Paulina Bonaparte

Paulina Bonaparte
Duquesa y Princesa de Guastalla
Pauline Bonaparte 2.jpg
Robert Lefèvre. Retrato de Paulina Bonaparte (estudio), 1806. Óleo sobre lienzo, 65 x 53 cm. Palacio de Versalles.
Información personal
Nombre secular Maria Paola Buonaparte
Otros títulos
Nacimiento 20 de octubre de 1780
Ajaccio, Córcega,
Royal Standard of the King of France.svg Francia
Fallecimiento 9 de junio de 1825
(44 años)
Florencia,
Flag of the Grand Duchy of Tuscany (1840).svg Gran Ducado de Toscana
Familia
Casa real Casa de Bonaparte
Padre Carlo Buonaparte
Madre María Leticia Ramolino
Cónyuge
Descendencia Dermide Louis Napoleón Leclerc
( 1798- 1804)

Firma Firma de Paulina Bonaparte

Coat of arms of the House of Borghese.svg
Escudo de Paulina Bonaparte

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María Paulina Bonaparte, en francés, Marie-Pauline Bonaparte ( AjaccioCórcega–, 20 de octubre de 1780- FlorenciaGran Ducado de Toscana–, 9 de junio de 1825), también conocida como Paulina Borghese o Borghesse, fue una noble francesa, hermana predilecta de Napoleón Bonaparte, célebre por sus continuas relaciones amorosas, así como por el hecho de posar semidesnuda para la Venus victoriosa ( 1805- 1808) del escultor y pintor italiano Antonio Canova, siendo considerada en general como una de las mujeres más desinhibidas y provocadoras de la época, especialmente a la hora de exhibir su cuerpo. Su escandalosa estancia en La Española (actuales Haití y República Dominicana) entre finales de 1801 y 1802 fue novelada por el escritor cubano Alejo Carpentier en su obra El reino de este mundo, publicada en 1949.

Biografía

Familia y primer matrimonio

Maria Paola Buonaparte (en corso) fue la décima hija (aún le seguirán Carolina y Jerónimo) del matrimonio formado por Carlo Buonaparte (f. 1785) y María Leticia Ramolino, ambos nacidos en Córcega y nobles. Cuando tiene trece años, se traslada con la familia a Marsella y, posteriormente, a París.

Es ya por entonces una adolescente deslumbrante y precoz, que muy pronto comienza a mantener una larga serie de turbulentas relaciones íntimas –bien es cierto que en su mayoría de escasa trascendencia–, cabiendo destacar al respecto las propuestas de matrimonio por parte del político y periodista Louis-Marie Stanislas Fréron (la extensa correspondencia entre ambos será publicada en la Revue Rétrospective en 1834) o el general Léonard Duphot, respectivamente, veintiseis y once años mayores que ella.[1]

Ante tal estado de cosas, Napoleón decide casarla inmediatamente con el general Charles-Victoire-Emmanuel Leclerc, a quien, al parecer, había sorprendido con su hermana en su despacho unos meses antes. La ceremonia se celebra en Milán el 14 junio de 1797. El 20 de abril del año siguiente, nace su único hijo, Dermide Louis Napoleón Leclerc, fallecido prematuramente en 1804.

Consulado ( 1799- 1804) e Imperio ( 1804- 1815)

Vista frontal.
Vista dorsal.
Lorenzo Valles. Paulina Borghese en el estudio de Antonio Canova. Óleo sobre lienzo, 57,5 x 75 cm.

Según algunos investigadores, Canova quería esculpir a la flamante princesa Borghese a la clásica manera de una casta Diana cazadora, a lo que esta replicó que prefería aparecer sin ropa. Cuando se le preguntó cómo había sido capaz de posar desnuda, supuestamente respondió que simplemente se puso una estufa en el estudio para no pasar frío.[2]
Para otros autores, lo que Paulina dijo en realidad fue que, en aquel lugar, hacía tanto calor como en el infierno,[4]
Antonio Canova. Náyade. Metropolitan Museum of Art (Nueva York).

Comentarios eróticos aparte, cabe resaltar que la obra causó tal admiración que incluso John Campbell, segundo Conde de Cawdor, al verla, le encargó al artista un nuevo retrato de la princesa, transformada esta vez en una Ninfa o Náyade "tumbada sobre una piel de león".[5]

A finales de 1801, Napoleón le encarga a Leclerc que se traslade a La Española (actuales Haití y República Dominicana) al mando de 40 000 soldados con que sofocar la sublevación del autoproclamado gobernador de la isla, un antiguo esclavo llamado Toussaint Louverture ( 1743- 1803).

