Noche de los cuchillos largos

Las Sturmabteilung promovían actos de violencia callejera contra judíos, comunistas y socialistas que eran apoyados por una parte de la población.[1]

La Noche de los cuchillos largos[4] porque percibía la independencia de las SA y la inclinación de sus miembros hacia la violencia callejera como una amenaza contra su poder. Hitler, además, quería el apoyo de los jefes de la Reichswehr, la organización militar oficial de Alemania, que temían y despreciaban a las SA y, en particular, la ambición de Röhm para que las SA absorbieran a la Reichswehr bajo su liderazgo. Finalmente, Hitler usó la purga para atacar o eliminar a los críticos con su régimen, especialmente contra aquellos que eran leales al vicecanciller Franz von Papen, y para vengarse de sus antiguos enemigos.

Murieron al menos 85 personas durante la purga, aunque el número total de fallecidos pudo ascender a cientos,[5] La mayor parte de los asesinatos los llevaron a cabo las SS (Schutzstaffel), un cuerpo de élite nazi, y la Gestapo (acrónimo de Geheime Staatspolizei: ‘policía secreta del Estado’), la policía secreta del régimen. La purga reforzó y consolidó el apoyo de la Reichswehr a Hitler, aportando fundamentos jurídicos al régimen, ya que las cortes alemanas rápidamente dejaron a un lado cientos de años de prohibición de ejecuciones extrajudiciales para demostrar su lealtad al régimen.

Antes de la ejecución, quienes la planearon se referían a ella como «Colibrí» (en alemán: Kolibri), ya que esta era la contraseña que se usaría para enviar a los escuadrones de ejecución el día elegido.[9]

Contexto histórico

Hitler y las Sturmabteilung

El presidente Paul von Hindenburg nombró a Hitler canciller el 30 de enero de 1933.[10] A lo largo de los meses siguientes, durante la llamada Gleichschaltung («Sincronización» en alemán), Hitler logró prohibir todos los partidos políticos rivales de Alemania, y en el verano de ese mismo año, el país se había convertido en un Estado unipartidista bajo el control del partido único, el Partido Nazi. Sin embargo, pese a la rápida consolidación de su autoridad política, Hitler no ejercía el poder absoluto. Como canciller, no lideraba el ejército, que estaba subordinado a Hindenburg, un respetado mariscal que se encontraba débil y senil. Aunque muchos militares estaban impresionados por las promesas de Hitler sobre un ejército mayor y mejor y una política exterior más agresiva, el ejército se mantuvo independiente durante los primeros años del régimen nazi.

Logotipo de las Sturmabteilung.

Las SA, una organización paramilitar, se mantenían autónomas respecto al Partido Nazi. Esta evolucionó a partir del movimiento de los Freikorps surgido tras la Primera Guerra Mundial. Los Freikorps eran una organización nacionalista compuesta básicamente por veteranos alemanes desencantados y enfadados que creían que su gobierno había traicionado a Alemania y los había vendido a los países enemigos al rendirse y aceptar los humillantes términos del Tratado de Versalles. Los Freikorps se opusieron a la nueva República de Weimar. Ernst Röhm era su comandante en Baviera, donde recibió el sobrenombre del Rey de las metralletas de Baviera porque era el responsable de almacenar y repartir metralletas ilegales a las unidades de los Freikorps. Posteriormente se convirtió en jefe de las SA. Durante las décadas de 1920 y 1930, las SA funcionaron como una milicia privada que Hitler usaba preferentemente contra reuniones de comunistas. También conocidos como «camisas pardas», los miembros de las SA se hicieron muy notables por sus batallas callejeras contra los comunistas.[13] Esta desestabilización fue crucial en el ascenso de Hitler al poder, sobre todo porque aseguró que si llegaba a la cancillería, acabaría con la violencia.

El nombramiento de Hitler como canciller, seguido de la supresión de todos los partidos políticos menos el nazi, redujo, aunque no terminó, con la violencia de los camisas pardas. Estos últimos, desprovistos de mítines comunistas que interrumpir y acostumbrados a la violencia, a menudo protagonizaron altercados callejeros. Golpeaban a los viandantes y posteriormente se enfrentaban a los policías que acudían a terminar con los altercados.[15] Este comportamiento molestaba a los elementos más conservadores de la sociedad, como el ejército.

El siguiente movimiento de Hitler fue reforzar su posición con respecto al ejército enfrentándose a sus enemigos, las SA.[17]

El discurso de Hitler señaló su intención de frenar a las SA, cuyo poder había crecido rápidamente en los años 1930. Este no era un objetivo fácil, ya que las SA habían aportado muchos de los votos que había recibido el Partido Nazi. Las SA registraron un gran crecimiento en sus filas durante la Gran Depresión, cuando muchos alemanes perdieron la fe en las instituciones tradicionales y habían conseguido llenar de fervor nacionalista y solidario a la clase media.[19]

Conflicto entre el ejército y las SA

La voz más disconforme con la situación y la que pedía con más insistencia la continuación de la revolución alemana era la de Röhm.[21] Röhm veía la violencia como un medio para alcanzar fines políticos. Se tomó muy en serio la promesa socialista del nacionalsocialismo y pedía a Hitler y al resto de los líderes del partido que iniciasen una reforma a gran escala en Alemania.

