Orden Trinitaria

Orden de la Santísima Trinidad y de los Cautivos
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Signum Ordinis Sanctae Trinitatis et Captivorum
Nombre latino Ordinis Sanctae Trinitatis et Captivorum
Siglas O.SS.T
Gentilicio Trinitarios
Tipo Orden religiosa de Derecho Pontificio
Regla Propia
Hábito Blanco con capucha y escapulario con cruz roja y azul sobre el pecho
Fundador San Juan de Mata
San Félix de Valois (Cofundador)
Fundación 1193
Lugar de fundación Cerfroid, Flag of France.svg  Francia
Aprobación 17 de diciembre de 1198, Inocencio III
Superior General Fr. Joseph Narlaly, Ministro General
Lema Gloria tibi Trinitas et captivis libertas
Religiosos 585 (en 2015)[1]
Sacerdotes 410 (en 2015)[1]
Curia Curia General: Via Massimi, 114/c, 00136 Roma, Flag of Italy.svg  Italia
Presencia 22 países, 103 casas
Actividades Liberación de la persona de cualquier tipo de cautividad en continuidad con el carisma redentor histórico.
Sitio web Curia Generalizia [1]
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La Orden de la Santísima Trinidad y de los Cautivos (en latín Ordinis Sanctae Trinitatis et Captivorum, conocida también como Orden Trinitaria o Trinitarios, es una familia religiosa fundada por el francés Juan de Mata (1154-1213), de origen provenzal, con Regla propia, aprobada por Inocencio III el 17 de diciembre de 1198 con la bula Operante divine dispositionis; a la que se unió la praxis de Félix de Valois (cofundador de la Orden). Es la primera institución oficial en la Iglesia dedicada al servicio de la redención con las manos desarmadas, sin más armadura que la misericordia, y con la única intención de devolver la esperanza a los hermanos en la fe que sufrían bajo el yugo de la cautividad. Es también la primera Orden religiosa no monástica y una de las principales órdenes religiosas que se extendieron por España y Europa durante la Baja Edad Media. Asimismo, salvando las diferencias de carácter fundamental religioso o sanitario, se podría decir que la antigua Orden de la Santísima Trinidad y de los Cautivos equivaldría, por tanto, a la actual Cruz Roja en la época medieval, en su papel filantrópico y social.

Historia

Orígenes

Según la tradición, la Orden Trinitaria fue fundada por inspiración divina. Todos los documentos de la época que así lo afirman toman como base la visión o revelación que Juan de Mata tuvo en su primera misa, celebrada en París el 28 de enero de 1193, y a la que asistieron el obispo de París, Maurice de Sully, y el abad de San Víctor de París. En el momento de la consagración tuvo la inspiración de ver a Cristo Redentor en medio de dos cautivos, uno blanco con una cruz roja y azul, el otro negro, y Cristo los tomaba a ambos de las manos en actitud de intercambiarlos. Para distinguir a la Orden Trinitaria de todas las demás, Juan de Mata mandó imprimir unos sellos en los que grabó esta visión, y también mandó realizar un mosaico que colocó en la entrada de la Casa de la Santísima Trinidad de Roma, en el Monte Celio. Ininterrumpidamente, los trinitarios han usado este símbolo como sello propio y de sus ministros, hasta la actualidad.[2]

La tradición trinitaria considera a Félix de Valois cofundador de la Orden y compañero de Juan de Mata en el desierto eremítico de Cerfroid, en las cercanías de París. Allí se formó una comunidad de personas, sostenida y unida por el propósito y la intención de Juan de Mata de fundar una Orden. Se convirtió así en primera comunidad y casa madre de la Orden, y en ella fueron elegidos los Ministros Generales de la Orden hasta la Revolución Francesa, en que fue destruida.[3]

Detalle de un grabado de 1700, de los monjes fundadores de la Orden de los Trinitarios Calzados, con la versión de las cruces "patadas".

La Regla Trinitaria

Con rasgos profundamente evangélicos, Juan de Mata funda un nuevo y original proyecto de vida religiosa en la Iglesia que conecta la Trinidad y la redención de cautivos: la orden es Orden de la Santísima Trinidad y de la redención de cautivos, los conventos se denominan Domus Trinitatis 'Casa de la Santísima Trinidad, y los religiosos son los hermanos de la Santa Trinidad.

