Palacio Nacional (México)

Palacio Nacional
Palacio Nacional, México D.F., México, 2013-10-16, DD 119.JPG
Palacio Nacional
Nombre(s) anterior(es) Casas Nuevas de Cortés
Palacio Virreinal
Palacio Imperial
Información general
Uso(s) Sede del Poder Ejecutivo Federal
Estilo Barroco
Catalogación

  Patrimonio de la Humanidad (parte de « Centro Histórico de la Ciudad de México y Xochimilco», n.º ref. 412-001) (1987)

Nombre descrito en la Lista Representativa del PCI.
Localización Bandera de México Ciudad de México, México
Coordenadas 19°25′57″N 99°07′52″O / 19.4325, 19°25′57″N 99°07′52″O / -99.13111
Inicio 1522
Finalización 1526
Remodelación 1563
1695
1852
1864
1884
1924
Destruido 8 de junio de 1692 (parcialmente)
Propietario Gobierno Federal de México.
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El Palacio Nacional, ubicado en el Centro Histórico de la Ciudad de México, es la sede del Poder Ejecutivo Federal de México. Su construcción se inició en 1522, como segunda residencia privada de Hernán Cortés encima de una parte del palacio del huey tlatoani Moctezuma Xocoyotzin. Luego fue adquirido por la corona y destinado como sede del Virrey de la Nueva España. Durante aquel periodo sufrió un gran incendio y fue semidemolido en 1692, y posteriormente fue reconstruido por las autoridades virreinales. Consumada la Independencia de México, fue sede de los Poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial de los diferentes regímenes republicanos y monárquicos del país, y en la década de 1930 tuvo lugar su última gran remodelación.

Construido sobre 40.000 m2, se encuentra ubicado al oriente de la Plaza de la Constitución en el Centro Histórico de la Ciudad de México, en la Delegación Cuauhtémoc.

Historia

Siglo XVI

Durante la Conquista de México de 1519 a 1520, las fuerzas de Hernán Cortés pusieron sitio a Tenochtitlan y en su avance destruyeron la mayor parte de la ciudad. Derrotados los tenochcas, Hernán Cortés se apropió de ella, junto con el Palacio de Axayacatl o Casas Viejas de Moctezuma, donde se hospedó durante la primera etapa de la Conquista, y en enero de 1522 comenzó la reconstrucción de la ciudad de México-Tenochtitlan, lo que ahora se conoce como el Centro Histórico de la Ciudad de México.[1]

La nueva ciudad reconstruida se hizo habitable a partir de 1524, bajo una nueva traza de corte europeo, la cual incluía una plaza central y casas para los conquistadores indígenas y españoles. Las de estos últimos, con una marcada forma de fortaleza. Hernán Cortés como principal conquistador toma el predio del Palacio de Axayacatl ubicado en el lugar que hoy ocupa la casa matriz del Nacional Monte de Piedad y que para la época se encontraba dando frente a la plaza del Empedradillo y a la antigua construcción de la Catedral, en este estableció su primera residencia en la ciudad, por lo que se le conoció como Casas Viejas de Cortés. Más tarde, la Real Audiencia y el primer virrey Antonio de Mendoza la tomaron como casa de gobierno.

Cortés, al verse impedido de utilizar su residencia utilizada por el gobierno novohispano, inició la construcción de un nuevo palacio para su uso personal en los terrenos que antes habían ocupado las Casas Nuevas de Moctezuma; residencia que conformó parte de su Marquesado del Valle de Oaxaca, ratificado por cédula real del emperador Carlos V en 1529. El propio Cortés, ayudado por Luis de la Torre y Juan Rodríguez de Salas, se encargó de hacer la traza del edificio, en el predio que ocupaban las Casas nuevas de Moctezuma y una parte donde estuvo el templo de Tezcatlipoca. En 1528 ya podían verse los muros de la planta baja y empezaban a levantarse las habitaciones, columnas y arcos de los patios, todo en cantera labrada. Debido a la lentitud de las obras, Cortés solo habitó por un breve lapso su palacio. Para la obra usó la mano de obra y materiales que tenía en su marquesado, sobre todo de los pueblos dependientes de Coyoacán, como Tacubaya (para piedras y arena), Cuajimalpa (para madera), etc.[1]

