Palacio de Liria

Palacio de Liria
Bien de Interés Cultural
Patrimonio histórico de España
Palacio de Liria (Madrid) 02.jpg
Vista desde el Cuartel del Conde-Duque
Declaración 1974
Figura de protección Monumento
Coordenadas 40°25′40″N 3°42′45″O / 40°25′40″N 3°42′45″O / -3.7124
Ubicación Bandera de Madrid.svg Madrid
Flag of Spain.svg  España
Construcción H. 1767- 1785
Estilos predominantes Neoclásico
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España
Monumento Nacional

El palacio de Liria es un gran palacio urbano español del siglo XVIII, residencia de la Casa de Alba en Madrid, y principal sede de su colección de arte y archivo histórico, ambos de gran valor.[1]​ Se ubica en los números 20-22 de la actual calle de la Princesa, en una zona conocida antaño como barrio de los Afligidos. De él se cuenta que es el domicilio particular más grande de Madrid (200 estancias en 3500 m²) y que sus amplios jardines son los únicos de propiedad privada que figuran destacados en muchos planos de la ciudad.

Fue reconocido ya en su época como la mejor mansión de la aristocracia madrileña, solo superado por el Palacio Real.

Construcción en el siglo XVIII

En la construcción del palacio de Liria intervinieron, entre otros arquitectos, el francés Louis Guilbert y Ventura Rodríguez. Sus promotores y primeros propietarios no fueron los duques de Alba de Tormes sino otra saga aristocrática, de origen británico: los duques de Berwick. Fue décadas después de su inauguración cuando el palacio pasó a asociarse a la Casa de Alba, por fusión con la de Berwick.

El primer duque de Berwick, James Fitz-James (1670-1734), fue un hijo ilegítimo del rey Jacobo II de Inglaterra que se labró una larga carrera militar. Tras residir mayormente en Inglaterra y Francia, echó las raíces de su linaje en España cuando entró al servicio del pretendiente francés Felipe de Borbón en la Guerra de Sucesión Española. Por su triunfo en la decisiva batalla de Almansa ( 1707), el duque de Berwick recibió del flamante primer rey Borbón español, Felipe V, el ducado de Liria y Jérica así como el Toisón de Oro.

Tras una guerra que había durado más de diez años el contexto político en España seguía siendo inestable, y los duques de Liria decidieron erigir su residencia madrileña en un barrio con gran presencia militar, cerca del Real Alcázar; colindante con su parcela se construía el Cuartel del Conde-Duque para las tropas de Guardia de Corps, encargadas de proteger a la familia real.

La construcción del palacio se demoró por diversas causas y finalmente (tras un lapso de cuatro décadas) fue el III duque de Liria quien lo impulsó y terminó gracias a las cuantiosas rentas que percibía por el ducado de Veragua. Aunque vivía de manera habitual en París, decidió construir en Madrid una gran mansión al nuevo gusto neoclásico, que encargó a Louis Guilbert. Este arquitecto —del que subsiste poquísima documentación— se inspiró en las residencias urbanas de tipo petit hôtel que estaban de moda en la capital francesa. Las obras se iniciaron hacia 1767, pero se alargaron varios años y Guilbert fue despedido en 1771, debido a deficiencias constructivas en el palacio (aparecieron grietas) y también por sospechas de malversación. Para culminar los trabajos se recurrió a Ventura Rodríguez, a quien los historiadores atribuían los mayores méritos del edificio, pero las últimas investigaciones matizan tal autoría: Guilbert hubo de ser el principal autor y Ventura Rodríguez se habría limitado a rectificar errores técnicos. De hecho ahora se juzga que Liria no encaja en el estilo que él desarrollaba entonces. La fase de construcción se dio por terminada en 1785 y los interiores fueron rápidamente equipados y decorados: al año siguiente el cronista Joseph Townsend describió el palacio como el más elegante y confortable de la ciudad, y en 1787 el novelista William Beckford lo elogió como «la mansión más espléndida de Madrid». En sus salones se celebraban animadas tertulias, con música, sesiones de dibujo y cenas hasta la madrugada. En siglos posteriores han seguido visitando Liria personajes ilustres como Unamuno, Gregorio Marañón, Ortega y Gasset, el crítico de arte Bernard Berenson, estrellas de cine como Audrey Hepburn, Charlton Heston y Sofía Loren, y la familia real española. En 1968 se alojó aquí la antigua reina Victoria Eugenia (en el exilio desde 1931) al regresar fugazmente a Madrid con motivo del bautizo del actual rey Felipe VI. En febrero de 2015, visitaron el palacio el veterano diseñador Valentino y Elizabeth Hurley.

En 1802 falleció sin hijos María del Pilar Teresa Cayetana de Silva y Álvarez de Toledo, XIII duquesa de Alba de Tormes y musa de Goya, y fue entonces cuando las casas nobiliarias de Alba y Berwick (Liria) se unieron bajo un mismo titular: su familiar Carlos Miguel Fitz-James Stuart y Silva, quien pasó a ser XIV duque de Alba de Tormes y VII duque de Berwick y quien estaba emparentado con la fallecida duquesa de Alba por ser el sobrino-bisnieto de Fernando de Silva y Álvarez de Toledo, XII duque Alba de Tormes y abuelo de la XIII duquesa de Alba de Tormes.

Las propiedades que el nuevo duque heredó no incluyeron la residencia habitual de su tía, el palacio de Buenavista, adquirido por el Ayuntamiento de Madrid, por lo que la saga Berwick-Alba mantuvo Liria como su domicilio principal. Buenavista pasó a manos de Manuel Godoy, cedido por el Ayuntamiento, y actualmente es Cuartel General del Ejército. La otra importante residencia de la difunta duquesa de Alba, el palacio de la Moncloa, tampoco pasó a los Berwick ya que, a su fallecimiento, el rey Carlos IV lo adquirió junto con la huerta para añadirlos al Real Sitio de la Florida que, a partir de entonces, fue conocido como el Real Sitio de la Moncloa.

Liria fue ligeramente reformado hacia 1900 por Edwin Lutyens, pero dichos cambios no subsistieron al incendio que arrasó sus interiores en 1936, tras el cual fue reconstruido según planos del mismo arquitecto inglés.

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