La Regla Trinitaria, conservada en los Archivos Vaticanos, es quizá el único escrito del fundador. En ella podemos ver el espíritu que movió a Juan de Mata a fundar la Orden, y al mismo tiempo sirve de estudio para conocer la vida de los primeros trinitarios, sus anhelos e inquietudes. La Regla tiene influencias de una triple tradición de la vida religiosa: del monaquismo toma la vida claustral con su ideal de seguimiento evangélico de Cristo y de vida comunitaria; de los canónigos regulares de San Víctor toma el carácter clerical, el ministerio pastoral; y de las órdenes hospitalarias recibe su carácter caritativo-social orientado al rescate de los cautivos y a los hospitales para peregrinos y para los mismos cautivos. Y además le añade un elemento importante: la relación con la Santísima Trinidad, de la que se embebió en su formación con los victorinos de París, especialmente con Hugo y Ricardo de San Víctor.[4]

Juan de Mata quiso para los trinitarios una vida religiosa auténtica, volviendo al Evangelio y a la vida apostólica, desde la sencillez de las relaciones, sin desigualdades; también un carisma liberador hacia todo cristiano, y no cristiano, y así la Regla está impregnada del ideal del servicio, la humildad y la entrega al pobre y cautivo, esté donde esté; y en tercer lugar, quiere una devoción especial a la Santísima Trinidad, como fuente de toda la vida cristiana, y así en nombre de la Santísima Trinidad se fundan casas, se levantan iglesias, se rescatan cautivos.[4]

No es una Regla al estilo de las monásticas de San Basilio, San Benito o San Agustín, no está llena de exhortaciones y largas citas evangélicas, sino de principios breves y directos, porque según el estilo de la época, es el mismo Evangelio el que se toma como regla de vida. Uno de los elementos más llamativos y característicos de la Regla Trinitaria es la Tertia Pars:[4]

Omnes res, undecumque licite veniant, in tres partes dividant equales; et in quantum due partes sufficient, exequantur ex illis opera misericordie, cum sui ipsorum et eis necessario famulantium moderata sustentatione. Tercia ver pars reservetur ad redemptionem captivorum qui sunt incarcerati pro fide Christi a paganis: vel dato precio rationabili pro redemptione ipsorum ver pro redemptione paganorum captivorum, ut postea rationabili communatione et bona fide redimatur christianus pro pagano secundum merita et statum personarum.[5]

Actividad redentora

El ambiente religioso de finales del siglo XII estaba imbuido en las cruzadas, que se habían convertido en seña de identidad de la defensa cristiana de los valores que comenzaban a formar la civilización occidental, frente a los valores musulmanes. En 1199, un año después de la aprobación de la Regla Trinitaria de Juan de Mata, Inocencio III proclama la Cuarta Cruzada, con el objetivo de retomar Egipto. Sin embargo cuando las tropas cristianas se disponían a embarcar en Venecia, el Dux envió un contingente contra los húngaros como acto de venganza personal y al resto contra el emperador Alejo III de Constantinopla, al que derrocó, lo que supuso el fin de los restos del Imperio de Oriente. El 12 de abril de 1204 pasó a la historia con la vergüenza del saqueo de Constantinopla por parte de los caballeros cruzados: miles de cristianos masacrados, entre ellos niños y mujeres, iglesias desvalijadas y saqueadas de reliquias, obras de arte, objetos litúrgicos, etc., que se llevaron como botín al centro de Europa, incluyendo el saqueo y destrozos en la basílica de Santa Sofía. Aquella cruzada fue todo un escándalo para la cristiandad, el mismo papa Inocencio III excomulgó a los caballeros cruzados.

