Parque Lezama

Parque Lezama

El Parque Lezama es un tradicional paseo en la Ciudad de Buenos Aires. Está delimitado por las calles Defensa y Brasil y las avenidas Martín García y Paseo Colón, y se encuentra en el barrio de San Telmo, aunque limita con los barrios de La Boca y Barracas.[1]

Se caracteriza por sus avenidas arboladas, su anfiteatro y la barranca que cae hacia las avenidas Martín García y Paseo Colón. En su terreno se encuentra el Museo Histórico Nacional.

Historia

Vista desde la Quinta Lezama hacia Av. Martín García, tomada en 1867.
El Portón de Parque Lezama, demolido junto a la reja perimetral en 1931.
Lago (hoy anfiteatro), restaurante y kiosco sobre la calle Brasil. ( ca. 1900), al costado derecho resaltan las bulbosas cúpulas de la Catedral ortodoxa rusa de la Santísima Trinidad (Buenos Aires).
Una avenida del parque con sus clásicos jarrones, vista hacia el año 1900.
Plaza de toros temporaria, ubicada sobre la calle Brasil. (Foto: AGN, ca. 1900)
Monumento a Pedro de Mendoza, inaugurado en 1937 por el 400 Aniversario de la Primera Fundación de la Ciudad, supuestamente ocurrida en esta zona.

El área del actual Parque Lezama daba hasta el siglo XIX por el punto cardinal Este directamente a la costa del Río de la Plata donde hoy se ubica la avenida Paseo Colón, lo que explica su actual pronunciada barranca.
Según algunos historiadores, el parque estaría situado en el lugar llamado entonces Puntas de Buenos Aires en el que Pedro de Mendoza realizó la primera fundación de la ciudad de Buenos Aires en 1536. Este primitivo asentamiento sería abandonado al año siguiente, luego del asedio de los indígenas locales, y por ello su ubicación ha sido un tema de debate entre arqueólogos e historiadores.

Los terrenos que hoy ocupa el parque fueron repartidos por Juan de Garay en 1580 a Alonso de Vera, y quedaron desde siempre fuera del trazado del casco central de la ciudad. Fueron terrenos deshabitados, cuyo nombre popular era “Punta de Santa Catalina”, por lo menos hasta 1739 cuando los compró María Bazurco, quien luego los loteó y repartió.

Hacia fines del siglo XVIII, parte del actual parque era utilizado por la Compañía de las Filipinas, vendedora de esclavos. En 1802, el predio pasó a manos de Manuel Gallego y Valcárcel. A su muerte, en 1808, fue comprado en un remate público por Daniel Mackinlay en 1812 —quien comenzó la forestación del sitio—, en esa época se le llamó La Residencia y fue lugar de duelos como el ocurrido entre Juan Mackenna y Luis Carrera en 1814, y finalmente fue enajenada por los herederos del irlandés-argentino Mackinlay al inglés Charles Ridgley Horne, en 1846. Éste amplió el terreno original al comprar tierras vecinas, y construyó una mansión sobre la actual calle Defensa, pero en 1852, con la caída de Juan Manuel de Rosas, tuvo que exiliarse en Montevideo. Durante años flameó en la casona el pabellón británico, y así los porteños se acostumbraron a llamarla la Quinta de los Ingleses, como figura en diversos planos urbanos de la época, y se menciona en el célebre relato de Esteban Echeverría El matadero.

El predio fue vendido en 1857 al terrateniente salteño José Gregorio de Lezama, quien anexó terrenos hasta la actual calle Brasil. Lezama remodeló la mansión y convirtió el lugar en un importante parque privado diseñado por el paisajista belga Charles Vereecke, ya que era un gran aficionado a la botánica. También en 1858, durante la epidemia de cólera que devoró la ciudad, funcionó allí un lazareto. Luego de la muerte del estanciero en 1889, su viuda Ángela de Álzaga vendió en 1894 el terreno a la Municipalidad de Buenos Aires por un valor simbólico ($1.500.000), con la condición que fuera convertido en un parque público que llevase el nombre de su marido. En la lujosa y ampliada mansión de la calle Defensa fue instalado en 1897 el Museo Histórico Nacional; en sus salas se exhiben más de 50.000 piezas relacionadas con la historia de la Argentina hasta 1950.

El diseño del nuevo parque público fue realizado en 1896 por el paisajista francés Charles Thays, que trabajó intensamente para la Municipalidad por décadas. La Municipalidad adquirió las casas que se abrían tanto hacia la calle Defensa como hacia Brasil, para ampliar el terreno al demolerlas. Estas demoliciones arrojaron gran cantidad de escombros que fueron usados para darle mayor altura al terreno sobre la calle Brasil. En la parte baja del terreno se levantó una escuela, que al principio funcionó en las caballerizas, pero todo fue demolido, incluso el nuevo edificio escolar de dos pisos, antes de 1950.[2]

Hacia 1900 se construyó en Brasil y Balcarce un restaurante con forma de molino. Pero el parque tenía otras construcciones: un tren con estación para niños, un teatro abierto hecho en 1908, una provisional plaza de toros, un lago con góndolas sobre la calle Brasil, un kiosco, un lactario y tambo, una pérgola y rosedal sobre la avenida Martín García, una pista de patinaje, un enorme palco-tribuna para fiestas, un circo, un picadero y varios monumentos levantados durante y a partir de 1936.

En 1914, el lago fue reemplazado por un anfiteatro a cielo abierto que primero tuvo tribunas de madera, luego reemplazadas por instalaciones de cemento revestidas en adoquines. Vale mencionar que frente al hoy anfiteatro, se construyó entre 1898 y 1901 el templo de la Iglesia Ortodoxa Rusa, obra del arquitecto Alejandro Christophersen.

En 1931, la reja que rodeaba al predio y era herencia de los tiempos de José Lezama, fue demolida por orden del intendente José Guerrico, y así el parque quedó abierto al público de forma permanente. Sin embargo, y hacia fines de 1990 comenzaron nuevas propuestas para volver a cercar el parque, una costumbre que se extendió en Buenos Aires por esos años debido a la falta de seguridad y vandalismo que sufren los espacios públicos porteños de noche.[3]

Restauraciones

El parque tuvo dos restauraciones realizadas en 1999 y 2003, hechas por el Gobierno de la Ciudad, a cargo de De Anibal Ibarra. Gracias a esta restauración se incorporó tres baños químicos, dos canchas de papi fútbol, nuevos cestos y bancos, más luces, farolas coloniales en el anfiteatro, 20 mil metros cuadrados de césped recién plantado y rejas.[5]

Obras del 2015

A principios de junio de 2013, en la Comisión de Cultura del Congreso Nacional, se aprobó un proyecto para declarar al Parque Lezama como Monumento Histórico Nacional, poniendo en custodia de la Comisión Nacional de Museos y de Monumentos y Lugares Históricos todos los bienes muebles e inmuebles que allí se encuentran, así como el paisaje urbano y natural.[10]

En 2015 se renovaron todos los solados internos y las veredas perimetrales. Los caminos asfaltados fueron ligeramente retocados en su traza y reemplazados por senderos de piezas premoldeadas de color teja, semejantes a los pisos originales de ladrillo. También se sumaron bancos, cestos de basura y bebederos, y se construyó un nuevo patio de juegos.[11]

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