Pan ácimo

Pan ácimo.
Detalle de la torta cenceña típica de Albacete.

Pan ácimo (ázimo o cenceño) es el pan que se elabora sin levadura. Su masa es una mezcla de harina de algún cereal con agua, a la que se le puede añadir sal. A esta masa se le da la forma deseada antes de someterla a temperatura alta para cocinarla. La harina utilizada generalmente es de trigo, cebada, maíz u otros cereales.

Características

Por mucho tiempo el pan ácimo fue el único que conocía la humanidad; se preparaba con harina integral y se cocinaba poniendo la masa sobre piedras calentadas al sol o cenizas calientes.[1]

Posteriormente el pan ácimo fue evolucionando hasta convertirse en muchas de las variedades de pan que conocemos hoy en día. Esa evolución se dio gracias a que se inventaron los hornos, se descubrió la levadura, las harinas comenzaron a ser refinadas y se incorporaron al pan nuevos añadidos como aceites, mantequillas, especias, etc. Sin embargo, actualmente muchas personas siguen elaborando el pan ácimo, bien sea por razones de sencillez (el pan ácimo es el más fácil de elaborar), por razones religiosas o de salud.

Como el pan ácimo se elabora con harina integral y sin grasas, resulta más saludable que los panes blancos que se elaboran con harinas refinadas, y que muchos panes integrales que recurren a grasas como aceite o mantequilla.[ cita requerida]

En las religiones abrahámicas

El pan ácimo, de forma redonda y delgada, era preparado por los judíos durante la víspera de la pascua para comerlo en recuerdo de la noche del éxodo. La fiesta agrícola de los ázimos duraba siete días.[ cita requerida] El primer día coincidía con la pascua, de ahí que la fiesta de los ázimos fuese desde el siglo VII, al menos, fiesta de la pascua. Al no ser tratada la masa con la levadura vieja de la cosecha anterior, este pan significaba pureza; procedía de una masa nueva, sin la vieja levadura. San Pablo equipara el pan ázimo con la sinceridad y verdad.

Las Iglesias de Oriente adoptaron el pan natural y las de Occidente (católicos y luteranos) el ácimo.[2] El Concilio Vaticano II ha autorizado la utilización del pan fermentado. En realidad, el simbolismo de los ácimos en la liturgia actual cuenta poco. Lo importante para la eucaristía es el pan que se pueda partir, compartir y comer, el cuerpo de Cristo (después de la Consagración).

Para judíos y cristianos el pan ácimo tiene un significado especial. La tradición judeocristiana cuenta que el pueblo de Moisés salió huyendo intempestivamente de Egipto, sin mucho tiempo para terminar de preparar el pan, por lo que durante el viaje hacia Israel el pan que se consumió era pan ácimo. Por ello los judíos elaboran un pan ácimo llamado matzá para ser consumido durante la conmemoración de la salida de Egipto, conocida como Pésaj.[3] Los cristianos católicos emplean durante la eucaristía una especie de pan ácimo en forma de oblea llamada hostia, el sacerdote consagra el pan y el vino por medio de una fórmula sacramental que pronuncia el sacerdote celebrante, lo que produce el efecto de la transubstanciación, es decir, se convierte en el cuerpo de Cristo, en conmemoración de la última cena de Cristo con sus apóstoles, durante la cual él tomó pan ácimo, lo partió y lo repartió a sus discípulos diciendo que era su cuerpo. Otros cristianos como los adventistas también usan el pan ácimo durante sus celebraciones.

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