Narcocorrido

El narcocorrido es un subgénero musical de carácter popular que tiene sus raíces en el romance español.[1] usualmente interpretados por instrumentos característicos de la música norteña y de rancho, como guitarra, acordeón, tarolas, bajo sexto, tololoche y requinto.

La temática de los narcocorridos es variada pero bien definida y constituye una propia filosofía de vida con su particular aproximación a la muerte y al goce de la vida. En los narcocorridos se suele hablar de la lealtad, el amor, las mujeres, los excesos. Carlos Monsiváis identifica las características temáticas generales de los narcocorridos:

El poder adquisitivo y los recursos tecnológicos de la delincuencia organizada que es un poder en sí misma, el impulso de sobrevivencia-a-como-dé-lugar, propio de los sectores del abandono agrario o de la pobreza urbana sin empleos a la vista, la admiración por el thriller y sus secuencias de velocidad, muerte a raudales, mujeres fáciles, armas poderosísimas y ambigüedad moral, la seducción de la publicidad y el relieve legendario de hombres rudos, independientes, habituales a la soledad, tal y como los plasma la imagen del Marlboro Man, la obtención del gusto estético que proporciona el demasiado dinero, lo brillante, lo llamativo, lo ostentoso, se consideran signos de distinción[2]

Monsiváis, "Yo soy un humilde cancionero", en La música popular en México: panorama del siglo XX. México, FCE, 2010.

El subgénero tiene su origen en la región fronteriza entre México y Texas[4]

En la actualidad, el narcocorrido ha adquirido una mayor presencia en los medios de comunicación. Se le ha considerado como el producto más tangible de la narcocultura[5] Su alcance es cada vez mayor: otros países como Colombia y Chile también lo han adoptado como expresión de su cultura popular, especialmente en las poblaciones de escasos recursos y poco o nulo acceso a la educación básica.

Historia

Orígenes

El narcocorrido tiene sus antecedentes en el corrido de la Revolución mexicana. Elijah Wald señala que fue durante este periodo (1910-1920) que la forma tradicional del corrido cobró más importancia y mayor popularidad.[1] Se trataba entonces de “historias de valientes prófugos, pistoleros y caballos”, en las que “se alaba el heroísmo de los generales y se relata con lujo de detalle cada batalla”. Entre estos corridos están “Catarino y los rurales” y los numerosos corridos villistas dedicados al personaje de Pancho Villa. Algunos de estos corridos aún son escuchados e interpretados en nuestros días.

Primera etapa

El periodo que siguió la Revolución mexicana es considerado como la época en la que se desarrolló el narcocorrido como tal. Es en la década de los treintas cuando aparecen corridos que hablan explícitamente del tráfico de drogas y de narcotraficantes. El corrido “El Pablote”, compuesto por José Rosales, es el primer corrido del que se tiene registro que habla de un narcotraficante.[4] Fue grabado en 1931 en El Paso, Texas y habla sobre Pablo González, un capo chihuahuense de principios del siglo XX. Los corridos “Por morfina y cocaína” de Manuel Cuellar Valdez y “El contrabandista” de Juan Gaytán (ambos grabados en 1934) están escritos desde el punto de vista de un narcotraficante que cayó preso. Los dos narcocorridos incluyen la moraleja de que traficar drogas no deja nada bueno.

Otro ejemplo importante de estos primeros narcocorridos, grabado veinte años después, es “Arnulfo González” compuesto por Tomás Ortiz de Los Alegres de Terán.[3]

Segunda etapa

Fue en las décadas de los setenta y ochenta que el narcocorrido maduró y alcanzó la popularidad. En esta época nace el narcocorrido como lo conocemos actualmente. Algunos aficionados del género suelen mencionar " Contrabando y traición", también conocido como el corrido de Camelia la Tejana, como el primer narcocorrido.[4] Este corrido fue compuesto por Ángel González, habla sobre el contrabando de droga en la frontera y alcanzó la popularización gracias a Los Tigres del Norte. Bajo esta misma línea, bandas e intérpretes como Los Tucanes de Tijuana, en la década de los ochenta, y Chalino Sánchez, en los noventa, compusieron narcocorridos que ensalzaban las hazañas y las vidas de traficantes famosos.

Actualidad

En la actualidad, el narcocorrido ha alcanzado nuevos niveles de popularidad y ha explorado distintos tipos de enunciación más explícitos y violentos. La guerra contra el narcotráfico y las nuevas tecnologías han sido en parte responsables por estos cambios. El documental Narco Cultura de Shaul Schwarz (2013) explora esta nueva generación de narcocorridos, narcotraficantes y admiradores del narcotráfico. Los hermanos Valenzuela, fundadores del sello discográfico Twiins Culiacán y el Movimiento Alterado, han sido responsables de popularizar el estilo “alterado” de estos nuevos narcocorridos. A través de las nuevas tecnologías y de la comercialización de narcocorridos entre las poblaciones hispanas que viven en Estados Unidos, han impulsado a artistas como Buknas de Culiacán y Alfredo Ríos “ El Komander”, quien se ha llamado a sí mismo un “artista de redes sociales”.[5] El hecho de que este tipo de narcocorrido haya alcanzado su popularidad gracias a internet y a la venta de discos en tiendas estadounidenses es una respuesta directa a los intentos del gobierno mexicano por prohibir la difusión de este tipo de contenido en medios de difusión tradicionales como la radio y la televisión. Los hermanos Valenzuela han declarado que el éxito de este tipo de música se ha dado en Estados Unidos y en las redes sociales porque en México el gobierno dificulta la comercialización y la difusión de los llamados corridos alterados. Como referente de este tipo de narcocorridos, destaca “Los Sanguinarios del M1”, canción que sirve como una especie de manifiesto para la evolución del subgénero. En ella participan diversos artistas pertenecientes al Movimiento Alterado. Se habla de torturas, armas, secuestros, drogas, venganza, lealtad, entre otras cosas propias del oficio de un sicario. Al mismo tiempo, contiene referencias a narcotraficantes famosos, como Joaquín “El Chapo” Guzmán e Ismael “El Mayo” Zambada, y a héroes revolucionarios como Pancho Villa. Esta canción ha sido uno de los sencillos más exitosos de la disquera Twiins Culiacán.

Los narcocorridos han servido como medios de publicidad para promocionar un estilo de vida idealizado basado en el consumo y la mitificación de personajes con un poder adquisitivo alto pero de origen humilde. Este tipo de corridos promueve un estilo de vida de consumo y excesos.[6] Frecuentemente se mencionan marcas de bebidas alcohólicas, destinos turísticos, tipos de armas y automóviles lujosos.

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