Palacio Real de Caserta

Palacio barroco de Caserta y jardines, acueducto de Vanvitelli y complejo arquitectónico de San Leucio
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Nombre descrito en la Lista del Patrimonio de la Humanidad

Reggia di Caserta4.jpg
Fachada del Palacio de Caserta.

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Palacio Real de Caserta

Coordenadas 41°04′12″N 14°19′33″E / 41.07, 41°04′12″N 14°19′33″E / 14.325833333333
País Flag of Italy.svg  Italia
Tipo Cultural
Criterios i, ii, iii, iv
N.° identificación 549
Región Europa y América del Norte
Año de inscripción 1997 (XXI sesión)
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El Palacio Real de Caserta (en italiano Reggia di Caserta) es un palacio barroco situado en Caserta, en la región italiana de Campania. El edificio fue encargado por el rey Carlos VII para que sirviese de centro administrativo y cortesano del nuevo Reino de Nápoles, al tiempo que símbolo del poder real. El monarca quiso dotar a la dinastía Borbón-Dos Sicilias de una residencia de la talla de Versalles. Fue encargado al reconocido arquitecto napolitano Luigi Vanvitelli, y también participó en su construcción Francesco Sabatini, que emprendería también proyectos en Madrid.[1]

El arquitecto elegido fue Luigi Vanvitelli, en cuya obra predominaba el Barroco racionalista, muy próximo al Neoclasicismo. Vanvitelli se hizo cargo del diseño del parque y los jardines, aparte de dirigir las obras del palacio.

No obstante, Carlos jamás vio su proyecto finalizado, pues hubo de partir de Nápoles para ocupar el trono español a la muerte de su hermano, Fernando VI. El palacio sirvió de residencia veraniega a su hijo Fernando y a los demás monarcas de las Dos Sicilias hasta su incorporación al Reino de Italia.

El rey Víctor Manuel III lo donó al pueblo italiano en 1919. El edificio, junto con los jardines y el complejo arquitectónico de San Leucio, fueron declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1997.[2] En la actualidad es un museo abierto al público y ha sido empleado en varias ocasiones como escenario para películas de ficción.

En términos de volumen, el Palacio Real de Caserta es la residencia real más grande en el mundo con más de 2 millones de metros cúbicos.

Historia

Orígenes

Carlos de Borbón, Infante de España, Rey de Nápoles y Sicilia de Giuseppe Bonito. Los derechos dinásticos de su madre sobre los Ducados de Parma, Piacenza, Guastalla y Toscana[4] Déspota ilustrado, quiso reformar la obsoleta administración de sus territorios y quitar poder a la nobleza para centralizarlo en la corona. Uno de sus más ambiciosos proyectos fue la creación de una ciudad ideal en torno al Palacio Real de Caserta.

En el año 1734, el Primer Pacto de Familia concedió a la dinastía borbónica española los reinos de Nápoles y de Sicilia, que habían estado bajo dominio austriaco desde la Guerra de Sucesión española. No obstante, el tratado estipuló que Nápoles y Sicilia debían formar un estado único e independiente que no podría estar bajo la soberanía de la Corona de España.

Carlos de Borbón, tercer hijo de Felipe V y su segunda mujer, Isabel de Farnesio, ocupó el trono como Carlos VII de Nápoles y Sicilia. Fue un magnífico monarca ilustrado que emprendió numerosas reformas administrativas y sociales para la modernización del reino.

Uno de sus principales proyectos fue la creación de una residencia real que sirviese de sede cortesana y gubernamental del nuevo reino, siguiendo el ejemplo del Palacio de Versalles en Francia. Esta nueva capital estaría situada cerca del mar, pero no en la costa, para evitar la continua amenaza a la que estaban sometidas ciudades como Nápoles.[6] Mientras se construía el palacio, la casa real casertana se instaló en la antigua residencia de los Gaetani, el Palazzo Vecchio.

