Panteón de reyes de la Catedral de Oviedo

Panteón de Reyes de la catedral de Oviedo.

El Panteón de reyes de la catedral de Oviedo se encuentra ubicado en el interior de la capilla de Nuestra Señora del Rey Casto de la catedral de San Salvador de Oviedo, que está situada en el lado norte del crucero,[1]​ y en él recibieron sepultura numerosos miembros de la realeza astur-leonesa durante la Alta Edad Media.

El primitivo panteón real se encontraba en el interior de la iglesia de Nuestra Señora del Rey Casto, adosada a la catedral de Oviedo, y había sido construido por deseo del rey Alfonso II de Asturias, en el siglo IX,[4]

El primitivo panteón de reyes

Alfonso II de Asturias. Miniatura del Tumbo A de la catedral de Santiago de Compostela.

El rey Alfonso II de Asturias ordenó a principios del siglo IX[6]

El primitivo panteón real ocupaba el nártex de la iglesia de Ntra. Sra. del Rey Casto, y el ingreso principal a esta última, en vez de realizarse a través de aquél, se realizaba mediante una portada abierta en el brazo meridional del crucero de la iglesia, a fin de dedicar el nártex exclusivamente a contener los restos mortales de los monarcas allí sepultados.

El primitivo panteón real era una pequeña estancia cuadrilonga de veinte pies de ancho, correspondiéndose de ese modo con la anchura de la nave principal de la iglesia, de doce pies de fondo, y con unos ocho o diez pies de alto.[2]​ al igual que en las iglesias de San Miguel de Lillo o de San Salvador de Valdediós, se encontraba situado sobre el nártex.

A ambos lados del panteón había dos camarines de similares medidas a las de aquél, y en uno de ellos se encontraba la escalera que permitía el acceso a la tribuna situada sobre el panteón, y el otro posiblemente estuviera destinado a guardar los objetos de culto del templo. El panteón se comunicaba con la iglesia mediante una estrecha puerta, frontera al altar mayor de la iglesia, y una pequeña ventana, y ambas, según refieren los cronistas de la época, estaban cerradas con gruesas barras de hierro que casi impedían la entrada de la luz solar en el panteón.[7]

En el panteón real, que era de apariencia «humilde y sencilla»,[9]

Fachada principal de la catedral de Oviedo.

Cerca de la escalera que comunicaba la iglesia con el coro alto o tribuna se encontraba una tumba que había sido muy venerada en el siglo XVI, debido a la creencia generalizada de que en ella descansaban cuerpos santos. No obstante, el cronista Ambrosio de Morales supuso en el mismo siglo que los restos allí sepultados ya habrían sido extraídos y depositados en otro lugar. Dicha tumba se hallaba cubierta con una losa de mármol, y en ella, aunque desgastada y casi ilegible, se conservaba una inscripción latina que rezaba «Adepti...Regna Celestia potiti».

En el panteón real, y junto a la entrada, se encontraba el sepulcro que supuestamente contenía los restos del rey Alfonso II, alzado dos pies sobre el suelo, y cubierto por una tapa acofrada carente de adornos y de inscripción, aunque la tradición y el lugar preeminente que ocupaba dicha tumba demostraban, en opinión de diversos historiadores, que en ella reposaban los restos del fundador de la iglesia y del panteón real.[11]

Campaña de Almanzor (986)

Retrato imaginario de Bermudo II. José María Rodríguez de Losada. ( Ayuntamiento de León).

Durante la campaña llevada a cabo por Almanzor en el año 986 contra el reino de León, el rey Bermudo II ordenó trasladar a la iglesia de Nuestra Señora del Rey Casto de Oviedo los restos mortales de varios reyes, reinas e infantes, que se encontraban sepultados en León, Astorga y otros lugares, a fin de impedir que fueran profanados por las tropas musulmanas.[17]

Los restos mortales de los monarcas e infantes fueron introducidos en siete cajas de madera y trasladados a la ciudad de Oviedo, y al no haber espacio suficiente en el panteón real para albergarlos, fueron depositados en la iglesia. En cada una de las siete cajas descansaban los restos de los siguientes individuos:[17]

  1. Alfonso III de Asturias y su esposa, Jimena de Asturias.[17]
  2. Ordoño II de León y sus esposas Elvira Menéndez y Sancha de Pamplona.[17]
  3. Ramiro II de León, Sancho I, Teresa Ansúrez, Ordoño III y la reina Elvira.[18]
  4. Fruela II de León y su primera esposa, Nunilo Jimena.[19]
  5. Elvira Ramírez, hija de Ramiro II y tutora del rey Ramiro III de León.[20]
  6. Urraca Sánchez, esposa del rey Ramiro II de León.[17]
  7. En la séptima se encontraban los restos de varios infantes e infantas.[17]

Tras la muerte de Almanzor, y la de su hijo Abd al-Malik al-Muzaffar, el rey Alfonso V repobló la ciudad de León y trasladó a ella la mayor parte de los restos de los reyes que su padre, el rey Bermudo II, había llevado a Oviedo.[21]

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