Nariz

Nariz
Human-nose.jpg
Vista frontal de la nariz
TE-Nose diagram.svg
Nariz humana, corte sagital
Latín [ TA]: nasus
TA A06.1.01.001
Arteria Esfenopalatina, Palatina mayor
Vena Facial
Nervio Nasal externo
Enlaces externos
FMA 46472
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La nariz es una protuberancia que forma parte del sistema respiratorio en los vertebrados. Es el órgano del olfato y la entrada al sistema respiratorio. De conformación muy diversa se puede indicar que consta básicamente de dos bolsas, o cavidades, una en el caso de los ciclóstomos, situadas en la parte anterior de la cabeza y abiertas al exterior por un número de orificios que oscila entre los dos pares por cavidad, en el caso de los peces y uno en los otros vertebrados.[1]

En todos los vertebrados, salvo los ciclóstomos y los peces no crosopterigios, las cavidades nasales se comunican a través del techo de la boca con la faringe y forman las coanas, lo que permite que, además de cumplir la función olfatoria, sirvan como vías respiratorias. En el interior de estas bolsas hay células olfatorias. En los pájaros, la nariz está muy poco desarrollada. En los mamíferos está bien desarrollada, excepto en los marinos y en los primates superiores, y, como en los cocodrilos, existe un conducto nasofaríngeo que lleva el aire por encima del paladar secundario hasta la faringe.[1]

En los seres humanos, la nariz está situada centralmente en la cara, en la mayoría de los otros mamíferos se encuentra en la parte superior del hocico. La forma de la nariz humana está determinada por el hueso etmoides y por el tabique nasal.

Anatomía

La anatomía de la nariz es bastante compleja, resumiendo podemos indicar que ésta consta básicamente de dos cavidades - o una (en los ciclóstomos) - situadas en la parte anterior de la cabeza y abiertas al exterior por orificios, el número de los cuales oscila entre los dos pares por cavidad (en el caso de los peces) y un orificio para cavidad (en los otros vertebrados). En los ciclóstomos, la única bolsa se abre en el extremo del hocico o en la parte superior de la cabeza.

En todos los vertebrados, exceptuando los ciclóstomos y los peces no crossopterigis, las cavidades nasales se comunican a través del techo de la boca con la faringe y forman las coanas. Esta configuración permite que, además de cumplir la función olfatoria, la nariz sirva como vía respiratoria. En el interior de estas cavidades se localizan las células olfatorias En los pájaros, este órgano (la nariz) está muy poco desarrollado mientras que en los mamíferos está bien desarrollado (aunque exceptuando los casos de los mamíferos marinos y los primates superiores) y (al igual que en los cocodrilos) existe un conducto nasofaríngeo que lleva el aire por encima del paladar secundario hasta la faringe.

Pared medial de la nariz.

La nariz se divide en dos compartimentos, estando separados por el tabique nasal, éste presenta dos orificios de salida denominados narinas. En el caso de los tetrápodos (vertebrados terrestres) la nariz presenta, en su parte posterior, las coanas, éstas comunican la nariz con la cavidad bucal.

En las paredes laterales encontramos los cornetes, que se encargan de calentar y limpiar el aire que va hacia los pulmones. Debajo de cada cornete existen unos espacios denominados meatos, que comunican la nariz con los senos paranasales y también desemboca allí el conducto nasolacrimal.

La estructura ósea de la nariz está constituida por huesos, cartílagos duros y cartílagos blandos. Los huesos duros forman la parte superior y los laterales del puente, mientras que los cartílagos forman los laterales de las fosas nasales y el tabique nasal.

Las paredes nasales están revestidas por mucosas que tienen como función esencial el acondicionamiento del aire inhalado. Además, la mucosa atrapa el aire y quita el polvo y los gérmenes del aire cuando éste se introduce en la nariz.

Peces

En los peces agnatos (carentes de mandíbula) aparece una fosa nasal impar situada en la línea media de la cabeza. Esta fosa se comunica mediante un conducto con una dilatación en forma de saco donde se encuentra el epitelio sensorial olfativo, el cual, a su vez, se conecta, mediante dos nervios, con el cerebro anterior.[2]

los peces gnatóstomos ya presentan fosas bilaterales, así los condroicitios presentan, a ambos lados de la cabeza dos fosas olfativas, iguales a la de los agnatos, estando recubiertas de epitelio sensorial y comunicadas con el saco olfativo, además presentan otra abertura posterior que permite la salida del flujo acuoso. En los osteoictios la fosa nasal es ya un conducto completo con una abertura anterior y una posterior.[2]

Los dipnoos o peces pulmonados presentan la capacidad de respirar oxígeno mediante un pulmón rudimentario; sus fosas nasales presentan una apertura anterior cerca del labio superior y un canal olfativo que transcurre por el paladar, presentando un orificio posterior en el fondo de la cavidad bucal formando una coana primitiva. En las épocas de desecación la apertura anterior permanece cerrada por la mucosidad que rodea al pez, así estas fosas siguen siendo un órgano puramente olfativo.[2]

Anfibios

En los anfibios la cavidad nasal se comunica con la faringe y, por tanto, con el aparato respiratorio. Están presentes las coanas y con ellas la función ventilatoria del órgano nasal. El aparato olfativo gana en profundidad, presentando aperturas externas, canales olfativos y un fondo con epitelio sensorial que se conecta con el telencéfalo. Aparecen las glándulas mucosas para la humidificación del aire y la parte anterior de la fosa desemboca el canal lagrimal, haciendo de complemento humidificador. Al adquirir la función respiratoria la anatomía nasal se complica, ya que ésta obliga a la aparición de estructuras para acondicionar el aire haciendo aumentar su complejidad y superficie y, de rebote, disminuye la importancia de los elementos olfativos.[2]

Los urodelos (caudados) son batracios con fosas nasales que se abren a los lados del hocico, su cavidad nasal presenta una prolongación lateral estrecha, o cavidad nasal accesoria, que constituye el inicio del órgano de Jacobson (órgano auxiliar de la olfacción).

