Parque de la Ciudadela

Parque de la Ciudadela
Vista aèria Ciutadella 1960.jpg
Vista aérea del parque (1961)
Maqueta del parque
Parque de la Ciudadela ubicada en Barcelona
Parque de la Ciudadela
Parque de la Ciudadela
Ubicación de Parque de la Ciudadela en Barcelona.
Otros nombres Parc de la Ciutadella
Localización Pº de Picasso 21, Distrito de Ciutat Vella, Barcelona, Bandera de España  España
Coordenadas 41°23′17″N 2°11′15″E / 41°23′17″N 2°11′15″E / 2.187517
Vías adyacentes Paseo de Picasso, paseo de Pujades, paseo de Circunvalación y calle de Wellington
Tamaño 17,42 ha (31 ha con el zoo)
Creación 1872-1888
Parque de la Ciudadela
Bien de Interés Cultural
Patrimonio histórico de España
Gran Cascada1.JPG
Cascada del Parque de la Ciudadela
Declaración 21 de diciembre de 1951
Figura de protección Jardín histórico
Código RI-52-0000030
[ editar datos en Wikidata]

El parque de la Ciudadela (en catalán, parc de la Ciutadella) se encuentra en el distrito de Ciutat Vella, en Barcelona ( España). Durante muchos años fue el único parque público de la Ciudad Condal. Fue trazado en los antiguos terrenos de la fortaleza de la Ciudadela —de ahí su nombre—, a imagen y semejanza del jardín de Luxemburgo de París. Fue diseñado por Josep Fontserè e inaugurado en 1881. Pocos años después, en 1888, acogió la Exposición Universal de Barcelona.

Está situado en el barrio de la Ribera, en el triángulo comprendido entre la estación de Francia, el Arco de Triunfo y la Villa Olímpica. Está delimitado por cuatro vías principales: el paseo de Pujades, el paseo de Picasso, el paseo de Circunvalación y la calle de Wellington. Dispone de diez accesos y tiene una extensión de 17,42 hectáreas (31 con el Zoo de Barcelona). Es el parque urbano más grande de Barcelona después del de Montjuïc.[1]

En el parque se encuentra el antiguo Arsenal de la Ciudadela, actual sede del Parlamento de Cataluña, además de diversos edificios que incluyen equipamientos como dos museos (Geología y Zoología), una iglesia y un colegio (IES Verdaguer), además del Umbráculo y el Invernáculo, dedicados a la conservación de especies botánicas. También alberga el Zoo de Barcelona. En su terreno se halla una extensa colección de arte público que lo convierte en un museo de esculturas al aire libre.[2]

En 1951 el parque fue declarado monumento histórico-artístico y figura en el registro de Bienes Culturales de Interés Nacional del patrimonio catalán y en el registro de Bienes de Interés Cultural del patrimonio español con el código RI-52-0000030.[3]

Historia

Orígenes

Plano de Barcelona con la Ciudadela integrada dentro de las murallas (1806)

El solar en el que se emplaza el parque de la Ciudadela se encuentra en el barrio de la Ribera, en la parte oriental del llano aluvial del río Besós.[5]

En 1700, la muerte sin descendencia del rey Carlos II provocó un conflicto sucesorio que dio origen a la guerra de Sucesión (1701-1714), donde intervinieron las principales potencias europeas: Francia en defensa del pretendiente Felipe de Borbón —futuro Felipe V— y el Sacro Imperio Romano Germánico, Gran Bretaña, Países Bajos y Portugal a favor de Carlos de Austria —futuro emperador Carlos VI—.[6]

Cataluña optó inicialmente por Felipe, el cual juró las constituciones catalanas ante las Cortes en 1701. Sin embargo, algunos excesos cometidos por el virrey Francisco Antonio de Velasco, junto a otros factores, provocaron un giro en las simpatías de algunos dirigentes catalanes, los cuales se pasaron al bando de Carlos en 1705.[7]

Felipe V intentó recuperar la capital catalana en 1706, con un ejército que sitió Barcelona por tierra y mar, pero fue obligado a retirarse.[10]

Barcelona a vista de pájaro (1857), de Onofre Alsamora: a la izquierda se aprecia la Ciudadela y la explanada entre esta y la ciudad.