Ante la inoperancia de tantos intentos por recuperar los territorios sagrados se extendió la idea de que Dios pedía almas puras para esos enfrentamientos de sangre. Así fue como en 1212 un niño de 12 años predicó en Francia una nueva cruzada, llamada de los niños. Embarcaron en Marsella miles de niños y jóvenes que fueron interceptados en el mar, capturados y vendidos como esclavos. Hay bastante de leyenda en torno a este episodio, según afirman los historiadores más serios nunca llegaron a embarcarse, pero esas correcciones no importaban tanto entonces y en toda Europa se creyó el escándalo de miles de niños hechos esclavos por los musulmanes a causa de la poca valentía de sus mayores. Así fue como en 1213, el mismo año en que moría Juan de Mata, el papa Inocencio III proclamaba la Quinta Cruzada, con el objetivo de retomar Egipto. Esta vez sí llegó a la antigua tierra de los faraones, si bien los resultados no fueron del todo satisfactorios para las tropas cristianas.

Grabado de los Padres de la redención de 1890.

Cuando Juan de Mata y los primeros hermanos de la Casa de la Santísima Trinidad y de los Cautivos comienzan a movilizarse en torno a la misión que sienten como propia, se habían dado en la Iglesia, especialmente en España, muchos episodios de intercambio y liberación de esclavos. Santo Domingo de Silos fue en el siglo anterior el gran libertador de cautivos cristianos en el norte de África. Lo que diferencia a la empresa de los hermanos trinitarios es la voluntad de diálogo, de comprensión, de liberación mutua: Cristo nos libera a todos, cristianos y musulmanes. Poco tiempo después de conseguir la aprobación de la Regla Trinitaria, Juan de Mata recibe de Inocencio III una carta dirigida al ilustre Miramamolín, rey de Marruecos y a sus súbditos fechada el 8 marzo de 1199. Acababa de heredar el califato almohade marroquí Muhammad An-Nasir, hijo de Yusuf II al-Manşūr. El Papa llama al califa Miramamolín, que se ha tomado comúnmente como nombre propio pero que es en realidad la latinización del árabe Amir ul-Muslimīn 'Príncipe de los Creyentes'. La carta justifica el empeño de Juan de Mata como una de las obras de misericordia que nuestro Señor Jesucristo encomendó a sus fieles en el evangelio…, la redención de cautivos.

Unos hombres, entre los que se encuentran los portadores de esta carta, divinamente inspirados, han fundado hace poco una Regla y una Orden, por cuyos estatutos deben emplear, para la redención de los cautivos, la tercera parte de todos sus bienes, tanto de los que tienen actualmente como de los que podrán obtener en el futuro. Y como para cumplir mejor su propósito muchas veces resulta más fácil que sea liberados de las mazmorras de la cautividad por conmutación que por rescate, se les permite que puedan redimir cautivos paganos del poder de los cristianos que luego deberán ser conmutados para liberar cristianos. Y dado que la obra que hemos expuesto conviene tanto a los cristianos como a los paganos, hemos determinado comunicaros esto por medio de una carta apostólica. El que es camino, verdad y vida os inspire para que, conocida la verdad, que es Cristo, os apresuréis a llegar a Él cuanto antes. Dado en Letrán, el 8 de marzo, en el segundo año de nuestro pontificado[6]

Tanto en la Regla como en la carta del papa al rey de Marruecos destaca especialmente la práctica del intercambio o canje, y aquí se puede ver la mano personal de Juan de Mata, que personalizaba de este modo la visión que tuvo en su Primera Misa y que le llevó a la fundación de la Orden: la redención de Cristo llega a todos y para ello debe previamente materializarse la liberación de la persona. No tuvo que ser nada fácil introducir esta idea en la sociedad belicista y antimusulmana de la época, pero ambos documentos confirman que el hermano Juan consiguió imponer esta importante cuña, no solo con miras a los fines de la Orden, sino seguramente también a rebajar la tensión socioreligiosa del momento, por el ambiente de desilusión general a causa del fiasco de la Cuarta Cruzada.

