Orfebrería románica en Cataluña

En la poca románica en Cataluña los artistas orfebres eran considerados con mucho más respeto y admiración que los propios pintores. Su formación profesional estaba a la altura de escultores y pintores. Otra cosa a tener en cuenta para comprender esto es el valor de los materiales con que trabajaban (oro, plata, metales nobles, piedras preciosas) que de antemano presuponían unas manos expertas y de artista.

En los inventarios que aun existen referentes a los siglos X al XIII se detallan numerosas y ricas piezas de orfebrería, la mayoría desaparecidas. Hasta el momento la más antigua es el altar portátil del San Pedro de Roda, encontrada escondida en un rincón del edificio. La fecha de datación aproximada es del año 1000. Es de plata repujada, de trabajo muy arcaico con influencia carolingia que se adapta a un estilo propio de la zona. Lleva unas inscripciones y está adornada con motivos vegetales sin que quede un espacio por repujar. Se guarda en el Museo Nacional de Arte de Cataluña. Las demás piezas conservadas son ya de los siglos XII y XIII e incluso del XIV en el que muchas obras seguían siendo de tipología románica.

Obras atesoradas

  • Se conservan tres cruces del siglo XII siendo la más antigua la de plata repujada procedente del Monasterio de Sant Miquel del Fai en la localidad de Riells de Fai, dentro del ayuntamiento de Bigas; las otras dos son de cobre con oro y esmaltes. Son obras importantes pero no proceden de los talleres de Limoges como ocurre con muchas otras cruces inventariadas y desaparecidas.
  • Copón proveniente de la catedral de Urgel que se guarda en el Museo Nacional de Arte de Cataluña, obra notable de importación.
  • Cubiertas del Misal de San Rufo, procedente de la catedral de Tortosa, de origen francés. Datado en el 1200, están decoradas con plata repujada y esmaltada.
  • Incensarios hechos en bronce fundido y decorados a buril con ornamentación floral muy estilizada. El estudio de estas piezas asegura la existencia de varios talleres en el siglo XII.
  • Cálices hallados en el ajuar funerario de algunos obispos, de bellas formas pero sin decoración, fundidos a plomo o con la aleación llamada peltre. Uno de ellos procede del sepulcro de San Bernardo Calvó, muerto en 1234.
  • Las obras en hierro tuvieron una cierta importancia abriéndose un buen número de talleres de forja en los alrededores de los yacimientos de pirita del norte de Cataluña, sobre todo en las estribaciones pirenaicas. En estos talleres se forjaban tanto armas y herramientas de trabajo como piezas de decoración y liturgia. Se conservan algunos candelabros, verjas, herrajes, cerraduras, clavos, etc.[1]
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