Oratorio de San Felipe Neri (Cádiz)

Placas conmemorativas del Primer Centenario de la Constitución de 1812.

La Iglesia Oratorio de San Felipe Neri de Cádiz es un templo barroco de planta elíptica construido entre 1685 y 1719, según proyecto del alarife Blas Díaz.

Arruinada por el Terremoto de Lisboa de 1755, que llegarían sus efectos hasta aquí, la cúpula, encamonada, de doble tramo y con ocho ventanales, sería rehecha poco después, en 1764, por el maestro Pedro Afanador.

En su retablo mayor se incluye una Inmaculada Concepción, obra de Murillo y considerada de las mejores del pintor.

En su exterior, las lápidas conmemoran el centenario de las Cortes de Cádiz que dieron aquí a luz a la Constitución de 1812.

En el marco de este histórico edificio se llevan a cabo dos veces al año, el día de la Inmaculada y el de San Juan las solemnes investiduras de nuevas Damas y Caballeros de la Real y Benemérita Institución de los Caballeros Hospitalarios de San Juan Bautista con su estricto protocolo y singular ceremonial desde 1807.

La congregación de San Felipe Neri fue la última comunidad que fundó en Cádiz. Sus comienzos fueron muy penosos por la oposición de la autoridad local y de alguna orden religiosa que consideraba excesivo el número de conventos. Los presbíteros filipenses, Diego Liñán y Pedro Acebedo entraron en junio de 1671 y obtuvieron licencia del obispo Fray Alonso Vázquez de Toledo para fundar un oratorio y misiones para los pueblos de la diócesis en la ermita de Santa Elena junto a las murallas de Puerta de Tierra, local pequeño y alejado, por lo que la concesión fue provisional mientras no proporcionarse otro más adecuado para sus ministerios de la predicación y confesión.

En 1674 se trasladaron a la capilla de Hospital de Mujeres antiguo, pero tuvieron que volver a Santa Elena ante la oposición del alcalde mayor. Diego Vaz Carrillo, filipense portugués, que volvía por mar desde Roma a su patria, fue el alma de la fundación definitiva en la calle San José. El obispo Juan de Isla les dio unas casas, en las que abrió un oratorio y residencia. Volvieron las tribulaciones, pero una cédula del Rey resolvió definitivamente los conflictos.

El actual oratorio se inauguró el 17 de noviembre de 1719 con regocijo y fiesta. Los filipenses ejercieron sus ministerios hasta la desamortización y exclaustración de Mendizábal de 1836. Volvieron en 1859 con el prepósito Sebastián Herrero. Pero su presencia acabó con la muerte del filipense Luis de los Ríos. El obispo nombraba un capellán hasta que se hizo cargo del culto la Congregación de Marianistas del vecino colegio el 1 de septiembre de 1933. Hace poco volvió su atención a la diócesis.

El oratorio actual se inició en 1688 en planos del alarife Blas Díaz y se reconstruyó y amplió la cúpula en 1764 por el maestro Afanador. Tiene planta elíptica, a la que dan siete capillas. Los muros tienen pilastras pareadas que recorren los diferentes cuerpos, superponiéndose en distintos órdenes y albergando entre ellas hornacinas. La cúpula es una gran estructura encamonada de doble casquete, decorada con fajas que prolongan el ritmo de las pilastras inferiores y entre las que se abren vanos que restan gravidez a la estructura.

El retablo mayor es de madera de estilo rococó, de mediados del siglo XVIII. Se compone de un cuerpo dividido en tres calles por columnas corintias, sobre el que se eleva un ático. Lo preside un lienzo de la Inmaculada Concepción, pintado y firmado por Murillo. En las calles laterales se encuentran las esculturas de San Servando y San Germán yen el ático la Glorificación de San Felipe Neri con San Pedro y San Pablo a los lados. Son obras en madera policromada contemporáneas del retablo. Un lienzo ovalado del Padre Eterno, de Clemente Torres, aparece en la clave del arco.

