Palacio Real de El Pardo

Palacio Real de El Pardo
Palacio Real de El Pardo - 01.jpg
Fachada principal del palacio
Información general
Uso(s) Residencia real, museo
Estilo Renacentista, clasicista, tardobarroco
Catalogación Bien de Interés Cultural
Localización Madrid
Coordenadas 40°31′17″N 3°46′30″O / 40°31′17″N 3°46′30″O / -3.77506
Fecha de construcción 1547-1558
Remodelación 1772-1778 por Francisco Sabatini
Propietario

Patrimonio Nacional,
anteriormente:
Patrimonio de la República (1931-1939)

Patrimonio de la Corona (1876-1931)
Diseño y construcción
Arquitecto(s) Luis de Vega
Juan de Vergara
René Carlier
Francisco Sabatini
[ editar datos en Wikidata]

El Palacio Real de El Pardo es una de las residencias de la Familia Real española. Su principal uso en la actualidad es el de alojar a los jefes de Estado extranjeros de visita oficial en España.

Se encuentra en el Real Sitio de El Pardo, perteneciente al municipio de Madrid, en el entorno del monte protegido del mismo nombre. Su gestión corresponde a Patrimonio Nacional, organismo estatal que administra los bienes al servicio de la Corona Española. Se construyó en el siglo XVI, a partir de un edificio primitivo del siglo XV diseñado por Luis de Vega. Su aspecto actual corresponde a las reformas y ampliaciones emprendidas en el siglo XVIII, a instancias del rey Carlos III, en las que participó el arquitecto Francesco Sabatini.

Además de por sus valores arquitectónicos, el palacio destaca por su decoración interior, representativa de diferentes épocas históricas. Destacan unos frescos, obra de Gaspar Becerra, restos de la decoración pictórica que tuvo el palacio durante el reinado de Felipe II. Asimismo, es especialmente relevante su colección de tapices, del siglo XVIII, en la que figuran cinco de las series más conocidas de Francisco de Goya.

Tanto el palacio como su pequeño jardín fueron declarados Bien de Interés Cultural en 1931 y 1934, respectivamente.

Historia

Los orígenes de este palacio se remontan al año 1405, cuando el rey Enrique III de Castilla ordenó la construcción de una casa real en el Monte de El Pardo, lugar que el monarca frecuentaba, dada su riqueza cinegética. Enrique IV, por su parte, edificó sobre la misma un pequeño castillo.

El pabellón de caza de los Austrias

El Pardo en época de los Austrias.
Fachada lateral del palacio, que da acceso al Patio de los Austrias.
El palacio conserva el foso del castillo medieval sobre el que se levanta.

El emperador Carlos I, por impulso del joven príncipe de Asturias, Felipe, determinó la conversión de este castillo en palacio. A partir de 1547, comenzaron las obras siguiendo un primer diseño de Luis de Vega, autor también del palacio de Valsaín. El nuevo edificio seguía el esquema de un alcázar cuadrado, con cuatro torres en los ángulos y un patio porticado en el centro. Las fachadas de ladrillo se articulaban a través de ventanas con pequeños balcones, el único elemento escultórico remarcable era el gran portal de entrada con el escudo de Carlos I. En 1557, siendo ya rey Felipe II, se empezó a retejar el edificio con una puntiaguda techumbre de pizarra emulando la arquitectura flamenca que tanto gustaba al soberano.[3]

Felipe II fue también el responsable de ultimar la decoración del palacio siguiendo las tendencias tardorenacentistas que venían de Italia. Se realizaron elaborados estucos y pinturas murales y varios retratos obra de Tiziano o Sánchez Coello. De toda esta decoración solo se conserva el llamado "aposento de la Camarera Mayor de la Reina", con pinturas en el techo de la Historia de Perseo, obra de Gaspar Becerra.[4]

El 13 de marzo de 1604 sobrevino un gran incendio que destruyó buena parte del palacio y la mayoría de las obras pictóricas allí depositadas, si bien se salvó la llamada Venus de El Pardo, de Tiziano (actualmente en el Museo del Louvre). Se cuenta que cuando notificaron a Felipe III el siniestro, preguntó por dicho cuadro y terminó diciendo: «Si ese cuadro se salvó, lo demás no importa».

