Operación Market Garden

Operación Market-Garden
Segunda Guerra Mundial
Waves of paratroops land in Holland.jpg
Paracaidistas aliados descendiendo sobre los Países Bajos
Fecha 17- 25 de septiembre de 1944
Lugar Países Bajos
Coordenadas 51°26′08″N 5°28′50″E / 51.435556, 51°26′08″N 5°28′50″E / 5.480556
Resultado Operación militar fallida, victoria táctica Alemana [1]
Beligerantes
Bandera de Reino Unido Reino Unido
US flag 48 stars.svg Estados Unidos
Bandera de Polonia Fuerzas polacas
Bandera de Países Bajos Resistencia holandesa
Bandera de Alemania Alemania nazi
Comandantes
Bandera de Reino Unido Bernard Montgomery
US flag 48 stars.svg Lewis H. Brereton
Bandera de Reino Unido Miles Dempsey
Bandera de Reino Unido Frederick Browning
Bandera de Reino Unido Brian Horrocks
Bandera de Polonia Stanisław Sosabowski
Bandera de Alemania Gerd von Rundstedt
Bandera de Alemania Walter Model
Bandera de Alemania Kurt Student
Bandera de Alemania Wilhelm Bittrich
Bandera de Alemania Gustav-Adolf von Zangen
Fuerzas en combate
35 000 40 000
Bajas
18 170 13 000
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La operación Market Garden (17 al 25 de septiembre de 1944) fue una operación militar de las Fuerzas Aliadas durante la Segunda Guerra Mundial, que involucró a unos 100 000 soldados. Fue la mayor operación aerotransportada aliada, cuyo objetivo táctico era capturar una serie de puentes sobre los principales ríos de los Países Bajos bajo ocupación alemana. La operación militar fue también el mayor fracaso militar de los Aliados en la contienda con Alemania.

El plan de Market Garden era la combinación de dos operaciones interdependientes: Market pretendía la toma de los puentes mediante fuerzas aerotransportadas, objetivo que debía asegurarse en pocos días mediante el avance simultáneo de unidades blindadas terrestres, la operación Garden. Una vez ocupados estos puentes, se crearía un corredor a través del cual las fuerzas aliadas podrían cruzar el río Rin, la última barrera natural antes de entrar en Alemania. El alcance de la operación Market Garden la hace comparable con el desembarco de Normandía: estaba planeada para dar el golpe definitivo a Alemania que pusiera fin a la guerra en 1944.

Los Aliados consiguieron tomar exitosamente los primeros puentes, pero el resultado global de la operación fue un rotundo fracaso, al no poder ocupar el puente final en Arnhem. La contraofensiva alemana destruyó la 1.ª División Aerotransportada británica, además de causar más bajas a los Aliados que las que tuvieron durante la invasión de Normandía. La derrota aliada es considerada la última de las grandes victorias tácticas del Tercer Reich en la campaña occidental y la guerra en Europa finalizó siete meses después.

Antecedentes

A finales de la Segunda Guerra Mundial, los Aliados occidentales llevaron a cabo la operación Overlord, que comenzó la invasión aliada por el norte de Europa. Overlord pretendía cerrar el cerco a Alemania por el Frente Occidental, mientras el ejército soviético avanzaba hacia Alemania desde el Frente Oriental. Esta operación militar comenzó el 6 de junio de 1944 con el desembarco de Normandía, y continuó hasta la liberación de París el 25 de agosto de ese año. El éxito de Overlord permitió a los Aliados establecer una cabeza de playa en el norte de Francia, donde podrían recibir suministros desde ultramar, y desde allí avanzar sobre Alemania y poner fin a la guerra.