En los años inmediatos a la conquista, la Plaza Mayor de la ciudad de México mostraba en su lado oriental la nueva gran propiedad de Hernán Cortés; hacia el sur, las construcciones que albergaban las casas del Cabildo, la cárcel del ayuntamiento y la carnicería; hacia el poniente se levantaban las Casas Viejas de Cortés, rentadas para albergar a la Real Audiencia y al virrey. En el lado norte se encontraba un modesto nuevo templo religioso y las ruinas del Templo Mayor mexica que con el tiempo dejarían su lugar a la catedral. La construcción del palacio culminó en 1550, entre encendidas disputas legales del conquistador con las autoridades enviadas por el rey de España. A la muerte de Cortés en 1547, la obra constaba de tres patios arcados y dos pisos, así como de una extensa huerta en el área que luego sería la Plaza del Volador y que hoy ocupa el edificio de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Al crecer la burocracia del gobierno virreinal, se hizo necesario contar con una sede propia para albergar las instituciones de la Nueva España y con el fin de dejar de pagarle renta a Cortés y a sus herederos. Tras 41 años de litigios sobre rentas y prerrogativas de los Cortés es como el 19 de enero de 1562, el segundo virrey Luis de Velasco y Ruiz de Alarcón y Martín Cortés, hijo del conquistador, acuerdan la venta del palacio del conquistador ubicado al costado oriente de la Plaza Mayor de la ciudad, en 264 mil reales (equivalente a 33 mil pesos de aquella época), por lo que devuelven a la familia de Cortes el palacio frente a la catedral. De inmediato fueron trasladadas ahí algunas dependencias virreinales, para lo cual el virrey Luis de Velasco encargo al arquitecto Claudio Arciniega reparar y adaptar las habitaciones de la Casa Real de los Virreyes. Seria hasta tres años después en 1566 cuando fue habitado por segunda vez por un virrey, Gastón de Peralta. Ocho meses después, las Casas Nuevas de Cortés se convierten en la sede del poder virreinal, que por lo mismo reciben desde entonces el nombre de Palacio Virreinal.[2]

La construcción de ese entonces colindaban al norte con una especie de plaza, la cual terminaba en la actual calle de Moneda que tenía un canal y daba frente al palacio del Arzobispado, al oriente con otro terreno baldío que debió de servir como patio, huerta y ruta de escape para las Ataranzas (puerto de las embarcaciones que navegaban rumbo a Texcoco), al sur con la acequia Real (actualmente la calle de Corregidora), que cruzándola contaba con un terreno en el cual se ponía un mercado que después se conocería como la Plaza del Volador, y al poniente con la Plaza Mayor y el mercado del Parian.

En los terrenos al sur de la acequia Real, además de la Plaza del Volador, se instalaría una de las sedes de la Real Universidad de México. En los terrenos del mercado del Volador dio paso en el siglo XX al actual Palacio de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

El edificio fue adaptado en 1563 para albergar al gobierno, siendo el segundo virrey Luis de Velasco y Ruiz de Alarcón el primero en residir en él en el piso superior del palacio, junto con la Real Audiencia, mientras tenía abajo la cárcel de la Corte Real (la cual fue quemada en 1659) y una serie de bodegas donde los comerciantes podían ser vigilados.[1]

Siglo XVII

Con el paso de los años se construyeron nuevos edificios en el costado sur oriental, construcciones que no alteraron el extenso jardín ni las huertas que tenía. Hacia finales del siglo, el entonces llamado Palacio de los Virreyes, concebido para la defensa, tenía el aspecto de una fortaleza, con dos torres en las esquinas protegidas por artillería, con pocas ventanas y con troneras para la fusilería". Este palacio era mucho más pequeño que el actual, con solo dos patios y dos alturas; tenía solo tres puertas, dos daban a la Plaza Mayor y una a la calle de las huertas.[1]

Durante el gobierno del virrey fray García Guerra, entre los años 1611 y 1612, se construyó una plaza de toros, en la parte oriental del palacio, que resultó destruida por un terremoto.[3]

