Pablo Morillo

Pablo Morillo
Pablo-morillo.jpg

Gobernador y Capitán General de Venezuela
14 de agosto de 1815-4 de julio de 1816
Designado porFernando VII de España
PredecesorJuan Manuel de Cajigal y Martínez
SucesorSalvador de Moxó

Capitán General de Castilla la Nueva
4 de mayo de 1821-1823
Designado porFernando VII de España

Capitán General de Galicia
Julio de 1823-Agosto de 1823
Designado porFernando VII de España

1832-1832

Información personal
Nombre de nacimientoPablo Morillo y Morillo Ver y modificar los datos en Wikidata
Nacimiento5 de mayo de 1775 Ver y modificar los datos en Wikidata
Fuentesecas, España Ver y modificar los datos en Wikidata
Fallecimiento27 de julio de 1837 Ver y modificar los datos en Wikidata (62 años)
Barèges, Francia Ver y modificar los datos en Wikidata
NacionalidadEspañola Ver y modificar los datos en Wikidata
Familia
PadresLorenzo Morillo
María Morillo
Información profesional
OcupaciónMilitar Ver y modificar los datos en Wikidata
Años activo1791–1837
SeudónimoEl Pacificador Ver y modificar los datos en Wikidata
Rama militarArmada Española, Ejército español y Ejército de Tierra de España Ver y modificar los datos en Wikidata
Rango
Participó enGuerras Napoleónicas, Guerra de la Independencia Española, Guerras revolucionarias francesas, Independencia de Colombia, Guerra de Independencia de Venezuela y Primera Guerra Carlista Ver y modificar los datos en Wikidata
Distinciones
FirmaPablo Morillo firma.jpg
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Pablo Morillo y Morillo, I conde de Cartagena ,[2]​ fue un militar y marino español, cuya figura histórica es objeto de controversias entre españoles y latinoamericanos dada su participación en la campaña de reconquista española del norte de América del Sur, durante las Guerras de independencia hispanoamericanas.

Durante su etapa en la Real Armada Española participó en distintos combates, entre los que destacan la Batalla del Cabo de San Vicente y la de Trafalgar.

Sirvió también en el Ejército español y participó en las guerras de independencia de Venezuela y Nueva Granada como jefe de la expedición encargada de sofocar la rebelión. En su haber destacan la toma de Cartagena de Indias y las posteriores acciones militares que llevaron a la caída de las Provincias Unidas de la Nueva Granada, así como el restablecimiento del virreinato. En Venezuela consiguió detener el avance de Simón Bolívar hacia Caracas tras vencerle en la tercera batalla de La Puerta. Con el posterior Tratado de Armisticio y Regularización de la Guerra de 1820 consiguió establecer una tregua y se abolió la Guerra a muerte proclamada por Bolívar en 1813.

Previamente, había participado en la guerra de Independencia española, en las dos batallas más importantes de su inicio y de su final: Bailén, la primera derrota napoleónica, y Vitoria, que forzó la retirada de las tropas francesas de España. También fue decisiva su intervención en Puentesampayo, al dirigir el ejército que derrotó al mariscal Ney y obligar al ejército francés a evacuar Galicia.

Biografía

Primeros años

Pablo Morillo nació el 5 de mayo de 1775[2]​ en Fuentesecas, Zamora, y fue bautizado dos días más tarde. Sus padres fueron Lorenzo Morillo y María Morillo.

Carrera militar

Real Cuerpo de Marina

El 19 de marzo de 1791, a los trece años de edad, se alistó como soldado en el cuerpo de Infantería de Marina.[3]​ Muy pronto, con quince años recién cumplidos, participó en las guerras revolucionarias francesas. Se halló en los primeros días de mayo de 1793 en el desembarco de la isla de San Pietro, en Cerdeña, y después, en el sitio de Tolón, donde tomó parte en siete acciones hasta que fue herido y retirado del combate. Pasó luego a Cataluña, concurrió al combate del 13 de agosto de 1794 en las alturas de Cullera, y se halló en el sitio del castillo de la Trinidad en Rosas, formando la guerrilla, y asalto en lanchas, nuevamente bajo fuego enemigo.

