Oráculo de Dodona

Localización del santuario de Dodona.
Inscripción oracular.

El Oráculo de Dodona (en griego Δωδώνη, Dôdốnê) fue el más célebre de la Antigüedad, después del Oráculo de Delfos. Dodona es un lugar que se encuentra a 80 km al este de la isla de Corfú, en la región de Epiro, al pie del monte Tomaros, en los montes Pindo, cerca de la actual (año 2004) frontera de Grecia y Albania, en una zona montañosa que dominaron y controlaron los molosos en el siglo V a. C. Los molosos eran los habitantes de la antigua ciudad de Molosia, en Epiro.

Este santuario estaba dedicado al dios Zeus y a la Diosa Madre, venerada bajo el nombre de Dione, y fue el más frecuentado desde tiempos muy antiguos. Su situación era privilegiada, cerca del río Aqueloo, el más caudaloso de Grecia, navegable durante algunos km. Se sabe que el lugar tenía ya una gran actividad en los tiempos de la Edad de Bronce, pero después no se conoce una continuidad en el culto.

Está situado, como se ha dicho, en la falda del monte Tomaros, al sur del lago Pambotis, a 22 km al sur de Ioannina. Es el más antiguo de los oráculos griegos, anterior a Heródoto; posiblemente se remonta al segundo milenio a. C., y es uno de los más célebres junto a los de Delfos y Amón. Los sacerdotes y las sacerdotisas del bosque sagrado interpretaban la caída de las hojas del roble en el viento. Tras la aparición en la Grecia de las ciudades, padeció el auge del oráculo de Delfos en la época clásica, pero continuó activo hasta la época de Roma.

Orígenes legendarios del oráculo

Heródoto aporta la tradición siguiente sobre el oráculo de Dodona, que escuchó anteriormente en Tebas, en Egipto:

Las sacerdotisas de los dodonienses cuentan que de Tebas, en Egipto, partieron dos palomas negras; una viajó hasta Libia, y la otra hasta ellas; una vez allí, la paloma se posó sobre un roble, y con voz humana articuló que el destino quería que se estableciera en aquel lugar un oráculo de Júpiter; los dodonienses, mirándola como una mensajera de los dioses, obedecieron de inmediato. Cuentan también que la paloma que voló hasta Libia ordeno a los libios construir el oráculo de Amón, que es también un oráculo de Júpiter. Esto es lo que me dijeron las sacerdotisas de los dodonienses, de las cuales la más vieja se llamaba Promenia, la siguiente, Timárete, y la más joven, Nicandra. Su relato fue confirmado por el testimonio del resto de dodoneos, ministros del templo.

Heródoto, Historia II,55.
El valle de Dodona en la época de las primeras excavaciones (Carapanos 1878, pl. I, detalle).

El relato mitológico sirve, sobre todo, por el lazo que crea entre los dos grandes oráculos de Zeus, el de Amón en el oasis de Siwa en Libia, y el de Dodona. Parece mostrar también que en su origen, el servicio de la divinidad era reservado a las sacerdotisas, y que la institución de sacerdotes es posterior. Se sabe, en efecto, por Estrabón que eran las sacerdotisas quienes deliberaban sobre las respuestas del dios, salvo en el caso de que se tratara de beocios. Las sacerdotisas de Zeus eran las tres peleiades (en griego, αι πελειάδες) nombradas por Heródoto cómo Promenia, Timárete y Nicandra.

En el siglo VIII a. C., en la época de Homero, se mencionan unos adivinos, los selos (en griego, οι Σελλοί). En la obra de Homero, Dodona aparece dos veces en la Ilíada:[1]

το δ’ Ἐνιῆνες ἕποντο μενεπτόλεμοί τε Περαιβοὶ'/ οἳ περὶ Δωδώνην δυσχείμερον οἰκί’ ἔθεντο
le acompañaban los enianes, los valientes perebos, / que se establecieron en el áspero país de Dodona

Sin embargo, según Estrabón, en estos versos Homero se refiere a otro lugar llamado Dodona situado en Tesalia.[2]

Ζεῦ ἄνα Δωδωναῖε Πελασγικὲ τηλόθι ναίων / Δωδώνης μεδέων δυσχειμέρου, ἀμφὶ δὲ Σελλοὶ / σοὶ ναίουσ’ ὑποφῆται ἀνιπτόποδες χαμαιεῦναι
¡Zeus omnipotente, dodoneo, dios lejano, pelásgico, / que reinas sobre Dodona, en ese rudo país de los selos, tus intérpretes, / que no se lavan los pies y duermen en el suelo!

Homero, Ilíada XVI,231-235

En la Odisea, Homero muestra cómo Odiseo viaja para consultar al oráculo sobre los medios para volver a Ítaca:

τὸν δ’ ἐς Δωδώνην φάτο βήμεναι, ὄφρα θεοῖο' / ἐκ δρυὸς ὑψικόμοιο Διὸς βουλὴν ἐπακούσαι / ὅππως νοστήσει’ Ἰθάκης ἐς πίονα δῆμον
dijo que [Odiseo] fue a Dodona / para aprender del gran roble la voluntad de Zeus / y para saber cómo entraría en la tierra de Ítaca

Homero, Odisea XIV,327, XIX,296-298

Eran los selos quienes, manteniendo un contacto ritual permanente con la Tierra, interpretaban la palabra de Zeus. De este modo vaticinaban de múltiples maneras, la caída de las hojas del roble sagrado, el ruido causado por uno o varios recipientes de bronce y posiblemente el vuelo de las palomas, si interpretamos la etimología de peleiades.

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