El 8 de junio de 1692, una terrible hambruna propició el motín de unos ocho mil indígenas en la ciudad de México, que se reunieron en la Plaza Mayor para exigir comida. El virrey Gaspar de la Cerda y Mendoza ordeno en la tarde soldados disparar a la multitud desarmada, entre los muertos se contabilizó una mujer embarazada esto provocó que la gente se hiciera justicia irrumpiendo en el Palacio Virreinal y Ayuntamiento dónde quemaron los edificios y saquearon oficinas, casas particulares y comercios en todo Ciudad de México. El erudito Carlos de Sigüenza y Góngora intentó salvar muchos de los archivos coloniales que se guardaban en ambos edificios. Al amanecer el día posterior al motín el estado del Palacio era desolador. Muchas áreas de la sólida construcción quedaron hechas cenizas, siendo la zona más devastada la que rodea el Patio de Honor. El virrey Cerda y Mendoza dedicó los meses siguientes una caza de brujas apresar miles de personas acusadas de participar en el incendio y saqueo y ejecutar públicamente a cientos sin comprobar participación ni juicios. [1]

Siglo XVIII

Antes del incendio, y posteriormente, se cuenta que el Palacio Virreinal tenía un estado tal que recordaba un muladar. En su interior había cuartos de habitación de puesteros de la plaza, bodegas para guardar frutas y otros comestibles, fonda y vinatería que se llamaba la botillería, panadería con amasijos, pulquerías, zonas de juego público de naipes y juego de boliche, donde incluso se podía terminar la parranda por la mañana. Todo esto causaban montones de basura que se acumulaban en el interior del Palacio.[1]

El Palacio quedó en ruinas varios años, pero en 1711 se reinició la reconstrucción, manteniendo la composición básica original de dos patios y dos pisos, pero con acabados más moderno tipo Barroco y dejando de lado mucho de su aspecto de fortaleza. Las obras se enfrentaron a la continua falta de presupuesto, que llegaron a costar 195,500 pesos, razón por la cual el Palacio se mantuvo en obras continuas casi todo el siglo XVIII. En esta época también se construía el nuevo edificio de la Catedral, con el frente a la Plaza Mayor. El Palacio se amplió hacia el Norte, hasta llegar a la calle de Moneda, con patios más pequeños y habitaciones para el virrey, con una pequeña puerta que daba directo a la cárcel de Palacio.[1]

Con la llegada del virrey Juan Vicente de Güemes II, Conde de Revillagigedo, que se inicia la limpieza y dignificación del Palacio y la Plaza Mayor. En 1789 se emitió el primer reordenamiento del comercio ambulante e higiene, que desalojó a los comerciantes del Palacio, la Plaza Mayor y las calles de la ciudad de México, aún que con su sucesor en el cargo la situación volvió a lo que solía, pero fuera de Palacio.[1]

Durante esa época solo la Capilla Real, construida en la parte oriental, se mantuvo a salvo; ésta tenía pintado el martirio de Santa Margarita por la mano del sevillano Alonso Vázquez. Al sur de la capilla; y tras los edificios de la Casa de Moneda (hoy Museo Nacional de las Culturas) se realizó el Jardín Botánico, que servía de paseo a los habitantes del Palacio.[1]

Siglo XIX

Recinto parlamentario al interior de Palacio; sede del congreso hasta 1872
Campana original usada por Miguel Hidalgo la madrugada del 16 de septiembre, en el llamado Grito de Dolores, fue trasladada desde Dolores Hidalgo por orden del Presidente Porfirio Díaz

El 27 de septiembre de 1821, después de un desfile por parte del ejército Trigarante, desde el Palacio del Ex Arzobispado, en Tacubaya, Juan O'Donojú entrega el gobierno virreinal a Agustín de Iturbide. Al día siguiente, el 28, se instaló en su interior la Junta Provisional Gubernativa, presidida por Iturbide, que emitió el Acta de Independencia del Imperio Mexicano que quedó en espera de que el rey español Fernando VII reclamara para si el trono de México, según el Plan de Iguala y los Tratados de Córdoba, y el el Palacio pasa a ser llamado Palacio Imperial. Fernando VII rechazó la independencia de la Nueva España y por ende el trono mexicano y el Congreso Imperial proclamó a Iturbide como emperador, aunque Agustín I continuó viviendo en el palacio de los condes de San Mateo de Valparaíso (actualmente el Museo Palacio Cultural Banamex, también conocido como Palacio de Iturbide).[1]