Sin embargo, esta intuición estaba llamada a no durar demasiado, pronto los decretos papales y de los nobles cristianos que donan entusiasmados sus bienes y herencias a la nueva Orden, van olvidando la tradición del canje de cautivos en pro de las campañas de recogida de dinero. Urbano IV en 1263 en la bula Ad hoc ordo vester, afirma Es cosa bien sabida que vuestra Orden, ya desde el comienzo de su saludable institución, volcó completamente sus afanes y su eficaz ayuda y empleó su labor para que los defensores de la fe cristiana, que, por reivindicar la injuria inferida a nuestro Redentor, exponiendo sus personas a los peligros de la muerte, eran apresados por los enemigos de esa misma fe y retenidos en sus cárceles como rehenes, fuesen rescatados, en honor del mismo Redentor, con los bienes de dicha Orden.[8]

En varias ocasiones quienes se intercambiaban por los cautivos cristianos eran los mismos religiosos. En el siglo XVII recorrió España como la pólvora la noticia de los trinitarios Bernardo de Monroy, Juan del Águila (trinitario) y Juan de Palacios, que murieron en las mazmorras de Argel después de pasar varios años esperando su liberación; se habían intercambiado por varios cautivos cristianos para cuya liberación no llegaba el dinero. El mejor resumen de este heroico canje lo hace Miguel de Cervantes en su novela La española inglesa (1613): “Trujéronnos a Argel, donde hallé que estaban rescatando los padres de la Santísima Trinidad; hablélos, díjeles quién era; y movidos de caridad, aunque yo era extranjero, me rescataron en esta forma: que dieron por mí trescientos ducados, los ciento luego, y los doscientos cuando volviere el bajel de la limosna a rescatar al padre redentor, que se quedaba en Argel empeñado en cuatro mil ducados, que había gastado más de lo que traía, porque a toda esta misericordia y liberalidad se extiende la caridad de estos Padres, que dan su libertad por la ajena y se quedan cautivos por rescatar cautivos”'[9] '

Liberación de Miguel de Cervantes por Juan Gil en la redención de 1580

Es ampliamente conocido, porque lo relató él mismo en varias ocasiones, el rescate más famoso que los trinitarios realizaron en toda su historia: el 19 de septiembre de 1580, Juan Gil, Redentor General, consiguió reunir los 500 ducados de oro exigidos por el rey de Argel para liberar al cautivo Miguel de Cervantes Saavedra, que después ganaría fama como escritor. El rescate se realizó gracias al dinero que dieran su madre y su hermana, que se completó con fondos de la Tertia Pars de los mismos trinitarios y limosnas pedidas a los mercaderes cristianos de la ciudad.

Junto a la obra redentora, los trinitarios ejercieron una importante labor de mediación y diálogo con el mundo musulmán. El hermano trinitario era en sí mismo un signo de diálogo y mediación, no se dejaba nada al azar, su presencia personal: cabalgadura, hábito, cruz trinitaria, así lo demuestran. Entre las menciones documentales de trinitarios como mediadores destaca la bula del papa Gregorio X en 1272 en la que relata cómo por mediación de un hermano de la Orden de la Santa Trinidad de la Casa de San Juan de Acre, el sultán de Egipto había mandado liberar a las mujeres cautivas con sus hijos, apresados todos ellos en los pueblos cercanos y en las costas de Italia, si bien posteriormente el mismo sultán revocó el mandato de liberación de los niños para así impedir un futuro ataque cristiano.[10]

El historiador francés Guy Turbet-Delof[11] relata la redención en Trípoli el año 1700 de 64 cautivos y dos imágenes por parte de los redentores franceses. El historiador llama a este viaje turismo diplomático: el hermano Philemon de la Motte, de la casa de San Mathurin en París, recibe los elogios de las autoridades locales: Yusuf, general de la milicia, alaba mucho su tolerancia y buena voluntad.

¿Cuántos cautivos rescataron los trinitarios?

Una pregunta nada fácil de responder al ser muy poca la información de la que se dispone, sobre todo en los primeros tres siglos de la Orden, e incompleta del siglo XVI. En ese período de las provincias de Francia solo se han podido registrar diecisiete redenciones desde 1198 a 1544, y no se conoce el número de cautivos en nueve de ellas, en una del resto se rescataron 204 y en las otras siete una media de 50 por expedición. Casi nada se sabe de las redenciones de la Provincia de Castilla en los siglos XIII y XIV. Desde 1404 a 1546 se conocen veinticuatro redenciones, y de ellas se desconoce el número de rescatados en catorce, en las otras diez se liberaron 7.445 cautivos. También se desconoce el número de redenciones realizadas por las dos provincias de Inglaterra y Escocia hasta que fueron suprimidas en el siglo XVI. No se tiene noticia de las redenciones de la Provincia de Aragón durante los tres primeros siglos, después su actividad redentora fue prácticamente nula, obstaculizada por el monopolio que ejercían los mercedarios aragoneses. De la Provincia de Portugal son pocas las noticias en ese mismo período de tiempo; desde 1461 a 1557 los reyes les prohibieron realizar rescates, y solo a partir de 1558 conocemos las redenciones efectuadas. Según el estudio exhaustivo realizado por el historiador trinitario fr. Bonifacio Porres[8] este sería un buen resumen de las redenciones realizadas y cautivos liberados, si bien ya sabemos que incompleto:

