Palacios en Santiago de Chile

La edificación de palacios en Santiago de Chile fue producto de la bonanza económica que tuvo Chile en la década de 1870. Muchos enriquecidos empresarios de la agricultura y la minería adquirieron terrenos en la capital chilena, donde construyeron mansiones para residir, en algunos casos combinados con comercios. La suntuosidad de las construcciones hizo que fueran llamados «palacios», los que se levantaron principalmente en las vecindades de las calles Alameda de las Delicias y calle Dieciocho, así como también en las ciudades de Valparaíso y Punta Arenas. El diseño y construcción de estas edificaciones fueron encargadas en su mayoría a arquitectos extranjeros durante el siglo XIX y a arquitectos chilenos a partir del siglo XX. A comienzos del siglo XX, se realizó la construcción de otras grandes mansiones que también fueron llamadas «palacios». Muchos de estos han sido adquiridos con el tiempo por diversas instituciones que se han encargado de mantenerlos con su antiguo esplendor. Otros han sido demolidos por la desidia de sus propietarios que ha derivado en un mal estado de conservación. Gran parte de los «palacios» todavía llevan el apellido de las familias a las cuales pertenecieron.

Antecedentes

El palacio Concha (1920) es la puerta de entrada al Barrio Concha y Toro.

El auge económico producido por la explotación de la plata en el Mineral de Caracoles y de los yacimientos de salitre por parte de capitales chilenos, hizo que las antiguas minas de Chile se despoblaran de buena parte de sus trabajadores y aún más de sus empresarios. Todos querían dirigirse a Caracoles, veintiún años antes que lo hicieran a California durante la fiebre del oro.

Se produjo una expansión económica en todo orden, para 1872 se habían creado 29 sociedades mineras. Los magnates de la minería compraban grandes haciendas, adquirían maquinarias modernas e implementaban nuevos cultivos. Los hacendados adquirieron gran cantidad de cabezas de ganado en Argentina, la vitivinicultura y el vino chileno experimentaron un notable progreso con la incorporación de nuevas cepas, tecnología y técnicos enólogos europeos.

Los gastos suntuarios subieron en forma desmedida, casi todos los artículos de esta naturaleza eran de procedencia francesa, alcanzando la cuarta parte del total de las importaciones.

La edificación tomó un vuelo extraordinario y, entre mayo de 1872 y abril de 1873, se concedieron en Santiago 448 permisos de edificación, muchos de ellos correspondientes a la construcción de palacios.

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