Para mantener la ciudad bajo un firme control, Felipe V mandó construir una fortaleza, la Ciudadela, como parte integrante de un conjunto militar para dominar la ciudad en el que, junto a la Ciudadela propiamente dicha, se reconstruyó el castillo de Montjuïc, un antiguo baluarte situado en lo alto de la montaña homónima. La construcción de la Ciudadela se encargó al ingeniero militar de origen flamenco Joris Prosper van Verboom y se realizó entre 1716 y 1751. Era un baluarte amurallado de forma pentagonal, con una fosa de protección y una explanada de 120 m de separación entre las murallas y las construcciones de alrededor.[11]

Para su construcción fue necesario demoler parte del barrio de la Ribera: se derribaron 1200 casas, se desvió la Acequia Condal y se derribaron diversos edificios de interés artístico, como los conventos de San Agustín, Santa Clara y Nuestra Señora de la Piedad, la iglesia de Santa Marta y el hospicio de Montserrat.[13]

La fortaleza estaba formada por cinco baluartes (del Rey, de la Reina, del Príncipe, de Don Felipe y de Don Fernando), unidos por muros rectilíneos con revellines, y tenía otras dos pequeñas fortificaciones en las inmediaciones, el fuerte Pío y el de Don Carlos. En su interior, la torre de San Juan servía de prisión y la acompañaban diversas edificaciones para el acuartelamiento, entre las que destacaban el arsenal, la capilla y el palacio del gobernador.[15]

Con el tiempo la Ciudadela se convirtió en un símbolo de represión y en ella fueron ajusticiados numerosos presos políticos, especialmente durante la ocupación napoleónica y durante el gobierno absolutista de Fernando VII. Entre 1828 y 1830 el capitán general Carlos de España inició una brutal represión contra los liberales, con cientos de ejecuciones y miles de encarcelamientos, generalmente sin juicio ni pruebas.[17]

Edificios de la fortaleza de la Ciudadela en 1870, en pleno proceso de derribo.

En 1841 la Junta de Vigilancia constituida en la ciudad tras el acceso al poder del general Espartero inició el derribo de la fortaleza, pero el fracaso del golpe antiesparterista de O'Donnell en Pamplona paró la iniciativa y el Ayuntamiento fue obligado a reconstruir las partes derribadas, unas obras que se prolongaron hasta 1850.[18]

Derribo de la torre de San Juan (1868).

Con todo, a principios del siglo xix se realizaron en torno a la Ciudadela diversas mejoras urbanísticas, como la apertura del paseo de la Explanada (1797), una amplia avenida jalonada de álamos y olmos y decorada con fuentes ornamentales, que durante un tiempo fue el principal espacio verde de la ciudad, desaparecido durante las obras de urbanización del parque de la Ciudadela;[20]

En 1854 se derribaron las murallas medievales de la ciudad, aunque tal circunstancia no afectó a la fortaleza. El derribo de las murallas propició el Ensanche de Barcelona, que se canalizó con un proyecto de Ildefonso Cerdá elaborado en 1859: el Plan Cerdá instituía un trazado ortogonal entre Montjuïc y el Besós, con un sistema de calles rectilíneas que delimitaban una serie de manzanas de planta octogonal.[22]

Finalmente, con el estallido de la Revolución de 1868 se abrió el camino para la demolición de la Ciudadela: el 12 de diciembre de 1869, el gobierno del general Prim aprobó el decreto que cedía la fortaleza a la ciudad con la condición de que el terreno fuese destinado a un jardín público y el Ayuntamiento se hiciese cargo del coste de la demolición.[23]

Proyecto del parque

Proyecto de Josep Fontserè (1871)

Ante la perspectiva del derribo de la Ciudadela creada tras la revolución de 1868 surgieron ya algunos anteproyectos de arquitectos y maestros de obras que ofrecieron sus propuestas al Ayuntamiento: ese fue el caso de Miquel Garriga i Roca (15 de octubre de 1868, 17 de noviembre de 1868 y 29 de septiembre de 1871), Josep Fontserè (19 de octubre de 1868) y Ermengol Támaro (27 de febrero de 1869). Todos ellos compartían la idea de una gran zona de ocio combinada con la construcción de un palacio de exposiciones, en la línea del construido en 1860 en el Campo de Marte —una explanada frente a la Ciudadela— para la visita de la reina Isabel II.[24]