Provincias o naciones Período Redenciones Cautivos
Francia 1198-1544 17 254
Castilla 1404-1546 24 +7.445
Francia s. XVII 19 1.155
Francia s. XVIII 20 1.405
Descalzos de Francia s. XVII 5 170
Castilla y Andalucía 1580-1769 34 6.818
Portugal 1558-1778 42 8.634
Descalzos de España 1625-1769 24 4.865
Descalzos de Italia 1706-1793 27 607
Descalzos de Polonia 1688-1770 15 444
Descalzos de Austria 1691-1783 31 3.923

Expansión de la orden

En Europa la Orden trinitaria se extendió, entre 1198 y 1314, desde el norte de Francia hacia el sur y, siguiendo la margen occidental del Mediterráneo, se expandió hacia Castilla y la costa Mediterránea de los que hoy es España, según se iba reconquistando el territorio del sur, ocupado por los musulmanes. Hacia el norte de Francia los trinitarios se expandieron por las islas británicas. El entusiasmo de los orígenes y la pureza de la aplicación de la Regla fueron reconocidos por muchos eclesiásticos de la época, tales como el cardenal Jacobo de Vitry y el Maestro General de los frailes predicadores, Humberto de Romans.

Las numerosas bulas redactadas por Inocencio III y sus inmediatos sucesores, acogiendo bajo la protección del papa las nuevas fundaciones, y el apoyo de autoridades civiles y eclesiásticas, favorecieron a la expansión de los trinitarios. En 1219 la Orden contaba ya con 18 conventos en Francia, 13 en España, 8 en Italia, y uno en Portugal e Inglaterra, respectivamente. Hacia 1237 se sumarían cuatro conventos en Tierra Santa y a finales de siglo la Orden contaría unos docientos conventos desde Inglaterra hasta Palestina. Dentro de las posesiones se contaban además, numerosos hospitales e iglesias.[12]

Los cambios producidos en Europa y en la Iglesia entre 1315 y 1472, afectados especialmente por las pestes que provocaron la diezmación de la población y por la crisis de la Iglesia, generada primero por el destierro de los papas a Aviñón (1309 - 1376) y luego por el Cisma de Occidente (1378 - 1417); contribuyeron a la detención de la expansión de la Orden Trinitaria, el cierre de muchas casas por las muertes de sus religiosos y la expropiación de importantes casas, como Santo Tomás in Formis en Roma, de parte del papa romano, porque el Ministro General de los Trinitarios rindió obediencia al antipapa francés.[12]

Roberto Gaguin hizo una radiografía de la situación de la Orden en 1417. Grabado de Nicolas III de Larmessin

El período comprendido entre 1417 y 1613 podría denominarse la época de las Reformas dentro de la Orden Trinitaria, que van desde la elección de Roberto Gaguin como Ministro General de la Orden y la muerte de Juan Bautista de la Concepción, reformador español.[12] Gaguin hace una radiografía de la situación de la Orden en su época:

«Me avergüenza el recordar nuestra irreligiosidad, insumisión y desvergüenza. Nuestras casas han quedado deshabitadas. En los lugares más importantes donde debiera haber más religiosos, o son pocos o ninguno; y los que quedan, viven secularizados en su modo de vestir y andar, en sus gestos y costumbres, llevando una vida aseglarada». Roberto Gaguin, discurso en el Capítulo General de Cerfroid de 1473.[12]