Tras la caída de Iturbide en 1823, en el templo de San Pedro y San Pablo (actualmente el Museo de la Luz de la UNAM) se llevan a cabo las secciones del Congreso Constituyente, que firma el Acta Constitutiva de la Federación Mexicana y, posteriormente, la Constitución Federal de los Estados Unidos Mexicanos de 1824. Fundada la República, el Congreso decretó que todos los lugares que en su nombre llevaran los términos de "Imperial" serían sustituidos por el de "Nacional".[1]

Para entonces, la construcción del Palacio cubría ya toda la fachada poniente que daba a la Plaza Mayor. La mitad Sur de la Plaza siguió ocupada por el Mercado del Parián durante los primeros 40 años de la vida independiente del país.

Los posteriores golpes de estado y revueltas afectaron en menor o mayor medida al Palacio Nacional . Las obras de reconstrucción y adecuación fueron continuas durante el siglo XIX y por causa de los movimientos políticos y simples accidentes, se fueron perdiendo obras artísticas de la época colonial. También se dio la ocupación indebida de espacios, y la anulación de la pequeña puerta que conectaba con la cárcel en 1831 para mejorar la seguridad de las habitaciones presidenciales.[5]

Palacio Nacional entre 1880 y 1900

A raíz de la guerra entre México y Estados Unidos, luego de la toma del último reducto que protegía la ciudad en el Castillo de Chapultepec, el 14 de septiembre de 1847, el ejército estadounidense entró en la plaza principal de la Ciudad de México e izó su bandera en el Palacio Nacional, en señal de victoria, aunque por instrucciones del General Winfield Scott se respetaron las instalaciones. De esta manera, el 16 de septiembre de 1847 en que se celebraría la independencia de México, los estadounidenses concretaban la ocupación del país. La ocupación del ejército de Estados Unidos terminó tras la firma (2 de febrero) y ratificación del Tratado de Guadalupe Hidalgo el 30 de mayo de 1848 por el que se perdió más de la mitad del territorio mexicano. La desocupación del Palacio Nacional se realizó hasta el 28 de junio del mismo año. Al día siguiente se izó de nuevo la bandera nacional mexicana en una ceremonia.[1]

Entre las nuevas modificaciones del Palacio Nacional posteriores a la Guerra contra los Estados Unidos, está la construcción de la puerta frontal en la parte norte de la fachada, por orden del presidente Mariano Arista en 1852, por lo que esa puerta recibe el nombre Mariana en su honor; teniendo con ello desde entonces las tres puertas con que el Palacio da a la Zócalo. El día 5 de febrero de 1857 en el recinto legislativo de Palacio se jura frente a un crucifijo la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos de 1857, que de corte liberal.

Durante la Guerra de los Tres Años o Guerra de Reforma de 1857 a 1861, el país tuvo dos gobiernos simultáneos: por un lado, desde el Palacio Nacional, se mantenían los presidentes del gobierno conservador. Por otro, el presidente Benito Juárez instaló al gobierno federal en el puerto de Veracruz de donde ingresará a la Ciudad de México hasta enero de 1861.

El 31 de mayo de 1863, durante la Intervención francesa, Benito Juárez se vio obligado a dejar la capital y por tanto al Palacio Nacional, que simbólicamente, cierra la puerta central.[1] En junio de 1863 el ejército francés ocupó el Palacio Nacional y por breve tiempo de 1863 a 1867, nuevamente se le llamará Palacio Imperial, durante el Segundo Imperio Mexicano de Maximiliano de Habsburgo, aunque no lo usó como residencia, ya que en 1863 el emperador cambió su residencia al Castillo de Chapultepec, dejando al Palacio como un edificio puramente administrativo y de protocolo. No obstante lo anterior, ordenó diversas obras en su interior para que adquiriera un toque majestuoso y dejar atrás algo del estilo sobrio que le caracterizaba.

Derrotado el imperio de Maximiliano, el 15 de julio de 1867 el presidente Benito Juárez regresó a la Ciudad de México, abrió simbólicamente las puertas centrales de Palacio Nacional y presidió, desde el palco central, el desfile triunfal.[1]

Pocos años después, con el bronce de varios cañones capturados al conservador Miguel Miramón en Calpulalpan, y con el de los obuses que sirvieron para la defensa de Puebla durante el sitio de 1863 se llevó a cabo la estatua sedente del presidente Juárez que se encuentra entre el primer y segundo Patios Marianos.