Posteriormente, fue hecho prisionero a bordo del navío San Isidro en el ataque naval de 14 de febrero, siendo liberado poco después. A continuación, estuvo presente en el bombardeo de Cádiz por los ingleses. Por sus méritos y servicios en la Marina Real obtuvo los galones de sargento segundo, concedidos el 1 de octubre de 1797. Participó en la batalla del Cabo de San Vicente y en esta clase de sargento concurrió al combate naval de 21 de octubre de 1805 sobre el cabo de Trafalgar a bordo del navío San Ildefonso, donde fue herido y nuevamente hecho prisionero.[4]

Guerra de Independencia Española

El 2 de junio de 1808 se incorporó a la milicia con el grado de subteniente de infantería formando parte del recién creado regimiento de infantería de Voluntarios de Llerena, y concurrió el 19 de julio a la memorable victoria en la batalla de Bailén sobre las tropas francesas invasoras enviadas por Napoleón Bonaparte. Allí, una vez más, sobresalió por su valentía y llamó la atención del general en jefe, Francisco Javier Castaños, que desde entonces se convirtió en su mentor. Tras la batalla, fue ascendido a teniente de infantería.

Francisco Javier Castaños, comandante en jefe durante la batalla de Bailén.

Pasó luego a Extremadura, donde se halló en el sitio y rendición de la plaza de Yelbes al mando de una guerrilla. En Almaraz, el 18 de diciembre derrotó a ciento cincuenta caballos enemigos. Destinado con esta misma fuerza en 22 de dicho mes al puente del Conde y acometido allí por tropas superiores, las repelió. Repetidas veces desde el principio de la campaña solicitó siempre los puestos más avanzados. Accediendo sus jefes a sus deseos se halló en la rendición de la escuadra francesa en Cádiz, donde pidió voluntariamente situarse en lo más inmediato del combate, teniendo la honra de que se lo concediesen. Siguió en guerrillas mandando asimismo en el sitio de Yelves una partida de descubierta —exploración—. Aumentó la partida de su mando, reclutando entre Madrid y Somosierra. Tuvo la importante comisión por el general Vázquez Somoza de infiltrarse para observar los movimientos de los enemigos.

Castaños escribe al ministro Saavedra, ya que la Junta central necesitaba del liderazgo una persona para enviarla a montar una fuerza en Galicia, designó a Morillo, el cual, promovido al grado de capitán del regimiento de Voluntarios de España el 22 de enero de 1809, y nombrado el 18 de febrero para aquella misión, partió para Galicia inmediatamente, y al mando de guerrillas, participará activamente contra el ocupante francés. Acepta la rendición de las fuerzas francesas en Vigo, alcanzando por ello el grado de coronel. Poco después será uno de los comandantes destacados de la victoria de la Batalla de Puentesampayo —7-8 de junio de 1809—). En 1810, al mando de una división volante, actuó en la sorpresa de Millarada el 29 de mayo y en las acciones de Castro de Faria. Fue ascendido a brigadier en 1811.

En 1813 se une al ejército inglés de Arthur Wellesley, duque de Wellington, y a su propuesta por orden de la Regencia del reino español, fue ascendido a mariscal de campo, el 3 de julio de 1813, en reconocimiento a su actuación en la batalla de Vitoria, librada el 21 de junio de 1813, al frente de la 1.ª División de Infantería del Cuarto ejército. Luego es nombrado teniente general y su prestigio aumenta en España. Como consecuencia de una nueva salida de Napoleón en campaña, en 1814, fue reforzada la línea de los Pirineos, ocupada por los aliados; en esa oportunidad enfrentó de nuevo a los franceses en su terreno, el 26 de enero de 1814; cuatro veces consecutivas se apoderó Morillo de las posiciones francesas y al final las abandonó ante la llegada de numerosos contingentes enemigos. En ese mismo año, junto al duque de Wellington, Morillo participó en la operación cuyo resultado fue la derrota del Ejército francés al mando del mariscal Soult en Orthez, Francia, el 27 de febrero. Finalizada la guerra de Independencia de España y repuesto Fernando VII al trono, el 14 de agosto de 1814 recibió su nombramiento como capitán general de Venezuela.