Para el proyecto del parque la comisión del Ayuntamiento que dirigía la reconversión de la Ciudadela, presidida por Francisco de Paula Rius y Taulet, convocó un concurso público en 1871. El jurado estaba formado mayoritariamente por políticos y la ambigüedad de las bases y el hecho de que estuviese abierto a cualquier persona, fuese arquitecto o no, generó confusión entre los participantes. Por otro lado, la obtención del premio no comportaba la adjudicación de las obras.[23]

Vista aérea del parque de la Ciudadela, según el proyecto original de Josep Fontserè

El 19 de marzo de 1872 el concurso se declaró desierto y se concedió un primer accésit al proyecto presentado por Josep Fontserè bajo el lema «los jardines son a las ciudades lo que los pulmones al cuerpo humano». Hubo sospechas de que la adjudicación fue realizada a dedo y la polémica se acrecentó porque Fontserè no era arquitecto, sino maestro de obras, por lo que no podía realizar obras públicas, monumentales o religiosas.[26]

Fontserè proyectó unos amplios jardines para esparcimiento de los ciudadanos,[28]

Proyecto de parque de la Ciudadela de Carlo Maciachini (1871)

El proyecto de Fontserè tuvo en cuenta su articulación con el Ensanche de Cerdá: las principales vías del parque estaban encuadradas con la trama cerdaniana, con una orientación preferente hacia la parte nueva de la ciudad a través del paseo de San Juan; la conexión con la parte vieja de la ciudad se efectuaba a través de una transición ortogonal articulada mediante el mercado; las vías del parque se diferenciaban entre las destinadas a carruajes en el exterior y los caminos peatonales en el interior. Incluso el previsto palacio de la plaza central, denominado por Fontserè de la Industria y las Bellas Artes, tenía un trazado octogonal similar a las manzanas del Ensanche, dentro del cual el edificio tendría una forma de cruz griega y en los cuatro chaflanes habría unos claustros triangulares.[29]

Este proyecto se realizó solo parcialmente: el elemento no construido más relevante fue el gran palacio de la plaza central, mientras que de los dos lagos solo se instaló uno. Hay que tener en cuenta además que Fontserè no preveía mantener ningún edificio de la Ciudadela, como finalmente sucedió. En cuanto al proyecto paisajístico, Fontserè combinó la racionalidad de los parterres de filiación clasicista con la exuberancia y frondosidad de los jardines románticos, en un ejercicio de eclecticismo típico de la arquitectura historicista de mediados del siglo xix.[30]

El 22 de marzo de 1872 se adjudicó la dirección de las obras a Fontserè, al frente de una comisión integrada por los arquitectos Elies Rogent, Joan Torras y Antoni Rovira i Trias.[31]

La lentitud de las obras fue motivada principalmente por el hecho de que la comisión no abordó el proyecto en su conjunto, sino que fue aprobando paulatinamente trabajos parciales, hecho que motivó finalmente la mutilación del proyecto original de Fontserè. También influyeron las dificultades presupuestarias motivadas generalmente por la alternancia política al frente del Ayuntamiento, así como los pleitos judiciales con los herederos de los antiguos propietarios del terreno desposeídos por Felipe V para la construcción de la fortaleza.[31]

Fontserè contó con la colaboración de un joven Antoni Gaudí, que intervino en el proyecto de la Cascada Monumental, uno de los puntos neurálgicos del parque, donde realizó el proyecto hidráulico y diseñó una gruta artificial debajo de la Cascada. También trabajó probablemente en la reja de entrada y en la balaustrada del monumento a Aribau.[33]

Proyectos para el Museo Martorell de Geología: arriba, de Josep Fontserè; abajo, de Antoni Rovira i Trias.

Los trabajos de jardinería fueron responsabilidad de Ramón Oliva, director de los jardines públicos de Barcelona desde 1874 y responsable también de diversos proyectos jardinísticos en otras ciudades españolas, como el Campo Grande de Valladolid y el Campo del Moro de Madrid. Oliva, formado en Bélgica, aplicó a la jardinería las innovaciones de la Revolución Industrial, especialmente en el uso de maquinaria, pero también en la gestión con criterios empresariales.[34]

Las primeras obras se efectuaron en la zona del Borne, donde el antiguo paseo de la Explanada fue reconvertido en una nueva zona residencial cuyos beneficios sirvieron para sufragar las obras del parque; aquí se edificó además el mercado del Borne.[35]

