Neolítico en la península ibérica

El Neolítico en la península ibérica corresponde al período comprendido, aproximadamente, entre el 6000 a. C. y el 3000 a. C., momento en el que se generaliza la fundición del cobre y se da paso a un nuevo período, el Calcolítico. Puede decirse que los yacimientos neolíticos más antiguos de la península ibérica se han datado en torno al 5500 a. C.

Mayoritariamente se acepta que, al igual que en el resto de Europa, se trata de un desarrollo procedente del exterior, principalmente de Oriente Próximo, que irá penetrando hacia el interior a través del mar Mediterráneo, fusionándose con los rasgos autóctonos de cada región.

Modelos explicativos del origen del Neolítico

Existen diversos modelos teóricos que tratan de identificar el origen del Neolítico en la península ibérica. Hasta los años 1980, la opción más difundida en la historiografía era la de la "colonización" de las costas levantinas por grupos humanos oriundos del Mediterráneo, que se habrían expandido progresivamente. Se trata del modelo conocido como "ola de avance".

Posteriormente, ciertos arqueólogos empezaron a defender el origen autóctono de la ganadería y la agricultura, basando estas opiniones en las fechas de C14 de algunos yacimientos andaluces ( Cueva Chica de Santiago o La Dehesilla) y levantinos ( Cova Fosca).

Por su parte, el llamado "modelo dual", argumenta sus explicaciones en la llegada de contingentes poblacionales desde otras áreas del Mediterráneo, que comenzarán a aculturar a la población indígena creando un modelo de neolitización "mixto" en el que intervienen elementos foráneos y autóctonos. Este modelo de interpretación supone que los primeros establecimientos neolíticos se establecerían en las costas peninsulares, ofreciendo el denominado modelo de colonización marítima. Otros autores se decantan por ofrecer versiones más complejas de la neolitización, basadas en las redes de intercambio como el principal vehículo que permitió la extensión de la agricultura por el occidente europeo, sin que necesariamente hubieran existido fenómenos de desplazamiento de la población: es el modelo del filtro insular o percolativo.

En suma, las posturas iniciales entre autoctonismo y difusionismo se han difuminado, dejando paso a modelos teóricos más complejos, que tratan de tener una contrastación arqueológica.

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