Proyecto

El ambicioso proyecto del rey no se limitaba a la edificación de un palacio, sino a crear una nueva ciudad que tuviese todos los adelantos urbanísticos de la época y fuese la capital más avanzada de toda Europa. Se barajaron muchos nombres de arquitectos para recibir el singular encargo, como Ferdinando Fuga o Nicola Salvi, aunque finalmente se tomó la decisión de contratar a Luigi Vanvitelli.[6]

Este arquitecto trabajaba en Roma a las órdenes de Benedicto XIV, que le había contratado para preparar el jubileo de 1750. El rey Carlos hizo una visita a los Estados Pontificios, con el fin de pedir permiso al papa para contratar a su protegido,[7] objetivo que finalmente logró. En 1751, Vanvitelli presentó su proyecto a Don Carlos, que quedó gratamente satisfecho del mismo.

El palacio se propuso como un edificio de enormes dimensiones (una superficie de 44.000 metros cuadrados) de planta rectangular. Del pabellón central arrancarían cuatro galerías alrededor de un patio en forma de plaza, una estructura utilitaria muy similar a la del Palacio de Versalles.[8]

Se dispuso una sucesión de planos y espacios concebidos en una perspectiva escénica, que habrían de satisfacer las exigencias ceremoniales y administrativas. El palacio debía albergar un teatro, las oficinas estatales, una capilla y muchas otras dependencias palatinas, por lo que resultó muy difícil armonizar el conjunto.[8] Vanvitelli supo alcanzar el objetivo del rey, emular sus dos palacios favoritos: Versalles y el Buen Retiro madrileño.

Construcción

Plano del palacio y sus jardines.

El 20 de enero de 1752, coincidiendo con el aniversario del nacimiento del rey,[9] se puso la primera piedra en el Palacio de Caserta. Un enorme cortejo acompañó al monarca durante la ceremonia, entre los que destacaban la reina María Amalia, el primer ministro Tanucci y el nuncio apostólico.

Los trabajos comenzaron con gran apoyo económico, por lo que avanzaron con rapidez. No obstante, en 1759, el rey hubo de partir a España para ocupar el trono tras la muerte de su hermano Fernando, lo que supuso un estancamiento en las obras del palacio. Tanucci se convirtió en regente del reino, pues el nuevo rey Fernando de Borbón sólo contaba ocho años de edad, y no mostró un gran interés en el proyecto de Caserta. De hecho se redujo la plantilla de obreros a la mitad[11]

No obstante, el arquitecto se mantuvo ilusionado con la construcción del palacio, a pesar del poco apoyo que recibió por parte del gobierno de la "maligna creatura"[13]

Luigi Vanvitelli de Giacinto Diano. El arquitecto porta en su mano izquierda un compás, símbolo de su profesión, mientras que un lienzo posterior representa a la alegoría de la fama trompeteando su eterno reconocimiento. Comenzó siendo protegido de los papas Clemente XII y Benedicto XIV, para los que trabajó intensamente en la región de Ancona y realizó algunos encargos en la propia Roma; pero más tarde fue llamado por Carlos VII de Nápoles para convertirse en su arquitecto oficial.[14]

Un año más tarde, el Vesubio entró en erupción, por lo que el rey Fernando tuvo que abandonar su residencia de Portici y mudarse a Caserta. Con esto se produjo un incremento del presupuesto de las obras y de la plantilla, que posibilitó la finalización de la mayor parte del proyecto. En 1773 Vanvitelli murió y dejó a su hijo Carlo a cargo del último tramo de la construcción del palacio, aunque su talento artístico era inferior al de su padre.[15]

El palacio que planeó Vanvitelli nunca se culminó, pero las obras se dieron por terminadas en 1847. El capital invertido ascendía a 6.133.547 ducados,[16] pues se emplearon los más lujosos materiales: toba de San Nicola la Strada, travertino de Bellona, cal de San Leucio del Sannio, puzolana de Bacoli, azulejos de Capua, hierro de Follonica, mármol gris de Mondragón y mármol blanco de Carrara.