Ya durante el gobierno del presidente Porfirio Díaz fueron realizadas varias obras de infraestructura y adecuación del Palacio. Una de ellas fue la creación de una puerta especial para el acceso directo a las oficinas del Ejecutivo en el costado surponiente. Asimismo, se instalaron la primera línea de energía eléctrica y el primer elevador de la ciudad de México, en las áreas de oficinas del presidente, y que aún hoy sigue siendo de uso exclusivo del jefe del ejecutivo federal.

El 14 de septiembre de 1886 se llevó a cabo con una ceremonia oficial la instalación de la campana original del templo de Dolores Hidalgo en Guanajuato, la cual fue transportada con honores militares. La llamada Campana de Dolores se ubica en sobre el balcón central de Palacio que da al Zócalo, en un nicho que fue especialmente construido, por lo que se demolió el original copetón del centro. Es a partir de entonces que se usa para celebrar el aniversario del Grito de Dolores.[1]

Siglo XX

Interior del Palacio Nacional (Claustro).
Balcón central de Palacio Nacional, desde el cual, el Presidente de México encabeza las Ceremonias del Grito de independencia el 15 de septiembre y el Desfile militar del 16 de septiembre

El último presidente que usó el Palacio Nacional como residencia fue Manuel González, quien terminó de rehabilitar el Castillo de Chapultepec, mismo que seria usado como residencia por su sucesor Porfirio Díaz, siguiendo los pasos de Maximiliano y Lerdo de Tejada. Aunque continuó siendo la sede del Poder Ejecutivo, albergando las oficinas principales de las secretarias de Guerra y Marina, de Gobernación y Hacienda siendo esta última la única que queda a la fecha dentro de Palacio; Además de la comandancia de la Primera Zona Militar.[1]

Para las fiestas del Centenario de la Independencia, Díaz ordenó en 1901 la rehabilitación casi total del palacio, salvo por el Salón de Recepciones, pero el estado actual del resto de las áreas protocolarias del Palacio Nacional son de esta época. Destacan de estos trabajos los plafones de algunos salones, el Salón Panamericano y la colocación de otro elevador en el área de Hacienda. Es así como durante 1910 se llevan a cabo diferentes ceremonias en Palacio, siendo de estas la más vistosa y última la "Apoteosis de los Héroes" el 6 de octubre en el Patio Central, para lo cual se construyó con madera y otros materiales varios monumentos alegóricos, siendo el principal un catafalco ubicado en el centro del Patio Central el cual se techo totalmente.

Es así como durante la Revolución Mexicana y principalmente durante la Decena Trágica, que el Palacio Nacional recibe los daños de la guerra, teniendo el daño más fuerte en la zona de oficinas de la presidencia al sur del palacio.

En 1926 se inauguró el Salón de la Tesorería (en el espacio que ocupaba la Tesorería desde 1891). Pero no fue sino hasta 1929 en que se volvió a realizar una reforma profunda al edificio, cuando el presidente Plutarco Elías Calles mandó construir la galería o tercer nivel de toda la construcción, así como sustituir la piedra blanca de la fachada por el actual tezontle rojizo que lo caracteriza y cambiar muchas de las características que hasta entonces lo distinguían, como eran las estatuas de ángeles sobre las puertas laterales del frente. Entre 1930 y 1951 es cuando se realizan las pinturas murales de Diego Rivera en la Escalera de la Emperatriz y en el corredor del segundo piso del Patio Central.

En 1945, el presidente Manuel Ávila Camacho ordenó la creación de las Galerías de los Presidentes y de los Insurgentes, que se ubican en el segundo nivel de los patios que dan al Patio de Honor en la zona de presidencia.

Al inicio de la segunda mitad del siglo XX, surgió un desprecio y descuido por la herencia colonial en el centro de la ciudad de México se realizaron obras que contrastaban burdamente con los edificios virreinales. Así por ejemplo edificios tan antiguos como el Hospital de Jesús fueron desfigurados con áreas modernas. El Palacio Nacional no se quedó exento de estas ideas y en la década de 1960, en la parte oriente del antiguo huerto, fueron construidos los edificios Landa para albergar más oficinas de la Presidencia, la Primera Zona Militar y de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, con una arquitectura que en nada armonizaba con el entorno del lugar.