El monarca decretó la reconstrucción del edificio con un presupuesto de 80.000 ducados, concediendo la dirección de la obra a Francisco de Mora, el mismo que había sucedido a Juan de Herrera en la ejecución del Monasterio de San Lorenzo del Escorial. En 1607 pudieron empezar las obras de decoración dirigidas por Bartolomé Carducho y Pantoja de la Cruz, y a su muerte por Pedro de Valencia; esta campaña constituyó una de las empresas artísticas más importantes del reinado de Felipe III. Algunos de los pintores implicados en esta redecoración fueron Jerónimo de Cabrera o los hermanos Patricio y Eugenio Cajés.[1]

En el periodo de los Austria el palacio de El Pardo siempre estuvo ligado a la actividad cinegética, no en vano el Monte de El Pardo era uno de los cotos de caza más importantes de los alrededores de Madrid. Bajo el reinado de los últimos Habsburgo, la corte visitaba brevemente El Pardo el día de San Andrés (30 de noviembre), luego, pasadas las festividades navideñas la corte volvía para pasar alrededor de un mes (desde la primera semana de enero hasta inicios de febrero). Asimismo, los soberanos también solían visitar El Pardo sin preaviso para ir a comer o disfrutar de la caza uno o dos días.[5]

El Pardo bajo los primeros Borbones

Felipe V, primer soberano de la Casa de Borbón, visitó por primera vez El Pardo en 1701 y el lugar le pareció profundamente anticuado e inhóspito. El palacio albergaba en esa época doscientas veintidós pinturas, entre las que se incluían pintura de género y paisajes flamencos, retratos de los Habsburgo y varias copias de obras de Tiziano. Felipe V decidió cambiar radicalmente la decoración, las pinturas fueron enviadas a otros reales sitios y las paredes se recubrieron con tapices de la recién fundada Real Fábrica. Asimismo, para albergar a toda la familia real, el arquitecto René Carlier decidió tabicar dos de las tres galerías que tenía el palacio: la "Galería de la Reina" y la "Salón de Retratos".[6]

Durante su reinado, Felipe V, seducido por el carácter agreste de El Pardo lo convirtió en la principal residencia invernal de la corte en detrimento de Madrid. No en vano el soberano pasaba apenas dos meses en la capital durante todo el año.[8]

De 1738 a 1739, François Carlier, hijo de René Carlier, construyó la nueva capilla del palacio de planta octogonal y amplió la Casa de Oficios (entonces llamada Casa de Oficiales, Caballeros y Criados del Rey) de 1741 a 1745.[3]

Fernando VI, por su parte, fue el responsable de empezar la adquisición del Monte de El Pardo en nombre de la Corona (finalizada bajo Carlos III) y decretar la construcción, en 1749, de una cerca de cien kilómetros de longitud alrededor de la propiedad.[10]

Las reformas de Carlos III

Carlos III disfrutaba especialmente de la estancia en El Pardo que, una vez más, se convirtió en la principal residencia invernal, allí la corte pasaba casi tres meses el año, desde Epifanía hasta Semana Santa. El rey encargó importantes trabajos de redecoración para sus aposentos y los de la reina (habitados por la Infanta María Josefa), como la confección de nuevos tapices de temática campestre basados en los cartones de David Teniers o la realización de nuevos techos con estucos dorados obra de Roberto Michel.[11]

Sin embargo, el palacio continuó siendo exiguo para alojar a toda la familia real, por lo que a partir de 1772, Carlos III encomendó a Francesco Sabatini, uno de los arquitectos del Palacio Real de Madrid, la ampliación de El Pardo.