No contento con la simple dirección de las SA, Röhm presionó al canciller alemán para que lo nombrase Ministro de Defensa, un cargo que ejercía el general Werner von Blomberg.[23]

Ernst Röhm fue el principal dirigente de las SA. Sus ambiciones políticas y el recelo que inspiraba en los líderes nazis fueron unos de los principales motivos que llevaron a la «Operación Colibrí».

Si el ejército regular mostraba desagrado por las masas que pertenecían a las SA, muchos camisas pardas sentían la misma aprensión hacia el ejército, ya que no lo veían suficientemente comprometido con la revolución nazi. Max Heydebreck, un líder de las SA en Rummelsburg, denunció al ejército ante sus compañeros, diciéndoles que «Algunos de los oficiales del ejército son unos cerdos. La mayoría de los oficiales son demasiado viejos y necesitan ser reemplazados por jóvenes. Nosotros queremos esperar hasta que Papá Hindenburg muera, y entonces las Sturmabteilung marcharán contra el ejército.»[24]

Pese a la hostilidad entre los camisas pardas y el ejército, Blomberg y otros militares veían las SA como una fuente de reclutas para un mayor y revitalizado ejército. Röhm, sin embargo, quería eliminar a los aristócratas prusianos de los altos mandos, siendo las SA el centro del nuevo ejército. Limitado por el Tratado de Versalles a 100.000 soldados, los jefes del ejército observaban nerviosos cómo los miembros de las SA sobrepasaban los tres millones de hombres a principios de 1934.[26]

En respuesta, Hitler se encontró con Blomberg y los jefes de las SA y las SS el 28 de febrero. Bajo la presión del canciller, Röhm firmó a regañadientes un documento según el cual reconocía y acataba la supremacía de la Reichswehr sobre las SA. Hitler anunció a los presentes que las SA actuarían como fuerza auxiliar del ejército y no al contrario. Después de que Hitler y la mayor parte de los oficiales del ejército hubieran abandonado la sala, Röhm afirmó que no aceptaría órdenes de «ese ridículo cuerpo», en referencia a Hitler.[27] Aunque Hitler no tomó ninguna acción inmediata contra Röhm por su estallido impertinente, este suceso ahondó la brecha entre ambos.

Aumento de la presión contra las SA

Pese al acuerdo con Hitler, Röhm seguía albergando la idea de un nuevo ejército alemán dirigido por las SA. En la primavera de 1934, esta idea entró en conflicto directo con el plan de Hitler de consolidar su poder y ampliar la Reichswehr. Debido a que sus respectivos planes eran contradictorios, Röhm solo podría tener éxito a expensas de Hitler. Como resultado, se produjo una disputa dentro del partido entre Röhm y los más cercanos al canciller, incluidos el líder prusiano Hermann Göring, el ministro de Propaganda Joseph Goebbels, el jefe de las SS, Heinrich Himmler, y el ayudante de Hitler, Rudolf Hess.

Todos estos hombres eran veteranos del movimiento nazi y apoyaban a Hitler por ser su líder. Sin embargo, Röhm continuó mostrando su independencia y su poca lealtad al canciller alemán. La irritación de Röhm por la burocracia del partido molestaba a Hess. La violencia de las SA en Prusia preocupaba en gran medida a Göring, Primer Ministro prusiano.[29] Himmler envidiaba la independencia y el poder de las SA, aunque él mismo a la vez había comenzado la reconversión de las SS, desde un grupo de guardaespaldas de los líderes nazis a un cuerpo de élite leal a él y a Hitler. Esta lealtad se mostró muy útil cuando la cúpula nazi decidió actuar contra Röhm y las SA.

Franz von Papen fue vicecanciller durante los primeros años del régimen nazi, y uno de sus principales críticos.

Las peticiones a Hitler de que limitase el poder de las SA aumentaron. El ala más conservadora del ejército, la industria y el partido pusieron a Hitler bajo presión para que redujese la influencia de las SA y actuase contra Röhm. Lo que más les preocupaba de Röhm eran sus ambiciones políticas, incluso más que su homosexualidad, algo inaceptable en la mentalidad nazi. El 17 de junio, Franz von Papen encabezó estas demandas en un discurso en la Universidad de Marburgo en el que avisaba del peligro de una segunda revolución.[31] Aunque su dimisión como vicecanciller no amenazaba la posición de Hitler, sería, sin embargo, una vergonzosa muestra de discrepancias dentro del partido.

En respuesta a la presión conservadora, Hitler partió hacia Neudeck para reunirse con Hindenburg. Blomberg, quien se encontraba con el presidente, reprochó a Hitler no haber actuado antes contra Röhm. Le dijo al canciller que Hindenburg se estaba planteando declarar la ley marcial y ceder el gobierno al ejército si Hitler no actuaba contra los camisas pardas.[33]

Durante la preparación de la purga, tanto Himmler como su ayudante Reinhard Heydrich, jefe del Servicio de Seguridad de las SS, redactaron un expediente con pruebas de que Röhm había recibido de Francia doce millones de marcos para derrocar a Hitler. Los principales oficiales de las SS recibieron el 24 de junio el expediente falsificado, en el que se mostraba cómo pretendía usar Röhm a las SA contra el gobierno, lo que pasó a conocerse como Röhm-Putsch, el Golpe de Röhm.[33]

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