La llegada a la alcaldía de Rius y Taulet en 1881 relanzó el proyecto y durante los siguientes años se finalizaron numerosas obras, como la de la Gran Cascada en 1882, la del Umbráculo en 1883 —edificado según un diseño de Fontserè— o la Vaquería Suiza —un café-restaurante situado junto a la estación de Francia— en 1884. Sin embargo, en 1884 se acordó mantener diversos edificios de la antigua fortaleza y reconvertirlos en museos y palacios de exposiciones, lo que eliminó definitivamente el proyecto fontseriano de un gran palacio central.[37]

Por otro lado, en los años 1880 surgió una nueva concepción de parque más simbólico y vinculado al catalanismo, alejado de la asepsia política que le había conferido Fontserè, lo que se concretó en monumentos como los dedicados a Prim o Aribau, o en el proyecto de una galería de catalanes ilustres que se concretaría en el cambio de siglo con la colocación de diversos bustos de catalanes destacados en diversas actividades.[36]

Un parque científico

Columna meteorológica

El parque de la Ciudadela fue concebido como un parque científico y de difusión de la cultura, en el marco de los adelantos científicos logrados en el siglo xix. Buena parte de las obras arquitectónicas efectuadas respondían a ese objetivo, como el Umbráculo y el Invernáculo, los cuales, junto a un jardín botánico que finalmente no se constituyó, suponían unos exponentes de conservación y divulgación de especies botánicas; o los museos de Geología y Zoología, que junto al parque zoológico están dedicados a las ciencias naturales. Para la ubicación de estos museos Fontserè se inspiró en el Jardin des Plantes de París, cuyos museos de historia natural se encuentran en los laterales.[38]

Además de las muestras exhibidas en el interior de los museos se situaron a lo largo del parque diversos exponentes de contenido científico: en el exterior del Museo Martorell de Geología se colocaron una serie de piedras y rocas de diverso origen, así como un dolmen y un menhir procedentes de Capmany ( Alto Ampurdán); aunque estos dos últimos ya no se encuentran aquí, la colección de rocas todavía es visible frente al museo.[38]

Frente al Umbráculo se situó también un parque meteorológico, planificado por el marino, historiador y meteorólogo Josep Ricart i Giralt en 1884, que incluía una columna meteorológica y una mesa de mármol con distancias entre Barcelona y las principales ciudades del mundo. La primera incluía un reloj de sol, un termómetro, un barómetro y un higrómetro, al tiempo que la columna de mármol, de forma prismática, señala los cuatro puntos cardinales; los aparatos se han perdido y hoy día solo queda la columna. En cuanto a la mesa de distancias, está diseñada en estilo Beaux-Arts, y tiene un punto en el centro que señala Barcelona y el resto de ciudades colocado de forma radial.[39]

Por otro lado, estaba previsto hacer una serie de réplicas de animales prehistóricos, de los cuales solo se realizó el Mamut, obra de Miquel Dalmau de 1907, situado junto al lago. También debía haber un parque geológico, del cual el único elemento confeccionado fue una réplica de la montaña de Montserrat, que aún se conserva dentro del recinto del Zoo, dedicada a la fauna ibérica. El conjunto se completaba con la cascada, que incluía un acuario y una gruta con estalactitas, hoy día cerrada al público.[38]

La Exposición Universal de 1888

Exposición Universal de Barcelona: plano general y vistas de las principales construcciones

La idea de organizar una Exposición Universal en Barcelona la tuvo el empresario gallego Eugenio Serrano de Casanova, pero ante la imposibilidad de Serrano de llevar a cabo el evento en solitario asumió el proyecto el Ayuntamiento presidido por Francisco Rius y Taulet.[41]

El 30 de abril de 1886 Fontserè fue destituido como director de las obras del parque, ya que se había mostrado reacio a albergar la exposición en el recinto, que se habría visto afectado por las obras del evento; en su lugar fue nombrado director Elies Rogent. El nuevo arquitecto tuvo que sortear numerosas dificultades, entre otras el abandono final del ejército de las instalaciones militares, ya que hasta el 4 de septiembre de 1888 no se libró al Ayuntamiento el último edificio, el arsenal.[43]

Vista general de la Exposición

La Exposición Universal tuvo lugar entre el 8 de abril y el 9 de diciembre de 1888. Además de la sección oficial, concurrieron un total de 22 países de todo el mundo y recibió unos 2 240 000 visitantes. El incentivo de los actos feriales conllevó la mejora de las infraestructuras de toda la ciudad, que dio un enorme salto hacia la modernización y el desarrollo. Asimismo, supuso el banco de pruebas de un nuevo estilo artístico, el modernismo, que hasta principios del siglo xx fue el que imperó en las nuevas construcciones de la ciudad.[44]