Sabatini edificó, al este, un nuevo edificio idéntico al viejo palacio y los coaligó ambos a través de un pabellón central que albergaría el vestíbulo en la planta baja y las antecámaras y comedor del Rey en el primer piso. El patio central del nuevo edificio recibió el nombre de "Patio de los Borbones", en oposición al "Patio de los Austrias" del viejo palacio. Para unificar el conjunto, la fachada de ladrillo rojizo de época de los Austrias se enfoscó y se pintó de color crema. El Pardo adquirió entonces un aspecto más parecido al de un château tardo-barroco francés articulado a través de pabellones y con tejados à la Mansard.

Para decorar el "Cuarto de los Príncipes de Asturias" en la nueva ala del palacio, se encargaron varias series de tapices a la Real Fáfrica. Mengs y Francisco Bayeu supervisaron la temática de las series, que aunque mantenían un tono "jocoso y campestre" representaban escenas más contemporáneas y madrileñas. Ramón Bayeu, José del Castillo y Francisco de Goya fueron los responsables de pintar los cartones. Cinco de las siete célebres series de cartones de Goya tuvieron como destino el palacio de El Pardo. [12]

Tras la muerte de Carlos III en 1788, su hijo y sucesor, Carlos IV, abandonó El Pardo, palacio en el que siempre se había sentido aislado durante los largos meses de invierno. Los aposentos fueron desamueblados y la mayoría de objetos trasladados al Palacio de los Borbones de El Escorial.[13]

El Pardo fernandido e isabelino

Aunque Carlos IV apenas volvió a utilizar el palacio de El Pardo, sí que fue el responsable de encargar a Juan de Villanueva la restauración, de 1806 a 1809, de la Capilla Real y la Casa de Oficios, dañados por un incendio.[14]

Fernando VII volvió a reamueblar el palacio, en este caso con muebles ya de clara inspiración Imperio. Fue el último monarca que lo habitó regularmente y a él también se debe la sistematización del jardín y la construcción del pequeño puente que une los aposentos reales alrededor del Patio de los Austrias con la Capilla Real.

Vista de la fachada principal del palacio en un grabado de 1885.

Durante el reinado de Isabel II, dado el poco interés de la reina por la caza, El Pardo fue poco frecuentado por la corte. Sin embargo, fue uno de los lugares protagonistas de la primera, y más importante, crisis matrimonial de la pareja real.

En abril de 1847, mientras la reina madre María Cristina y su esposo se encontraban en Italia, la corte se dispuso a partir hacia Aranjuez para pasar la primavera, tal y como era costumbre desde tiempos de los Austrias.[16]

Los caracteres profundamente diferentes de la reina y del rey consorte habían llevado a un progresivo distanciamiento de la pareja, que ahora amenazaba con una auténtica separación. Profundamente alarmada ante un posible desprestigio de la corona y un relanzamiento de la causa carlista, la reina madre María Cristina tuvo que mediar entre su hija y su yerno. En el conflicto matrimonial también se mezclaban intrigas políticas entre los moderados y los progresistas, además de las maquinaciones de la reina madre, que deseaba volver de su exilio parisino. No fue hasta el mes de octubre, después de casi medio año de separación, cuando se produjo la ansiada reconciliación de la pareja.[16]

Francisco de Asís siguió frecuentando El Pardo, pero, por lo general, prefirió residir en la más íntima y aislada Quinta del Duque del Arco.[17]

El Pardo alfonsino

Durante el reinado de Alfonso XII, El Pardo, que gustaba mucho al soberano, volvió a convertirse en un lugar frecuentado, especialmente como retiro, dada su tranquilidad y su cercanía a Madrid. El monarca pasó, en el palacio, la luna de miel con su primera esposa María de las Mercedes, en 1878.[19]

Después de más de diez años de reinado, Alfonso XII, aquejado de tuberculosis, se retiró a El Pardo a finales de 1885, esperando una mejora de su salud. Fallecería, sin embargo, el 25 de noviembre del mismo año, en la misma habitación que había servido de dormitorio a los futuros Carlos IV y María Luisa de Parma. Dos días despues, sus restos fueron trasladados al Palacio Real de Madrid y luego al Panteón de los Reyes de El Escorial.[20]​ En 1898, su viuda, la reina regente María Cristina, ordenó convertir la habitación mortuoria en oratorio.

