Participación electoral

Votantes haciendo cola en el exterior de un colegio electoral de Bagdad durante las elecciones iraquíes de 2005. La participación fue elevada a pesar de la amenaza de violencia.

Se entiende por participación electoral a dos fenómenos muy relacionados entre sí:

  • La participación electoral se da de una forma voluntaria
  • La forma más frecuente de participación política, que se manifiesta en los procesos de elecciones.
  • El nivel de participación en un proceso electoral determinado (voter turnout).

Para calcular la participación de unas elecciones se suele utilizar la siguiente fórmula:

P= Número de votos / número de votantes X 100

El número de votantes puede referirse tanto al número de electores registrado como al número de personas en edad de votar.

Tras varias décadas de incremento, se ha producido una tendencia decreciente del porcentaje de participación en las democracias más consolidadas desde la década de 1960. En general, la baja participación puede deberse al desencanto, la apatía o la satisfacción. A menudo se considera que la baja participación no es deseable y se ha producido un amplio debate respecto de los factores que afectan a la participación y sobre cómo incrementarla. A pesar de la significativa cantidad de estudios sobre el asunto, los estudiosos están divididos en cuanto a las razones del declive. Su causa se ha atribuido a una amplia gama de factores económicos, demográficos, culturales, tecnológicos, e institucionales.

Diferentes países muestran diferentes niveles de participación electoral. Por ejemplo, en los Estados Unidos, aproximadamente el 70% de la población capacitada, se registra para votar, lo cual puede ser un factor importante para explicar la baja participación, que en las últimas décadas apenas ha llegado al 50% en elecciones presidenciales. Sin embargo, en 2004, la participación en las elecciones presidenciales llegó al 56.70% de los ciudadanos estadounidenses mayores de edad.[1] En Australia, donde el voto es obligatorio, y en Malta, la participación alcanza el 95%. Se cree que estas diferencias se deben a una combinación de factores culturales e institucionales.

Razones para no votar

En cualquier elección de gran tamaño, la probabilidad de que un solo voto afecte al resultado final es muy baja; un voto, en un sistema electoral como el del Colegio Electoral en los Estados Unidos tiene incluso una probabilidad menor aún de ser decisivo en el resultado final.[3]

La fórmula básica para determinar si alguien votará es la siguiente

[4]

En esta fórmula, P es la probabilidad de que el voto de un individuo afecte al resultado de una elección, y B es el beneficio personal que ese individuo percibe si se produce la elección de su candidato o partido político. D originalmente significaba democracia o civismo, pero hoy en día representa cualquier gratificación social o personal que el individuo obtiene de votar. C es el tiempo, esfuerzo y coste financiero que implica el acto de votar. Dado que P es prácticamente cero en la mayor parte de las elecciones, PB es también casi cero, y en consecuencia D es el elemento más importante que motiva a la gente a votar. Para que una persona vote, estos factores deben ser de más peso que C.

Riker y Ordeshook desarrollaron la comprensión moderna de D. Hicieron una lista con las cinco principales formas de gratificación que la gente obtiene de votar: cumplir con la obligación social de votar; afirmar su lealtad al sistema político; afirmar su preferencia por un bando (también conocida como voto expresivo, o votar por un candidato para expresar apoyo, no para conseguir un resultado); afirmar la propia importancia para ante el sistema política; y, para aquellos que encuentran la política interesante y entretenida, investigación y toma de decisiónn.[5] Otros politólogos han añadido posteriormente otras motivaciones y cuestionado algunas de las suposiciones de Riker y Ordeshook. Todos estos conceptos son inherentemente imprecisos, lo que hace difícil descubrir exactamente porqué la gente prefiere votar.

Recientemente, algunos estudiosos han considerado la posibilidad de que B abarque no sólo un interés personal en el resultado, sino también preocupación por el bienestar de otros en la sociedad (o al menos por otros miembros del propio grupo o partido preferido).[9] Esta motivación es distinta de D, ya que los votantes deben pensar en el beneficio de otros que depende del resultado de la elección y no en el acto de votar y en sí mismos.

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