Pacificación y reconquista de Nueva Granada y Venezuela

En 1815 estaba reunida en la bahía de Cádiz una expedición pacificadora que tendría a Morillo como jefe, quien había sido designado para este puesto a finales de 1814 por el rey Fernando VII. Esta expedición se encontraba destinada originalmente a la sitiada plaza de Montevideo, para con posterioridad contribuir con el Ejército Real del Perú en la pacificación de las provincias del Río de la Plata. Sin embargo, las noticias de la revolución del Cuzco en la retaguardia del Ejército Real, la derrota de la Real Armada en el Río de la Plata en la Campaña Naval de 1814, y la consiguiente caída de Montevideo en manos de los patriotas, así como la alarma por la guerra de exterminio —guerra a muerte— en la insurrección de las provincias de Costa Firme hicieron que la expedición española fuera destinada hacia Venezuela y Nueva Granada.[6]

Monumento a Pablo Morillo en la ciudad de Zamora (España).

Sin embargo se mantuvo el secreto sobre los planes la expedición lo que mantuvo el estado de alerta entre los independentistas de Buenos Aires. El 22 de mayo de 1815 —un día después de llegada desde Río de Janeiro la noticia de que la expedición había zarpado con dirección a Buenos Aires— el Director Supremo y el Cabildo de la ciudad publicaron dos proclamas llamando al pueblo a combatir contra Morillo.[9]Durante las negociaciones del Congreso de Viena el delegado plenipotenciario de España el marqués de Labrador fracasa en el intento de obtener el apoyo de las potencias europeas —Rusia, Prusia y Austria— dirigido a someter las colonias americanas sublevadas.[cita requerida]

La expedición partió de Cádiz el 15 de febrero de 1815. Constaba de unos sesenta y cinco buques, de los cuales dieciocho eran de batalla al mando de Pascual Enrile Acedo, incluyendo un navío de línea, el San Pedro de Alcántara, de sesenta y cuatro cañones. El total de la expedición entre la marinería, servicios logísticos y fuerza de combate sumaba unos 15 000 hombres, aunque el ejército destinado a combatir estaba formado por 10 612 hombres, organizados en seis batallones de infantería, dos regimientos de caballería, dos compañías de artilleros, un escuadrón a caballo, y un piquete de ingenieros militares, además de pertrechos y víveres. Fue el mayor esfuerzo que saldría de España en el curso de la contienda.

Luego de tocar tierra el 7 de abril en Puerto Santo, cerca de Carúpano, en el oriente de Venezuela, y de entrevistarse con el brigadier Francisco Tomás Morales, quien comandaba unos 7000 soldados realistas,[15]

En Venezuela dejó una guarnición de 5000 españoles y 3000[19]​ Por último Cajigal, despreciado por Morillo por sus derrotas, volvió a España. Desde Cartagena se había organizado el auxilio militar para la restauración de la independencia de Venezuela en el año 1813 durante la guerra a muerte.

Reconquista de Nueva Granada y el Régimen del Terror

Al consolidar la ocupación de Cartagena las tropas de Morillo bloquean los puertos de La Dorada y Salgar penetrando en territorio neogranadino hasta llegar a Santafé de Bogotá donde restaura al virrey Juan de Sámano en el poder.

Este periodo histórico que comienza con la toma de Cartagena y concluye con las condenas a miembros de la insurrección de Nueva Granada se denomina en Colombia «Régimen del Terror».

Pablo Morillo en principio aplica una política de indultos que suspende tras quedar conmocionado al recibir la noticia de la traición de Arismendi, gobernador de la isla Margarita, y al que había perdonado de la sentencia de muerte, y que sin embargo se rebelaba a su partida, pasando además a cuchillo a toda la guarnición española. En represalia Morillo puso en marcha tribunales militares de justicia, de tres tipos: Tribunal de «guerra permanente», que dictaba sentencias de muerte contra los patriotas; el «Consejo de Purificación», que juzgaba a los insurgentes no merecedores de la pena capital, y la «Junta de Secuestros» para juzgar, ajusticiar y expropiar a todos aquellos que estuvieran involucrados con la causa de Independencia. Con la instauración de las «juntas de secuestro» en Nueva Granada y Venezuela, y lo mismo que en España durante la guerra de independencia española, se incautó propiedades y bienes para cubrir los gastos de mantener el ejército en campaña, que a pesar de ello resultaron insuficientes ya que Morillo sufrió de carencias y oposición. El edificio del Colegio-Universidad de Santo Tomás sirvió en Santafé de cárcel para muchos de los acusados y condenados. En algún momento llegaron a estar 300 personas hacinadas allí.[20]