Contrario a lo anterior en 1972, se rehabilitó el Recinto Parlamentario con base a litografías y descripciones del siglo XIX, reinaugurándose con una sección especial del Congreso de la Unión el 18 de julio,[7]

Después del sismo del 19 de septiembre de 1985 que sacudió la capital de la República, se desocuparon los edificios Landa (que resultaron dañados por los terremotos), junto con otros espacios. Además se tornó preocupante el asentamiento del edificio, principalmente porque comenzó a ser de manera altamente irregular y acelerado. Con lo cual se iniciaron trabajos de rescate del inmueble, no para remodelarlo, sino para evitar su colapso. Principalmente se atacaron problemas de cimentación.

Otra intervención se realizó entre 1999- 2000 por órdenes del presidente Ernesto Zedillo, que en estos trabajos incluyó la remodelación de la capilla, la demolición de los edificios Landa y otros más antiguos con el fin de recuperar 14 mil metros cuadrados, la idea fue habilitar espacios para la instalación de salas destinadas a exposiciones museográficas permanentes, por lo que ahora cuenta con un museo que alberga entre otros copias del Acta de Independencia, el Tratado de Córdoba, entre otros, en los trabajos de restauración se tomó darles un estilo más apegados al siglo XIX a los salones habilitados como vanguardistas en las décadas pasadas, se estableció el jardín botánico en remembranza del jardín botánico de Moctezuma y el Jardín de la Emperatriz, el primero se hallaba originalmente donde hoy esta la Torre Latinoamericana, el segundo ocupó parte del huerto de Palacio.

Además el presidente Ernesto Zedillo es quien emite un reglamento para el uso del palacio determinando la creación de la Conservaduría del Palacio Nacional, compuesta por miembros de diferentes ramas del gobierno federal, lo que limita la preeminencia que había tenido el ejecutivo en la administración del inmueble a través del Estado Mayor Presidencial, por lo que la seguridad del inmueble se divide entre la Secretaria de Hacienda (quienes controlan la zona abierta al público en general), la Secretaria de la Defensa Nacional quienes controlan los edificios del oriente que dan a la calle de Correo Mayor pertenecientes entonces a la Primera Zona Militar y la Presidencia de la República quienes a través del Estado Mayor Presidencial controlan el Patio de Honor y la zona de oficinas del presidente.[9]

Frente del Palacio Nacional.

Siglo XXI

Jardín de Palacio Nacional.

Durante la administración del presidente Vicente Fox se da el primer intento en serio de abandonar el edificio por parte de la presidencia, por lo que el entonces Secretario de Hacienda y Crédito Público Francisco Gil Díaz toma áreas administradas por Hacienda como oficinas, desalojando las muestras museográficas, aunque muda muchas de sus actividades al edificio de Av. Constituyentes 1001. la idea era convertir las áreas de Presidencia a un museo de sitio, pero la presión de varios sectores sociales obligó a abandonar la idea.[11]

En noviembre de 2006 se inauguran los nuevos edificios que dan a la calle de Correo Mayor, que sustituyen a los edificios Landa, estos son destinados a oficinas y cuartel perteneciente a la Primera Zona Militar, que son compartidos por el Estado Mayor Presidencial ya que permiten contar por primera vez, contar con un estacionamiento para funcionarios y visitantes especiales, a este edificio se le cuidaron sus fachadas para mantener la armonía arquitectónica con el resto del conjunto.[10]

Con motivo de los festejos del Bicentenario de la Independencia y el Centenario de la Revolución Mexicana, el presidente Felipe Calderón Hinojosa autorizó el remozamiento del Palacio y de la Casa de Moneda (actualmente Museo Nacional de las Culturas), con el fin de integrarlos en un solo conjunto que cubre toda la manzana. Los trabajos son principalmente en la fachada y su acera principal, trabajos de cimentación con la inyección de lodos con Bentonita.

Destaca de entre los festejos del Bicentenario de la Independencia, el rescate de muchas de las áreas destinadas para museografía que habían sido invadidas por la Secretaría de Hacienda, junto con otros espacios, integradas en la Galería Nacional inaugurada el 5 de septiembre de 2010 por el presidente Calderón con la exposición México 200 años: La patria en construcción[14]

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