En la primera capilla del lado del evangelio se venera una Dolorosa, del siglo XIX, en un retablo de estípites de madera dorada. La capilla central, Sagrario de la Iglesia, es un conjunto barroco de mármoles italianos del siglo XVIII. Se venera en ella el Cristo de la Expiración, escultura de madera policromada también de origen italiano. La siguiente capilla está ocupada por un altorrelieve de madera policromada que representa la Adoración de los Reyes, obra de José Montes de Oca en 1728. Sobre la mesa de altar hay la cabeza de San Juan Bautista, de barro cocido, atribuida al escultor granadino del siglo XVIII Torcuato Ruiz del Peral.

La primera capilla del lado de la epístola ofrece un retablo de madera dorada de estípites, presidido por un altorrelieve de la Anunciación. Sobre él hay un Padre Eterno y a los lados las esculturas de San Juan Bautista y San José. todas las imágenes fueron talladas por José Montes de Oca hacia 1738- 1739. La siguiente capilla tiene un calvario, compuesto por las imágenes del Cristo de las Aguas, la Dolorosa y San Juan Evangelista, pertenecientes a la cofradía de su nombre. La tercera capilla tiene un retablo de estípites presidido por una talla del Niño Jesús. En las hornacinas laterales se encuentran las imágenes de San Francisco de Sales y San Ignacio de Loyola. Una ráfaga con el Sagrado Corazón en llamas nos recuerda que aquí radicaba la asociación que introdujo en Cádiz la devoción al Corazón de Jesús.

  • sede de las cortes de cádiz

Sede de las Cortes de Cádiz

La Isla y Cádiz, fueron escenario de las Cortes Generales y extraordinarias (1810-1813), que emprendieron las reformas que necesitaba España. Fue un proceso revolucionario, aunque incruento, social, económico, político y cultural con una Constitución, la primera de la Monarquía española, basada en la libertad amplia de los españoles, tanto peninsulares como americanos. Se dio un paradoja, la de un país invadido por Francia, pero proyectando un futuro liberal inspirado a la vez en la tradición española y en la revolución de la nación vecina.

En el Teatro de la Isla de León ( hoy San Fernando) se celebraron las sesiones desde el 24 de septiembre de 1810 al 20 de febrero de 1811. Allí se tomaron los acuerdos de la Soberanía Nacional, libertad de imprenta, igualdad de españoles y americanos, organización de la Regencia y necesidad de una nueva Constitución política. Las sesiones del Oratorio de San Felipe fueron desde el 24 de febrero de 1811 hasta el 14 de septiembre de 1813. El altar mayor se cubrió con un velo y bajo un dosel se colocó un retrato de Fernando VII. La mesa del Presidente estaba colocada en el presbiterio y junto a esta la de los secretarios. El anfiteatro para los diputados tenía tres órdenes de asientos. Frente a la puerta de entrada del Oratorio, que sólo se abría en las grandes solemnidades esta la barra separadora del público y adornada con dos leones de b ronce. Dentro del anfiteatro y cerca de la barra había dos tribunas para que los diputados pronunciasen sus discursos. Los diputados accedían por la pequeña puerta que da hoy a la sacristía. El público asistía a las sesiones desde la primera galería de las tres de la rotonda, llamada "el paraíso". La Tribuna de los periodistas y taquígrafos se encontraba sobre un tablado en la capilla del Sagrario.

En 1823 se celebraron aquí también las Cortes durante el sitio que acabó con el Trienio Liberal. En 1843 se depositaron en una urna las víctimas del 10 de marzo de 1820, en la sublevación militar acaecida en Cádiz, llevadas luego a la cripta. Las fiestas centenarias de la Constitución y Cortes se celebraron en 1912 con grandes regocijos y dejaron como recuerdo el panteón de los diputados doceañistas, que se encuentra también en la cripta, las lápidas de la fachada del Oratorio en donde aparecen con letras de bronce los nombres de los diputados y el monumento a las Cortes de Cádiz de la Plaza de España.

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