Organización Nacional de Ciegos Españoles

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Organización Nacional de Ciegos Españoles
Acrónimo ONCE
Tipo Organización sin ánimo de lucro
Estatus legal Corporación de derecho público
Fundación 1938
Sede central Madrid
Coordenadas 41°22′32″N 2°09′08″E / 41.375469, 41°22′32″N 2°09′08″E / 2.152353
Ámbito Flag of Spain.svg  España
Presidente Miguel Carballeda
Filiales Grupo Ilunion
Sitio web http://www.once.es/new
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La Organización Nacional de Ciegos Españoles (ONCE) es una corporación de derecho público de carácter social sin ánimo de lucro que tiene el propósito fundamental de mejorar la calidad de vida de los ciegos, deficientes visuales y discapacitados de toda España.

Cuenta con 72 256 afiliados (a 31 de diciembre de 2015), de los cuáles el 20 % son personas con ceguera y el 80 % personas con deficiencias visuales graves. Un 3 % de sus afiliados son personas sordociegas.[1]

Se trata de una organización muy activa que participa en los diversos foros nacionales e internacionales sobre ceguera y discapacidad, promoviendo también distintas iniciativas para lograr su función. Es socio fundador del Comité Español de Representantes de Personas con Discapacidad ( CERMI).[2]

Tiene reconocida una concesión estatal en materia de juego para la comercialización de loterías, que le permiten financiar su labor social y crear empleos para sus afiliados.

Historia de la ONCE

Antecedentes y fundación

A principios del siglo XX nacieron en España las primeras rifas callejeras organizadas por asociaciones de invidentes, un colectivo que hasta entonces estaba mayoritariamente abocado a la mendicidad.[5] el Centro Instructivo y Protector de Ciegos de Granada (fundado por José Recuerda Rubio), y la asociación sevillana La Hispalense.

El primer intento de crear una organización a nivel nacional fue la Federación Hispánica de Ciegos, impulsada en 1930 por José Ezquerra. En 1931 nació el Patronato Nacional de Protección de Ciegos, un organismo estatal dirigido por videntes, heredero del Patronato Nacional de Sordomudos, Ciegos y Anormales de 1910.[6]

En 1937, en plena Guerra Civil Española, Javier Gutiérrez de Tovar, presidente de La Hispalense sevillana, impulsó la Federación Bética de Ciegos, que aglutinaba a las asociaciones locales de Andalucía y Extremadura, y que aspiraba ser el embrión de una federación nacional.[7]

Tras este acuerdo, el 25 de agosto de 1938, en el Congreso de la Asociación Española para el Progreso de las Ciencias celebrado en Santander, Gutiérrez de Tovar expuso una ponencia en defensa de la tiflología y de la creación una organización nacional de ciegos, destinada a la integración social de los invidentes. Al día siguiente la presentó al Gobierno, obteniendo el apoyo del Director General de Beneficencia, Javier Martínez de Bedoya, y del Ministro de Interior, Ramón Serrano Suñer.[3]

Dependiente del Ministerio del Interior, se crea la Organización Nacional de Ciegos, que agrupará en ella, obligatoriamente, a todos los invidentes españoles, con fines de mutua ayuda y para resolución de sus problemas espe­cíficos. En dicha Organización se fusionarán todas las entidades existentes en la actualidad, tanto cul­turales y de trabajo, como de otro carácter, siempre que traten de problemas relacionados con los no videntes.

Artículo 1 del decreto fundacional ( BOE de 16 de diciembre de 1938)[8]

El mismo decreto estableció la creación del Consejo Superior de Ciegos, organismo dependiente del Estado y dirigido por videntes, que durante toda la Dictadura franquista tuteló a la ONC, administrando sus recursos económicos, aprobando sus planes y designando a su Jefe Nacional, siendo Gutiérrez de Tovar el primer elegido para este puesto.[3]

En 1939 se aprobó el Reglamento de la ONC, que autorizaba su participación en el monopolio estatal del juego mediante la comercialización del « cupón prociegos» como «forma excepcional y exclusiva de ingresos para los no videntes imposibilitados de desempeñar una profesión». El primer sorteo se celebró en Madrid el 8 de mayo de 1939.[3]

La ONCE durante la Dictadura

Durante los años 1940 la ONC abrió sus primeros colegios para invidentes y fomentó la inclusión laboral con la creación de fábricas de dulces y talleres industriales. Los desencuentros de Gutiérrez de Tovar con el Consejo Superior de Ciegos provocaron su cese en 1948. Fue reemplazado transitoriamente por Benito Hermida, el único vidente al frente de la organización en toda su historia, y en 1949 José Ezquerra fue designado Jefe Nacional. Desempeñó el cargo durante una década, apostando por un modelo mutualista, que le llevó a cerrar las fábricas abiertas en la etapa anterior.[3] En 1952 se añadió el término Españoles a la denominación de la organización.

La inserción laboral de los invidentes, más allá de la venta de los cupones, se convirtió en uno de los objetivos prioritarios de la ONCE a partir de los años 1960, con Ignacio de Satrústegui al frente. Para ello se impulsaron centros de formación profesional y talleres ocupacionales. La culminación de este proceso fue la creación de la Escuela de Fisioterapia (1964), de la Escuela de Telefonía (1966) y del Centro de Rehabilitación y Formación Profesional (1966). Paralelamente, durante esta etapa se potenciaron las bibliotecas y las imprentas braille y se impulsó el audiolibro.[3]

Democratización y crecimiento

Al finalizar la Dictadura, la organización inició un convulso proceso de democratización y autogestión, impulsado por un grupo emergente de jóvenes sindicalistas,[10] El segundo, el rotundo éxito comercial del «cuponazo», que lleva a la institución a multiplicar sus ingresos.

Acompañando ese éxito comercial la ONCE amplia su campo de acción también a otras discapacidades distintas a la ceguera. En 1988 se crea la Fundación ONCE para la cooperación e inclusión social de las personas con discapacidad. Un año después la Fundación impulsó el grupo empresarial Fundosa, con el objetivo de generar empleo estable para personas con discapacidad.

A partir de 1989, con Miguel Durán como director general, la ONCE inicia un proceso de inversiones en sectores estratégicos como las finanzas (a través de Finonce), la industria (Indonce), los servicios (Servionce), el negocio inmobiliario (Surba) y la comunicación (Divercisa). En este último sector desarrolló una notable actividad, destacando la compra de los periódicos El Independiente y Diario de Barcelona, así como la participación en la creación de la agencia de noticias Servimedia, de la cadena televisiva Telecinco y de la radiofónica Onda Cero, las dos últimas presididas por el propio Durán. La mayor parte de esas inversiones en medios de comunicación resultaron altamente deficitarias para la ONCE.[11] Esta etapa finalizó en 1993, con la dimisión de Durán, tras discrepancias con el Consejo General. Ese mismo año se creó la Corporación Empresarial ONCE (CEOSA), con el objetivo de aglutinar las distintas empresas que la organización había ido creando desde 1989.

En los años 2000, las ventas del cupón entraron en un progresivo declive, motivado por la creciente competencia en el sector de las apuestas y loterías.[13]

En el año 2013, la ONCE recibió el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia como reconocimiento a su labor en la integración social de las personas con discapacidad.

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