Para la Exposición se construyó el Arco de Triunfo, diseñado por Josep Vilaseca en estilo neomudéjar.[47]

Por otro lado, se urbanizó todo el frente marítimo de la ciudad, entre el parque de la Ciudadela y las Ramblas, a través de la construcción del paseo de Colón y un nuevo muelle, el Moll de la Fusta (muelle de la Madera). Igualmente, se empezó a urbanizar la plaza de Cataluña, un proceso que culminaría en 1929 gracias a otra Exposición, la Internacional de Industrias Eléctricas; se cubrió la Riera d'en Malla, dando lugar a la rambla de Cataluña; se inició la avenida del Paralelo y se prolongó el paseo de San Juan hacia Gracia y la Gran Vía de las Cortes Catalanas hacia poniente.[49]

Varios de los edificios construidos para la Exposición se han conservado: el restaurante (conocido como Castillo de los Tres Dragones y actual Museo de Zoología), obra de Lluís Domènech i Montaner; el Invernáculo, obra de Josep Amargós; el Museo Martorell de Geología, de Antoni Rovira i Trias; y el Umbráculo, de Josep Fontserè.

Desarrollo posterior

Réplica de la montaña de Montserrat (1895)

Tras la Exposición decayó la euforia inicial con que se había acometido el diseño del parque y muchos de los proyectos pensados inicialmente para el recinto quedaron en el tintero, como un panteón de catalanes ilustres, una biblioteca de autores catalanes, un jardín botánico o la reconversión del antiguo arsenal en palacio real.[50]

Las siguientes intervenciones en el parque siguieron las líneas generales del proyecto de Fontserè, aunque con modificaciones. El objetivo siguió siendo un parque destinado al ocio, la cultura y el simbolismo catalanista. Los primeros trabajos se encaminaron al desmantelamiento de los pabellones construidos de forma provisional para la Exposición —algunos de ellos se mantuvieron hasta bien entrado el siglo xx, como el palacio de Bellas Artes o la nave central del palacio de la Industria—, así como la restauración y consolidación de los que debían quedar de forma permanente. Las principales dificultades consistieron en armonizar dentro del parque la zona del antiguo patio de armas y el espacio semicircular dejado por el palacio de la Industria.[51]

Monumento a Prim (1900)

En 1892 se inauguró el Zoo, con animales procedentes de la colección privada de Lluís Martí i Codolar.[53]

En 1904 se instaló en la plaza de armas del parque un velódromo, formado por una pista de madera para bicicletas y gradas también de madera para los espectadores. Inaugurado el 27 de septiembre, a finales de ese mismo año fue desmontado.[54]

Barcelona y su parque, película de 1911 dirigida por Segundo de Chomón

Durante los primeros años del siglo xx el parque fue objeto de numerosos estudios para establecer unas directrices definitivas sobre su función y su ubicación en el entramado urbano, especialmente ante la aprobación en 1903 del nuevo proyecto urbanístico para la Ciudad Condal, el Plan Jaussely.[57]

Desde 1908 se celebraron en el palacio de Bellas Artes los Juegos Florales y surgió la idea de colocar como colofón cada año un busto dedicado a un personaje ilustre catalán, retomando el antiguo proyecto de un panteón de catalanes ilustres, aunque en este caso al aire libre. Se siguió esta costumbre hasta 1913, ya que al año siguiente se interrumpió por el estallido de la Primera Guerra Mundial. En esos años se colocaron los bustos de Manuel Milà i Fontanals (1908), Emili Vilanova (1908), Marià Aguiló (1909), Víctor Balaguer (1910), Lleó Fontova (1910), Teodor Llorente (1912) y Joan Maragall (1913). La mayoría se encuentra en el llamado «jardín romántico», en el sector occidental del parque.[58]

Montaña rusa Los Urales, Saturno Park

En 1911 se instaló en el antiguo patio de armas de la fortaleza el parque de atracciones Saturno Park. En su día fue el lugar de ocio predilecto de los barceloneses, que disfrutaban de atracciones como las montañas rusas Los Urales, el tobogán Water Chutt, la pista de coches eléctricos Witching Waves o la pista de patinaje Skating Ring.[59]