Los anfibios anuros presentan una apertura externa reducida, pueden tener una o varias cavidades nasales. Estas se comunican con la boca ejerciendo la función respiratoria. Bufo viridis posee un saliente nombrado eminencia olfativa, asentado en una base cartilagonosa, que es interpretado como un principio de cornete, poseyendo también un primitivo órgano de Jacobson.[2]

Reptiles

De izquierda a derecha: Cabezas del gavial de la India (gaviales gangeticus), del aligátor americano (Alligator mississippiensis), y de un cocodrilo americano (Crocodylus acutus).

Los reptiles son los primeros vertebrados independientes del medio acuático, precisando de una nariz con poder olfativo y, sobre todo, respiratorio. Asimismo precisan de un aparato que condicione mejor el aire, apareciendo, así, los primeros aparatos turbinales. El epitelio sensorial se concentra en el llamado órgano de Jacobson que se encuentra en dos fosas ubicadas entre los ojos y la nariz, y que les permite detectar presas mediante el calor que emiten.

Los quelonios presentan las cavidad más simples. Las tortugas tienen un vestíbulo muy corto, que termina en una cavidad nasal estrecha. En el medio presentan una concreta en forma de cornete que divide la cavidad nasal en dos partes, la superior ejerce la función olfativa, estando conectada con el encéfalo, mientras que la inferior hace las funciones respiratorias, abriéndose en la cavidad bucal. No poseen el órgano de Jacobson.

Los saurios y ofidios ( camaleones, lagartos, serpientes, etc ..) presentan una fosa más amplia, estando abierta al exterior y a la cavidad bucal, con un cornete en la pared externa en la cara inferior en la que está ubicado el epitelio respiratorio, mientras que en la superior está el olfativo. En estos reptiles el órgano de Jacobson está muy desarrollado, se encuentra en el suelo de la fosa y está rodeado por una cápsula cartilaginosa propia, la cual está recubierta por tejido respiratorio en el exterior y olfatorio en el interior y que desemboca en la cavidad bucal por un conducto diferenciado.

Los cocodrilos presentan unas fosas amplias y un sistema turbinal desarrollado. La parte anterior es respiratoria y la posterior olfativa, no poseyendo ningún órgano de Jacobson. Durante la inmersión pueden cerrar los orificios nasales, conteniendo, de esta manera, la respiración.[2]

Aves

Las aves presentan unas características anatómicas nasales que las acercan a la morfología de los mamíferos superiores. Sus fosas nasales contienen varios cornetes, si bien su sentido del olfato es escaso. Durante su desarrollo tienen un órgano de Jacobson incipiente que se atrofia en el ave adulta.[2]

Mamíferos

La nariz del perro es muy sensible; como en muchos otros mamíferos, el olfato está muy desarrollado.

En los mamíferos gana importancia la función respiratoria y en algunas especies, como en el hombre, el órgano de Jacobson se encuentra en estado rudimentario. La función respiratoria nasal está desarrollada proporcionalmente a la superficie corporal.

El olfato va desarrollándose al subir en la escala filogenética, hasta conseguir el máximo desarrollo en ciertos mamíferos, siendo proporcional a la cantidad de superficie mucosa con epitelio específico. Sin embargo, al ascender en la escala de los mamíferos la función olfatoria degenera a expensas de la respiratoria, sobre todo en los primates superiores y el hombre. Al predominar la función respiratoria las fosas nasales ya no terminan en la cavidad bucal sino que lo hacen en la faringe formándose, así, un paladar completo.[2]

Según la capacidad olfativa los mamíferos se pueden dividir en:

  • Anósmicos: carecen de poder olfativo. En la actualidad sólo se conocen algunos cetáceos.
  • Macrósmicos, o macrosmáticos: La mayor parte de los mamíferos actuales (roedores, carnívoros, etc ...). su fosa nasal es la máxima expresión de la fisiología respiratoria y el órgano de Jacobson tiene su máximo desarrollo. La estructura de éste está incluida en la mucosa del tabique nasal. El sentido del olfato tiene gran importancia poseyendo, por tanto, una gran extensión de mucosa sensorial olfativa, especialmente en los carnívoros nocturnos. Las cavidades nasales son muy amplias y los cornetes están muy desarrollados. El máxilo turbinal ocupa toda la cavidad nasal anterior y proporciona las condiciones termohigrométricas idóneas al aire para mejorar la agudeza olfativa, éste alcanza su máximo desarrollo en los perros.
  • Micrósmicos, o microsmáticos: Simios y el ser humano. En estos se produce una gran regresión en la función olfativa a expensas de la reducción de las estructuras endonasales.
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