Nada

La nada se define como ausencia e inexistencia de cualquier objeto.[1] Según el contexto, existen varios conceptos de nada. La necesidad de este concepto es un escollo para el realismo ingenuo y el empirismo, porque, a ese respecto, en la realidad no existe equivalente. En el sentido común la palabra "nada" se usa para referirse a la ausencia de objetos determinados en un lugar y tiempo concretos.

La nada en filosofía

La nada en ontología

Diversos filósofos y teólogos han estudiado el concepto de nada (no confundir con inexistencia). Muchos de ellos —en particular Hegel, Heidegger y Sartre— utilizaron el recurso de reificación al sostener que la nada es una cosa. El concepto de nada varía ampliamente entre las diversas tradiciones filosóficas y culturas, especialmente la occidental y la oriental. Así, en el budismo, el Shunyata es el estado vacío de la mente.

La raíz etimológica de «nada»: res nata, es contradictoria del significado actual, pues significa cosa nacida. Quizás este —para muchos— insospechado y contundente hecho justifique las tal vez permanentes e irreconciliables concepciones antagónicas, y la reificación no incurra ya en falacia.

En contraste, en la filosofía griega la idea de la nada surgió con los problemas de la negación del ser, de la conservación del ser y de la imposibilidad de afirmar la nada. En particular, Parménides creyó que del «no ser» (la nada) no se puede hablar. Epicuro y Lucrecio aseveraron que la materia no se puede crear de la nada, ni destruir a nada, postulados posteriormente negados por el pensamiento cristiano. En el siglo XX el empirismo lógico sostuvo que todo ocupándose de la nada es un contrasentido, un mal uso sintáctico del lenguaje. De este modo se descalificó toda especulación acerca del problema.[2]

En las teorías de la asociación y de la asamblea de Mario Bunge se formalizan el concepto ontológico de nada como individuo nulo, que se designa mediante el símbolo .[3] En la teoría de la asociación, el individuo nulo es el elemento neutro del conjunto de individuos sustanciales con la operación binaria de asociación.

Por definición, al ser el elemento neutro de un monoide conmutativo,

, donde .

En la teoría de la asamblea, el individuo nulo es el elemento neutro aditivo del conjunto de individuos sustanciales con dos operaciones binarias, una de yuxtaposición y otra de superposición, y una operación unaria de elemento inverso. Por definición, al ser el elemento neutro aditivo de un álgebra de Boole,

y , donde .

En ambas teorías el concepto de individuo nulo permite formular con precisión varios teoremas de conservación. Por ejemplo:

Ningún individuo sustancial se asocia destructivamente con otro. Si , entonces no existe tal que o .


Mario Bunge (1977)

Bunge reifica el concepto ontológico de nada, ya que, así como la óptica necesita los conceptos de cuerpo nulo y campo de luz nulo ( oscuridad), considera al individuo nulo como una ficción necesaria para la ontología.

La nada en el existencialismo

Heidegger se ocupó con hondura del problema de la nada. No lo hizo tanto en su obra cumbre: Ser y tiempo, de 1927, como en su trabajo breve "¿Qué es metafísica?", del año 1930. Allí, después de plantear y elaborar la cuestión, la aborda con un reiterado interrogante: "¿Por qué hay ente en su totalidad y no más bien la nada?".[4]

En esta obra se estima que la nada le está vedada al pensamiento científico, porque la ciencia nada quiere saber de ella. Empero, se sostiene que la nada es significativa, pues sobre ella reposa o se asienta el ser. Así, el problema del filósofo se plantea desde el enigma de "que haya algo en vez de nada".[5]

La existencia humana está íntimamente ligada a la nada. Se la revelan temples anímicos de profundo aburrimiento y, especialmente, de angustia. Ambos le patentizan la nada, y entre los dos le tornan incomprensible la existencia del ente en su totalidad. La angustia —de raíz kierkegaardiana— es el estado emotivo fundamental de la existencia. El hombre puede angustiarse por esto o por aquello, pero, desvanecidas estas particularidades, la existencia continúa angustiada. Y si al existente se le interroga por la causa de su angustia, casi espontáneamente responderá: "por nada".

En la obra fundamental de Sartre: El ser y la nada (1944), influido por Heidegger, durante sus estudios en Alemania, se ahondará la temática heideggeriana. En este tratado, de estructura complicada, como la máxima obra de su maestro, se acabará sosteniendo que el ingreso de la nada al mundo se debe a la existencia del hombre. Como en Heidegger, la nada será anterior, lógicamente, al "no" y a la "negación".[6]

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