Por otro lado, en 1913 la Vaquería Suiza fue reconvertida en sede del Servicio Municipal de Alcantarillado e Higiene, aunque en 1926 fue derribada y en su lugar se construyó un colegio, el actual CEIP Parc de la Ciutadella.[61]

En 1916 se construyó un casino entre el lago y la cascada, obra del arquitecto Josep Plantada en estilo renacentista francés. Tenía dos pisos, el inferior destinado a café-restaurante y el superior donde se ubicaba el casino. Fue derribado en 1964.[62]

El arquitecto y paisajista Nicolau Maria Rubió i Tudurí, director de Parques y jardines de Barcelona, efectuó algunas intervenciones en el parque en 1927: mandó derribar el palacio de la Industria, restauró jardines y edificios, amplió el Zoo, trazó un nuevo diseño para el llamado paseo Militar —el que va de la estatua de Prim a la calle Wellington—, amplió los jardines diseñados por Forestier y adaptó el paseo de Circunvalación al tránsito automovilístico.[57]

Umbráculo de la Ciudadela (1922)

En 1932 el arsenal de la antigua fortaleza fue convertido en sede del nuevo Parlamento de Cataluña, tras la restauración de la Generalidad al inicio de la Segunda República.[64]

Tras la Guerra Civil fueron derribados algunos edificios e infraestructuras dañados por los bombardeos, como el palacio de Bellas Artes o el puente de la sección marítima. El arsenal fue de nuevo dedicado a Museo de Arte Moderno, el cual fue inaugurado en 1945. La iglesia, que en 1934 había sido destinada a panteón del presidente de la Generalidad Francesc Macià, fue reconvertida en capilla castrense. El palacio del gobernador se convirtió en un instituto femenino de educación secundaria.[64]

El nuevo consistorio franquista descuidó el parque durante bastantes años e incluso aprobó una ampliación del adyacente mercado de frutas y verduras que comportó la eliminación de varias filas de árboles del paseo del General Martínez Anido (actualmente de Picasso). Esta actuación provocó una reacción de la opinión pública barcelonesa a favor del parque, lo que conllevó que el 21 de diciembre de 1951 fuese declarado jardín histórico-artístico, tras un dictamen de la Academia de San Fernando de Madrid.[64]

Video de Copito de Nieve, el emblema del Zoo de Barcelona, llegado en 1966

La etapa al frente de la alcaldía de José María de Porcioles (1957-1973) significó un nuevo impulso para el parque, que fue restaurado y donde se trazaron nuevos proyectos. En 1956 se aprobó la ampliación y modernización del Zoo, con unos nuevos criterios más naturalistas y unas nuevas instalaciones más atractivas para el público. El acotamiento del nuevo Zoo, que ocupaba más de un tercio de la superficie del parque, inutilizó diversos tramos del paseo de Circunvalación, que fueron destinados en 1961 a zonas verdes. Entre 1958 y 1965 surgieron varios proyectos destinados al público infantil: una ciudad en miniatura, un jardín infantil con biblioteca y un parque de tránsito. Entre 1961 y 1964 se remodelaron los jardines del lago, lo que conllevó el derribo del casino ubicado en esa zona.[65]

Tras el restablecimiento de la democracia el arsenal volvió a su labor parlamentaria y la colección de arte fue trasladada al Museo Nacional de Arte de Cataluña.[67]

En 1982 se abrió el paseo del Borne, que unía el mercado con la iglesia de Santa María del Mar, con un proyecto de Roser Amadó y Lluís Domènech i Girbau. La reforma comportó la remodelación del paseo de Picasso, que contó como elemento más destacado la instalación del monumento Homenaje a Picasso, obra de Antoni Tàpies.[68]

Con motivo del centenario del parque en 1988 se efectuaron diversas obras de rehabilitación: se restauró el Umbráculo, se actualizó la iluminación, la canalización de riego y el mobiliario urbano, y se etiquetaron numerosas especies vegetales.[69]

Entre las últimas intervenciones efectuadas cabe señalar las producidas entre 2009 y 2010, que generaron bastante polémica: se eliminó el parque infantil de tránsito, cuyos terrenos fueron aglutinados al Zoo, con la pérdida de uno de los dos jardines de ampliación de la plaza de armas proyectado por Rubió i Tudurí en 1927; y se construyó un polideportivo junto a la entrada al parque por la avenida de Picasso, lo que supuso la pérdida de 2000 m² de jardines.[70]