Según el virrey Montalvo (1816-1818) en sus relaciones de mando, Morillo —directamente o a través de Juan de Sámano, su comandante militar— mandó ejecutar, en el territorio de la Nueva Granada varios cientos de personas, «... de las principales familias del Virreinato, que han sido pasadas por las armas por sentencia del Consejo permanente a las órdenes del General Morillo, unos delincuentes y otros no tanto, los cuales quizás hubiera convenido más al servicio del rey deportarlos para siempre de su país, a donde no pudieran perjudicar, después de haber hecho algunos ejemplares en cabezas principales de la revolución».

Pablo Morillo.

Se expropiaron propiedades y bienes de estas personas, se quemaron en público sus libros, y hasta sus retratos. Algunas ejecuciones fueron bastante crueles, como la de Camilo Torres, antiguo presidente de la confederación, fusilado en la cara, cortada su cabeza y exhibida durante varios días a la entrada de Santafé, en San Victorino, mientras los gallinazos comían sus carnes.

Entre los ajusticiados estuvo Francisco José de Caldas uno de los científicos más brillantes que tenía la Nueva Granada. Al oír su sentencia de muerte, una tradición afirma que Caldas habría pedido clemencia a Morillo, cuya respuesta habría sido «España no necesita de sabios». La tradición adjudica la frase a Pablo Morillo o a Pascual Enrile, pero se duda de que alguna vez fuera pronunciada.[11]

Con los clérigos y religiosos que habían colaborado con la causa independentista se procedió mucho más suave. La mayoría fueron juzgados por el «Consejo de Purificación», en cuanto habían apoyado indirectamente la causa patriota, pero que no habían liderado la misma. No obstante, durante el segundo semestre de 1816 fueron enviados a España los clérigos que habían integrado tropas y habían predicado la insurrección —y que habían sido capturados—. Se determinó que era más conveniente alejarlos de América, pues según el Pacificador, se habían convertido en gente «peligrosa» e «irreductible». Inicialmente marcharon 50 clérigos, en su mayoría seculares. Algunos religiosos, como los dominicos Ignacio Mariño y Pablo Lobatón fueron incluidos en la lista negra de rebeldes que debían ser ajusticiados y Morillo mandó su captura y su remisión a España, orden que nunca se cumplió, pues los dos estaban ausentes en Los Llanos, a donde habían ido a integrar las guerrillas de resistencia.[23]​ La mayor parte de los frailes del convento de Tunja, Chiquinquirá Ecce Homo y parte de los de Santafé debieron presentarse ante los tribunales de Morillo.

Por último, la ordenanza venida de Europa con el ejército expedicionario de Morillo alejó también a caudillos y huestes realistas, veteranos de la guerra a muerte, y que no vieron satisfechas sus propias expectativas. Asimismo la necesidad de instaurar un estado policial extraordinario debilitó aún más la ya maltrecha administración colonial tradicional. Muchos de los milicianos llaneros terminaron desertando y pasando a servir a los republicanos.[24]

Tras recuperar la Nueva Granada, Morillo debe regresar a Venezuela en 1817 preocupado por el recrudecimiento de la guerra, pues Bolívar, Piar, Páez y otros jefes venezolanos reactivan su movimiento durante la estancia de Morillo en Nueva Granada. El 31 de julio de 1817, es derrotado en la Batalla de Matasiete por el coronel Francisco Esteban Gómez pero logra tomar en forma cruenta Juan Griego en la isla de Margarita. Su lugarteniente Miguel de la Torre no logra frenar la invasión de Guayana en 1817. Al conocer de la caída de Angostura por parte de los patriotas y ante la proximidad de más ataques por parte del ejército al mando del coronel Gómez, motivaron a Morillo que partiera con sus tropas restantes el 17 de agosto de 1817 rumbo a Cumaná, dejando definitivamente a la Isla de Margarita en poder de los patriotas. En 1818, Bolívar avanza hacia Caracas en su Campaña del Centro de Venezuela, pero Morillo le detiene al derrotarlo en la Batalla de La Puerta. Su dirección desde la primera línea de batalla le vale una herida de lanza en el abdomen y su victoria el título de Marqués de La Puerta. Más tarde Bolívar extiende su ofensiva a Nueva Granada en 1819 y ocupa Santa Fe de Bogotá tras derrotar al coronel José María Barreiro en la batalla de Boyacá. A finales de 1820 Morillo contaba con unos quince mil hombres mientras que Bolívar ya disponía de veinticinco mil[27]​ Luego de la firma del armisticio Morillo se retiró a España, dejando en su lugar al general La Torre y a unas fuerzas realistas desalentadas. El tratado, que no duró los seis meses estipulados, fue utilizado por Bolívar para rearmarse y consolidar de facto la libertad venezolana con la batalla de Carabobo, el 24 de junio de 1821.