Estado de las fuerzas alemanas

El Ejército alemán sufrió cuantiosas pérdidas durante el desembarco de Normandía y las batallas que lo siguieron. En dos meses, las tropas alemanas en Francia tuvieron más de 20 000 muertos, casi 200 000 desaparecidos o prisioneros y casi 70 000 heridos,[2] viendo sus fuerzas de infantería reducidas a menos de la mitad. Las fuerzas supervivientes se retiraron perdiendo enormes cantidades de armamento y material a través de los Países Bajos y el este francés, y consiguieron alcanzar la frontera alemana a finales de agosto de 1944. A lo largo de 630 km de esta frontera se encontraba trazada una línea defensiva llamada Muro del Oeste (apodada Línea Sigfrido por los Aliados). Las tropas alemanas suponían que estarían a salvo una vez consiguieran atravesar la Línea Sigfrido.

Durante la retirada, los alemanes trataban de reorganizarse sobre la marcha, teniendo en cuenta que el enemigo los perseguía de cerca. Atravesar Francia no era fácil, pues los partisanos franceses hacían lo posible por dificultar la retirada alemana, con estrategias que iban desde tender un cable en la carretera para derribar soldados, o llenar la vía con clavos, hasta emboscadas organizadas donde los soldados alemanes eran capturados o asesinados. Adicionalmente, las tropas alemanas tenían dificultades para conseguir alimentos en Francia. La retirada a través de los Países Bajos fue menos difícil: la población era allí menos hostil y las tropas retrocedían más rápidamente.[3]

Estado de las fuerzas aliadas

En Francia, el ejército aliado se aproximaba a Alemania en dos frentes: uno que había partido desde Normandía, formado a la derecha por el XII Grupo de Ejércitos estadounidense, bajo el mando del general Omar Bradley, que se acercaba a la frontera alemana hacia Aquisgrán y a su izquierda el XXI Grupo de Ejércitos británico, a las órdenes del mariscal de campo Montgomery, que avanzaba en una línea que iba desde Amberes hasta la frontera norte de Bélgica. Y otro frente por el sur, formado por el VI Grupo de Ejércitos estadounidense, mandado por el general Jacob Devers, que avanzaba desde la costa sur mediterránea francesa.

Prisioneros de guerra alemanes en Cherburgo.

Aunque los alemanes pensaban que el enemigo acortaba distancias en la persecución por el norte, en realidad la situación era otra por cuestiones de organización en el ejército aliado, ya que los acontecimientos no habían transcurrido como se había previsto. El general Dwight Eisenhower, Comandante Supremo de las Fuerzas Aliadas en el Frente Occidental, esperaba que los alemanes se defenderían en cada accidente natural que encontraran en su retirada a través de Francia. El cálculo de los Aliados era que tardarían once meses, contados a partir del Día D, en alcanzar la frontera alemana. Sin embargo, su previsión se desmoronó cuando se vieron adelantados siete meses en sus planes, ya que el 4 de septiembre de 1944[4] estaban ya en Amberes. Este avance inesperado acarreó problemas de suministro, puesto que no habían planeado un suministro de víveres, municiones y gasolina para un avance tan veloz. Los tanques y transportes necesitaban 3,5 millones de litros diarios de gasolina, los cuales no llegaban a su destino con rapidez.

El suministro de provisiones solamente se podía hacer desde los puertos artificiales construidos en las playas de la invasión en Normandía y desde el cercano puerto de Cherburgo. Las fuerzas alemanas controlaban los otros puertos que habrían podido facilitar el suministro, así como el estuario del Escalda que daba acceso a Amberes. A pesar de que los suministros llegaban a tiempo a los puertos, era necesario transportarlos por tierra hasta donde estaban las tropas, cada vez más lejanas. Se llegó al extremo de tener 70 000 toneladas de provisiones en Cherburgo esperando un transporte terrestre que las llevara al frente. El transporte ferroviario era prácticamente nulo, pues el sistema ferroviario francés había sido destruido durante los bombardeos previos al desembarco. Además, los Aliados tenían más de mil camiones de carga averiados, y fue necesario fletar los transportes de tropas para sustituirlos. Algunas piezas de artillería pesada tuvieron que abandonarse al oeste del río Sena a fin de liberar sus transportes. Se llegó al extremo de improvisar un sistema de transporte de emergencia por carretera durante meses, el llamado Red Ball Express.