Desde entonces, el Palacio Real de Caserta sería una residencia habitual de los soberanos de las Dos Sicilias junto a los palacios de Portici, Nápoles y Capodimonte, aunque nunca llegó a ser la idílica capital con la que había soñado el rey Carlos de Borbón.[17]

Residencia real

El Rey Fernando IV eligió el Palacio de Caserta como su residencia veraniega y se convirtió en una de las principales cuando tuvo que abandonar su Real Sitio favorito, el Palacio de Portici, tras la erupción del Vesubio de 1767. Su esposa María Carolina se encargó de la decoración del palacio, pues tenía un gusto exquisito que ya había demostrado en diversas ocasiones,[18] reuniendo una importante pinacoteca y una gran colección de porcelana.

La proclamación de la República Partenopea en 1799 quitó el control del palacio y las demás propiedades a la Familia Real, aunque fue derrocada ese mismo año con ayuda internacional. El edificio no sufrió grandes daños pero fue saqueado y gran parte del mobiliario desapareció, aunque las piezas más importantes habían sido puestas a buen recaudo.[19] La reina se afanó en la redecoración de los apartamentos reales, cuyo aspecto es el que principalmente se mantiene en la actualidad.

En 1806, Napoleón conquistó el Reino de Nápoles y le otorgó la corona a su hermano José. La familia real huyó a Sicilia abandonando todas sus propiedades, que quedaron en manos del nuevo rey. Con la conquista de España en 1808, José fue enviado a gobernar allí y su cuñado Murat se convirtió en el nuevo monarca. Murat sentía una especial predilección por el Palacio de Caserta y mandó instalar unos apartamentos de estilo Imperio.

Tras el Congreso de Viena de 1815, se restauró la monarquía borbónica en el nuevo Reino de las Dos Sicilias. En lo sucesivo, el palacio serviría como residencia veraniega de los reyes aunque entró en un estado de decadencia. En 1860 todo el reino fue incorporado al Reino de Italia y el palacio fue utilizado ocasionalmente por algún miembro de la Casa de Saboya, como el duque de Aosta, pero acabó siendo donado al pueblo italiano por Víctor Manuel III en 1919.

Últimos años

Los apartamentos reales del Palacio se abrieron como museo en 1919, mientras que el resto de las estancias acogieron organismos oficiales. Sin embargo, Mussolini cedió todo el edificio como sede de la Academia de la Aeronáutica Militar que estuvo allí instalada entre 1926 y 1943.[20]

El 14 de diciembre de 1943, tras la Invasión aliada de Italia durante la Segunda Guerra Mundial, se convirtió en el cuartel general de los aliados en la península. Entre sus muros se firmó la rendición incondicional de las tropas alemanas de Italia ( 27 de abril de 1945), pero el palacio había sufrido grandes daños durante el conflicto.

Tras el fin de la guerra, se iniciaron largos trabajos de restauración en el palacio y en el jardín, especialmente dañado. Los dibujos de boj y el diseño de algunas fuentes tuvieron que ser recuperados de los planos originales que diseñó Vanvitelli. Las piezas más importantes del mobiliario, la biblioteca y la pinacoteca habían sido trasladadas a otros palacios, por lo que se redecoró siguiendo documentos y cuadros que describían las estancias.

Las obras terminaron alrededor de 1958 y se abrió un museo que englobaba los apartamentos reales, el teatro de la corte y los jardines. El resto del espacio fue destinado a diversas asociaciones municipales: La Sociedad Storia Patria, la Intendencia del Patrimonio Cultural de Caserta, la Oficina regional de Turismo y la Escuela superior de Turismo.[21]

En 1994 el presidente de la República Italiana, Oscar Luigi Scalfaro, ofreció una cena a los jefes de estado del G7.[22] Tres años más tarde, fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco junto con los jardines, el Acueducto Carolino y el complejo arquitectónico de San Leucio.

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