Nacionalismo irlandés

El Nacionalismo irlandés es una corriente surgida desde los prolegómenos de la rebelión que sacudió a la isla de Irlanda en 1641, cuando los nativos se rebelaron contra los colonos procedentes de Inglaterra y de Escocia.[1] El movimiento político aboga por la unión de toda la isla de Irlanda libre del dominio de Inglaterra.

Algunos de sus ejemplos más extremos son el Ejército Republicano Irlandés (más conocido como IRA) (Óglaigh na hÉireann o "ejército de voluntarios" en gaélico irlandés, Irish Republican Army en inglés) que desde finales del siglo XIX ha llevado a cabo ataques terroristas en Irlanda del Norte, la República Irlandesa e Inglaterra; en especial en contra de la población protestante de Irlanda del Norte y las autoridades civiles y militares en Inglaterra.

Raíces

Irlanda ha estado sometida al control inglés de forma variable desde finales del siglo XII (véase Irlanda normanda). Los nativos trataron de resistir la conquista a través de medios militares, pero su estructura formada por pequeños señoríos independientes y la ausencia de un objetivo común, como la creación de un estado independiente, facilitó la empresa a los conquistadores. El conflicto causado por la presencia inglesa se intensificó tras la reforma protestante en Inglaterra, que introdujo un elemento religioso en la reconquista Tudor del siglo XVI, en tanto en cuanto la mayoría de los irlandeses continuaron siendo católicos. Muchos de los terratenientes católicos fueron desposeídos de sus tierras durante el proceso de colonización y sus propiedades entregadas a una nueva clase protestante terrateniente procedente de Inglaterra y Escocia. Además, la colonización del Ulster, iniciada en 1609, significó la “plantación” de una importante colonia de ingleses y escoceses en el norte de la isla.

Lo más parecido a una campaña nacionalista contra la presencia inglesa fue la rebelión iniciada por Hugh O'Neill, conde de Tyrone y Red Hugh O'Donnell, dos de los nobles gaélicos más poderosos del Ulster, en la década de los 90 del siglo XVI. Esta rebelión, conocida como la guerra de los nueve años o Rebelión de Tyrone estuvo que a punto de expulsar a los ingleses y convertir a Irlanda en un protectorado español. Sin embargo, pese a definirse como un movimiento de irlandeses católicos contra ingleses protestantes, las fuerzas de O'Neill no dejaban de ser una coalición de clanes y nobles que cambiaban de planes y lealtades según sus intereses. Muchos historiadores ven a O'Neill motivado por la ambición personal de asegurar su autoridad en el Ulster.

Más significativos fueron los acontecimientos de los años 1641-1653, que se iniciaron con la rebelión gaélica, cuando una coalición de irlandeses e ingleses viejos, crearon un estado independiente de facto que luchó en las guerras de los tres reinos, conocido como la Confederación de Irlandeses Católicos. Los confederados, (conocidos también como la Confederación de Kilkenny), afirmaban la independencia de Irlanda frente a Inglaterra, aunque aceptando al mismo monarca. Exigían la autonomía para el parlamento irlandés, plenos derechos para los católicos y el fin de la incautación de las propiedades de los terratenientes católicos. Sin embargo, la causa confederada fue derrotada durante la conquista de Cromwell entre 1649 y 1653 y la vieja clase católica terrateniente fue definitivamente desposeída de sus privilegios.

Un movimiento monárquico similar apareció durante el período de 1680-90, cuando los católicos irlandeses Jacobitas apoyaron a Jacobo II tras su deposición por la Revolución Gloriosa. Los jacobitas demandaban mayoría católica en un parlamento irlandés autónomo, la restitución de las tierras confiscadas a los católicos y el nombramiento de un Lord Teniente de Irlanda irlandés. Al igual que los confederados del 1640, los jacobitas eran conscientes de representar la “nación irlandesa”, pero no eran separatistas y representaban principalmente a la clase propietaria. Como los confederados, también fueron derrotados en la guerra guillermita de Irlanda entre 1689 y 1691. A partir de entonces, el gobierno y la propiedad quedaron en manos de la cada vez más poderosa Ascendencia Protestante. Los católicos se vieron nuevamente apartados de las posiciones de poder con la nueva legislación penal.

Esta coincidencia de identidades religiosa y étnica ( católica y gaélica), así como la conciencia de haber sido desposeídos y derrotados por los británicos protestantes acabaría por convertirse en uno de los rasgos fundamentales del nacionalismo irlandés.

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