Noreña

Noreña
Concejo, parroquia y villa
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Bandera
Escudo de Noreña.svg
Escudo
Norena Asturies map.svg
Ubicación de Noreña
Coordenadas 43°23′38″N 5°42′24″O / 43.3940155, 43°23′38″N 5°42′24″O / -5.706712
Entidad Concejo, parroquia y villa
 • País España
Alcalde Amparo Antuña ( IPÑ)
Subdivisiones Parroquias: 3
Superficie Puesto 78.º
 • Total 5.29 km²0,049%
Altitud  
 • Media 522 m s. n. m.
 • Máxima La Pasera, 522 m s. n. m.
Población (2014) Puesto 31.º
 • Total 5422 hab.0,50%
Gentilicio noreñense
Código postal 33180, 33183, 33189, 33519
Partidos judiciales de Asturias Siero
Sitio web oficial
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Noreña es un concejo —también una parroquia y una villa— de la comunidad autónoma del Principado de Asturias ( España). El concejo está situado en el centro de la región; está dividido en tres parroquias, las cuales comprenden nueve núcleos de población: la villa de Noreña, capital municipal, y otros ocho núcleos, de los cuales ninguno supera los 30 habitantes. Es uno de los concejos con la renta per cápita más alta de Asturias y con una de las mayores densidades de población del Principado, con 5422 habitantes ( INE 2014).

El territorio del concejo de Noreña está formado por cinco territorios separados, con una superficie total de solo 5,29 km², siendo el concejo más pequeño de Asturias y el segundo de España. [a] Cuatro de los territorios son islas dentro del concejo de Siero, mientras que el quinto, el más sureño, limita con Siero y Langreo. El concejo está próximo a algunas de las principales vías de comunicación del Principado: ­la Autovía del Cantábrico, la Carretera Carbonera (AS-246), la N-634 y la Autovía Minera (AS-1).

Este concejo siempre ha gozado de un merecido puesto en el arte culinario. Las industrias cárnicas y chacineras de Noreña han conseguido que cuente con una base importante para realizar una gastronomía de calidad, destacando sus callos, el adobo, las mollejas, la fabada y los sabadiegos, que cuentan con una institución que los promociona: La Orden del Sabadiego. Son asimismo famosas sus fiestas gastronómicas y la fiesta del Ecce Homo.

Historia

Es casi imposible determinar el origen del concejo, no teniendo documento alguno que hable de Noreña como tal hasta principios del siglo XII. Para explicar este hecho, el historiador Juan Uría Ríu supuso que de haber existido algún caserío o población en la zona, el lugar llevase otro nombre. También admitió la posibilidad de que el silencio sea meramente fortuito; pero se inclinó expresamente por la hipótesis de que el lugar tomó el nombre del río Noreña, que aparece citado como tal en algunos documentos.[1]

Alta Edad Media

Castillo de Noreña en un grabado del s.XIX

En el año 991 el conde de Gundemaro Pinióliz y su mujer Muniadonna cedieron al obispo Bermudo tierras y casas del lugar de Anasa, en las riberas de Noreña, a cambio de la iglesia de Santa María de Tol, entre los ríos Ove y Porcia. No aparece en el documento el nombre de Noreña referido a lugar. [b] Existe un documento de donación del año 1103, en el monasterio de San Vicente de Oviedo, por el que María Enalso daba al monasterio la villa de Lamas, que, dice, se hallaba cerca de la ciudad. En dicho documento se deslindan los términos que abarcaban, y entre ellos hace mención a Noreña.

Baja Edad Media

En 1151, Gonzalo Peláez y su mujer Elvira Pérez hicieron donación al Monasterio de San Vicente de una heredad llamada Noreña: que vulgare vocatur Naurenia, y cinco años después la misma Elvira Pérez, modificando las condiciones de la anterior donación al mismo monasterio, consigna en otro diploma que le otorga la mitad de la villa llamada Noreia: villa vocata Norenia. Es en este documento cuando aparece por primera vez aplicado inequívocamente el nombre de Noreña a un lugar poblado. En ese mismo documento, la donante afirma que la villa de Noreña había sido de su suegro Pelayo Rodríguez.

A partir del siglo XII el nombre del lugar de Noreña aparece repetidamente consignado en los documentos de la época; en algunos de ellos también se indica que este territorio pertenecía a la jurisdicción de Siero. Así, según un documento citado por Uría Riu, en 1189 Fernando Menéndez dona al monasterio de San Vicente una parte de los que tenía en Noreña de Siero.

