Organización Nacional (Argentina)

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Historia de la Argentina
1852 - 1880
Organización Nacional
La Argentina y sus países vecinos alrededor de 1855.

En la Historia de la Argentina, se llama Organización Nacional al período comprendido entre la derrota del régimen rosista en la Batalla de Caseros, ocurrida en 1852, y el acceso al poder de la llamada Generación del 80, alrededor del año 1880.[* 2]

En este período se produjeron cambios profundos en la configuración del estado argentino: se sancionó la Constitución Nacional de 1853, por la que se instalaban autoridades nacionales y se reemplazaba la laxa Confederación precedente por una federación —aunque aún llevaba el nombre de Confederación— y posteriormente por una República federal; tuvo lugar la sangrienta Guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay, las últimas guerras civiles argentinas y se incorporó gran parte del sur del país como resultado de la llamada Conquista del Desierto; se organizó definitivamente el Ejército Argentino a raíz de la Guerra de la Triple Alianza y la Armada Argentina a partir de la formación de la Escuadra de Sarmiento; se solucionó la "cuestión capital" con la Federalización de Buenos Aires; se modernizaron las comunicaciones internas –iniciándose el tendido de la red ferroviaria argentina– y las externas, con la construcción de nuevas instalaciones portuarias; se extendió la educación primaria gratuita y se crearon gran cantidad de escuelas primarias y secundarias.

El período se divide claramente en dos subperíodos muy diferentes entre sí: durante los diez primeros años, la Argentina estuvo de hecho dividida en dos estados, la Confederación Argentina y el Estado de Buenos Aires, cada uno con sus autoridades y legislación propias. Durante el período posterior, el país se unificó definitivamente.

Antecedentes

El Río de la Plata obtuvo su independencia del Imperio Español a través de la Revolución de Mayo de 1810, aunque no todo el territorio se incorporó a las llamadas Provincias Unidas del Río de la Plata. Una prolongada guerra contra la antigua metrópoli le permitió sostener esa independencia, que fue formalmente declarada en el año 1816.

Desde el año 1814 se produjeron enfrentamientos entre las tendencias centralistas de la capital, Buenos Aires, y las tendencias centrífugas de varias provincias. El Partido Federal sostuvo una larga guerra civil, al término de la cual logró evitar el sojuzgamiento por parte del gobierno central, al precio de destruir toda forma de organización nacional. A partir de 1820, cada provincia se administró por sí misma.

Durante ese período se produjo una transformación profunda de la estructura económica del país: las regiones otrora más prósperas, tales como el noroeste, Cuyo y el noreste —cuyas economías eran motorizadas por el intercambio comercial con el Alto Perú, Chile y Paraguay respectivamente— sufrieron una marcada declinación debido al proceso independentista y a la competencia de los productos industriales –de origen mayoritariamente británico– con sus producciones artesanales e industriales. Paralelamente, el Litoral argentino —cuya importancia económica durante el Virreinato del Río de la Plata había estado muy limitada— experimentó los efectos de una rápida valorización de los productos ganaderos, especialmente carne en forma de tasajo y cueros, que le permitieron ponerse al frente de la economía del país.[3]

Enfrentados a los federales, los unitarios intentaron repetidamente recuperar el control de las provincias y centralizar el gobierno. Sucesivas guerras civiles azotaron las provincias durante casi todo el período en que el estado nacional dejó de existir. Dos constituciones de cuño unitario, sancionadas en los años 1819 y 1826, fueron desconocidas por la mayor parte de las provincias.[4]

La Confederación y el gobernador Rosas

Las provincias gobernadas por los federales firmaron en 1831 el Pacto Federal, que desde el año siguiente reguló las relaciones entre todas ellas.[6]

A partir de ese momento se generalizó el uso del término Confederación Argentina para nombrar al país. Desde 1835 en adelante, el estanciero Juan Manuel de Rosas gobernó ininterrumpidamente la provincia de Buenos Aires, oponiéndose enérgicamente a la organización constitucional del país. En parte para evitar nuevos enfrentamientos por esa causa y porque no creía que las leyes por sí mismas cambiaran las estructuras políticas de un país; pero también para conservar el monopolio de la Aduana, el control de los ríos Paraná y Uruguay, y el de la política interna de las provincias por medios militares y económicos.[7]

Rosas mantuvo su poder por medio de la persecución de sus enemigos políticos y las alianzas militares con los gobiernos provinciales,[9]

La estabilidad del sistema político implementado por Rosas evitó la posible disgregación del país en numerosos estados independientes al precio de suprimir las libertades individuales; las provincias mantuvieron su autonomía política, pero en la práctica terminaron subordinadas a los deseos de Rosas.[10]

Además de los unitarios, durante el gobierno de Rosas surgieron al menos dos grupos opositores más: los "lomos negros", federales descontentos con el control político de Rosas,[8]

Rosas y sus aliados enfrentaron también una larga guerra civil en el vecino Uruguay, donde gran parte de sus enemigos políticos se habían refugiado.[13]

Caseros

El 1 de mayo de 1851, Justo José de Urquiza, gobernador de Entre Ríos adicto hasta entonces a Rosas, decidió romper públicamente con éste y forzar la sanción de una constitución nacional.[15]

Al frente de su ejército invadió primeramente la provincia de Santa Fe[17]

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