El discurso de Gaguin no cambió el modo de vivir de la Orden en general, sin embargo suscitó en los corazones de numerosos religiosos el deseo de retornar a los orígenes. Se redescubrió la importancia de la vida de los santos fundadores, especialmente de la impronta plasmada por Juan de Mata en la Regla primitiva y se desarrolló un nuevo período de fundaciones. A finales del siglo XV e inicios del XVI los trinitarios contaban con unas 160 casas, distribuidas en 11 Provincias: 6 en Francia, 2 en España (Castilla y Aragón) y una en Portugal, Inglaterra y Escocia respectivamente. A inicios del XVII Andalucía e Italia se independizan y forman nuevas provincias. Como resultado de la Reforma Protestante y las consiguientes "guerras religiosas" (1627-1588), se perdieron numerosas casas de las provincias francesas y por la Reforma de Enrique VIII, se suprimieron las provincias de Inglaterra y Escocia, es conocido el testimonio de algunos mártires trinitarios ingleses durante este período (1536-1591).[12]

Reforma

Durante el siglo XVI se van adoptando en la Orden diversas medidas disciplinares y legislativas con la intención de dar vida a los deseos de reforma de algunos trinitarios, cuyo ápice se encontrará la reforma de Juan Bautista de la Concepción, que originará la Orden de los Trinitarios Descalzos, primero constituida en provincia autónoma respecto al Ministro General francés y más tarde en una Orden religiosa independiente con su propio gobierno y organización.

Primeros intentos de reforma

En la Provincia de Castilla, en el capítulo provincial de 1496 se inician una serie de reformas estatutarias que se evolucionarán en los capítulos sucesivos y tomarán peso con la publicación de las constituciones Flos Observantie cuyo objetivo era corregir los abusos frecuentes en la disciplina regular y mejorar la observancia del espíritu religioso. En España no tuvo gran influencia, sin embargo dichas constituciones tuvieron mayor fuerza en Portugal a partir de 1545, con el decreto del rey Juan III, que obligaba a todas las órdenes religiosas de su territorio a reformarse. Los trinitarios portugueses tuvieron en Roque del Espíritu Santo el abanderado de su reforma. Todos los conventos de Portugal se reformaron, sin desligarse de la obediencia del Ministro General de la Orden.

Al clausurarse el concilio de Trento (1563), se impulsó aún más el deseo de reforma en la Orden Trinitaria, pero que se limitaban a solo particulares de la redención de cautivos y algunos aspectos de vida y costumbres, como los del Ministro General Bernardo Dominici, y los intentos fallidos de independencia de las provincias hispánicas, bajo su propio General, de Jerónimo García. Durante el generalato de Dominici, se dio un importante movimiento de reforma en Francia, liderado por dos ermitaños, Claude Aleph y Julien de Nantonville, quienes con el breve Sacrosanctae Romanae Ecclesiae, de Gregorio XIII, obtuvieron la aprobación pontificia de un nuevo instituto religioso Orden Reformada de la Santísima Trinidad. Mantuvieron su independencia hasta la revolución francesa, en que fueron obligados a unirse a la Orden calzada. Mientras tanto en España se continúan haciendo intentos de reformas, todos fallidos, hasta que por fin surge la tan anhelada reforma española.[14]

Convento de los Padres Trinitarios S. XVI. Valdepeñas.

La reforma española

La reforma más famosa de la Orden Trinitaria fue obra de Juan Bautista de la Concepción (1561-1613). Nacido en Almodóvar del Campo (Ciudad Real) el 10 de julio de 1561 y fallecido en Córdoba el 14 de febrero de 1613. Fue canonizado por Pablo VI el 25 de mayo de 1975, y propuesto a la Iglesia como un santo de la renovación. En Valdepeñas (Ciudad Real) se establece la primera comunidad de trinitarios descalzos. Con el breve Ad militantes Ecclesiae (1599) el papa Clemente VIII da validez eclesial a la Congregación de los hermanos reformados y descalzos de la Orden de la Santísima Trinidad, instituida para observar con todo su rigor la Regla de san Juan de Mata.

Juan Bautista de la Concepción fundó 18 conventos de religiosos y uno de religiosas de clausura. Vivió y transmitió a sus hijos un intenso espíritu de caridad, oración, recogimiento, humildad y penitencia, poniendo especial interés en mantener viva la entrega solidaria a los cautivos y a los pobres. La relación de los trinitarios con la Trinidad, como centro vital y fuente de la caridad que redime, es un tema central en sus vivencias y enseñanzas.