En 1906, del mismo modo que había hecho su antecesora, la futura reina Victoria Eugenia de Battenberg se alojó en le palacio justo antes de su boda con Alfonso XIII. Llegó el 25 de mayo a la estación de El Plantío y, dos días después, un rally de 200 automóviles partió desde la Castellana rumbo a El Pardo para homenajear a los futuros esposos.[23]

Tras la caída del Imperio austrohúngaro y el repentino fallecimiento del emperador Carlos I en Maderia en abril de 1922, el rey Alfonso XIII ofreció el palacio de El Pardo como residencia a su viuda, la emperatriz Zita, y a sus ocho hijos. La emperatriz y su familia habitaron en el palacio pocas semanas, antes de trasladarse, en agosto, a la localidad vasca de Lequeitio.[26]

El Pardo bajo la República y el Franquismo

Palco Real en el Teatro de Carlos III, transformado en sala de cine durante el franquismo.

Después de la proclamación de la República en abril de 1931, El Pardo, como los otros Reales Sitios, fue precintado. Manuel Azaña, segundo presidente de la República, disfrutó especialmente de las estancias en El Pardo, aunque no en el palacio sino en la cercana Quinta del Duque del Arco. Allí precisamente le sorprendió el golpe de estado de julio de 1936.[28]

Una vez acabada la guerra, el edificio fue objeto de una serie de obras para habilitarlo como residencia del nuevo Jefe del Estado, el "Generalísimo" Francisco Franco. Franco se instaló en las antiguas antecámaras del Príncipe de Asturias (Carlos IV) alrededor del Patio de los Borbones, asimismo, el Comedor de Carlos III se convirtió en Despacho Oficial y la Capilla Mortuoria de Alfonso XII en capilla familiar. Entre otras obras realizadas, destacó la habilitación de un acuartelamiento para la Guardia Mora que hacía las funciones de escolta.[29]

En el antiguo teatro de corte de Carlos III, transformado en sala de cine, Franco se hacía proyectar las películas del momento. Se hicieron famosas algunas de sus reacciones, como su permisividad ante la escandalosa Gilda -por haberle caído simpática la actriz protagonista, Rita Hayworth, de origen español-, el estimar inofensiva Ana y los lobos de Saura -porque "no se entendía nada"-, o su incomprensión ante el escándalo vaticano por Viridiana -porque consistía simplemente en "chistes de baturros"-.[30]

Paralelamente, el pequeño núcleo urbano que se había articulado alrededor del palacio desde tiempo de Felipe II fue incorporado, en 1949, a la ciudad de Madrid, constituyendo uno de los ocho barrios del distrito Fuencarral-El Pardo.

Durante este periodo (1939-1975), el palacio fue el centro de la mayoría de las grandes decisiones políticas españolas, y por metonimia "El Pardo" pasó a designar la Jefatura del Estado. En El Pardo, Franco trabajaba, celebraba los consejos de ministros y las audiencias, y recibía a los jefes de Estado y autoridades. También allí, en la Capilla del Pardo, se casó su hija Carmen y nacieron todos sus nietos.

Finalmente, el 30 de enero de 1976, tras la muerte de Franco, un cortejo de coches trasladó a la familia del dictador a su nueva residencia. Desde esta fecha ningún miembro de la familia Franco ha vuelto al Pardo, salvo para el funeral de Carmen Polo.

Transición y actualidad

En agosto de 1976, tras la muerte de Franco, el palacio fue abierto al público como un testimonio de la vida cotidiana del difunto dictador.[35]

Además de su función museística y protocolaria, la celebración de actos oficiales y sociales por parte de la Familia Real española es otro de sus usos actuales. En 2004, siguiendo la estela de sus predecesores, el palacio sirvió de escenario para varias ceremonias previas a la boda del príncipe Felipe y Leticia Ortiz, como fueron la pedida de mano (noviembre de 2003) o la cena de gala anterior al enlace (abril de 2004).[38]