A comienzos del siglo XIV aparece ya Noreña como jurisdicción independiente, perteneciente al señorío de Rodrigo Álvarez de las Asturias. Algunos genealogistas, desde el siglo XVII, suelen mencionar como señor de Noreña al padre de Rodrigo Álvarez de las Asturias, Pedro Álvarez de las Asturias, mayordomo mayor del rey Sancho IV.[c] Uría Ríu, basándose en la inexistencia de testimonios acreditativos, estimó por el contrario que el primer señor de Noreña fue su hijo Rodrigo, aunque parece probado que antepasados suyos poseyeron bienes en la parte central de Asturias. Así, de una donación hecha al monasterio de San Vicente en 1332, por él mismo se desprende que una tía suya llamada Mayor Álvarez poseía bienes en la villa de Entralgo y Bimenes.

Y en otra escritura existente en el monasterio de Santa María de Carrizo, que examinó Luis Alfonso de Carvallo y que fue otorgada por Sancha Álvarez en 1210, se lee al final cierta memoria expresiva de las distintas heredades o patrimonios que correspondieron a los hijos de Rodrigo Álvarez y su mujer Sancha; allí consta que Pedro Álvarez de las Asturias, nació, según Somoza, hacia el año 1268: Era una persona bien apuesta y conformada, de ancha y prominente frente, cara prolongada, ojos grandes y buena dentadura.[2] Murió Rodrigo en el año 1335, siendo enterrado, por propia voluntad, en el monasterio de San Vicente. Dejaba como heredero al hijo bastardo de Alfonso XI de Castilla y Leonor de Guzmán, Enrique, al que prohijó y que había de llegar a ser rey de Castilla.

En el año 1350 el entonces conde Enrique, a raíz de su matrimonio con Juana Manuel de Villena,[3] llegó a Asturias huyendo de su hermano Pedro I, para acogerse a los señoríos que había heredado en estas tierras; y aunque no está probado que la fortaleza de Noreña jugase papel alguno en la rebelión que enfrentó a ambos hermanos, parece lógico suponer que residiría algún tiempo en ella durante los dos años que pasó en la provincia.

Un año antes de ocupar el trono de Castilla, Enrique donó el señorío de Noreña a su hijo bastardo, Alfonso Enríquez de Castilla, y, como señor de este lugar, Alfonso confirmó un documento en noviembre de 1368. En la primavera de 1372, fue armado caballero por su padre estando en Santiago de Compostela y fue, posiblemente en esa fecha, cuando también recibió los títulos de conde de Noreña y de Gijón.[5]

Plaza del Círculo Católico de Obreros. El Círculo Católico de Obreros, fue creado y presidido por Justo Rodríguez Fernández hasta que fue clausurado 40 años después (enero de 1925).

Señorío de los obispos

Capilla del Hospital en Noreña.

Así, el señorío de Noreña pasaba a los obispos de Oviedo, quienes ejercieron la jurisdicción, nombrando sus justicias o alcaldes, y residiendo en el castillo algunas temporadas. El 31 de mayo de 1384 se hace escritura pública de la división de los territorios de Noreña entre el Cabildo y el Obispado. Hacia 1393 tiene lugar la última rebelión, ya aludida, del conde Alfonso, quien huyendo de la prisión en que se hallaba confinado llegó a Asturias recuperando por la fuerza el señorío de Noreña. Fue derrotado por Enrique III en 1394, siendo devuelto el señorío a los obispos de Oviedo.

Las autoridades nombradas por los obispos tuvieron diferencias y pleitos con los del concejo llegando en ocasiones a la violencia, como se desprende de una cédula dirigida por Fernando el Católico al corregidor del Principado, Fernando de Vega, en 1514.[7]

Según relato del obispo al Real Consejo de Castilla, el corregidor hizo pregonar calumnias contra él, prohibió bajo penas graves que alguien entrase en su casa y que le llevasen provisiones, que se celebrase el mercado en Noreña, villa de su señorío, y por último le conminó a que saliese de la ciudad y del obispado, condenándole a comparecer personalmente ante la Corte, medida esta que usurpaba la autoridad real, ya que solo los monarcas podían tomarla.[2] El obispo apeló contra estas órdenes abusivas, pero el corregidor reunió gente armada y le atacó en su propio palacio y aún en la propia iglesia catedral, por lo que el obispo huyó a Noreña para refugiarse en su fortaleza. El corregidor mandó publicar un pregón en el que decía que ninguna persona fuese con el obispo de Noreña bajo pena de muerte y pérdida de todos los bienes; que no fuese tampoco ningún clérigo a aquella villa, y que nadie llevase allá cosas de comer, pues el prelado y muchas personas eclesiásticas y seglares estaban rebeladas y encastilladas en la dicha fortaleza.