En principio, Paulina se niega en redondo a acompañar a su marido, llegando a ser embarcada por la fuerza en Brest (14 de diciembre), lo que, según Carpentier, no le impide provocar a la tripulación durmiendo totalmente desnuda sobre una vela doblada en cubierta.[6]

Pero una vez que Leclerc, el pequeño Dermide y Paulina se instalan en la colonia (febrero de 1802), esta se dedica a organizar desenfrenadas orgias, mantener continuas relaciones sexuales con oficiales del ejército francés, soldados rasos o miembros de la población indígena, o hacerse masajear desnuda por un esclavo negro (un tal Solimán),[9]

No obstante, cuando Leclerc da la orden de trasladar a su mujer y a su hijo en un buque a un sitio más seguro, Paulina, sorda a las súplicas de las damas del lugar, que sabían a qué terribles enemigos podían enfrentarse, les dice:

Vosotras podéis llorar, vosotras; porque no sois hermanas de Bonaparte. Pero yo no me embarco más que con mi marido, o moriré. [1]

También se encuentra en la isla el ya citado Stanislas Fréron, a quien para desembarazarse de su incómoda presencia el propio Bonaparte ha nombrado «subprefecto» en la capital, Santo Domingo. Pero este fallece de fiebre amarilla dos meses después de la llegada de la expedición.

Termina esta etapa con la dramática muerte de su esposo el 2 de noviembre de 1802, víctima también del vómito negro. Pese a que la joven no había dado nunca muestras de sentir un especial afecto por el general, al recibir la noticia de su fallecimiento se mostró profundamente abatida hasta tal punto que, según cuentan las crónicas, volvió a Francia abrazada al féretro de su marido, alojado en la bodega del barco.[10]

Pero tras su regreso a París, vuelve a llevar una vida de escándalos y excesos que la convierten en la comidilla de la alta sociedad de entonces («No nací para usar cinturón de castidad ni tampoco para viuda inconsolable»).[11]​ Así, junto a su inveterada costumbre de «coleccionar» amantes, Paulina compra ahora de manera compulsiva todo tipo de valiosísimas joyas, así como costosos vestidos, por regla general tan sumamente transparentes que dejan entrever sin disimulo su exuberante cuerpo:

Una noche, por fin, Paulina Bonaparte se decide a ir al salón de madame Récamier. Acuden a la cita dos mundos, dos distintas concepciones de la mujer. […] La no peligrosa era, en este caso, Paulina, que, casi desnuda, bajo una túnica transparente, floreciente de sonrisas insinuantes, penetró en el aristocrático palacio. Su entrada produjo la habitual conmoción.

Salgado, Enrique (1963). Paulina Bonaparte. Barcelona: Plaza & Janes. p. 119. 

Paulina Bonaparte asistía a la ópera con ropa transparente, [tan sutil, que le permitía ir vestida y desnuda al mismo tiempo].

Berroeta, Pedro (1997). En el nombre de Elisabeth. Alcaldía de Caracas: Fundarte. p. 106. ISBN  978-9802533060. 

Las continuas provocaciones llegan también a sus ardientes hábitos domésticos. Según la rumorología de la época, solía ayudarla a bañarse un criado negro llamado Paul. Cuando alguien le hizo observar que no era la persona más adecuada para ello, Paulina replicó que un negro no era un hombre…; no obstante, parece que se hizo acompañar desde entonces de varios sirvientes blancos, a fin de darle –según ella– un aire más respetable al momento.

Se cuenta también que acostumbraba a recibir a sus invitados masculinos plácidamente tumbada en su bañera y que cuando, finalmente, salía de ella se pasaba horas tapada con una simple camisola, el pelo recogido, un poco de pintura de labios y unas cuantas gotas de su perfume favorito:[3]

Paulina –nos enseñan sus historiadores– se solía tumbar en su bañera, vestida con [una prenda de] tul rosa, forrada de satén blanco, acompañada por su fiel negro.

Bayard, Jean (16 jul. 1938). «L'Ambassade d'Angleterre à Paris». Le Monde Illustré (2574). 

Respecto a su promiscua vida sexual, según la Duquesa de Abrantes Laura Permon, era capaz de mantener intensas relaciones íntimas hasta con tres hombres durante un mismo periodo de tiempo, llegando incluso a circular rumores –no descartados del todo por su biógrafa Flora Fraser–[13]

Napoleón, escandalizado por la forma de vida de su hermana, decide obligarla de nuevo a casarse, esta vez con Camillo Borghese, Príncipe de Sulmona y de Rossano, un hombre honesto pero de carácter extremadamente débil, jefe de una de las familias más poderosas de Italia, el 28 de agosto de 1803.[1]

Los primeros meses del matrimonio, que no tuvo descendencia, transcurren de manera favorable para Paulina, que, como princesa consorte, disfruta de una pensión anual de 70 000 francos y dispone de todos los lujos a su alcance.

En estos años, su flamante esposo encarga al escultor más célebre de entonces, Antonio Canova, la realización de una obra para la que ella misma posará como modelo. Para asombro del artista, le comunica que desea aparecer desnuda. La escultura, conservada en la actualidad en la Galería Borghese (por lo que también es conocida como Venus Borghese), sacude los principios morales de la sociedad romana de la época.