Para proseguir su avance hacia Alemania como habían planeado, los Aliados tuvieron entonces que elegir entre buscar una solución a sus problemas de logística, despejando el acceso por canales hacia Amberes, o disponer de una estrategia para destruir al Ejército alemán, que ellos suponían que se encontraba maltrecho y desmoralizado, abriendo así un corredor de acceso al Reich para las tropas aliadas. Entusiasmados por las recientes victorias, muchos comandantes aliados se pronunciaron por perseguir al ejército alemán en retirada, alegando que ellos podrían finalizar la guerra si se les daban las provisiones adecuadas. Cada cual a su manera, tanto Bradley como George Patton y Montgomery favorecían la idea de dar un golpe único y decisivo que cruzara el Rin y aplastara al Ejército alemán. Sin embargo Eisenhower prefería un avance lento pero más amplio, siguiendo los planes trazados antes del desembarco de Normandía.

Alternativas al plan de avance aliado

Bradley y Patton sugirieron que se tomara la ciudad de Metz y se penetrara hacia el este en la zona industrial del Sarre, atravesando la Línea Sigfrido y continuando hacia el Rin, y propusieron que Montgomery atacara desde el norte, ocupando el valle del Ruhr. Así se lo comunicaron a Eisenhower el 4 de septiembre de 1944.

Montgomery arguyó que dicho plan separaría a las fuerzas aliadas sin necesidad y que los problemas de suministro serían aún más graves si se tuviera que atender dos frentes simultáneamente. En su lugar, el general británico propuso la operación Cometa, consistente en un asalto llevado a cabo por fuerzas aerotransportadas, reforzadas por tropas terrestres. Varias veces en agosto, Montgomery había sugerido ya una operación parecida, de modo que ésta era una nueva tentativa para convencer a Eisenhower. El Comandante Supremo prefería dedicar sus fuerzas a asegurar que todos los puertos del canal de la Mancha fueran capturados y los canales hacia Amberes se despejaran de enemigos.

Dudas de Eisenhower y concepción de Market Garden

Montgomery estaba convencido de que la operación Cometa sería fatal para Alemania y de que sería lo único que los Aliados necesitarían para derrocar al Reich. La primera reacción del general Eisenhower fue pensar que el plan de Montgomery «no es realista y sí fantasioso. No hay una sola alma que piense que es factible, excepto Montgomery».[5] La disputa entre el Comandante Supremo de los Aliados y el general más destacado del Reino Unido se hacía evidente.

Sin embargo, el 5 de septiembre, Eisenhower tomó la decisión de aceptar el plan de Montgomery, pero dio instrucciones para no ejecutarlo inmediatamente:

Estoy de acuerdo con su concepción de un golpe único y poderoso que nos lleve a Berlín,... pero no inmediatamente, ya que no debe hacerse a expensas de las demás maniobras planeadas. Por el momento, no podemos relocalizar nuestros recursos militares para respaldar una maniobra sobre Berlín

Dwight Eisenhower, 5 de septiembre de 1944[6]

Esa misma tarde, Eisenhower envió el mensaje, el cual llegó a manos de Montgomery 36 horas después. Éste, sintiendo que la operación Cometa había sido rechazada una vez más, solicitó una reunión urgente con el comandante estadounidense, que tuvo lugar en Bruselas el 10 de septiembre.

En la reunión, Montgomery abogó furiosa y porfiadamente por su plan. A su favor estaba el hecho de que Londres había sido blanco de un bombardeo con cohetes V-2 dos días antes, y se suponía que las bases de los V-2 estaban en los Países Bajos, por lo que, según Montgomery, invadir los Países Bajos era apremiante. Además, adujo que sus tropas no estaban recibiendo la prioridad adecuada en la distribución de suministros y que se estaba dando preferencia a Patton con su plan de atacar el Sarre, a expensas de las tropas británicas.

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