Con el corregidor fueron a atacar el castillo de Noreña, Lope de Miranda, Ibán Bernaldo de Quirós y Gutierre Bernaldo de Quirós, Gonzalo de Argüelles, Bernardo de Estrada y Alonso Pérez de Valdés, que capitaneaba a los de Gijón. Se llevaron también a las bombardas de Avilés con las que se hizo fuego sobre el castillo. El asedio, que duró tres días, finalizó con la rendición del obispo. Nombrado pesquisidor el licienciado Carreño, le fue entregada la fortaleza; pero el corregidor, incumpliendo lo acordado, hizo que sus gentes la asaltasen y saqueasen, maltratando a los allí refugiados y encarcelando a algunos. El corregidor fue llamado a Flandes, para dar cuenta al rey, cayendo en desgracia de este. Manrique murió, excomulgado en Perpiñán, y aquellos que le habían secundado hubieron de hacer penitencia yendo desde la iglesia de San Francisco a la catedral, con los pies descalzos y con velas encendidas en las manos, donde el obispo les absolvió.

El siglo XIX

Fotografía de Noreña antes del año 1937

Durante la guerra de la Independencia, los franceses entraron por primera vez en Noreña el 23 de mayo de 1809. En la lucha de guerrillas alcanzó renombre un tal Fombella, zapatero de profesión, que al frente de una numerosa partida hostigaba a los convoyes del ejércto francés en territorio de Siero.

Por decreto de diciembre de 1826, desaparecieron los cotos jurisdiccionales de señorío, y Noreña, que lo era del obispo de Oviedo, pasó a formar parte del municipio de Siero, desde el 1 de enero de 1827 hasta finales de 1833, en que se hizo independiente, con los sotos que le pertenecían, todos separados del núcleo de mayor población de aquel Ayuntamiento y dentro del territorio de Siero. En el año 1826, los obispos de Oviedo dejaron de desempeñar las funciones propias como condes de Noreña (nombrando alcaldes, administrando Justicia), aunque siguieron ostentando el título con carácter honorífico hasta que el obispo/conde Francisco Javier Lazurica y Torralba, que había tomado posesión en 1949, asumió el decreto vaticano 12-V-11951. Él y los arzobispos/condes que le sucedieron dejaron de hacer ostentación del título nobiliario de condes, no acudiendo a tomar posesión del Condado que les pertenece y prescinden de tal símbolo en sus sellos, insignias y armas, aunque el Condado de Noreña sigue perteneciendo a la Sede Episcopal, hoy Arzobispal.

Durante el siglo XIX, Noreña destacó como un importante centro industrial en el centro de la región, tanto dentro del tradicional sector de la alimentación (cárnicos), como en las industrias complementarias de esta, el tratamiento del cuero y la fabricación de zapatos, con varias fábricas «modernas» asentadas en el concejo, y una producción que se exportaba fuera del Principado.

La epidemia

El 20 de agosto de 1834, el facultativo titular de Noreña, al día siguiente otro residente en Siero, y unos días más tarde otro enviado por la Junta Superior de Sanidad de la provincia, declararon que la región se hallaba afectada por la epidemia del cólera. En Noreña, con una población aproximadamente de 300 vecinos, perecieron por el cólera 178 personas entre el 21 de agosto y el 27 de octubre. El concejo fue de nuevo azotado por el cólera en 1855; en esta ocasión fallecieron 116 personas entre los días 1 de septiembre y 28 de octubre. Para evitar el contagio de Siero se estableció un cordón sanitario que motivó graves altercados con estos vecinos. Para poder abastecer, el alcalde de Siero, dispuso un mercado bien repleto en la Campanica y el dinero se metía en jarras o platos con vinagre para evitar el contagio.[8]

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