Aunque poco conocido, Juan Bautista de la Concepción está en la constelación de los grandes escritores místicos españoles del siglo de Oro. La Biblioteca de Autores Cristianos (la BAC) ha publicado tres grandes volúmenes de su obra y tiene en prensa el cuarto. Se trata de un autor con una deuda histórica, pues si bien tiene el puesto que se merece en los altares, no se le ha colocado aún en la hornacina del altar de la literatura espiritual que le corresponde.

En la obra literaria del Reformador trinitario se encuentra toda clase de materias espirituales. Su personal vivencia de la unión mística le dicta profundos tratados sobre la unión con Cristo, los dones del Espíritu Santo, la experiencia de la cruz y el conocimiento espiritual. Su doctrina espiritual se orienta a la unión personal con Dios Trinidad, presente en lo más profundo del alma. Para él la perfección está en abandonarse al amor transformante de Dios. La santificación del creyente es el proceso de asimilación a Cristo crucificado. Cristo es nuestro ideal, nuestro camino; su cruz, nuestra cruz, es la fragua de la santidad. Juan Bautista de la Concepción es un escritor original y profundo en las ideas, popular y rico en la expresión. Tiene una prosa armoniosa, con largos periodos, tintada de humor, de anécdotas, de ejemplos y referencias al reino vegetal, mineral y animal. Domina y conoce a los santos padres de la Iglesia y la Biblia y es su referencia obligada y constante. Quien se adentra en los surcos de su obra literaria fácilmente descubre una simbiosis de Cervantes y Juan de la Cruz.

Dos ramas de un mismo tronco

En España desde que Juan Bautista de la Concepción acudió a Roma para adquirir la aprobación de la Reforma, los trinitarios que querían vivir según la regla mitigada (más tarde llamados calzados) se opusieron a la descalcez y a su posterior desarrollo, generando roces y conflictos entre los dos estilos de vida. Esta fue quizá la razón principal por la cual los descalzos españoles obtuvieron de Paulo V, la facultad de constituirse en dos provincias con un Vicario general propio, autónomo del Ministro General, cargo que quedó en manos de Gabriel de la Asunción. Fue solo hasta 1636, por medio del breve Ex quo regimen de Urbano VIII, que los descalzos se constituyeron en una Orden religiosa, independiente de los trinitarios de la antigua observancia, con el nombre de Orden de Descalzos de la Santísima Trinidad, Redención de Cautivos. A partir de entonces, serían dos ramas distintas de la misma Orden.

Independientes la una de la otra, la Orden Trinitaria calzada y la descalza, continuarían su proceso de expansión y realizarían distintas redenciones de cautivos. La Revolución Francesa trajo consigo la prácticamente desaparición de la Orden en Francia, las tres ramas francesas, Calzados, reformados y descalzos fueron obligados a unirse en una sola y a cerrar numerosos conventos, desde entonces se pierde la casa madre de Cerfroid. Mientras que en España ambas ven un florecimiento en nuevas fundaciones que llegarán incluso a sus territorios en Italia, como los conventos de la Santísima Trinidad de los españoles calzados de Via Condotti, y San Carlino alle Quattro Fontane de los trinitarios descalzos españoles, ambos en Roma. De este último surgirían los frailes que expandirían la orden descalza a los territorios que hoy comprenden Polonia, Lituania y Rusia, además de los territorio del Imperio Austro-Húngaro.

Época de las supresiones

Entre los siglos XVIII y XIX se presenta para la historia de la Orden trinitaria uno de sus capítulos más trágicos. El emperador José II suprimió los numerosos conventos trinitarios descalzos, que para entonces ya formaban dos provincias en el imperio Austro-Húngaro, lo que provocó la separación entre los conventos de España y los del norte en Polonia y Rusia, provocando la división en dos órdenes, los trinitarios descalzos de la familia hispana y los trinitarios descalzos de la familia extrahispana. Por otra parte la invasión napoleónica en Italia acabó con las casas trinitarias de la nación, tanto de descalzos como de calzados, salvo algunas que contaban con un estado jurídico especial. La supresión completa en Rusia y Polonia por el zar Alejandro II se dio en 1866. Los trinitarios portugueses se vieron obligados a abandonar sus conventos e irse para España a inicios del siglo XIX, para ver la supresión de la Orden por la ley de desamortización de Mendizábal en 1835.

