Oficina salitrera

Mapa de las Oficinas salitreras y el ferrocarril de Tarapacá (1890).

Oficina salitrera es el nombre que recibe cada uno de los diferentes centros de explotación del salitre ubicados en las actuales regiones chilenas de Tarapacá y Antofagasta, que proliferaron entre 1842 —cuando se descubrió la utilidad del salitre— y los años 1930 —luego de inventarse el salitre sintético—.

Dado lo aislado y árido de la zona de explotación minera, en pleno desierto de Atacama —el más árido del planeta—, se crearon las instalaciones industriales para la extracción y procesamiento del salitre, enclaves casi autosuficientes en los que se reunían la administración del centro minero, las viviendas de los trabajadores, los centros de venta —conocidos como « pulperías»—, las iglesias, las escuelas y los centros de esparcimiento y entretención. Las oficinas salitreras fueron hogar de miles de trabajadores provenientes de Chile, Bolivia, Perú y Argentina.

Historia

Según una leyenda dos pobladores aymaras de la zona hicieron una fogata y empezó a arder la tierra que contenía caliche. Enterado el cura de Camiña, y llevando agua bendita, recoge unas muestras y reconoce que contenían Nitrato de Potasio. Otra parte de las muestras se encontraban en el patio de la casa del sacerdote y más tarde observa que las plantas se desarrollaban extraordinariamente.[1]

Con el descubrimiento del salitre en la zona, se establecieron en Tarapacá y Antofagasta oficinas salitreras para la explotación del salitre.

De 1810 a 1812, las ocho primeras oficinas salitreras se establecieron en la provincia de Tarapacá, en Negreiros, Pampa Negra y Zapiga.

Los dueños de las oficinas salitreras eran de diversas nacionalidades, peruanos, bolivianos, españoles, franceses, alemanes, chilenos, ingleses, italianos,[5]

Con el decaimiento de la venta del salitre durante los años 1930, la mayoría de las oficinas salitreras fueron desalojadas (produciendo un éxodo masivo de trabajadores) y desmanteladas. En la actualidad, quedan pocas oficinas salitreras en pie, erigiéndose como " pueblos fantasmas", las cuales se encuentran en su mayoría en mal estado. Las oficinas más conocidas son las de Humberstone y Santa Laura en la Región de Tarapacá, que desde 2004 son Patrimonio de la Humanidad. Y Chacabuco, Pedro de Valdivia y María Elena en la Región de Antofagasta, siendo María Elena la única oficina salitrera en funcionamiento .

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