro Albéniz como interprete, pedagogo y compositor.

Como era de costumbre en el siglo XIX, las fantasías operísticas eran un reto para los pianistas. Bellini, Rossini o Donzzetti gozaban de innumerables transcripciones variaciones y fantasías para teclado. La técnica pianística de Pedro Albéniz era tan versátil y amplia que llegó en un ejercicio casi comparativo, a fundirse con la música de escena de una manera casi natural, como demuestran sus piezas sobre temas de Belllini o Verdi, verdaderos ejemplos de sencillez artística, en el sentido de querer olvidarse de su propio estilo personal para poner todos sus conocimientos al servicio de la obra trascrita, de la misma manera que le ocurriera a Liszt con Beethoven. 

Fue de los pioneros en introducir métodos modernos de técnica para teclado en la pedagogía española. Pedro Albéniz fue vicepresidente primero del Liceo Artístico y Literario en 1838 y 1841 la Academia Filarmónica de Madrid le nombró Distinguido profesor, Maestro de Música y Socio de Honor de Madrid de dicha entidad. 

Aunque sus composiciones no brillan por su interés, y generalmente son inferiores a las de su padre, escribió un Método Completo para Piano (Madrid, 1840) que llegó a ser el texto de estudios oficial del Conservatorio de Madrid. Es el autor de una enorme colección de obras de música profana y religiosa que se guardan en el Archivo Eclesiástico de San Sebastián, concretamente en el Eresbil de la localidad guipuzcoana de Rentería. También existen obras suyas archivadas en el Palacio Real, la Biblioteca Nacional, en el Conservatorio de Música “María Cristina” de Madrid y en el “Archivo de Música de Orleans” en Canarias.

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