Osni

Pese a que se ha cartografiado el 100 % del fondo del océano, no se ha encontrado ningún indicio de presencia de osnis. En la imagen, buceadores de la Armada de los Estados Unidos operan un sonar en el mar Rojo.

El acrónimo OSNI (objeto sumergible no identificado), también traducido como objeto submarino no identificado,[2]

La paternidad del término se le atribuye erróneamente al escritor suizo Erich von Däniken.

En España, su supuesta existencia se ha relacionado con dos conjeturas formuladas por la madrileña Beatriz Gato-Ribera, según las cuales la Tierra podría estar siendo observada por una civilización más avanzada, que no desea contactar con los seres humanos, pero a pesar de no querer ser detectada ―ocultando sus señales y habitando bajo mares y lagos para pasar desapercibida―, no es tan avanzada como para lograrlo.

Al contrario que los platillos volantes, existen muy pocos indicios físicos de los osnis, como fotografías o imágenes en movimiento, aunque sean lejanas, borrosas y con poco detalle como suele suceder con los objetos voladores no identificados. Tampoco los informes militares sobre posibles detecciones submarinas pueden ser muy precisos, lo impide la naturaleza del medio acuático. Sin embargo y al igual que con los sucesos aéreos, no hay ninguna prueba de su existencia.

Sobre los objetos submarinos no identificados no se han realizado investigaciones como el proyecto Libro Azul (1952), lo que ha influido en la escasez de catalogaciones, taxonomías y publicaciones, especialmente de monografías.

Descripción

Cualquier fenómeno inexplicado se atribuye a los ovnis. Traza de vapor de un misil en 2008, parecido al «ovni» de Canarias.[3]

El término se le atribuye erróneamente al ufólogo y estafador suizo Erich von Däniken:

Si un ovni entra en el agua se convierte en un OSNI.

Erich von Daniken[4]

La frase es inventada. Se desconoce quién y cuándo creó este hoax (bulo). Incluso para darle más verosimilitud, se inventó el nombre del libro de Däniken: Osni: los reyes del agua.[4] Posiblemente la misma persona que inventó la cita y el libro de Däniken, haya inventado el acrónimo OSNI.

Según la definición estos avistamientos requerirían la existencia previa de un ovni o varios, a quienes se les atribuye un origen extraterrestre mayoritariamente. Esta vinculación también la recoge Francisco Javier Torrent Rodrigo (2010, p. 81) tomando como referencia las palabras de Juan Manuel García Bautista en la publicación El fuego del dragón,[7]

Cabe concluir que cualquier osni sería un ovni que navegaría por el agua, emergido o sumergido, y cuya procedencia no se puede determinar. Como en el caso de la ufología, el término «desconocido» no se refiere a que se ignora la bandera bajo la cual navega, lo desconocido es su propia naturaleza porque no se sabe si se trata de un barco, un sumergible, un submarino, un aparato anfibio... incluso si son animales acuáticos o submarinistas.[8] Como se ha indicado, existe una tendencia que fija su procedencia fuera de la Tierra, sin embargo autores como Torrent Rodrigo (2010, p. 81) no aclaran de qué planeta, satélite, sistema estelar o galaxia provendrían dichos objetos; por lo tanto, la hipótesis extraterrestre no resuelve la incógnita.

No es fácil encontrar una tipología clara y consensuada sobre las distintas formas de los osnis, como sí sucede con los objetos sin identificar vistos en el cielo. Tampoco se puede indicar con seguridad una silueta predominante, como erróneamente se hace con los platillos volantes, que son producto de un error cometido en 1947 por el periodista Bill Bequette al confundir la forma de volar de los objetos vistos por Kenneth Arnold.[9] De la misma manera, se ha revelado difícil localizar bibliografía que muestre taxonomías de los posibles "osninautas", es decir, los supuestos tripulantes de los osnis, como sí ocurre en el campo aéreo con los denominados "grises", por ejemplo.

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