En vista de tal evento, los trinitarios calzados contaban solo con la casa de la Trinidad de Roma, el último superior mayor de los calzados fue el trinitario Antonio Martín Bienes, quien murió en 1894 y con él la rama calzada. Quedarían solo las dos familias, hispana (con un convento en Roma y otro en Palestrina) y extrahispana (con dos conventos en Roma), de trinitarios descalzos.[15]

Restauración

Convento de San Carlino alle Quattro Fontane en Roma, desde donde se dio inicio a la llamada restauración de la Orden trinitaria.

Luego del período de las supresiones la Orden Trinitaria en sus dos familias conoció un nuevo proceso de expansión. Solo la comunidad de san Carlino alle Quattro Fontane de la Familia hispana, contaba con el número de religiosos suficientes para dar inicio a nuevas fundaciones, llegando a Alcázar de San Juan (España) en 1879 a la que le seguirían otras que permitieron la constitución de una provincia en España con casas en Cuba (1896). La familia extrahispana fue reabriendo los conventos italianos entre 1820 y 1835, hasta constituirse en dos provincias.

En el capítulo General celebrado en Roma en el 1900, se dio la unificación de las dos familias trinitarias, en una única Orden, retomando el nombre de Orden de la Santísima Trinidad y quitando los viejos apellidos de descalzos. El primer Ministro General de la unificación fue el religioso italiano Gregorio de Jesús y María. Con la unificación se dio un avanzado proceso de expansión, llegando a Austria en 1900, Chile en 1902, Benadir (1904), Estados Unidos en 1912, Argentina en 1913, Francia en 1922, Canadá en 1924 y Madagascar en 1926.[16]

Del Concilio Vaticano II hasta hoy

A partir de la reforma colectiva que supuso para la Iglesia el Concilio Vaticano II, en la Orden Trinitaria se inicia un fuerte proceso de renovación, de búsqueda de la propia identidad, de recuperación del carisma del fundador y de respuesta a los signos y a los retos del último cuarto del siglo XX. Para ello se elaboraron nuevas Constituciones, aprobadas por el capítulo general de 1983 y confirmadas por Roma en 1984.

La Orden Trinitaria, junto con toda la Familia Trinitaria, celebró, del 17 de diciembre de 1998 al 17 de diciembre de 1999, el VIII Centenario de su Fundación (1198-1998) y el IV Centenario de la Reforma (1599-1999). Ochocientos años de historia de un proyecto evangélico propio iniciado en la Iglesia a finales del siglo XII por el francés Juan de Mata. En la comunión de un mismo carisma, los miembros de la Familia Trinitaria, desde distintas partes del mundo, quieren proclamar la verdadera libertad para los que carecen de ella, promoviendo la dignidad de los pobres y oprimidos, acogiendo a los refugiados, emigrantes y transeúntes, ayudando a los más necesitados, anunciando el evangelio en tierras de misión, siendo solidarios con los perseguidos a causa de su compromiso con el evangelio y ejerciendo el ministerio pastoral según la índole propia de su carisma.

Al celebrarse el 110º Capítulo General de la Orden en Madrid, del 19 de mayo al 2 de junio de 2013, se presentaron las siguientes estadísticas: 621 religiosos profesos solemnes, de los que 407 son sacerdotes; 103 casas trinitarias en 22 países.

Desde el 17 de diciembre de 2012 al 14 de febrero de 2014 toda la Orden Trinitaria celebra un Año Jubilar con motivo de los 800 años de la muerte del fundador, San Juan de Mata, y 400 de la muerte del Reformador, San Juan Bautista de la Concepción. El papa Benedicto XVI declaró tres iglesias de la Orden como templos jubilares: el de Santo Tomás in Formis en Roma (lugar donde murió San Juan de Mata), la parroquia San Juan de Mata en Salamanca (donde se guardan las reliquias del Fundador) y la Iglesia de Nuestra Señora de Gracia en Córdoba (donde murió y se conservan las reliquias de San Juan Bautista de la Concepción).[17]

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