Trienio Liberal y Restauración absolutista

Reina regente María Cristina.

Finalmente Pablo Morillo consigue su retiro, solicitado en 16 ocasiones anteriormente, y regresa a España, dejando el mando del ejército realista al general Miguel de la Torre en diciembre de 1820. Siempre mostró desinterés en el percibo de sueldos, de los que se le debían a su retorno como jefe expedicionario la suma de 58 526 pesos fuertes, siendo el único general con mando en América en esta situación. Sin embargo a su retorno inmediatamente es llamado por el rey Fernando VII para una nueva misión. El 4 de mayo de 1821 fue nombrado capitán general de Castilla la Nueva, cargo que matuvo 18 meses durante el periodo de mayor furor revolucionario consiguiendo mantener el orden, sin embargo para no participar de la radicalización política dimitió de su cargo.

En julio de 1823 le fue encomendado su primer mando de Galicia a la entrada del ejército de los Cien Mil Hijos de San Luis al servicio de la Santa Alianza, y donde sufrió tentativas de asesinato por parte de Quiroga y los insurrectos. El Gobierno constitucional, ya en el tercer año de la revolución del Trienio Liberal, le destituye de todos sus honores y empleo en el mes de agosto de 1823. Sólo la persona de Morillo mantuvo la lealtad de las tropas españolas que se unieron al ejército del duque de Angulema. Se le dio el mando de la brigada francesa del conde de Bourk con la que rindieron las plazas de Vigo y La Coruña, restituyendo la paz en toda Galicia. Morillo consigue permiso para viajar a Francia por motivo de salud en el año 1824. Sin embargo, concluida la restauración de Fernando VII, tras la caída del trienio liberal en 1823, Morillo por su afinidad al bando constitucional es sentenciado por un tribunal «de purificación», mientras se encontraba de permiso en Francia, perdiendo sus cargos bajo un ambiente de intrigas y purgas en el Gobierno español.

Primera Guerra Carlista

Después de algún tiempo, en 1832 nuevamente se hace cargo de la Capitanía General de Galicia, desempeñado en dos ocasiones, esta segunda vez en 1836, pero su deteriorada salud y la necesidad de su presencia en la corte lo obligaron a volver a Madrid. Participa en la primera guerra carlista en apoyo de la reina regente Cristina, luchando en contra de los partidarios absolutistas de Carlos María Isidro de Borbón. No llega a ver el final de esta guerra, su deteriorada salud lo obliga a buscar atención en Bareges bajo permiso de la reina, y en estas circunstancias muere el 27 de julio de 1837 a la edad de sesenta y dos años, dejando a su viuda sin bienes y con cinco hijos menores. Refiriendo de él el historiador Rodríguez Villa:

Falleció este ilustre caudillo, tan rico en honores, como tan pobre en hacienda, que no pudo cubrir a su muerte la dote de su mujer, habiendo consagrado toda su vida a la grandeza e independencia de su patria y al servicio leal y desinteresado a su Rey. ¡Ejemplo digno de admiración y de eterna memoria por su elevado patriotismo y sus eminentes virtudes cívicas y militares!

Rodríguez Villa el 1 de mayo de 1908.

Inicialmente fue enterrado en el cementerio de Luz-Saint Sauveur en París, hasta que por mediación del gobierno constitucional de la reina Isabel II fue trasladado al cementerio de San Isidro de Madrid el 8 de agosto de 1843, donde desde entonces reposan sus restos.

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