Pero la monótona existencia en el fastuoso palacio Borghese –por el que, conforme a su costumbre, suele deambular sin ropa alguna–[14]​ parece entusiasmar cada vez menos a Paulina, quien pronto comienza a echar de menos su amada Francia. Contribuyen a ello el paulatino deterioro de la relación con su marido, así como, sobre todo, la reciente pérdida de su único hijo, Dermide, fallecido en agosto de 1804 a los seis años de edad. De nuevo en París, aún se enamora del pintor Nicolas de Forbin ( 1779- 1841), al que, tras una breve relación, reemplaza por el compositor italiano Felice Blangini ( 1781- 1841) y el actor y director teatral François Joseph Talma.

Copa en forma de supuesto pecho de Paulina Borghese

Hacía 1810, el maestro platero Jean-Baptiste-Claude Odiot (1763-1850) realiza una curiosa Copa en forma de supuesto pecho de Paulina Borghese (en francés, Coupe en forme de sein présumé de Pauline Borguèse), de bronce dorado, con una mariposa posada en el borde (en alusión a Psique), conservada en la actualidad en el Museo de las Artes Decorativas de París (n.º de inventario: 29983.A). Cabe destacar al respecto que, pese a lo antiguo del tema (practicado ya en la Grecia clásica), lo provocativo de la pieza radica en que el artista se basó en un molde de yeso extraído casi con toda certeza del natural.[15]

Probable retrato de Paulina Borghese
Louis Benjamin Marie Devouges. Probable retrato de Paulina Borghese. Óleo sobre lienzo, 182 x 208 cm.

También de estos años, data un magnífico retrato al óleo, de tamaño natural, del pintor francés Louis Benjamin Marie Devouges (1770-1842), realizado casi con total seguridad en el antiguo suburbio de Neuilly-sur-Seine, en el área metropolitana de París.

La protagonista de la obra aparece sentada en el interior de un lujoso cuarto de baño de la época, cubierta apenas con un provocativo vestido tan sumamente transparente que prácticamente deja todo el cuerpo al aire, en el momento de ponerse las medias. Al fondo, se observa un oscuro paisaje montañoso, lo que amplía el espacio figurativo del cuadro, prestándole mayor profundidad. Los bellos tonos rosáceos de las carnaciones contrastan con los grises, rojizos y verdes del resto del cuadro, lo que acentúa la sensualidad del conjunto.

En cuanto a la probable identidad de la modelo, podría tratarse efectivamente de Paulina Bonaparte, con la que la mujer representada guarda un notable parecido físico, más aun teniendo en cuenta que, según la crítica especializada, la obra fue encarga a Devouges (1770-1842) por su hermano el rey José I, quien tras su exilio a Estados Unidos en 1813 la conservaría en su mansión de Bordentown ( Nueva Jersey), siendo adquirida tras su muerte en 1844 por el banquero y destacado coleccionista de arte norteamericano Nicholas Longworth (1783-1863).

Pero parece que la puritana sociedad estadounidense de la época no estaba preparada para contemplar una pintura de tales características, por lo que Longworth tuvo que quitarla de la vista de sus conciudadanos.

Años después, pasa a ser propiedad de un tal Edward N. Roth, quien la tiene expuesta un tiempo en el Hotel St. Nicholas de Cincinnati ( Ohio), siendo comprada a su viuda por John Ringling, por un importe de algo más de 20 000 dólares, cuya colección privada dará lugar al conocido Museo Ringling de Sarasota ( Florida), donde ingresa en 1936.[16]

Tras la caída de Napoleón

Cuando Napoleón es forzado a abdicar y exiliarse en la isla de Elba ( 1814), Paulina decide acompañarlo, empeñando para ello sus propiedades. Una vez que este decide volver a Francia para recuperar el poder, Paulina le ofrece de nuevo todo su apoyo e incluso le regala su valiosa colección de joyas con el fin de ayudarle a costear la campaña militar subsiguiente.

Tras la derrota de su hermano en la batalla de Waterloo y su definitivo destierro en Santa Elena, Paulina regresa a Roma, desde donde trata de buscar el respaldo de diversos gobernantes extranjeros para que mejoren las condiciones de vida de su hermano en la isla. Cuando este fallece en mayo de 1821, Paulina, a la que se le ha prohibido expresamente visitarlo, se derrumba.

Desde principios de 1825, su salud se deteriora a causa de un cáncer uterino producido «por la constante y habitual excitación de dicho órgano».[17]​ Poco antes de morir, se reconcilia con su marido, el príncipe Camillo. Fallece en Florencia el 9 de junio, a los 44 años de edad. Al parecer, en sus últimos momentos, le pidió a uno de sus criados que le llevase un espejo. Cuando se miró en él, sonrió y dijo: «No tengo miedo de morir; aún soy tan bella…» Contra su deseo de ser enterrada junto a su hijo y su primer marido en el castillo de Montgobert –en la región de Picardía–, fue sepultada en la Capilla Borghesiana de la Basílica Papal de Santa María la Mayor en Roma.

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